Camino a la Perdición

Autor: Terry Moon

Género: Drama / Romance

Personajes Principales: Hermione / Draco

Aclaración: Ninguno de los personajes me pertenecen; son todos obra de J. K. Rowling y de aquellos con quienes comparte la propiedad. Sólo los uso para mi diversión y para entretenerlos a ustedes!

Advertencia: PG-13 / T. Quedas advertido! Este fic contiene escenas "fuertes" y un vocabulario un tanto inadecuado.

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Camino a la Perdición

Capítulo 9.- Diferente

'¡Demonios!', pensaba la castaña mientras furibunda y acongojada se dirigía a la Sala Común de Gryffindor. '¿Cómo¿Por qué?', se repetía mentalmente a medida que avanzaba y sus pasos resonaban fuertemente por los pasillos del castillo.

Realmente se encontraba mal, no sabía ni entendía nada. Esa noche, durante la ronda, había perdido la virginidad con nada más ni nada menos que con ¡Draco Malfoy!. El mismo Draco Malfoy que había hecho de su estancia en Hogwarts insufrible, el mismo que la insultaba cada vez encontraba ocasión (es decir siempre que la veía), el mismo que era el enemigo número 1 de sus amigos y de ella dentro del castillo. El mismo Draco Malfoy que noches atrás le había quitado el sueño, el mismo al que comenzaba a ver con otros ojos muy a su pesar. Sí, era atractivo, pero eso no le quitaba lo desagradable. Sí, sabía como tratar a una chica, pero eso no borraba los malos ratos que le hacía pasar. Sí, era seductor, pero eso no quitaba que fuera una basura como persona. ¿Cómo podía alguien ser tan dual?. Creía haberle visto ternura en sus ojos, pero en seguida fue desplazada por la típica frialdad de siempre; creía haber presenciado una verdadera sonrisa en su rostro, pero rápidamente fue reemplaza por la irónica y sobrante que le brindaba a todo el mundo. Ese chico era toda una curiosidad. Hermione no terminaba de comprenderlo. Desde que le empezó a llamar 'Sangre Sucia' se había dedicado a observarle y buscar un motivo por el cual la despreciara tanto. Había llegado a la conclusión de que era un Malfoy, después de todo; por más veces que lo haya visto solitario y melancólico en algunos momentos, era un Malfoy. Y como todo Malfoy era frío, seco, arrogante y poseía un sentido de superioridad terriblemente enorme.

'La pureza de la sangre'. Un escalofrío invadió su cuerpo al pensar en eso. Si tanto le importaba la pureza¿cómo fue que había tenido relaciones con ella? Ya era sabido que a la hora de las conquistas, el menor de la familia cuyo linaje puro se remontaba a tiempo antiquísimos, no le hacía asco a nada; sin embargo no dejaba de sorprenderse ante el hecho de que se había ensañado con ella. Desde aquella noche, cuando logró despertar en ella sensaciones desconocidas, hasta lo acontecido esa misma, todo, no parecía tener sentido. ¿En qué clase de juego se había metido¿Por qué se había entregado a él sin restricciones¿Por qué su sentido común la había abandonado, para darle paso a un lado desconocido de si misma? Esos planteos, cuestionamientos y preguntas se agolpaban en su mente y en su alma, haciendo que las lagrimas que supo contener ante el hurón salieran libremente de sus, ahora, tristes ojos sin parar.

Se sentía tan miserable y sucia, tan desdichada y rota; que creía que ese dolor en su pecho no se iría nunca. Su interior se contraía ante los recuerdos, ante las evocaciones de las caricias del slytherin, ante la sensación de los finos labios sobre los suyos, ante la memoria de lo que sintió cuando se entregó por completo a él. Más lagrimas salieron de sus ojos, esta vez acompañadas de cortos y lastimosos gemidos, provocados por la agitada respiración que estaba sosteniendo. Se había sentido tan bien en sus brazos, para que luego la ilusión y la 'magia' del momento fuera quebrada en miles y miles de pedazos, pedacitos que rasgaban su alma y se clavaban en su corazón como afiladas agujas, punzándola rápidamente, profundamente, llegando tan hondo que el dolor era insoportable.

Estaba cerca de la entrada de su Casa, más no quería entrar ahí y encontrarse con sus compañeros y mucho menos con sus amigos. ¡Qué vergüenza y qué horror si llegaran a descubrir lo que había hecho! No quería imaginarse cómo lo tomarían, tampoco quería que comenzaran a preguntarle el por qué de su estado. No, no quería nada de eso. Deseaba estar sola, ahogarse, hundirse, perderse del mundo el tiempo que le fuese necesario para recuperar la compostura, para ponerse una nueva máscara.

Se detuvo a pocos metros del retrato, lo miró con los ojos nublados y sintió nauseas en su estómago. Definitivamente, lo último que quería por esa noche era enfrentarse a sus compañeros. Necesitaba con urgencia la soledad de la noche, esa en la que tantas veces se había refugiado.

Se dio media vuelta y caminó alejándose de su torre, mientras las lagrimas continuaban saliendo de sus ojos, pesadas y gruesas, llenas de angustia y desesperación, de desconsuelo y desconcierto, llenas de tristeza. Su vista estaba nublada por ellas, pero eso no hizo que se perdiera en su recorrido, sabía muy bien a donde se estaba dirigiendo, ya se conocía el trayecto de memoria. Tantas veces había ido allí para refugiarse de todo, para relajarse y olvidarse por un momento de sus responsabilidades, de su máscara, y convertirse en una adolescente más, despreocupada y relajada, libre de pensar sobre cualquier cosa (¡Sí hasta de chicos y cómo lucían distraían su mente en esos instantes!). Aún estando hipando y temblando, su paso era seguro y firme, y así llegó hasta el retrato. Pronunció la contraseña y se adentro al Baño de los Prefectos.

Una vez allí, se quitó su túnica y el uniforme. Se acercó a la enorme alberca y giró unos de los grifos, del que comenzó a salir agua caliente con esencias. Una vez que se llenó, se terminó de desvestir, despojándose de su ropa interior y metiéndose en ella. El baño siempre lograba relajarla, era como si el agua limpiara todo su ser y la dejara descubierta por completo, permitiéndole ser ella, dejando que su esencia tomara posesión de ella. Cada vez que se sumergía en esas aguas, los problemas desaparecían, las preocupaciones no existían, el mundo dejaba de existir, y sólo estaba ella y nadie más. Era como si al hundirse, otro mundo se abriera ante ella mostrándole la simplicidad de las cosas, sin necesidad de grandes razonamientos, sólo aceptar lo que estaba allí y tomarlo como parte suya.

Más esta vez nada de eso ocurrió. Quería que el agua que la rodeaba la tragara, que la ahogara, que la hundiera por completo en su pureza. Quería desaparecer por completo en ese mundo que siempre encontraba, pero del que hoy parecía no vislumbrarse ni pizca. Sus lagrimas se confundían con el agua. Sus manos cubrían su rostro, como tratando de que la vergüenza que sentía por si misma no la mirase de frente, temiendo no gustarse nunca más. Ese era uno de sus más profundos temores, no gustarse a si misma. Tanto tiempo le había llevado aceptarse, adaptarse a la idea de que era un bruja, de que era una chica, de que era bonita, de que era inteligente, de que era capaz de muchas cosas, de que era ella y así era, nada más. Tanto tiempo le había llevado gustarse, que por lo ocurrido esa noche temía que eso se perdiese para siempre; que comenzara a odiarse, a lastimarse, a rehuir de si misma; todo por haberse entregado a él, a Draco Malfoy.

Miraba un punto fijo sin ver, ante ella no existía nada, sólo el vacío que se extendía cada vez más, separándola de la realidad. Sentía que se ahogaba, que se consumía por dentro, que caía en el más profundo sin sentido; solamente quería olvidar, poder abrir sus ojos y que nada fuese cierto; que lo ocurrido fuera una horrible pesadilla de la que despertaría y luego no recordaría. Quería, pero no podía. Las marcas en su piel eran la prueba física de que todo había sido cierto, el recuerdo de su frías manos sobre su cálido cuerpo todavía latente, le confirmaban lo que quería negar.

El incontenible llanto, sus gemidos de dolor y tristeza profunda, de decepción a si misma, la sensación de vacío... Su espíritu deshecho y roto, eran las consecuencias que se desataron en su interior.

Estaba agotada, ni las lagrimas ni los gritos, ni los golpes que lanzaba a la pared de la tina borrarían lo acontecido. ¿Qué le quedaba¿Debía seguir en ese patético estado? En parte 'Sí', por otra 'No'. Lo había permitido, había aceptado, lo había querido; ahora debía enfrentar las consecuencias¿no?. ¡Cuánta confusión¡Cuánto dolor estaba sintiendo!

Se sumergió, cerrando fuertemente los párpados, sin haber tomado un profundo respiro que luego la ayudase. Despacio, sus ojos fueron descubriéndose. Ver el agua, tan clara, cristalina y pura, le tranquilizaba; le recordaba que alguna vez ella fue de esa manera... pero ya no. Abrió su boca y profirió un sordo grito; nadie lo iba a escuchar. Como un resorte, salió a la superficie poniéndose de pie y abandonó la tina.

No sentía frío, no sentía nada. Con pasos lentos y cortos se dirigió al gran espejo que se encontraba en una de las paredes de la habitación y contempló su reflejo. ¿Qué veía¿Quién era la chica que estaba enfrente suyo? No se reconocía. ¿Acaso tanto había cambiado desde esa misma mañana cuando se vio, una vez vestida con el uniforme, antes de ir al encuentro de sus amigos? Esa chica no era la misma de hace horas atrás, no era más una chica inocente, no era más 'pura'; era... Diferente. Ante ella se encontraba el reflejo de una mujer recién convertida, inocencia robada y perdida, al igual que el brillo en sus ojos que tanto le caracterizaban, cuyo cuerpo estaba cubierto en algunas partes por marcas rojizas. Una de sus manos se elevó y llegó hasta la que estaba en su cuello, para luego bajar a la de su pecho, para seguir a la de su pierna derecha... Para llegar hasta su secreto, donde se detuvo. La otra, acariciaba el rostro de esa mujer de mirada triste, de facciones delicadas, de piel medio morena, medio blanquecina, de mejillas rosadas y labios rojizos y carnosos. Y en sus ojos se vislumbraban atisbos de lagrimas que no iba a derramar. Esa mujer la miraba con determinación, no volvería a llorar por aquel slytherin que la había traído al mundo; ya no más. Se volteó, le dio la espalda al espejo y tomó una toalla grande con la cual secarse. Una vez finalizada su labor se vistió y salió del baño.

Al cruzar el umbral de la habitación, sintió como dejaba atrás muchas cosas que habían sido importantes para ella alguna vez, que habían sido parte de ella... Pero que ya no volverían, que ya no serían... Al cruzar el umbral de la habitación estaba dejando atrás a la Hermione niña, y al haberlo cruzado esa niña comenzaba a perderse para siempre.

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La vida podía ser realmente graciosamente irónica cuando se lo proponía. Tantas cosas podían llegar a ocurrir o no, otras tantas sucedían y algunas jamás llegaban a ser. Pero de todas las que sí eran, de las que podían ser, esa era la que menos esperaba.

Él, Draco Malfoy, Príncipe de Slytherin, descendiente de una de las familias cuyo linaje se remontaba a tiempos antiquísimos, había caído ante el encanto de una bruja sangre sucia, gryffindor, y amiga de su enemigo número uno en Hogwarts, Harry Potter. ¿Por qué de todas las chicas que había en el mundo, o simplemente allí, ella¿Qué era lo que tenía que lo obsesionaba tanto?. Estaba decido a no dejarse caer en su hechizo, a dominarla, a destrozarla; pero no podía; al menos esa noche todo le había salido mal, o no como esperaba. Si algo era cierto, había puesto en marcha su plan, la había seducido, la había besado... la había hecho suya... Y después la trató como lo que le habían enseñado que era, la peor escoria del mundo. Tanto desprecio destilaron sus palabras que vio como le llegaban en lo mas profundo a la castaña, como su orgullo y dignidad se perdían y las lagrimas no tardaban en salir; y lo más tonto es que se sintió mal. Pero, por supuesto, no lo demostró. 'Los Malfoy no muestran sus sentimientos'. ¿O si?.

Al besarla notó como su cuerpo experimentaba millones de cargas eléctricas, como las distintas sensaciones se diseminaban en su ser, como se estremecía ante el contacto de su piel. Y lo único que quería era hacerle sentir lo mismo a ella. La besó, la acarició, la tocó, la hizo suya como nunca lo había echo con sus conquistas anteriores; ella era diferente a las demás... Y con ella, él era distinto. Tomarla tan salvajemente y a la vez lo mas delicado posible, recorrer cada centímetro de ella con tanta necesidad y dedicación, besarla apasionadamente y con la más extraña dulzura –como queriendo ser otro, como queriendo dejarle algo suyo-, no era propio de si. Ser el primero y el único en tenerla de esa manera, le había llenado de satisfacción, de sana satisfacción. Era suya y de nadie más, una tierra virgen lista para ser explotada y dar los mejores frutos que sólo serían de su propiedad y que nadie mas gozaría de ellos. Suya.

Torció una sonrisa ante el recuerdo. El frío de las mazmorras no le afectaba, y no porque ya estaba acostumbrado a él, sino porque aún sentía la calidez humana de Hermione.

¿Qué hubiera sucedido si Snape no hubiese aparecido?. ¡Cómo odió a su profesor en ese momento! Pero qué agradecido le estaba ahora. De no haber hecho acto de presencia, de no haber interrumpido, de seguro todavía estaría junto a la gryffindor siendo otro que no era él. Sintió ganas de reír desaforadamente ante ese pensamiento. ¡Qué loca era la idea! No él, sino otro. Esa era la respuesta. La persona que había estado esa noche junto a Granger no había sido él, sino alguien más con su mismo cuerpo, pero con otra mentalidad, con otro sentir, con otro tacto. Extrañamente le molestaba un poco que fuese de esa manera. Envidiaba a aquel ser que se había apoderado de él, porque ese ente la tuvo y no él. ¿Pero qué le molestaba?. ¿Por qué?.

Había llegado a la entrada de su Sala Común y susurró la contraseña; pasó por el umbral y cruzó la estancia hasta llegar a las escaleras que le conducían al ala masculina de sexto curso. Sin dudar, se metió en el baño. Necesitaba una buena ducha para aclarar su mente.

Sus ropajes quedaron desperdigados sobre el suelo frío de la habitación. Se metió en la ducha y abrió el grifo. Sintió como el agua se tornaba tibia y caía sobre su cuerpo. Su frente se apoyó contra la pared. Le daría un terrible dolor de cabeza si no se despejaba pronto. Mientras las gotas hacían contacto con su piel, el jabón en una de sus manos le recorría por completo para luego ser removido. Lo mismo sucedió con el shampoo y el acondicionador en su cabello. Una vez finalizada su labor se quedó un rato más bajo la ducha. Su mente estaba todavía en el pasillo del cuarto piso, junto a la remembranza de la prefecta. Junto a las palabras hirientes que le había dicho antes de que ella se perdiera en la oscuridad de la noche.

'Sangre Sucia...'. La había vuelto a llamar así después de haber hecho el amor con ella. Nunca había ofendido a ninguna de las chicas que le habían servido como 'alivio', siempre se iba y las dejaba; pero jamás una mirada o una palabra después de haberse acostado con ellas. Pero esta vez el impulso de lastimarla había sido mas fuerte que otra cosa. Simplemente no pudo contener esas palabras que pujaban por salir de su boca, y para qué negarlo... Le dio una retorcida satisfacción herirla. Desde el momento cero en el que ingresó a Hogwarts y ella se hizo notar, deseó verla humillada, derrotada. ¿Era posible que un niño sólo once años albergara tales sentimientos?. Sí, era posible, si ese niño era un Malfoy. Ellos que siempre deben destacarse, ellos que siempre deben ser los mejores en todo lo que hagan, ellos que deben obtener el prestigio y reconocimiento unánime –sin importar los costos o los medios-, ellos que no son opacados por nadie... Él era uno de ellos. O eso creía.

Se sabía diferente al resto de sus antepasados, incluso a su propio padre, de quien decían todos él se parecía tanto. Tal vez eso se debía a que siempre trataba de complacerlo, a que intentaba agradarle de alguna forma, de que quería ganarse su reconocimiento. Siempre cumpliendo sus mandatos, siempre obedeciendo sus órdenes, siempre repitiendo lo que le decía. ¡Más que un padre parecía su apuntador!. Eso descubrió cuando fue encarcelado en prisión; al verse extrañamente libre y sin nadie quien le estuviera vigilando los pasos. No dudaba del amor de sus padres hacia él, por mas extraña que fuese la manera en la que se lo demostraban. Pero una vez que su padre no estuvo ahí para decirle qué hacer y cómo comportarse en ese verano, cayó en la cuenta de que tenía una mente propia. No es que nunca la haya tenido, sino que la empezó a escuchar. Notó como muchas de las ideas que le habían inculcado desde la cuna chocaban con él. Recordó cuando pequeño cuestionarse por qué odiar a aquellos que no provenían de familias mágicas, que por toda respuesta obtuvo: "Porque así debe ser¿O quieres que tu padre de deteste?". Esas duras palabras le quedaron grabadas a fuego en su mente y en su memoria; y desde ese día comenzó a aborrecer a los hijos de muggles dotados con el don de la magia. Y sólo por eso, ahora detestaba a los impuros; porque si no lo hacía su padre no lo querría.

Y tan acostumbrado estaba a maldecir a los impuros que ya le salía naturalmente. Sin importar quién era, cuántos años menos o más tenía, la venenosidad ante ellos salía sin punto de medición. Todos eran iguales, todos eran unos Sangres Sucia; todos, incluso ella. Y a ella era a quien mas aborrecía, porque era ella quien le opacaba en los estudios, en un campo donde los Malfoy siempre se habían destacado, ella era quien había conseguido la amistad de Harry Potter cuando él se la suya fue rechazada desde un principio, porque por ella sentía que decepcionaba a sus padres. Todo porque una Sangre Sucia era mejor que él, y eso había hecho mecha en su orgullo Malfoy. Su padre de lo dijo una vez: "No puedes dejarte vencer por esa. Tienes que hacer lo que sea por derribarla, y tomar lo que por naturaleza te corresponde.". Otras palabras que le habían quedado grabadas, pero no sólo por su significado sino también por cómo había sonado. Había en ellas desprecio y decepción, y una ínfima gota de esperanza; esperanza a que él lo lograría. Y por esa pequeñísima esperanza él hizo todo lo que podía para bajarla del podio donde la habían puesto.

Tal vez por eso le había insultado después de haber el hecho el amor con ella; porque sabía que le dolería en lo mas profundo de su alma. Posiblemente por ello la había tratado como a una cualquiera, aunque para él ella no lo era. Y... tal vez porque el dolor de la gryffindor era también su dolor. ¡Cuán extraño sonaba eso!. Pero era cierto, porque cada vez que era víctima de una de sus vejaciones, él sufría y notaba como un poco de él moría; y eso buscaba; morir. Que su verdadero yo muriera para que el Draco Malfoy que todos veían y esperaban que fuera tomara posesión de sí. Porque la verdad era que sólo con ella podía dejar de ser como se mostraba y ser él mismo. Sólo con ella podía ser diferente, porque ella también era diferente a lo que aparentaba. Pero¿Por qué?. Podría ser el hecho que no había nadie, a excepción de Potter y Weasley, que le hiciera frente, y que absolutamente nadie podía hacer que se exigiera lo máximo de su persona. Esa era la verdad, ella era un desafío, siempre lo había sido, que le obligaba a dar lo mejor; no importaba el Quidditch, donde Potter aparentemente era mejor que él, porque por él sólo sentía enojo por haberlo rechazado –y le demostraría su error tarde o temprano.-. Ella era la persona que hacía sacar de su interior todo, hasta a su verdadero yo. Y se había transformado en su pequeña obsesión, hasta colarse en su cerebro y muy posiblemente en su dormido corazón y semi-muerta alma.

Salió de la ducha y tomó una pequeña toalla que ató a sus caderas. Desempañó el espejo y se miró. Su rostro aristocrático y pálido, su cuello blanquecino en donde se podía apreciar pequeñas marcas de mordeduras que le hicieron pensar: 'Vaya, Granger si que sabe dejar su rastro.', y luego sonreírse. Se cepilló los dientes, pero no pudo borrar el sabor de la boca de Hermione; y sabía que no podría hacerlo nunca, ese gusto quedaría grabado para siempre en la memoria de sus papilas. Secó su cuerpo, en el cual notó arañitos. Volvió a sonreír. 'Definitivamente, Granger sabe dejar huellas.'. Tomó su varita, y con un movimiento se vio totalmente vestido con una finísima y delicada pijama. Cruzó la puerta del baño y se adentró en su habitación.

Todo estaba como lo había dejado, pero por supuesto que nadie osaría a entrar en la habitación de Draco Malfoy. Se dirigió a una ventana, que al estar encantada reproducía el cielo nocturno, y miró por ella. La oscuridad reinante, la tranquilidad incorrupta, la brisa relajante, las estrellas titilantes, el vaivén de las copas de los árboles, la indómita naturaleza de la noche que siempre lo relajaba. Por primera vez deseó compartir eso. Por primera vez quiso que alguien estuviese a su lado contemplando tanta belleza junta, quiso que le tomaran el hombro y le dijeren: 'Todo está bien. Ya no tienes que ser diferente a quien eres en realidad.'. Deseó, pero sabía que deseos como eso muy pocas veces se hacían realidad. Una sonrisa triste surcó su rostro. La felicidad nunca la conocería, y jamás pensó que eso le importaría.

Abandonó su contemplación y se dirigió a su cama. Estaba fría. Como él, como todo lo que le rodeaba. Y ante el contacto de las sedosas sábanas, no pudo evitar recordar el calor de Hermione. Y con ella en su mente, se fue quedando dormido.

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El débil calor de la luz del sol y su intensa luz bañaba los terrenos del colegio Hogwarts, se colaba por las ventanas del edificio, pasillos, aulas de clases, Salas Comunes, dormitorios, todo se revestía de blanco y amarillo anunciando la llegada de un nuevo día. Ya poco faltaba para el Baile de Halloween, sólo una semana y podrían despejar sus mentes de los exámenes, trabajos prácticos, y la pronta guerra que se desataría en las afueras del castillo. Sí, ese baile era muy esperado por todo el alumnado y también por los profesores, quienes buscaban que las tensiones acumuladas entre las casas se fuera disipando pronto, pues necesitarían que los lazos entre ellos sean fuertes, o de lo contrario, cuando llegara la batalla, muchas desgracias sucederían por no mantenerse unidos.

En los dormitorios del 6to curso de Gryffindor, en el ala femenina, las jovencitas estaban empezando a despertar. Entre ellas, Hermione. Tal vez la única en todo el colegio que no quería asistir al Baile de Halloween, porque eso significaría pasarse casi toda la noche al lado de Draco Malfoy, la persona menos grata para ella desde ese momento.

Volteó su cuerpo para quedar mirando las literas. Veía como sus compañeras intentaban incorporarse y salir de la cama. Por alguna extraña razón, observar esas cosas le gustaba desde pequeña.

Ver como las personas ponen su esfuerzo en las cosas mínimas, más simples y sencillas de la vida, como despertar de un largo y apacible sueño.

La primera en salir fue Lavender, quien como siempre, se metió en el baño... para quedarse sus buenos veinte minutos. Según ella '¡No hay nada más importante que salir de la Sala Común reluciente, y más que nada por la mañana!'. Se reía de ese comentario por sus adentros, y le gustaba que su compañera fuera así, posiblemente porque ella no lo era. La siguiente, como no serlo, fue Parvati. Parecía que ellas dos hacían todo casi al mismo tiempo. La vio refunfuñar porque su mejor amiga la había ganado el baño nuevamente, y luego salir de la cama para dirigirse a su baúl y revolverlo hasta encontrar el atuendo del día. Realmente, no sabía si envidiar esa amistad. Ella no era tan unida a las chicas, sus mejores amigos eran hombres, y con Ginny se llevaba muy bien, pero no era lo que se consideraba 'Grandes Amigas'. Se preguntaba si era tan diferente a las demás, si era difícil llevarse con ella.

Todo apuntaba a que sí, cuando recordaba sus primeros años en Hogwarts, y su infancia en el Mundo Muggle. Ni siquiera allí había logrado forjar una buena amistad, todos eran compañeros de la escuela o buenos conocidos; pero ninguno un verdadero amigo. Uno a quien confiarle que era bruja, sus deseos, sus anhelos, todo. Y es que a Harry y Ron no le podía estar contando su gusto por los chicos, porque lo más probable era que el primero se quedara mudo o se retirara de la conversación, y el segundo estallaría a los gritos. En verdad, necesitaba una amiga. A quien contarle sus cosas, con quien tener esa típicas charlas de chicas que antes consideraba insulsas, más ahora las quería tener como cualquier adolescente normal, a quien confiarle sus frustraciones, a quien contarle en el juego en el que se había metido con Malfoy...

Sus ojos se cubrieron de lagrimas ante el recuerdo, más las retuvo y pasó sus mano sobre ellos para limpiarlas. Había decidido no llorar más por el Hurón, y debía mantener esa determinación.

Con pereza, quitó los cobertores que estaban sobre su cuerpo y se sentó sobre la cama, apoyando sus pies sobre el suelo de la habitación. Lavender aún no salía y Parvati seguía revolviendo el baúl. Las otras dos, continuaban durmiendo; después de todo era sábado y sólo quienes tenían que hacer cosas se levantaban a las ocho de la mañana. El resto dormía tranquilamente hasta las nueve.

Pasó a hacer lo mismo que Parvati, sólo que ella no tardaba tanto en elegir su atuendo. Sacó un pantalón de mezclilla, una remera mangas larga blanca de algodón con cuello, y un sweater, pues no era novedad que el otoño de ese año era más frío que los anteriores y no quería pescar un resfriado. Se salteó la ducha ya que había tomado un buen baño antes de acostarse, y se metió nuevamente en su cama y cerró los doseles para cambiarse en mayor intimidad. A pesar de haber estado compartiendo ya seis años con las mismas chicas, había momentos en los que no quería que la vieran en ropa interior, y esta fue una de esas veces. No era que sintiera vergüenza ni nada por el estilo, es que cualquiera que voltease a verla podría notar las marcas en su piel y eso significaba dar explicaciones que, sinceramente, no quería presentar.

Con dificultad, y dándose uno que otro golpe, logró cambiarse. Al volver a salir, las otras dos chicas ya estaban despiertas e incorporándose del lecho, Lavender ya había salido del baño y había entrado Parvati. Soltó un gran suspiro, y se puso de pie. Miró, por tercera vez, a su alrededor y se dirigió a la puerta. Tenía mucha hambre y quería desayunar tranquila, sin tener que encontrarse con nadie indeseable. Una voz la detuvo antes de que pudiera tomar el picaporte.

"Hermione..." La llamó Lavender. Ella se volteó.

"¿Sí?"

"Ehm... Me preguntaba... Quiero decir... Ayer llegaste muy tarde... Y bueno... Me preguntaba si está todo bien... Digo..., como ayer tuviste ronda con Malfoy... Y ustedes dos no son... Ehm... compatibles... más bien muy diferentes...". No pudo más que sonreír levemente con mucha sinceridad. Ciertamente ellas no eran más que compañeras, pero le alegraba que se preocupara por ella.

"Sí... Está todo bien, Lavender. Gracias por preguntar." Le contestó amablemente con una hermosa sonrisa en el rostro para asegurar su mentira.

"¡Qué bueno!". Soltó la chica. "Bueno, nos vemos luego.". Dijo para después. de sonreír también, buscar ropa en su baúl. Hermione giró sobre sus talones y salió de la habitación más compuesta. Que mostraran preocupación por ella, sus compañeras, le producía alegría. No serían amigas, pero estaba implícito que tenían una buena relación y que, por ende, quisieran el bienestar de la otra. Porque, nuevamente, eran seis años juntas... Era algo casi imposible no preocuparse por las demás.

Cruzó la Sala Común y salió por el retrato. Se encontraría con Harry y Ron en el Gran Comedor, quienes seguramente –porque si Lavender lo había notado, ellos también- le preguntarían el motivo por el que había llegado tarde y si había tenido algún altercado con Malfoy. Su rostro se ensombreció un poco. No le podría decir a sus mejores amigos que había perdido la virginidad con él. Y tal vez no se lo podría decir a nadie. Le dolía el pecho, pero no lo demostró. Al recordar eso, sentía como en su interior se quebraba algo y como, exteriormente, se volvía más altiva. No le daría la satisfacción al slytherin de verla hecha añicos.

Entró al comedor y se sentó en su lugar de siempre. Se sirvió uno huevos revueltos, un poco de tocino; se untó unos panes con jalea de fresa, y en su taza vertió un poco de café, mientras que en el vaso colocó un jugo de naranja. Había pocos alumnos, como era de esperarse, y ninguna persona que le pudiera amargar más la mañana. Tomaba su desayuno casi por inercia, a pesar de que estaba un poco hambrienta. La noche anterior no había podido pasar bocado debido a la ronda que le esperaba... "¡La ronda!", recordó. La misma que había sido pospuesta para esa noche, la misma que tendría que volver a hacer en compañía de la serpiente. Si se hubiera podido ver, hubiese visto como los colores de su cara se iban desvaneciendo hasta quedar completamente pálida. Sintió como el estómago se le volvía a cerrar, más se obligó a seguir ingiriendo alimento; sino caería enferma y las primeras evaluaciones se acercaban. Comenzó a temblar, a tener frío; el miedo se internaba en ella.

"¡Hermione!"

"¡Ah!". Gritó asustada y dando un respingo. Volteó su cabeza y se encontró con un Ronald Weasley entre preocupado y sorprendido, para luego ver enfrente de ella a un Harry Potter con una expresión muy parecida a la del pelirrojo. "Son ustedes...", dijo en voz baja, más sus amigos la escucharon.

"¿Ocurre algo, Herm?", preguntó Harry sentándose.

"No... Nada...", contestó con la mirada baja. No le era fácil mentirle a ellos.

"Pues a mí me parece que sí. Dinos¿es algo relacionado con la ronda de ayer?", inquirió Ron. Las manos le temblaron y su cara se volvió más pálida aun.

"Si, es por eso. Herm, no tienes por qué ocultarnos nada... Sólo dinos¿si?", dijo Harry antes de que ella volviese a soltar otra mentira.

"Sí...", atinó a decir. Levantó la mirada y la intercaló entre el morocho y el pelirrojo. Ambos parecían preocupados y esperaban una respuesta. Tomó aire muy profundamente y lo soltó. '¡Qué el teatro comience!', gritó una voz en su cabeza. "Bueno... En realidad, Malfoy me hizo enfadar." Crack. "Estuve discutiendo con él toda la bendita noche hasta que acabó la ronda." Crack. "Y hoy me levanté con un terrible dolor de cabeza. ¡No sé cómo hacen para soportarlo en Slytherin!", exclamó mientras otro 'Crack' resonaba en su interior, golpeando la mesa con la palma de sus manos. Ron y Harry sonrieron ante la reacción de la chica.

"Bueno... Al menos no te hizo nada.", declaró Harry brindándole una mirada dulce y comprensiva. Ella sólo puedo sonreír falsamente.

"Sí, es cierto. Como te ponga un dedo encima, ya se las verá con nosotros.", prosiguió Ron. Otra sonrisa falsa. Crack. Crack.

"Sí... Gracias chicos por preocuparse.", dijo sinceramente, casi con lagrimas en los ojos. Le apenaba tener que ocultarles la verdad a ellos, dos pero seguramente no entenderían y cometerían una locura. no, en realidad la locura la había cometido ella; lo que no quería era que se involucraran en ella, que la rechazasen. Que la dejaran de querer. Tenía miedo, y ese miedo le impedía ser honesta con sus amigos. "Cobarde...", pensó. A pesar de estar quebrajándose por dentro, de morir por contarle a alguien su pesar, se quedó callada haciendo como si nada hubiese o estuviese pasando. 'Cobarde...'.

Y siguieron desayunando como todas las mañanas.

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El día transcurrió con la normalidad que se esperaba de un sábado. Tal vez había más agitación debido ala baile a realizarse la semana próxima o a que el primer partido de Quidditch se acercaba; pero más allá de ello, todo fue normal.

La castaña, mientras sus amigos practicaban para el partido, estuvo yendo y viniendo de la Sala Común a la Biblioteca, asesorando a alumnos de cursos menores y estudiando para sí misma. Hizo de todo con tal de mantener la mente ocupada y no pensar en los hechos acontecidos y en los que vendrían.

En la reunión, que tuvo lugar luego del desayuno, todos los prefectos fueron informados que deberían realizar la ronda esa noche, tal y como tan 'amablemente' le había informado Snape. Allí se encontró con Draco, quien ni siquiera pareció notar su presencia. No supo que sentir, sí enfado o alivio. Esperaba que fuese lo segundo.

Todos los prefectos se quejaron, pero no pudieron estar descontentos por mucho tiempo. A cambio de hacerla, la noche del baile y al día siguiente serían relevados de su funciones. Hermione hubiera preferido que la relevaran del cargo hasta que le quitaran a Malfoy como pareja.

En cuanto al slytherin, él estuvo encerrado en su habitación la mayor parte del día. Salió para la práctica de la tarde de Quidditch, y para tomar sus alimentos. No había amanecido muy bien, y prefirió la soledad. Necesitaba pensar mucho, más que nada porque esa noche volvería a tener a la leona junto a él. Y definitivamente no estaba dispuesto a descontrolarse nuevamente, aunque tampoco iba a omitir ese creciente deseo de ella en cuanto la viera. Se preguntaba si esa noche volverían a estar juntos, si la volvería besar con tanta pasión y necesidad, si iba a poder sentir su calidez por más tiempo. Se preguntaba si era correcto querer tener a la Sangre Sucia con tanto fervor. Pero nada salió a responder eso, sólo el latido de su corazón despertante y un revoltijo en el estómago. Faltaban pocos minutos para comenzar la ronda. En el cuarto piso, ala norte. En el mismo lugar donde todo había comenzado.

Una sombra pasó por su lado. Miró mejor y sonrió socarronamente.

"Vaya... La puntualidad personificada.", dijo en un tono burlón mientras seguía con la mirada el lento andar de su víctima. Pero ella no volteó ni le respondió, y le molestó esa actitud. "¿Acaso a los Sangres Sucia no les enseñan modales?", metió cizaña, más la castaña siguió su rumbo exasperándolo más. "No me extraña... Pero dime Granger... ¿No me vas a dar un beso?". Había dado en el clavo. Ella se detuvo y lo miró iracunda, mientras él se acercaba hasta quedar a dos palmos de ella. Uno de sus brazos se elevó con la intención de tomarla, pero ella fue más rápida y apartó ese brazo, alejándose.

"Vete a la mierda Malfoy. Cállate y cumple tus deberes. Haz como si no estuviera aquí. ¿Qué tan difícil tiene que ser ignorar a una insignificante Sangre Sucia?", le respondió enojada e irritada. La ira saliendo por sus ojos.

"Mira Granger... Ya te he dicho muchas veces que a mí nadie me da ordenes... Pero parece que no le terminas de aprender... ¡Qué extraño! Y dicen que eres la bruja más inteligente de todo el colegio... En lo personal, creo que ese título te queda demasiado grande...", dijo fríamente, mirándola a los ojos y acercándose lentamente a ella, sin que se diera cuenta. Cuando la tuvo a menos de un metro, la empujó contra la pared y la acorraló. "Además... Es casi imposible ignorar a una leona como tu... Y lo digo de verdad... Eres irresistible, Granger... Además de salvaje", le murmuró al oído con voz trémula, para luego comenzar a morder el cuello de la muchacha.

Hermione seguía impasible. Ese ser tan despreciable ¡la esta seduciendo!. Una fugaz idea se le vino a la mente, y sonrió como lo solía hacer su captor.

"Y si alguien se enterara de lo que estás haciendo... Tu reputación se iría al demonio¿no crees Malfoy?", preguntó tratando de alejarlo de ella, pero sin obtener ningún resultado más que el chico mordiese con más ahínco su piel. No puedo evitar que un gemido se le escapara. No sabía si había sido de dolor o de placer.

"¿Y no crees que la tuya también correría la misma suerte si se enteran de lo que ocurrió ayer?", rebatió levantando su cabeza para quedar mirándola a los ojos. Sonrió con satisfacción al encontrarse vencedor, y una de sus brazos rodeó la cintura de la chica, mientras que la otra mano subía por la parte frontal hasta detenerse en el pecho de ella, masajeándolo. Hermione se sacudió en el abrazo ante el nuevo accionar de Draco. ¡Qué esfuerzo inútil! Jamás escaparía.

"¡Maldición, Malfoy¡Suéltame!", gritó buscando en su túnica la varita. "¡Suéltame o enfrenta las consecuencias!", prosiguió apuntando la punta del objeto en la espalda del buscador de las serpientes, quien la soltó al instante. Sabía que era muy peligrosa armada, y recordaba el incidente que la involucraba a ella, Terry Boot y la clase de Defensa. Ciertamente no estaba dispuesto a terminar herido, y mucho menos por ella.

"Granger...", comenzó alejándose de ella, y aún amenazado. "Eres una experta en romper momentos...". Se giró y comenzó a caminar.

Podría haber tomado su varita y amenazarla también, pero no lo hizo. Dejaría que se confiara un poco, para luego tomarla cuando menos se lo esperase. Si no era esa noche, sería en otra ocasión. Tal vez en el baile. 'Sí, tal vez en baile...', pensó.

Esa noche no habría caricias que le confortaran, besos que lo revolucionaran, calidez que lo abrigase... No habría ese algo que le hacía ser y sentir diferente, y sonrió triste... Ese noche sería el Draco Malfoy de la obra de teatro que era la vida. Y ella también lo sería.

Lo miró con desconfianza. No sabía de dónde había sacado el valor para amenazarlo, y no comprendía cómo había logrado que la dejase en paz. Una sensación de tranquilidad la invadió, al mismo tiempo que el remordimiento le picó la conciencia. Tenía que dejar de sentir eso al estar con Malfoy, o perdería la cordura. Con pasos cortos y lentos siguió al slytherin, manteniendo una distancia considerable.

Y esa noche, no fueron diferentes. Adoptaron sus papeles durante lo que duró la ronda, para irse a dormir con un vacío en el corazón y en el alma. Esa noche, habían hecho una parada en su camino. Por esa noche, volvieron a ser quienes creían ser.

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N/A:

(...) Terry aparece con la cabeza agachada, y las manos juntas. Con mucha vergüenza levanta el rostro y enfrenta a la audiencia, que la mira de mala manera. Traga sonoramente, y sonríe demasiado nerviosa. Cuando cree tener el valor suficiente, abre la boca y dice:

"Lo siento", algo que la audiencia parecía esperar, puesto que empiezan a mover las cabezas como diciéndole que prosigue. "De verdad lo siento", continúa con lagrimitas en los ojos. Eso enternece al público quien suelta un: "Aw!".

Ay! De verdad que lamento haberme tardado tanto! Mmm... Un mes y dos semanas, casi tres. ¡Qué vergüenza! Y encima para traerles este capítulo tan miserable... T.T... Espero que les haya gustado, cosa que dudo, y que sean tan, pero tan buenos de dejarme review. Ya saben, apretar ese botoncito que dice "Go". Jejeje... Aunque no me lo merezca, me harían muy feliz. ¿Lo harán¡Por favor!

Bueno, si me pongo a dar explicaciones de por qué tardé tanto lo más sensato es que no se me ocurría nada, y cuando sí, simplemente no lo podía terminar ahí. Así que seguía escribiendo hasta dar con un final que me gustara. Esa es la razón por la que me tardé tanto. ¡Pero bajo ningún concepto voy a dejar de escribir!. Esto sigue hasta que se termine, o hasta que se me acaben las ideas, o hasta que me canse. Pero de cualquier modo serán notificadas. Detesto que dejen los fics por la mitad y no avisen, así que no voy a hacer lo mismo.

De verdad espero que les haya gustado el capítulo. El próximo ni lo empecé, pero les digo que es sobre el baile. Y nada más... Jejeje... Este capi es más largo de lo que estoy acostumbrada a escribir... ¡Ah! Y perdonen los errores de ortografía y gramaticales (y otros tantos que debe haber...).¡También millones de gracias por los review en el capítulo anterior¡Se los agradezco de corazón! n.n

EROL HARUKA: Wola! Bueno, muchas gracias por el rev. anterior! De verdad estaba preocupada por no haber escrito muy bien la escena. /. Oh! Y créeme que no fuiste la única que se molestó con Snape y Draco, jejeje... En un momento hasta me enojé yo! Xp! Espero que estés bien y que el capi te haya gustado! Besos!

Pipu-Radcliffe: Oh¡Felices vacaciones! Oh! De verdad que el anterior fue el mejor/. Cuánto me hacés ruborizar! Y bueno, tenés que entender que las cosas no pueden cambiar con un toque de varita. Con mucha suerte y esfuerzo llegarán a ¿sentir? Algo por el otro. Pero eso lleva tiempo. Oks., hermosa! Ahora que estás de vacas, aprovecha el tiempo, si? Cuidate montones! Y que el capi no te haya decepcionado! (Crossed fingers!). Besos!

SabelaMalfoy: Wola Sabela! Cómo has estado? Mmm... Probablemente me vuelvas a echar broncas por haberme tardado tanto, pero aquí esta! o-. Y? Qué te pareció? Espero que te haya gustado. Muchísimas gracias por el review anterior, y no me molestó para nada que haya sido largo, todo lo contrario, me hizo muy feliz! Cuídate mucho! Besos!

Norixblack: Hola! Bueno, gracias por el review! Y perdón por haberme tardado tanto en actualizar. Espero que te haya gustado! Y tus comentarios me dejaron roja-roja! Sí, Sabela me comentó de vuestra cronología, y déjame decirte que me pareció lo más normal del mundo. Tal vez sea porque estaré loquilla... jejeje... Oks., cuídate montones! Besos!

Mariana Felton: Hola! Como siempre muy feliz de que me dejes review! No sabes cuánto me alegra de que te siga gustando! Y espero que este capi haya sido bueno!. Y sí, Draco tiene esa personalidad, y no la vamos a cambiar del día a la noche, no? Dónde quedaría el Malfoy que hemos aprendido a querer? Jejeje... Cuidate mucho! Besotes!

Yeraid: Hola! Bienvenida! OH! Todo el fic de corrido! OoO! He hecho eso, así que te admiro! Me has dejado muy colorada con tus comentarios! Xcias! Y disculpa la tardanza, pero al fin aquí está el capi! Qué lo hayas disfrutado! Besos!

SraMalfoy: Hola! Bueno, aquí tienes el capítulo 9. Espero que te haya gustado. Y vaya que eres adivina! Jajaja! Cuidate! Besos!

Becky: Wola! Bueno, gracias por el review/. Y... lamento mucho la tardanza del capítulo anterior y de este. Y sí, te estaba extrañando! Y, como dije arriba, esto no se acaba hasta que lo decida y ustedes sean notificadas. Espero que te haya gustado! Y pronto habrá más escenas, a no preocuparse. Cuidate mucho! Besos!

Hermiwg: Hola! Bienvenida y gracias por dejar review! Y aquí tienes la continuación! Besos!

DanGrint: Hola! Bienvenida! Y no te preocupes, que a mi me suele suceder lo mismo con los reviews. Lo que importa es que te hayas acordado... jejeje... Y que te haya gustado. /. Ios! Qué comentarios me has dejado! No pensé que fuera a gustar tanto la escena. Y el chiste (el del cura y el confesante...) jejeje... muy bueno! Bueno, no te tardes tu tampoco con tus fics, vale? Cuidate también! Besotes!

Ly Malfoy: Wola! Bienvenida! Muchísimas gracias por el review! De verdad que me has dejado coloradísima! Lamento la tardanza! Espero que te haya gustado! Cuidate! Besos!

Kitsune-Megamisama: Hola! Bienvenida (me gusta tu nick!)! Muchas gracias por el review, y haré todo lo posible porque Malfoy siga siendo como es, y que Hermione se deje llevar. Cuidate mucho! Besos!

Verónica: Hola! Lamento la tardanza y espero que te haya gustado! Muchas gracias por el review! Y no, no lo voy a dejar. Al menos no sin avisarles, así que tranquila. Besos! Te me cuidas!

EugeBlack: Hola! Bienvenida! Y muchas gracias por haberte tomado el tiempo de leer esta historia! De verdad que te lo agradezco! Oh! Qué genial que el Dr/Hr se esté convirtiendo en tu pareja favorita! Jejeje... Es la mía... : P. Y bueno, Draco es así y así lo queremos! Aquí tienes la continuación y lamento la tardanza. Espero que te haya gustado! Besos a ti, niña venezolana! Cuidate!

Lady Lathenia: Hola! Ya te andaba extrañando por aquí. Cuánto me alegro de que te hay gustado el capítulo anterior! Jejeje... No estaba muy segura de haber dejado muy bien esa escena, pero te creo. Escribes genial! Y muchas detestaron a Snape y a Draco, yo también! Bueno, cuídate mucho! Besos desde el otro lado de la cordillera!

Lizzy Malfoy: Hola Lizzy! (serás la Lizzy que conozco?). Bienvenida y muchas gracias por el review! Ah! Cuánto me alegro de que el capi y la historia en general de hayan gustado. Trataré de no escribir párrafos tan extensos! Cuidate montones! Besotes enormes!

¡Cuídense mucho¡Las quiero montones! A todas las que dejan review y a las que leen en el anonimato!

Su servidora (que sigue candidata al psiquiátrico pero no la terminan de admitir porque temen por la salud de los otros internos... U.U'...);

·+-Terry Moon-+·