Camino a la Perdición

Autor: Terry Moon

Género: Drama / Romance

Personajes Principales: Hermione / Draco

Aclaración: Ninguno de los personajes me pertenecen; son todos obra de J. K. Rowling y de aquellos con quienes comparte la propiedad. Sólo los uso para mi diversión y para entretenerlos a ustedes.

Advertencia: R / M. Quedas advertido. Este fic contiene escenas "fuertes" y un vocabulario un tanto inadecuado.

Agradecimientos: A los autores de fanfictions por inspirarme y a los lectores por los ánimos que brindan con sus reviews.

Beta-Readers: La Maga & Yeire


Camino a la Perdición

Capítulo 13.- Fin Del Camino


El eco de los pasos resonaba mucho más fuerte esa noche. Tal vez debido al imperturbable silencio que se extendía a lo largo y ancho de la estancia, y más aún en los calabozos donde estaba el causante del sonido.

Esa noche en particular, todos los mortífagos estaban fuera de la guarida de su Señor. Cada uno disfrutando una velada en sus casas con sus familias o entre sus compañeros en algún bar bebiendo y en compañía femenina o torturando víctimas inocentes en algún callejón del Mundo Muggle. Era la noche antes de la Batalla Final, y Lord Voldermort, en uno de sus inusuales y extraños arranques de "bondad", había dado la orden de que todos se largaran a disfrutar lo que sería el preludio de un reino gobernado por él, en el cual sus fieles seguidores tendrían el poder para hacer lo que quisieran y, los sangre-sucias y muggles serían erradicados para siempre.

Draco Malfoy volvía de su última ronda por la Mansión Riddle; era el encargado de supervisar que todos los prisioneros siguieran con vida y bajo la maldición Imperius. Ellos iban a ser sus escudos el día siguiente, sus marionetas y títeres, quienes les abrirían el paso hacia la victoria traicionando inconscientemente todo lo que habían defendido y lo que creían. La tarea le había sido asignada por ser el hijo de Lucius Malfoy y uno de los jóvenes mortífagos más prometedores, además de haber cumplido con total satisfacción por parte del Lord la misión que le fuera encomendada tiempo atrás. "Información de Potter y sus amigos. Puntos débiles, movimientos, tácticas, reuniones.".

El curso en Hogwarts estaba por llegar a su término, su último curso, por lo que tenía que mantener su posición en encubierto aún. Casi todos desconfiaban de él, menos una persona que confiaba en él ciegamente. Sonrió al pensar en esa persona, como siempre solía hacerlo. Borró su expresión feliz rápidamente. Sabía que Voldemort podía sentir su aura dentro de la Mansión y todos los cambios que esta sufría. Debía cuidarse de mostrar cualquier clase de sentimientos o él sería "hombre muerto".

Llegó a la planta baja de la casa, por la puerta que comunicaba las mazmorras con la cocina. Atravesó la puerta y entró al viejo comedor, para luego pasar a la Sala de Estar y subir las escaleras para ir a los aposentos de su Amo.

Golpeó tres veces la puerta de roble de manera firme y segura, y esperó hasta que ésta se abrió y una voz fría y siseante le indicó entrar.

Se encontró con un cuarto espacioso y bien amueblado, con las ventanas cubiertas por pesadas y gruesas cortinas verde oscuro, que ante la poca iluminación parecían negras. En contra de una pared estaba ubicada una cama de doble plaza inmaculada, con cobertores negros con detalles en plata. En frente, una chimenea con un débil fuego, la única fuente de luz del lugar, y, en el medio de estos, un sofá tipo trono enfrentando las llamas, en donde estaba sentado Él.

A penas dio un paso dentro, se puso de rodillas y bajó su cabeza en señal de respeto. Cuando le dijo que podía pararse lo hizo y se acercó lentamente hasta quedar a tres metros de la figura.

-Me has servido bien, Joven Malfoy. –Declaró sin emoción en su voz, mas el brillo en sus ojos era de satisfacción. –Eres mejor que tu padre. –A esto Draco sonrió orgulloso en sus adentros, y sólo asintió con su cabeza aceptando el cumplido. –Me has sido fiel y has cumplido con tus obligaciones. ¿Quisieras algo de mí?

Draco levantó su cabeza y miró a Voldemort curioso. El Lord Oscuro no hacía esa clase de ofrecimientos muy seguido, y la proposición le había tomado por sorpresa. Vio como una sonrisa medio macabra se dibujaba en los serpentinos labios del hechicero, como burlándose de él.

-Responde, Malfoy. ¿Quisieras algo de mí? –Insistió mirándole fijamente a los ojos.

-No, mi Señor. Estar a su servicio es recompensa suficiente para mí. –Contestó desprovisto de sentimiento, disfrazando su atonicidad. Voldemort sonrió contento y asintió con su cabeza.

-Bien, Malfoy. Entonces, te daré tu recompensa. –Draco le miró serio, sin comprender nada. –Mañana, cuando nos alcemos en el cenit de nuestra gloria. Ahora, márchate. –Ordenó, terminando su decir.

El rubio asintió nuevamente e hizo la habitual reverencia, abandonó la habitación y luego la Mansión hasta llegar al lugar de Aparición.

Las palabras de Voldemort se repetían en su cabeza. ¿Su recompensa¿De qué estaba hablando? Aún no asimilaba lo que había ocurrido hace unos minutos atrás. Estaba seguro que le había tratado de algún mensaje¿pero cuál?

Negó con su cabeza, y se apareció en las afueras de Hogsmeade. Caminó tranquilo hasta llegar a los terrenos de Hogwarts, y fue a su habitación una vez dentro del castillo. Murmuró la contraseña y entró a la Sala Común de los Premios Anuales.

Los EXTASIS habían sido tomados una semana atrás, y quedaban dos días más de curso. Aunque él sabía que sólo eran unas pocas horas las remanentes para el final. La proposición de Voldemort quedó olvidada, al encontrarse con Hermione esperándole tendida en el sillón más grande.

Las ventanas estaban abiertas, dejando entrar el aire primaveral-veraniego. Hacía un año él y ella se habían alejado, y un año después estaban juntos de nuevo, enfrentando una nueva separación. Pero estaba vez, momentánea. Su corazón se contrajo al pensar en eso.

Se acercó despacio y sin hacer ruido hasta la figura durmiente de la castaña, y se agachó para besarle la frente. Ella se removió al contacto, y abrió los ojos sonriendo. Estaba en su pijama de short y remera de tiras rosa pálido, cubierta por una sábana de seda verde, con un libro abierto y olvidado al costado de su rostro.

Se incorporó hasta quedar sentada e invitó a su acompañante a tomar asiento junto a ella, corriéndose del medio, haciéndole lugar. Él tomó la invitación, y se despojó de la túnica negra que llevaba puesta como si esta fuera más pesada de lo que su cuerpo podía soportar. La arrojó lejos de ellos, y un brazo rodeó los hombros de la muchacha a lo que ella se acercó más al cuerpo del rubio.

El silencio se había vuelto parte de su relación. Las palabras estaban de más; se podían comprender sin necesitar de ellas. El lenguaje corporal de cada uno, el que habían aprendido a leer muy bien, hablaba solo. Él estaba feliz de volver a su lado y ella de que hubiese regresado. Por la tensión que sentía, podía saber que él estaba perturbado por algo; y ella, para intentar calmarlo, acarició el muslo izquierdo de él, quien sonrió ante el gesto de su compañera. Ella también sonrió. Luego le diría todo, siempre lo hacía. En ese instante, él sólo quería disfrutar del silencio y de su compañía, recuperar el calor perdido en la fría mansión y sentirse acompañado por la persona que amaba. Ella lo sabía. Siempre tendrían tiempo después.


Un estruendo junto con el alba. Una alarma mágica indicó que Hogwarts estaba siendo atacado. Gritos, corridas. Desesperación, miedo, ansiedad, preocupación. Emociones a flor de piel, corazones exaltados. El sonido de los retratos siendo abiertos, las voces imponentes de los profesores y prefectos guiando a los más pequeños a lugares seguros, lejos de lo que pronto sería el campo de batalla. Si es que no lo era ya.

La luz se coló por la ventana de la Sala Común de los Premios Anuales.

Draco despertó por el dolor en su antebrazo izquierdo. Hermione lo hizo al notar su molestia. Caricias, besos, abrazos, y una mirada llena de emociones y cosas sin decir que no necesitaban ser dichas.

Ambos abandonaron la comodidad del sillón y alisaron sus ropas, listos para lo que habría de venir. Varitas en mano, salieron de la habitación. Y con una última mirada compartida y un fugaz beso, partieron por caminos separados. Sin la certeza de volver a verse, pero seguros de que sucediese lo que sucediera, estarían juntos por una eternidad.


Draco corría por los pasillos hasta llegar a los terrenos del castillo, donde la batalla principal estaba siendo llevada. Aurores y miembros de la Orden batallaban contra los mortífagos más despiadados y experimentados, entre ellos su padre y su tía Bellatrix. En el estómago se le formó un nudo de aprehensión; esta era la última batalla. La Última.

Con su mirada frenética, buscó a su objetivo. Una vez que lo localizó se acercó a el como una serpiente se acerca sigilosamente a su presa. Sabía que le estaban observando, que estaba siendo vigilado; que no podía cometer ni un solo error o todo habría sido en vano.

Alzó su varita y murmuró algo. Vio como el cuerpo caía al suelo y percibió cómo todo y todos se detenían para observar lo que había ocurrido.

Luego de unos momentos, la risa de Voldemort fue lo único que se escuchó.

-Potter… Ríndete…

Harry le miraba con odio profundo, como sólo se puede mirar a quien te ha arrebatado todo lo que habrías podido llamar 'Familia' alguna vez. El mago de ojos rojos sólo ensanchó su sonrisa sádica.

-Tu amado Dumbledore ha caído… Y a manos de un compañero tuyo, nada más. ¿Qué te hace pensar que podrás acabar conmigo? –El moreno no le respondió, continuaba mirándole con intensidad. –Draco… Acércate.

Él obedeció al mago oscuro. Con lentitud y confianza se fue acercando a donde estaba parado el Lord; su vista fija hacia al frente; no enfocada en la figura del hombre que lo había llamado, sino en otra cosa. En otra persona.

-Mi Lord…. –Draco se arrodilló ante la figura y cuando le permitieron levantarse lo hizo.

-Me has servido bien, joven Malfoy. –La sonrisa de Voldemort se ensanchó. –Has cumplido con tu promesa y con tu misión. Dime cuál es tu deseo… -Susurró, confidente de que el estado de shock de sus contrincantes no pasaría rápido.

-Mi Señor, deseo… Deseo…

-Dime; sí, dime.

-Deseo… Su muerte.

Voldemort le miró desconcertado y Draco lo hizo con una sonrisa socarrona en sus labios y la mirada desafiante. Como si el mago frente a él no fuese nada, se volvió y miró a Harry. Le asintió con su cabeza, y vio como el otro mago cerraba los ojos en señal de entendimiento.

-Qué… ¿Qué has dicho? –Bramó quien una vez había sido Tom Riddle.

-Lo que usted ha escuchado. Que muera.

Y luego, como si nada hubiese ocurrido, como si la batalla nunca se hubiese detenido, varias varitas apuntaron al cuerpo del Mago Oscuro y rayos de luz de múltiples colores salieron expedidos hacia la amenaza más grande que se hubo conocido en años.

Harry Potter, con la ayuda de todos quienes luchaban junto a él, había cumplido la profecía.

Lord Voldemort había muerto.


El Gran Comedor rebosaba de gente. Profesores y estudiantes, aurores y autoridades, celebraban. Una semana había transcurrido desde la Última Batalla. En esa semana los mortífagos habían sido apresados, y algunos otros estaban siendo buscados. Funerales habían tenido lugar, se habían rendido tributo a aquellos que habían caído en batalla, a los que habían muerto inocentes y sido atrapados en la locura que es la guerra. Celebraciones se habían extendido a lo largo del Reino Unido y el resto de Europa para festejar el fin de una era de temor, y dar comienzo a una nueva que esperaban fuera mucho mejor. Y hacia esa meta estaban trabajando todos; adultos, jóvenes, adolescentes e incluso niños.

Había personas paradas, y otras sentadas. Casi todos portaban alguna herida, más que nada los alumnos más grandes. Marcas de un enfrentamiento que nunca olvidarían y que les había marcado para siempre. Sin embargo, todos sonreían. Las miradas de algunos eran tristes y perdidas, pero las sonrisas que nacían desde los corazones adornaban el rostro de cada uno de los presentes.

El tintineo de una copa hizo que el barullo se redujese hasta ser inexistente. MacGonagall pidió silencio y la atención de todos. Y cada uno de los presentes dirigió su mirada hacia la mesa de los profesores.

-Sin dudas, esta es una ocasión para celebrar. A quién hemos estado combatiendo durante tantos y largos años, al fin ha desaparecido y esta vez para siempre. Hemos hecho sacrificios y perdido seres queridos en este tiempo, formado alianzas y forjado nuevas amistades que probablemente conservaremos durante toda la vida. El dolor y pena que aún está en nuestros corazones cederá e irá a su debido tiempo, pues no hay verdadero regocijo sin sufrimiento previo. Es mi deseo que nunca olvidemos lo que ha ocurrido durante más de diecisiete años y que aprendamos de nuestros errores y de los demás. Pido que alcemos nuestras copas para recordar a quienes no se encuentran junto a nosotros y para que con este gesto, empecemos un nuevo camino.

Todos quienes se encontraban allí, alzaron sus copas solemnemente. Cuando en la mesa principal hubieron bajado las copas, el silencio volvió a reinar.

-También estamos aquí –prosiguió –para celebrar a quienes hoy nos dejan. A los alumnos del séptimo año los profesores les agradecemos por este tiempo que hemos compartido, por dejarnos haberles brindado lo que conocemos y haberlo recibido con los abrazos abiertos. También pedirles disculpas por los errores que hemos cometido y por los momentos de tensión que han tenido que sufrir en exámenes o pruebas… inusuales. –Añadió con un tinte de voz divertido. – Hoy un camino termina, y otro comienza. Gracias alumnos, y sepan que Hogwarts siempre tendrá las puertas abiertas para cuando deseen regresar y visitar.

Aplausos rompieron de las manos de todos los estudiantes. Algunas lágrimas escaparon de los ojos de algunos, y otros lograron retenerlas no sin tener que sufrir un pequeño nudo en la garganta.

-Ahora, por favor. Comiencen a comer.


Hermione caminaba por los pasillos con la mirada perdida. El festín había concluido y los festejos continuaban en los terrenos y en las Salas Comunes, pero ella no sentía ganas de estar allí.

Una mano se posó sobre su hombro y se giró lentamente, conociendo el tacto de su amante. Una sonrisa apareció en su rostro y sus labios fueron acariciados por otros igual de sonrientes. Cuando sus bocas se separaron, ambos suspiraron contentos.

-Así que… Al fin ha terminado.

-Sí, al fin ha terminado.

Ella se acurrucó entre los brazos de él, sintiéndose protegida y feliz.

-¿Cómo fueron las cosas en el Ministerio?

-¿Con esa banda de ineptos, quieres decir? –Preguntó Draco con algo de asco en la vos. Ella lo miró entre seria y divertida. –Bien… sí… Fueron bien.

-¿Eso es todo? ¿'Fueron Bien'? –Inquirió desconcertada.

-Si… Bien. Tú ya sabes… Lo de siempre… Ellos gritando, el Viejo tranquilo exponiendo el caso, explicando los hechos, ellos estupefactos, Potter salvando el día… Lo de siempre. –Terminó aburrido.

Hermione solo podía mirarle incrédula. Estaba tan tranquilo, tan pasivo. Tan seguro de que así iba a ser en un final. Él se percató de su expresión, y le sonrió. Y en un tono de voz que tan solo utilizaba con ella, continuó.

-Sí, Hermione. Sí tuve miedo; pero tú me dijiste que confiara en ellos, que confiara en ti¿recuerdas? Eso hice. Y tuve miedo no porque no confiase en ellos –bueno… mucha confianza no tenía en ellos, pero tu sabes- o no confiase en ti, sino porque ellos tal vez no… no… actuaran justamente¿entiendes? Yo…

Ella lo silenció con un beso. Le entendía, no necesitaba las palabras; lo entendía. Mirándole a los ojos recordó cómo había empezado su relación con el Slytherin un año atrás. Cómo habían pasado por muchas cosas juntos, cómo se habían separado y vuelto a unir. Cómo habían decidido permanecer juntos, cómo habían decidido ir a Dumbledore y proponerle un trato que salvase a Draco de Azkaban.

Junto con el mago, habían desarrollado un plan. Draco seguiría en las filas de los mortífagos y jugaría el papel de servidor leal, y junto a Snape cumpliría el rol de agente doble, de espía. Habían decido que en el enfrentamiento final, Draco le enviaría un hechizo a Dumbledore para que Voldemort creyese que había muerto y se confiase. Habían tenido que poner al tanto de la situación a Harry, quien solo a regañadientes había aceptado a Draco. Lo mismo ocurrió con el rubio para con el moreno.

Durante meses habían estado actuando, tornando la balanza hacia el lado de la luz. Y cuando la batalla final había llegado, todos estaban listos, todos conocían de la situación de Draco… y de Hermione.

Porque al final, y bajo el sabio consejo de Dumbledore, revelaron su relación. Aún no había sido totalmente aceptada, había quienes no comprendía y quienes se rehusaban a creer que entre Gryffindor y Slytherin, entre alguien de Sangre Pura y de origen muggle, pudiese existir algo más que odio y recelo. Pero a ellos no les importaba. Ya no más.

El beso terminó y sus miradas se enlazaron. Abrazándose, se dirigieron hacia los terrenos y una vez allí fueron hacia las orillas del lago, que estaban desiertas.

Observaban el atardecer en silencio y contentos con la paz que los rodeaba.

Draco se posicionó detrás de ella, y rodeó la cintura femenina con sus brazos. Sus manos recorrían el vientre de la castaña, y ella solo podía disfrutar de las caricias y de las sensaciones que el tacto del rubio le proporcionaba.

-¡Granger!

Hermione se sobresaltó y medio molesta se giró en el abrazo compartido para mirarle a los ojos un poco enojada.

-¿Qué quieres, Malfoy?

Draco sonrió. Acercó su rostro al de ella.

-A ti. –Ella sonrió y le besó fugazmente para luego volver a girarse y observar como la luz se reflejaba en las aguas del lago.

Él la abrazó más fuerte, sabiendo que estaban recordando las mismas palabras y compartiendo el mismo pensamiento.

"Hoy un camino termina, y otro comienza"

Juntos.

· Fin del Camino ·


§· C-a-l-P · §


Gracias.

Solo puedo agradecerles a todos quienes han leído esta historia, ya sea desde el principio o no, por la paciencia que han tenido con respecto a las actualizaciones, por los reviews que han enviado; y por sobre todo, por haberme dado la oportunidad de entreteneros.

Tal vez este no sea el final que tenían previstos, o el capítulo que todos estaban esperando; pero es lo que salió de mi corazón. Y siempre he creído que escribir con el corazón es más importante.

Gracias nuevamente.

Si dejáis review en este capítulo, prometo responderlos.

Gracias.

Hasta la próxima;

Vuestra servidora,

-·- Terry Moon -·-