HOLA, ACABO DE INTENTAR POR DUODÉCIMA VEZ, Y OS JURO QUE NO ES MENTIRA, COLGAR EL DICHOSO CAPÍTULO DESDE AYER POR LA TAAAAAARDE. Como no se cuelgue esta vez os juro me tiro por un puente. Y bueno, era eso, y pediros perdón porque he tardado mucho... lo siento. Es que no me salía nada decente, de hecho, esto que vais a leer no es decente, pero os quiero igual.
CAPÍTULO 2 - You never know what you got until it's gone.
"Martes 20/04/05 –
Siento haberte tenido tan abandonada. Últimamente no he tenido ganas de escribir, en realidad, no he tenido ganas de hacer nada. Desde la visita de mi hermana, nadie a parte de esas dos enfermeras me llamó y me escribió por mi cumpleaños. Lo más triste es que mi familia sí se acordaba, lo más duro es que nadie se atrevió a venir. ¿Tanto daño le había hecho a la gente? No podría ser más del que ellos me habían hecho a mí. Ni si quiera un mensaje de dos líneas en el móvil, ¿ni eso valía yo para ellos? ¿Veis por qué no pienso? Porque es mucho más fácil no hacerlo.
La idea de escribir mis pensamientos no es mala, pero no creo que vaya a ser fácil. Es una manera de dejar salir todos los miedos y preocupaciones, y estoy aterrorizado de que esto vaya en mi contra. Que se hicieran añicos y cada una de sus partes fuera como una espina clavada en el estómago. Que el hecho de usarte como desahogo, sólo hiciera que jamás pudieran desaparecer. Pánico. Eso es lo que me da. Ni si quiera aún me siento preparado para contarte por qué estoy aquí. Aún necesito tiempo, mucho tiempo; pero prometo que esta noche volveré a hacerte una visita."
Demasiado temprano incluso para mí. Dejé caer bolígrafo y libreta al suelo y me desperecé con ganas, dándome cuenta de que a mi derecha ya no había nadie. ¿Se habría ido ya? Aquel chico era bastante extraño. No es que yo fuera del todo normal, ni mucho menos, pero él tampoco se asemejaba al comportamiento natural de las personas. Al menos, el resto de compañeros que había tenido, se habían molestado en dirigirme la palabra muchas más veces, es decir, no se habían rendido conmigo con la facilidad con la que Harry lo había hecho. No es que yo precisara de atención, pero tampoco me hacía gracia que pasaran de mí sin ni si quiera haberle dado motivos suficientes. Cogí mi móvil, y nada más rozarlo noté su vibración entre mis dedos. Sí, era ella. Marta se acaba de levantar, y como cada mañana, me daba los buenos días. La quería más que a mi propia vida, mucho más. Justo al dejar el móvil en la mesita después de haberle contestado, Harry apareció en su sillita de ruedas por la puerta. No, no se había ido. Seguía aquí, y sin poderlo evitar, sentí una sensación de reconforte bastante extraña para mí.
Apareció con una sonrisa en la cara, una estúpida y sarcástica sonrisa dibujada en su rostro. Era una de las cosas que había podido enganchar de su personalidad sin haberle tratado, se encargaba de extender el sarcasmo y la ironía hasta su máxima. Era casi odiable.
Se sentó en la cama y yo intenté evitar a costa cualquier contacto visual. Porque cualquier roce de miradas, precedía a una conversación, y yo no quería conversaciones. Quise atacarle como un león en ira cuando se plantó frente a mí con una mirada burlona y ni si quiera parpadeó. Me ponía nervioso, muy nervioso. Odiaba sentirme acorralado, odiaba sentir que alguien me controlaba y no tenía ninguna escapatoria. Y eso es lo que estaba pasando ahora mismo. Me sentía tan presionado teniendo a alguien tan pegado a mí y pensando cosas que yo no podía leer en su cabeza, que me odiaba a mí mismo. Supongo que así era yo, todo lo que pasaba a mi alrededor, lo volvía algo personal contra mí mismo. Todo me llevaba a odiarme.
- Sé por qué estás aquí – y seguía sonriendo. Me dio un vuelco el estómago. Yo no se lo había dicho y en mi libreta no había nada escrito – no porque tú me lo hayas dicho, claramente, pero… tengo otros métodos – y de detrás de su espalda, agarrada con su mano derecha, plantó una carpeta marrón en la colcha de mi cama – es fácil acceder a ellos hasta para un impedido temporal como yo.
- ¿Es mi expediente? – no podía creérmelo. ¿Era así de cotilla de verdad? Recogí la carpeta de la colcha como si me hubiera poseído el dios de la rabia y le eché una mirada que, si éstas pudieran matar, Harry ya estaría bajo tierra – ¡no tenías ningún derecho! ¿Quién coño te crees que eres?
- ¿Tan mierda es tu vida que quieres morirte? – quizá si no hubiera sido yo, si la pregunta me la hubiera hecho otra persona, y si esa persona no hubiera estado sonriendo para hacerme sentir que este tema le hacía gracia, yo no hubiera reaccionado así. Me levanté de la cama y tiré contra la pared la carpeta, que ya me ardía en las manos. Me encaré a Harry, que se situaba a pata coja frente a mí, pero con una soberbia que podía cortarse con tijeras. Apoyé mis manos en su pecho, y de un empujón le hice caer en su silla de ruedas.
- ¡Que no te metas en mi vida! ¡No te importa por qué estoy aquí! ¡Ni tú me importas a mí! – acabé gritando, lleno de rabia - ¡No quiero hablar contigo! ¡Ni contigo ni con nadie! ¡Lárgate!
- A lo mejor no es que tú no quieras hablar con la gente, si no que ellos no te soportan. De hecho, lo entendería, porque mira cómo te pones – y fue como una patada en las costillas. Si ya eran bien conocidos todos mis defectos, él parecía no darse cuenta de que eran mi problema. Y comenzó a enumerarlos uno a uno, como si no supiera que estarían relacionados con lo que me estaba pasando – te crees que por ser tú todo el mundo tiene que quererte, pero si no te haces querer, nadie va a hacerlo. Eres insoportable, ¿sabes? ¿Piensas de verdad que todo el mundo va contra ti? Pues empieza a pensar que el problema no es de ellos, si no tuyo, que eres insoportable – en otras situaciones me hubiera liado a gritar, y a insultar a la persona que me atacaba, pero por una extraña causa (la cual yo desconocía) me clavé en el suelo y no supe ni qué responder – eres un niñato, vas de duro haciendo que todo el mundo te odie, y no te das cuenta de que no es que tú hagas que te odien, si no que te lo ganas a pulso. ¿Te has intentado suicidar porque te sientes solo? Plantéate que si estás solo es por algo. No culpes a los demás, cúlpate a ti mismo – agarró las ruedas de sus sillas y las movió para cambiar de lugar en el cuarto, y alejarse de mi cama y de mí. Yo seguía mirándole fijamente, luchando por no sacar toda la rabia acumulada, y luchando por no romperme ahí en medio. Aunque notaba mi corazón latiendo a mil por hora, de esas veces que alguien te dice algo de ti a la cara, algo malo, algo que no quieres escuchar y a lo que piensas que no tienen razón. Y lo escuchas hasta el final, con un nudo en la garganta y sin poder decir nada al respecto porque cualquier argumento que pudieras aportar, había sido eclipsado por la vergüenza de haber escuchado una descripción tuya de esa magnitud. Harry seguía sonriendo, incluso había podido divisar una pequeña carcajada escapando de su boca. Era un impresentable, y, aunque jamás lo reconociera en voz alta, sólo en mi cabeza, me había hecho daño.
Avanzó hacia la puerta para volver a salir del cuarto, no sin antes coger el móvil que había dejado encima de la cama.
- Si te quieres suicidar, suicídate, no creo que nadie te vaya a echar de menos, ¿no? Además, si ya llevas siete, tienes práctica. Lo harás mejor la próxima vez – y me guiñó un ojo. Y ese guiño supuso como un puñal clavado en la espalda. Dolía, pero yo sólo no podía quitármelo, porque no llegaba hasta él.
HARRY
Me temblaban las manos, tanto, que pensé que el móvil acabaría cayéndose de mis manos mientras avanzaba por el pasillo del hospital. Jamás había hecho algo tan cruel y miserable, jamás había tratado así a alguien y me sentía la peor persona del mundo. Quería morirme, tanto, que creía que me faltaba la respiración. Encontré un hueco en uno de los pasillos, donde esconderme y poder hablar por el teléfono, porque lo necesitaba. Necesitaba hablar con alguien. Marqué el número como pude, mientras limpiaba las lágrimas que caían de mis ojos y las restregaba por mi cara para hacerlas desaparecer. Me dejé caer en el suelo, con la espalda apoyada en la pared y teniendo cuidado con no estropearme aún más mi pierna. Los nervios me estaban comiendo, y no sabía cómo iba a volver a esa habitación y mirar a la cara a Danny después de haberle dicho todo lo que había dicho.
Escucho varios tonos al otro lado del teléfono, pero nadie responde. Y empieza a darme un ataque de pánico. Me dijo que cuando necesitara apoyo en esto, estaría ahí para mí. ¿Y ahora no me cogía el teléfono? Me quería morir, quería meterme bajo tierra y no volver a salir en lo que me restaba de vida. Por fin, una voz me contestó a la llamada.
- ¿Qué? ¿Cómo vas? - ¿cómo iba? ¡¿Cómo iba?!
- No puedo seguir, hoy lo he hecho, y no puedo seguir con esto.
- Dijiste que podías, tú querías hacerlo. Me pediste que te apoyara en esto, que te diera fuerzas para hacerlo Harry, pero si eres tú el que se rinde ya…
- No sabes todo lo que le he dicho… no sabes la cara que ha puesto cuando he soltado todo lo que he soltado, mamá – sorbí y creo que me escuchó hacerlo, pero prefirió no darle importancia – no sabes lo mal que me siento.
- Harry, escúchame – y suspiró – dijiste que esa era la mejor manera de hacerlo. ¿Por qué no confías un poco más en ti? Sé que puedes hacerlo.
- ¿Y si así sólo lo empeoro? ¿Y si sólo consigo que con el tiempo no se dé cuenta de lo que pretendo y sólo le haga hundirse aún más? No sé si puedo – y mano alcanzó mi frente para restregarse en ella a modo de desesperación. Y es que estaba desesperado.
- Harry confío en ti, y sé que ese chico va a darse cuenta de lo que pretendes. Tarde o temprano. Y cuando lo haga, será el momento en el que debas contarle quien eres. Y por qué le estás ayudando.
- No creo que eso sea adecuado. Una vez le haya ayudado desapareceré. No es necesario que sepa por qué le ayudamos. Quizá sólo rompa todo lo que consigamos mejorar. Es mejor no decir nada al respecto.
- Como quieras hijo… eso será tu elección. Eres tú el que decidió entrar ahí para intentar ayudar a Danny. Así que serás tú quién decida hasta donde quieres llegar – y tras unos minutos más de charla para ultimar cuáles iban a ser mis siguientes pasos, colgué. Me quedé sentado en el suelo un rato más, tenía que prepararme de nuevo ese papel de hijo de puta de manera en la que Danny no se diera cuenta de que no era cierto lo que pensaba de él. Que no era verdad todo lo que le había dicho. Y si quería ayudarle, tenía que hacerle creer que era la peor persona del universo. Y me iba a costar, tanto, que hasta me dolía.
DANNY
"Hola, aquí estoy de nuevo. Te dije que volvería esta noche, pero he de decir que necesito tu ayuda ahora. ¿Soy todo lo que Harry ha dicho? ¿Estoy solo, nadie me quiere, y si me muriera nadie me echaría de menos? Quizá tenga razón, quizá sea una de los principales motivos por los que he intentado matarme. Siete veces.
No necesito que nadie me diga todos mis defectos, todos me los dejaron claros cuando todavía podían hacerme daño. Al menos, aquí dentro, nadie puede lastimarme más aún de lo que puedo hacerlo yo mismo. Y creas que no, eso es algo más o menos positivo. Si alguien quiere acabar conmigo, sólo puedo ser yo. Te contaré por qué llegué aquí.
El hecho de ser el bicho raro no me preocupaba, o era algo que me hiciera quedarme las noches en vela, pensando en cómo gustarle a la gente día y noche, en cómo conseguir amigos siendo quien no era. Pero esa mentalidad duró poco, quizá cuando tienes ocho o nueve años crees que puedes con todo, que pase lo que pase, nadie va a conseguir hacerte sentir inferior; porque, cuando eres pequeño, te crees más grande. Y los niños pequeños no pueden ser tan crueles, no pueden hacerte un daño irremediable que no puedas superar. Sí, somos inocentes, quizá algo malvados por el hecho de ser niños, pero la inocencia siempre es nuestra mayor definición.
Pero todo cambia cuando creces, cuando llegas el primer año al instituto y estar solo en el instituto es la característica del mayor fracasado y perdedor del mundo. Pues así me veían los demás, como el más patético ser que había sobre la faz de la tierra. Y se aprovechaban de ello, y también de que yo no podía defenderme.
¿Sabes lo que es tener miedo de ir a clase? ¿Sabes lo que es que te esperen a la entrada, en el recreo, y a la salida? Tres humillaciones por día eran demasiadas. Y en algunos momentos, superaban las tres diarias. Comenzaban con insultos, esos insultos en los que ellos se ríen y tú intentas no llorar para no darles aún más oportunidades de humillarte. Al principio era superable, eran risas, bromas; ser vulnerable y no defenderte te hace pasar a la siguiente fase: empujones, ridiculizaciones en público, todo un patio riéndose de ti. ¿Y todo por qué? ¿Por qué odiaba salir por las noches? ¿Por qué prefería quedarme a tocar la guitarra en vez de salir a emborracharme a la calle con 18 años? ¿Por escribir canciones que luego me rompían y tiraban por el retrete en vez de hacerme chuletas para copiar en el examen? ¿Por la simple genética que me dejó pequeñas manchitas por mi todo mi cuerpo? ¿De verdad hay gente que encuentra motivos suficientes en estos como para hacerle la vida imposible a alguien de esta manera? Porque los insultos y el dejarme en ridículo se quedaba en poco en comparación de lo que me hacían hasta hace poco. Porque las palizas duelen físicamente, pero no sabes lo que marcan psicológicamente. Porque las patadas acompañadas de "no vales nada, ni si quiera tus padres te creen", dolían más que cualquier otra cosa que pudieran hacerme. Porque yo no esperaba ayuda ajena, yo no esperaba ayuda de gente que no me conociera, pero sí hubiera esperado ayuda de mis padres. Que en vez de prestarme su mano para salir de esto, me dejaron solo afirmando que me encantaba llamar la atención, y que por mucho que yo me metiera en peleas para que dejaran de viajar por mí, jamás lo harían. ¿Crees que era justo? ¿Crees que puedo tenerles algo de cariño a unos padres que no se dieron cuenta de que pedía ayuda a los cuatro vientos, no atención? Llegaba marcado a clase por un grupo de idiotas, los mismos de siempre, y sólo me apetecía cuidar de mi hermana pequeña, porque era yo quien se encargaba de ella. Ellos tenían muchas cosas que hacer como para curarle las heridas a su hijo, o hacerle la comida a su hija. Supongo que he dejado de quererles, no se merecen ni que les tenga cariño. Y gracias a ellos, ni si quiera me lo tengo a mí. Jamás olvidaré la última vez que los vi: "si has intentado quitar la vida siete veces, procura hacerlo bien la octava y no nos hagas perder el tiempo." Una persona no podría vivir así. Porque yo no puedo más. Porque ni si quiera he podido tener amigos porque tienen miedo de que por serlo, vayan a por ellos. ¿Crees que puedo ser feliz así? ¿Crees que puedo seguir estando aquí? Si no tengo nada por lo que luchar, ni por lo que vivir. Lo único que tenía era mi hermana, y ni si quiera puedo verla. Porque a mis padres ahora les ha dado por ser buenos padres, y ahora que ya no es necesario, han dejado de trabajar por y para dedicarse a mi hermana. ¿Y yo qué? En el fondo sé que si me muriera, ni ellos me echarían de menos."
Espero que os haya gustado, y siento hacerle sentir así a Danny, pero jo. Es por ayudarle...mm... no me odiéis. Besitos.
