Camino a la Perdición
Autor: Terry Moon
Género: Drama / Romance
Personajes Principales: Hermione / Draco
Aclaración: Ninguno de los personajes me pertenecen; son todos obra de J. K. Rowling y de aquellos con quienes comparte la propiedad. Sólo los uso para mi diversión y para entretenerlos a ustedes!
Advertencia: R / M. Quedas advertido! Este fic contiene escenas "fuertes" y un vocabulario un tanto inadecuado.
Agradecimientos: A los autores de fanfictions por inspirarme y a los lectores por los ánimos que brindan con sus reviews.
Beta-Readers: PaddyPau & Goi Izarra
Camino a la Perdición
Capítulo12.- Elecciones.
La noche había llegado, dando término a otro día. En realidad, ya casi no podía distinguir entre el día y la noche; pero suponía que era así. Después de todo, en un determinado momento, creía volver a oler aquel aroma que se había metido dentro de sí. Dulce y fresco, como las flores. También creía volver a sentir labios y manos sobre su piel, brindándole calor y amor. Siempre había sido de noche.
¿Cuándo había dejado de distinguir con raciocinio la diferencia entre caminar como un ser vivo y caminar entre los vivos?. Tal vez cuando se alejó de aquello que le hacía feliz o cuando aceptó ser lo que jamás había querido ser. Gracioso, esos dos momentos habían ocurrido en simultáneo.
En su camino hacia su habitación, recordaba que el momento de volver a Hogwarts llegaría en unos pocos días. Sólo una semana antes de volver al castillo, no sólo en calidad de estudiante, sino también como espía. Y no sólo era volver a Hogwarts, sino también a ella. Y tenía mucho más miedo por ella, que por su situación. Después de todo, por eso había decidido dejarla. Para protegerla, para que no se viera involucrada con él, para que el daño no fuera irreparable.
¿Cómo reaccionaría al volver a verlo?. Esa era la pregunta que volvía a su mente una y otra vez, la misma que le causaba escalofríos y temor, la que le quitaba el sueño y nublaba su juicio.
Tal vez le hubiera resultado extraño el querer volver a verla años anteriores, pero en ese momento no. No después de haber compartido tanto con ella el año anterior. Y las memorias dolían mucho.
Vivir en la oscuridad, escondido, era algo a lo que ya se había acostumbrado. Pero el temor era algo nuevo, y casi humillante. Se preguntaba por qué la vida era tan injusta con él, para luego recordar que los Malfoy's no sufrían, sólo vivían su destino. Triste pensamiento, en verdad.
Cruzó el umbral de su cuarto, y se despojó de las túnicas negras, para luego, con un movimiento casual de varita, encontrarse vestido en sus finas pijamas grises. Corrió los doseles de su cama y se recostó en ella, para tener otra noche de sueños tormentosos y, a la vez, agradables. Y luego despertar con un sabor semi-amargo en su boca, por la noche pasada y las memorias revividas.
"Hay veces en las que pienso que el mundo no es justo. Y son tantas las veces, que me parece, estoy empezando a creerlo.
Jamás cuestioné las decisiones de los adultos, pero sí la de mis compañeros. Debe ser alguna clase de 'obediencia' innata, que en este momento me repugna. Y no sólo eso me disgusta en mí, sino también el hacerle caso a los prejuicios. Entonces, me quejo en vano. La discriminación, la desigualdad; creo que todos somos un poco hipócritas en la vida. Es triste, la verdad.
Y hoy, he vuelto a donde todo comenzó, y siento una especie de vacío en mi interior que he tratado de ignorar estos últimos meses, que he tratado de llenar con otras cosas, con otras personas, pero aún así sigue estando; y parece que cada vez, ese vacío, es más profundo y oscuro, se siente con más intensidad cada día que pasa; por mucho que lo haya ignorado.
Me sonrío triste. Lo volví a ver, y creo haberme detestado por continuar sintiendo igual, y a la vez no. Quisiera poder volver el tiempo atrás (el giratiempo me sería muy útil) y haberme quedado a su lado, sin importar qué. Y esa era mi intención, pero ambos sabíamos que no podía ser... O tal vez no lo quisimos lo suficiente.
La culpa ha sido mi compañera por tanto tiempo... Primero con Draco y ahora con Ron. Pero con Ron es más intensa, porque sé que no debo estar con él, y sin embargo lo estoy. ¿Cuán patética soy?. Dejé que me consolara, que se convirtiera en algo más que mi amigo; pero jamás he permitido que nuestra situación cambie. Para mí, él es una vía de escape; para él, soy su 'amor'. Me repugna el tan solo pensar que lo estoy usando, no se lo merece. Creo que ya es tiempo de sincerarme con él, por mucho que me duela, por mucho que le vaya a doler, por todo lo que me cueste perder, al menos sé que ganaré paz para mi conciencia."
Ya habían sido tantas las noches en las que pensaba en la quietud y oscuridad que esta traía consigo, que ni siquiera se molestaba en llevar la cuenta, aunque nunca lo hubiera hecho. Simplemente, recordar esos momentos hacía que una frágil y leve sonrisa surcara su rostro, que se mostraba impávido ante los demás. "Al menos, el cuarto es bonito", pensó para luego sacudir su cabeza ante tal ridícula afirmación.
Quitó su vista de los terrenos del colegio, y la fijó en la puerta que separaba su habitación de la Sala Común de los Premios Anuales. Su mente comenzó a imaginar los diferentes escenarios con los que podría encontrarse del otro lado, pero todos tenían una sola cosa en común. Una sola persona en común. Hermione.
Tan sólo vagos tres meses habían transcurrido desde el inicio del curso, y aún no había compartido la cómoda estancia con ella. No quería... En realidad, no podía. Temía a sus impulsos, a lo que pudiera llegar a hacer y a la reacción de ella.
Se sentía estúpido y cobarde. ¿No había sido él, acaso, quien hubo propuesto la separación?. Claro, no había contemplado la vulnerabilidad humana en ese entonces, sólo la seguridad de la castaña y el amor que, una vez supo, compartían. Pero ya nada de eso parecía real.
En los primero días, ella estaba siempre acompañada de Weasley. Del brazo, de la mano; compartiendo besos, caricias y abrazos, que una vez fueron suyos. Los celos quemaban bajo su fría fachada. "Compostura Malfoy". Asco, mucho asco, le daba su apellido y lo que sus ojos presenciaban.
Un mes más tarde, ella estaba siempre sola y un halo de tristeza envolvía su figura. Sus ojos no brillaban en lo más mínimo, y de su boca sólo salían las respuestas a las preguntas de los profesores o tenues suspiros inconscientes.
Un mes atrás, al ingresar a la Sala Común, la encontró sollozando tendida en uno de los sofás de la estancia. Su corazón se había acelerado, y una voz en su interior le susurraba que fuera a su lado; mas la voz de la razón fue más fuerte y lo llevó hasta sus aposentos, dejando a su alma atribulada y curiosa por el estado de la Gryffindor.
¡Demonios!. Ni siquiera debería suponerse en tales situaciones. Observar a una "mugrosa Sangre Sucia" por algo que no fuera repulsión, preocuparse por ella, ser visitado por las noches por las memorias del pasado y despertar sobresaltado ante una pesadilla, que bien podría haber pasado como una predicción del incierto futuro que les esperaba adelante.
¡Mil Demonios!. No se suponía que tendría que haber estado mirando la puerta con tal intensidad, como si pudiese ver a través de ella. Preguntándose si salir o no.
Se sentía realmente cansado. Los últimos tiempos no habían sido nada agradables para él, y el volver a Hogwarts significó rehacer todo lo que no quería, e intentar llevar su frialdad a tal punto que nadie pudiese sospechar que era una mera actuación. Sentía, y de eso ya casi había pasado más un año.
¿Recordaría ella la fecha?. ¿El lugar?. ¿Las sensaciones?. Esperaba que sí; él sí lo hacía.
Suspiró resignado, y por inercia acarició su antebrazo izquierdo. Escocía. Ardía, pero no más que la duda que día a día, noche tras noche, escarbaba un poco más en su interior. Debía olvidar por un instante su posición y atreverse a enfrentar las incertidumbres que estaban ante él. Tal vez ella, tendría las respuestas.
Sus pies lo dirigieron hasta la puerta, y su mano giró el picaporte. Sus ojos se encontraron con la Sala Común iluminada solamente por la luz de la chimenea, y buscaron entre los muebles y cosas apiladas sobre las mesas, algún indicio de que Hermione estuviera allí.
Enfrente del hogar, sentada de espaldas a él, se encontraba ella. Con pasos silenciosos se fue acercando hasta el lugar, y notó como el cuerpo de la joven se tensaba, poniéndose alerta. En su mente, una sonrisa socarrona se hizo presente. Aún sabía perturbarla, hacerle sentir su presencia aunque no lo quisiera.
Se sentó junto a ella y miró las llamas danzar entre los leños. El calor que desprendía el fuego llegó hasta su cuerpo. Y de reojo, observó con detalle el rostro de la castaña. Sabía que ella estaba haciendo lo mismo con él.
-Sí...
¿"Sí" a qué?.
-No... comprendo... –sacudió su cabeza, tratando de alejar la confusión que se había apoderado de él- Granger... Hermione, yo...
-Draco... –susurró, ella. –Te extrañé.
Sus ojos se habían posado por completo en ella con la máxima intensidad que estos podían transmitir.
Ante la iluminación, parecía tan etérea, sacada de un sueño, caída del cielo. "Un Ángel Caído...". ¿Continuaría siendo su piel tan suave como él recordaba?; pensó en aquél instante.
Su mano se elevó, y acarició una mejilla. Ella cerró sus ojos, disfrutando del contacto; y dejando caer el peso de su cabeza, aprisionó la mano entre su mejilla y hombro. Lentamente, se fue moviendo hasta que sus labios se posaron en la palma del muchacho, depositando un casto beso.
Él elevó el rostro de ella, y en un susurro le pidió que abriera sus ojos. Ella accedió muda, y sus miradas se volvieron a perder en el mar del otro.
Un beso, dos besos. Toda la noche era de ellos dos.
Una caricia, dos caricias. El reencuentro, el renacer en los brazos del otro.
La nieve había comenzado a caer hacia mitad de la noche. Ellos habían contemplado el comienzo del espectáculo, para pronto encontrarse perdidos en el consumante deseo y pasión que los había vuelto a poseer, casi sin darse cuenta.
La mañana había llegado para encontrarlos abrazados en la Sala Común, acurrucados en el sillón más grande que enfrentara el ventanal, y amoldados al cuerpo del otro, tan cerca y tan íntimos. La luz matutina se reflejaba en los restos de nieve que se habían quedado atascados en los marcos exteriores con más intensidad de la usual, como si estuviera bendiciendo con su débil calidez el cuadro que se había pintado en la estancia. Dos amantes enamorados, reunidos nuevamente; durmiendo en los brazos del otro y, probablemente, soñando con el otro.
Hermione se movió entre los brazos del slytherin, antes de abrir sus ojos y encontrarse con un pecho pálido pero firme, y un brazo alrededor de su cintura en forma posesiva. Sonrió. Había temido despertar y encontrarse sola, en su cama. No, no había sido un sueño.
-Buenos Días... –Le saludó una voz en su oído, causando escalofríos en su espina.
-Hola, Draco. –Contestó mirándole a los ojos, con la misma sonrisa que él le regalaba. -¿Dormiste bien?. –'¡Qué pregunta más tonta!', pensó.
-A decir verdad, sí. Dormí muy bien. –Respondió para luego acercarse y besarla suavemente en los labios, permaneciendo más tiempo del esperado y profundizando ese contacto, dejando que sus manos recorrieran las curvas de la mujer que tenía a su lado. –Te Amo... –dijo entre besos. Ella se sacudió entre sus brazos, rompió el beso, y le miró fijamente a sus orbes grises, chocando con las suyas marrones. -¿Qué...? –Un dedo se posó sobre sus labios, callándole. Las lagrimas se agolpaban en los ojos de Hermione.
-Yo también Te Amo, Draco... –Murmuró sonriendo, dándole un ligero beso. –Dime¿nos volveremos a separar?.
-No. –Replicó rápidamente sin dudar, con toda la seguridad que su voz podía transmitir. Seguro en su interior que no se volverían a separar.
-¿Seguro?. ¿No me dejarás otra vez?.- Preguntó con su mirada fija en la de él, trazando la marca en su antebrazo izquierdo con uno de sus dedos; de la misma manera en que lo había hecho horas atrás para restarle importancia y demostrarle que ella sabía que él nada tenía que ver con lo que esta representaba.
-No. ¿Y tu?. ¿Dejarás que me aleje?. ¿Me dejarás a mi?
-No; por nada del mundo. –Un beso, una lagrima, una sonrisa. –Sin importar qué o quién, estaré a tu lado siempre. Mi felicidad, está a tu lado.
-La mía también se encuentra junto a ti. –Una sonrisa, un beso, una lagrima. Una risa, por parte de ella.
-¿Pero qué estoy viendo?. ¿Draco Malfoy llorando?. –Se burló.
-¡Cállate! –Se defendió posando su cuerpo en el de ella. –No estoy llorando... –Su voz asemejándose a la de un niño.
-¡Sí, lo estás!. Si no¿qué es esto?. –Inquirió tomando la lagrima en su dedo índice y mostrándosela.
-Una lagrima, querida. Una lagrima; pero eso no significa que estoy llorando. –Sentenció.
-Lo que tú digas, hurón...
-¡No me llames así!
-Te llamo como quiero. –Rió. -¡Hurón!
-¡Cállate!. ¡No me digas así!. No me gusta...
-Oblígame... –Desafió seductoramente.
-Tu te lo buscaste... –Logró mascullar antes de ser preso de unos labios que le incitaban a continuar el juego del amor y de la pasión.
-¿Algún progreso, Malfoy?
-No, mi Señor. Lo siento.
-Crucio... –Siseó, sin que su voz denotara el profundo veneno y la más pura crueldad con las que pronunciaba la maldición. –Vete, espero que para la próxima traigas algo, Malfoy... Si no...
-Sí, mi Señor... No volveré a defraudarle. –Pudo decir Draco, aún retorciéndose en el suelo por el dolor que le había causado recibir una de las imperdonables.
-Mas te conviene no hacerlo... ¡Márchate! –Ordenó propinándole una patada en las costillas, antes de que su sirviente se pusiera de pie.
-Señor. –Una reverencia de sumisión y respeto, una media vuelta y el sonido de la tela moviéndose, otro de una puerta abriéndose; y una vez en el exterior del edificio, un grito de frustración.
-Con permiso, Profesor.
-Adelante, adelante. ¿Una gota de Limón?
-No, gracias. ¿Usted pidió verme?
-Así es. Quiero hacerle una sola pregunta, o tal vez dos. Espero me pueda ayudar...
-Yo también, Profesor.
-¿Qué tan dispuesta está esta persona?
-Mucho, Profesor.
-¿Y están seguros de querer hacerlo?
-Sí.
-Muy bien, entonces. Muchas Gracias Señorita Granger por su colaboración.
-Gracias a usted, Profesor Dumbledore. Eh... Yo... quería preguntarle si...
-Por supuesto que el Profesor Snape estará enterado, y no se deben preocupar por nada. Tienen mi palabra que todo saldrá bien.
-Gracias. –Una verdadera sonrisa que llega hasta su mirada. Otra igual en forma de respuesta. –Con permiso.
14 de Febrero, Día de los Enamorados. Día del Amor y de la Amistad. Para ella, esa fecha no tenía la mayor relevancia. Era un día más, con un significado más especial que los otros, pero jamás un día de celebración. Ni siquiera ese año.
Por los pasillos de Hogwarts, las alumnas iban y venían sosteniendo cerca de sus pechos tarjetas o dulces, tratándolos como tesoros recién descubiertos que debían resguardar de las miradas ajenas o indeseables. Algunos muchachos pasaban levemente sonrojados, víctimas de una tarjeta o un regalo inesperado; otros se pavoneaban por la cantidad de presentes que habían recibido; y la mayoría se encontraba igual que siempre, aunque en sus ojos se podía distinguir un brillo distinto.
Ese día salía de la biblioteca, después de haber terminado un reporte para una de sus clases. Había quedado con Draco en la Sala Común de los Premios Anuales para terminar algunas tareas y disfrutar de una tarde juntos, olvidándose de los problemas y de la guerra que se desarrollaba silenciosa fuera de los terrenos del colegio. Pensando en eso, iba caminando sin prisas y distraída a su alrededor y a los transeúntes que pasaban por su lado y le saludaban deseándole un "¡Feliz San Valentín!". Pensando en la tarde que compartiría con el slytherin, en la protección que sentía al estar envuelta en sus brazos, como si ese fuera su único lugar en el mundo, el único en donde debía estar. En los besos que se prodigarían y en las caricias inocentes que terminarían siendo un contacto íntimo entre los dos, y seguramente culminarían con...
-Lo siento... –Había tropezado con alguien, acabando sus libros en el suelo. –No veía por dónde...
-Está bien, Hermione... No hay problema. –Interrumpió la otra persona. Sus ojos se elevaron de sus libros para encontrarse con una mirada azul triste y melancólica, y un fueguino cabello rojo. –Yo tampoco estaba viendo... –Continuó Ron, rascándose la cabeza y sonrojándose un poco, mirándola a los ojos.
Ambos se agacharon para recoger los libros desperdigados en el piso de piedras, evitando el contacto entre sus manos; manos temblorosas por la incomodidad, manos temblorosas por la duda.
-Lo lamento, Ron... Yo...
-Está bien, Hermione... Tú... Yo... Nosotros no... ¡Demonios!. –Exclamó exasperado. –Sé que no querías Hermione, lo sé. Pero es tan difícil, te extraño tanto... Hay veces en las que quisiera no haberte dejado ir, tenerte aún entre mis brazos confortándote, besándote; demostrándote todo el amor que todavía siento por ti... Y ahora, míranos... Ni siquiera podemos estar mucho tiempo donde está el otro. Te extraño, Hermione; te extraño mucho.
Se le quedó mirando anonadada. Ella también le extrañaba a él; a su amigo Ron, no a su novio Ron. Extrañaba las insulsas pero divertidas peleas que solía tener con el pelirrojo, ayudarlo con las tareas o regañarlo por comer tanto. Extrañaba la amistad que había tenido con él desde la mitad del primer curso, cuando él y Harry le habían rescatado de aquel troll. Pero todo había cambiado, las cosas no eran iguales y no volverían a serlo. Había tomado decisiones equivocadas en el pasado, y la relación con él había sido un error que le costó esa amistad tan pura que tanto añoraba.
Las lagrimas comenzaron a escapar de sus ojos y su cuerpo empezó a temblar de la vergüenza e impotencia que recorrían su cuerpo. Su respiración se había agitado, y apenas lograba respirar. La angustia volvía a hacerse presente en ese momento, la culpa volvía a picar su conciencia, y el saber que no tenía derecho a sentirse así destrozaba su corazón. ¿Qué derecho tenía ella de sentirse de esa manera?
Ron la rodeó con sus brazos, envolviéndola en un confortante abrazo. No quería que él le consolara, no merecía que él hiciese eso por ella. Trató de salirse, pero él la sostuvo aún más fuerte. Volvió a intentarlo y el resultado había sido el mismo. ¿Cuándo Ron había madurado tanto?.
-Te amo, Hermione... Te amo tanto que me duele verte así, te amo tanto que no soporto estar tan alejado de ti, te amo tanto que no me importa si tu no me amas de la misma manera... Pero por Merlín, por favor... Deja de llorar. No tienes la culpa, créeme. El idiota he sido yo por no ver más allá de lo que quería ver, por no darte lo que necesitabas y tomarte para mí sin considerar tu sentir. Yo... Fui un idiota al besarte esa noche cuando llegaste llorando a la Sala Común, no debí haberlo hecho; pero... Tenía que hacerlo, quería hacerlo... Necesitaba engañarme, no ver que jamás serías la mujer para mí... Por favor, perdóname Hermione... Ya no llores, por favor... –Suplicaba acariciándole la espalda en un intento para calmarle.
Estuvieron así por un largo rato. Los estudiantes que pasaban cerca sólo les miraban curiosos y seguían su camino suponiendo que estaban haciendo las pases y que luego, esa noche, entrarían al Gran Salón como pareja nuevamente.
-Perdóname a mí, Ron. –Logró decir Hermione una vez calmado su llanto. –Nunca debía haberte usado, yo...
-Sh... Nada... Creo que los dos nos tenemos que perdonar muchas cosas¿no?.
-Sí... Pero yo... –Una pausa. -¿Sabes que las cosas no volverán a ser iguales, verdad? –Dolor en los ojos azules.
-¿No podemos intentarlo?
-No. Muchas cosas han cambiado. ¡Ni siquiera somos los mismos de hace un año atrás!. Sería... engañarnos, y no quiero engañarte más Ron. No quiero darte esperanzas donde no las hay, ni tampoco pretender que seremos los mismos amigos de antes, cuando no será así.
-Yo... –Duda. –Tienes razón. –Aceptación. Más tristeza. –Necesito tiempo¿sabes?. Creo que...
-Sí, te entiendo. –Le sonrió. Él también a ella.
El abrazo de reconciliación. Cerrar los ojos para imaginar lo que el futuro será, para ver cómo las heridas van comenzando a sanar. El amor que no fue, la amistad casi perdida y la esperanza de salir adelante. La separación de los cuerpos, mas no de las almas unidas por un lazo delgado y frágil, pero fuerte cuando las adversidades se acercan y en el tiempo de enfrentarlas.
-Ron... Yo... Debo irme.
-Sí, yo también... ¿Hermione?.
-¿Sí?
-Feliz San Valentín. –Le deseó con una sonrisa sincera, con la misma sonrisa que no le brindaba hace meses.
-Feliz San Valentín, Ron. –Contestó sonriendo, sabiendo que de algún modo u otro las cosas estarían mejor.
Las respiraciones agitadas, los corazones palpitantes de excitación, las emociones revolucionadas, el juicio nublado; el conjunto de sensaciones que elevan al espíritu haciéndoles creer que han alcanzado un pedazo de cielo en la tierra. La felicidad compartida junto al ser amado, el amor incondicional, el apoyo mutuo brindado; el conocimiento de saberse del otro y de nadie más.
Tal vez esa sea la forma más acertada, mas no del todo completa y fiel, de describir cómo se sentían Hermione y Draco aquel 14 de Febrero mientras volvían a descubrirse en la habitación del Slytherin. Los colores verdes y grises que decoraban el cuarto, parecían haber tomado una inusual calidez ante el acto de amor que los jóvenes amantes se prodigaban, al cual se rendían y sucumbían por enésima vez en su corto tiempo juntos.
Las sábanas revueltas, los cuerpos acoplados al del otro, las mejillas sonrosadas y la sonrisa de felicidad completa, hacían que el lugar tuviera más vida de la que jamás alguien pudo imaginar el cuarto de un slytherin podía llegar a tener.
El sonido de las respiraciones que buscaban regularse, las leves risas ante las cosquillas que Draco hacía sobre las curvas de Hermione, el ruido de un beso húmedo sobre la mejilla pálida del muchacho, y el silencioso abrazo alrededor del cuerpo femenino; eran las cosas que completaban la escena que muchos creían imposible. Un Draco Malfoy feliz y enamorado de una Hermione Granger gustosa de las atenciones que se le brindaban.
-Feliz San Valentín, Hermione... –Murmuró sobre el oído izquierdo Draco, rozándolo con sus labios en una tierna caricia.
-Feliz San Valentín, Draco... –Contestó ella, volteándose, quedando de frente al rubio; mirándole a los ojos, perdiéndose en el mar de mercurio y sonriendo como tonta enamorada que era.
Otro beso corto, promesa de amor. Un beso más largo, promesa de unión. Uno más apasionado, promesa de superar juntos cualquier adversidad. Una silenciosa lagrima, signo de que todo no estaba bien. Una mano cálida limpiando la gota salada, búsqueda de confort. Una sonrisa triste. El idilio acabaría pronto, y la realidad les golpearía con toda su fuerza.
Un beso, sólo un beso más antes de volver a perderse en la fantasía que terminaría en poco tiempo. Un beso para disfrutar de ese momento y olvidar por un instante todo a lo que se tendrían que enfrentar.
N/A:
¡Hola!. ¿Cómo han estado?. Espero que muy bien. . ¡He cumplido con el plazo! (Saltos de alegría de Terry). Aquí está el capítulo 12 y anteúltimo de Camino a la Perdición. Espero que lo hayan disfrutado y muchos de vuestros planteos y preguntas hayan sido respondidas. Sé que el capítulo anterior os dejó "¿Qué pasó aquí?", y en este traté de aclarar algunas cosas.
Quiero agradecer a las personas que enviaron review: NorixBlack, Uni-san, Witch Mia Malfoy Errelot, Lady Lathenia, Veronica, PaddyPau, SabelaMalfoy, Deydra, Sara Black Malfoy, VeRo de ToM, Narcissa Malfoy Black, Marcelamatu, Goi Izarra y Miyuki Kobayakawa. ¡Muchísimas Gracias por vuestro apoyo!. Espero que el capítulo les haya gustado y dejen su opinión y crítica y comentarios en un nuevo review para este. . Las contestaciones ya han sido enviadas a quienes tienen cuenta o dejaron su e-mail, y a las que no, están en mi profile (¡Revisen ahí! .-).
También quiero agradecerles a PaddyPau y Goi Izarra por ser las betas de este capítulo. ¡Muchas Gracias Chicas!
Ya, nos vemos en el 13 y último capítulo de esta historia: "Fin Del Camino", que estará para fines de Marzo o finales de Abril a más tardar.
Gracias por continuar leyendo y apoyando esta historia dejando vuestras opiniones o en el anonimato.
¡Muchos Besos!. Vuestra Servidora,
+.-Terry Moon-.+
