Holis. Sé que me odiáis, pero es que no tengo ordenador y me ha costado LA VIDA recuperar los fics que el portátil me ha arrebatado con su muerte. Pero ya los tengo y por ello, os recompenso con capítulo nuevo. Tanto de este, como del otro fic que esta noche también tendrá capi nuevo. JEJEJEJEJEJEJEJEJEJEJE. ¿Me odiáis menos? Sí, ¿no? *sonrío y pongo ojitos cual gato con botas rogando vuestro perdón*. Espero que os guste. Besitos.

CAPÍTULO 3- Find the words for saving time.

DANNY

Fue un día realmente repugnante. Nunca me había sentido peor en toda mi vida. Me habían insultado muchas veces, y humillado unas cuantas más. Pero ninguna de ellas desde hacía un tiempo. Ahora habían vuelto a hacerme sentir a la altura de una mierda y no me gustaba. No me gustaba para nada. No había vuelto a ver a Harry en todo el día después de que se desahogara efusivamente en toda mi cara, sin mostrar ni un ápice de compasión ni de sensibilidad por su parte. Y no me molestaba, tampoco buscaba pena de nadie, no la quería. Pero creí haber superado el hecho de saber que existían personas capaces de dañar tanto a alguien como para hacerles querer desaparecer y no tener ni un solo sentimiento de culpa. Ya no me extrañaba nada de nadie. Y menos de él.

Harry había desaparecido. Y no me importaba saber dónde estaba, aunque la curiosidad en algunos momentos me invadiera el cuerpo, dejando un poco de lado el odio que ya profesaba por su persona. Sabía que ni si quiera había dormido en la habitación, pues la cama no tenía ni una sola arruga, y yo no había escuchado ni un solo ruido trasnochado. Quizá se había ido, quizá por fin, había decidido marcharse.

Era una de esas pocas veces en las que me había despertado a una hora más o menos tardía, rondaban ya las doce del mediodía y aún me sentía cansado. Quizá la última escritura en mi diario había sido algo más complicada de lo normal, me había costado más energías y eso mi cuerpo y cerebro lo habían asimilado de tal forma, que me imponían un descanso más profundo y necesario para todos. Giré mi cabeza hacia la izquierda, buscando una vista desde mi cama a través de la ventana, que volvía a estar abierta. Me dediqué a pensar en los días tan largos que se hacían estando ahí dentro. Las horas pasaban como años, y el aburrimiento te hacía estar tan desesperado que en vez de ayudar, jugaba en tu contra. Y agotaba tanto psicológicamente el no tener hobbies ni aficiones por las que levantarte de la cama, te hacía acumular en la espalda y en el coxis una tensión propia de la postración a la que estabas siendo sometido. Pensaba que sería un día horrible más, uno de tantos. Hasta que la vi aparecer por la puerta.

- ¡Hola! – mi hermana avanzaba con una sonrisa de oreja a oreja, con su pelo suelto, y con la expresión tan infantil e inocente que hasta me hacía tenerle envidia. Llevaba la mochila colgando de un hombro y el pelo suelto. Lo llevaba tan largo que me hacía recordar cuanto tiempo había estado ahí dentro - ¿cómo estás? – se sentó en el borde de mi cama y dejó un beso en mi mejilla. La adoraba.

- ¿No deberías estar en el instituto? Son las doce – así era yo. Encantado porque hubiera venido a verme, pero incapaz de dejar de ser su hermano mayor gruñón ni por un solo momento.

- ¿Por qué siempre me recibes tan tiernamente? – y me soltó una mueca de burla que me hizo sonreír – no tengo las últimas horas de clase, y he aprovechado que papá no viene a por mí para pasar a verte – y noté un cierto tono de decepción en su voz. A la que no pude evitar mencionar – sí… bueno… ya que preguntas… - y me miró – se dieron cuenta de que había venido a verte y me han castigado tres semanas sin salir, sin móvil y sin televisión. Pero no me importa, pueden castigarme lo que quieran – subió los pies a la cama, y se tumbó a mi lado, dejando caer su cabeza en mi hombro – yo no voy a dejar de venir a verte. Nunca. Da igual lo que hagan para chantajearme.

Noté que mi hermana se fijaba en alguna parte del cuarto, y sus músculos entraron en tensión. Miró hacia donde investigaban sus ojos y giró su cara hacia mí.

- Danny… - se incorporó y tiró de mi brazo para que yo lo hiciera con ella.

- ¿Qué ocurre Marta? – pregunté, preocupado con su reacción. No tenía ni idea de qué estaba observando, y me estaba poniendo demasiado nervioso el hecho de no enterarme de qué estaba pasando. Marta se levantó de la cama y la bordeó, llegando a la mesilla que correspondía al lado de la habitación de Harry. Alargó la mano hacia un trozo de papel rasgado por la mitad y lo sujetó entre sus dedos. Quedó observando el trocito durante largos segundos y me acerqué hasta ella.

- ¿Quién es? ¿Es tu compañero de cuarto? – me preguntó, sin apartar la vista del papel.

- Sí, es un imbécil. Aunque creo que ya se ha marchado del hospital. ¿Le conoces? – Marta dejó la foto de nuevo en la mesa donde había reposado minutos antes y me miró fijamente. Torció los labios en una mueca de confusión y frunció el ceño, como pensando en lo que me iba a decir - ¿Marta? – insistí. Cogió una bocanada de aire, preparándose para hablar, pero aún tardó unos segundos en hacerlo. Alzó la mano, y mientras hablaba, me señalaba con el dedo índice durante todo el monólogo.

- ¿Recuerdas que te comenté que hace un tiempo vino alguien a casa preguntando por ti? ¿Interesándose por tu estado y todo eso? – me obligó a recordar, y sí, me acordaba de lo que me había comentado días antes – pues, creo que es este chico – ahora sí que no entendía absolutamente nada.

- ¿Estás segura? – la miré fijamente y esta titubeó antes de contestarme.

- Yo no hablé con él, pero cuando mamá lo hacía me asomé por las escaleras al escuchar que hablaban de ti. Y Danny, estoy segura de que era él – volvió a echar un vistazo a la foto sin tocarla, sólo girando la cabeza para asegurarse de lo que había dicho. Asintió otra vez – Danny, este es el chico que preguntó por ti. Es el chico que vino a casa.

¿Sabéis lo que es el sentimiento de confusión? Es esa disminución de la actividad cerebral del cerebro de una persona. Era lo que yo sentía en ese momento. Me encontraba sentado en la cama, Marta ya se había marchado, y no tenía ni idea de qué hacer. Las funciones normales de mi cerebro estaban en decadencia y ni si quiera era capaz de razonar de una manera coherente. Había estado conviviendo más de una semana con una persona que ya sabía quién era yo y qué me pasaba. Fingiendo que jamás había conocido de mi existencia. Fuera casualidad o no, no me hacía sentir cómodo. Me sentía impotente, incapaz de realizar cualquier actividad física o mental en estos momentos. Quizá magnificaba las cosas más de lo que podrían haberlo hecho otras personas en mi misma situación; pero me parecía demasiado raro que todo fuera casualidad. A lo mejor era un paranoico, a lo mejor me estaba pasando de la raya y el hecho de tenerle manía por lo que me había dicho me inducía a pensar mal de él, o incluso mi hermana podría estar confundida y haber reconocido a Harry como aquel chico sin serlo. Pero mi forma de razonar ya no era la misma. Había perdido la virtud de identificar los conceptos y ordenarlos de forma lógica, reuniendo un argumento coherente.

Le había pedido a Marta un favor. Había una sola verdad y yo quería descubrirla. Podría ser un error, o podría haber algo detrás de todo. Fuera lo que fuese, lo averiguaría. Mi hermana se encargaría de recopilar toda la información que le fuera posible sobre ese chico, preguntando sutilmente a mis padres, a gente de clase, del barrio. Quien fuera y pudiera ayudarla. Yo, con un poco de suerte, intentaría destapar cosas desde aquí dentro. Y empezaría ahora mismo.

Me levanté de la cama y salí del cuarto, recorriendo los pasillos de mi planta en busca de alguna enfermera que pudiera darme la respuesta que necesitaba encontrar. Me crucé con Rachel y supe que era mi oportunidad. Si alguien podía saber algo sobre Harry, era ella.

- ¡Eh! ¡Rachel! – avanzaba rápido por el pasillo con unas carpetas en la mano, pero al oír mi voz se dio la vuelta.

- ¿Qué pasa Dan? He visto a tu hermana hoy – sonrió, era una de las enfermeras más agradables del hospital. Siempre te sacaba una buena sensación, un buen sentimiento.

- Sí, ha venido a verme otra vez – y devolví la sonrisa - ¿tú sabes dónde está mi compañero de habitación? ¿Harry? No le veo desde ayer – concreté la pregunta.

- ¿Tú preocupado por un compañero? ¿Tú sabiéndote el nombre de un compañero? Esto sí que es una sorpresa – y rió pero mi mueca de hostilidad le hizo parar – pues creo que le hacían una prueba esta mañana. Un escáner de la pierna, por si pueden operarle ya – bien, aún seguía en el hospital – aunque creo que terminó hace un buen rato. La última vez que le vi estaba dando vueltas por la zona de la cafetería, prueba a buscarle allí – era un alivio que después de tanto tiempo sin hacerme daño a mí mismo me dieran un voto de confianza y pudiera deambular por el hospital a mi antojo. Ya sabía dónde debía buscar.

- Gracias Rachel – y le di un beso en la mejilla a modo de agradecimiento, a lo que ella respondió con un tierno "¡pasaré a verte más tarde, cielo!".

Tardé unos minutos en encontrar la cafetería, demasiado tiempo sin que me dejaran salir a pasear. Eché un vistazo dentro de la sala, pero Harry no estaba en ella. Ni en ella, ni en los pasillos por los que había ido a parar allí. Necesitaba encontrarle, aunque no tenía ni idea de que iba a decirle una vez le tuviera enfrente. Su querida y dulce charla del día anterior aún hacía temblar mis piernas. Me disponía a bajar en al ascensor, por probar a mirar en alguna otra parte del hospital, también hubiera podido ir a dar vueltas a otra planta; pero pude reconocer su silueta a través de un cristal. Estaba dentro de una sala de enfermeras, pero no me había visto. Parecía hablar por el móvil en su silla de ruedas, y me acerqué a la puerta que, suerte para mí, estaba entornada. Pegué a mi oreja al hueco que el tablón de madera dejaba entre él y el marco. Y esperé a que pudiera escuchar algo.

- No… no… ni si quiera he vuelto a verle… - hablaba con alguien por el móvil, pero no dijo un nombre – sé que tengo que volver a mi habitación, sé lo que tengo que hacer – se desesperaba – no le viste la cara, no se la viste – reprochaba – sé que yo quise hacer esto, no he provocado un accidente a posta para romperme una pierna porque sí – pero… pero…. ¿había provocado su propia entrada al hospital? – sé que lo provoqué porque quería entrar, y terminaré lo que he empezado, lo prometo – giró la cara hacia la puerta y el miedo a que me descubriera provocó que mis reflejos me apartaran de la puerta en milésimas de segundo, haciéndome huir con rapidez, de nuevo, hacia mi cuarto.

Había corrido hasta llegar. Como si algo me persiguiera y tuviera que escapar de él. Recé porque Harry no me hubiera visto espiarle, si no, estaba perdido. Creí haber sacado mis propias conclusiones solo, mi propia manera de atar cabos sin preguntar, sin saber más datos. Y no me gustaba mi reconstrucción personal, no me agradaba en absoluto. ¿Y si Harry iba a terminar lo que ellos no acabaron? ¿Y si les conocía? ¿Y si eran amigos? ¿Y si él se había ofrecido a entrar aquí para seguir martirizándome? ¿Y si ese era el plan? ¿Y si se aburrían tanto ahí fuera que querían seguir haciéndome daño ahí dentro? Los síntomas volvían, ansiedad, taquicardia, un estado de alerta permanente. Estaba sacando conjeturas premeditadas, pero era las únicas que ahora mismo tenían lugar en mi cabeza. Y no sabía si eran ciertas, si eran posibles o si era la mayor locura que jamás había podido creer. Pero lo poco que aún sabía me hacía llevarlas hacia ese lado. El hecho de que existieran personas capaces de hacerle esto alguien no me sorprendía, el mundo no era un lugar seguro desde hacía bastante tiempo. Pero no podía creer que lo que ya me habían hecho, no les fuera suficiente.

Volvía ese sentimiento, esa sensación, esas ganas de desaparecer, esa angustia que no me dejaba respirar. Lo que siempre me había llevado a lo que no podía volverme a permitir llegar. Esa no era la solución, ni si quiera por octava vez. Así que pude controlar por una vez en mi vida las ganas de hacer algo que me habían pedido que no hiciera, y con la respiración entre cortada logré alcanzar el diario. Logré tirarme al suelo con él en la mano, y pude llegar a coger un bolígrafo que me hiciera sustituir el ataque de histeria y ansiedad por un desahogo más sano. Y abrí la libreta como pude, intentando controlar la respiración y el temblor de mis manos a la vez; y rindiéndome al hecho de que los recuerdos, los fantasmas, las pesadillas colmaran mi cabeza de nuevo. Y las lágrimas caían sin que nadie ni nada pudiera pararlas.

"Miércoles 21/04/05 –

Tengo miedo. Tengo tanto miedo que duele… Tanto que no puedo respirar… Es muy desagradable, es como si supiera que me atengo a un peligro o a un riesgo que no puedo evitar… He tenido ataques como este… he sentido cosas como esta… y nunca han acabado bien… intentaré hacerlo lo mejor posible esta vez… pero para eso te necesito… necesito que me escuches…

Se me va a salir el corazón del pecho… El aire no llega a mis pulmones… y las manos a penas me dejan escribir de una manera entendible… No puede ser… ¿no van a dejarme ni aquí dentro?... no quiero que vuelvan… que no me hagan esto…

Me estoy mareando, y quiero agua, tengo la boca seca… ¿se supone que esto es lo que tengo que aguantar?... ¿cada ataque?... ¿cada momento?... No puedo más, quiero estar equivocado, deseo estar equivocado…

Harry no puede hacerme esto… yo no me merezco que sigan haciéndome esto…

Diles que paren… diles que me dejen en paz… diles que no puedo resistirlo…"

HARRY

Mi madre intentaba ayudarme con cada llamada, pero yo me sentía cada vez más solo en esto. Volví al cuarto, con la sensación de que, una vez estuviera ahí dentro, mirar a Danny se me haría el obstáculo más grande que habría podido soportar en toda mi vida.

Ya era tarde, había intentado alargar el momento lo máximo posible. Me sentía incapaz de llegar ahí como si nada después de haberle hecho sentir como un trozo de trapo, pisoteado y usado para limpiar. Otra vez. Sabiendo por lo que él había pasado. Sabiendo que eso, le haría sentirse como la peor mierda del mundo. Pero necesitaba que él fuera quien empezara a darse cuenta de que no podía permitirse que alguien le tratara así. Si no se quería, nadie iba a quererle. Menos yo.

Necesitaba que su capacidad de defensa echara raíces y comenzara a desarrollarse, a costa de obligarle a empujones si hacía falta. Pero Danny tenía que aprender a vivir. Y aprender a que le dejaran vivir. Sabía que con apoyo, Danny no iba a dejar ayudarse. Demasiado orgullo, demasiada dignidad para sacar a relucir. No quería que nadie le tuviera pena. ¿Y si era al contrario? ¿Y si lo intentábamos con algo de psicología inversa controlada? El principio sería duro, pero no todo el recorrido iba a serlo. Danny aprendería a valorarse, quisiera o no.

Llegué al cuarto y no le vi en la cama, pero si divisé sus piernas debajo de la cama. Estaba en el suelo. Me acerqué hasta él. Parecía dormido, parecía estar disfrutando ese sueño. Y me fijé en sus mejillas, y me fijé en el hecho de que la libreta estuviera en sus manos aún, abierta. Se había quedado dormido. La ropa la tenía descolocada, y tenía algún que otro arañazo en las manos. Sí, sabía qué había pasado. Y lo lamentaba de una manera que nadie podría imaginar. ¿Había sido por mi culpa? Al menos agradecía que no hubiera tomado el camino equivocado.

Cogí la libreta y el bolígrafo, dejándolos encima de mi cama. A continuación me eché encima el peso de Danny, pasando por mi cuello uno de sus brazos y haciendo toda la fuerza posible para incorporarle sin que se diera cuenta. Aunque después de ese ataque, estaría descansando durante mucho tiempo. Le dejé caer en la cama, y volví a mirarle. Quizá, la manera con la que estaba llevando las cosas no era la mejor, y era momento de cambiar la táctica antes de que fuera demasiado tarde.

Se me cruzó una idea por la cabeza. Una estúpida y maleducada idea que podía ayudarme bastante con él. Así que no lo dudé. Me tumbé en mi cama, dejando únicamente la lamparilla de mi mesilla encendida. Tenía que hacerlo rápido, tenía que darme tiempo. Abrí el diario y comencé a leer.

Caquísima, ¿no? Perdón D: Aunque no os guste podríais dejarme un review aunque sea súper cortísimo, es que me mina la moral ver las visitas, que ponga que lo leen 30 personas, y después me encuentre CUATRO reviews. En serio, deprime muchísimo. Comentad que es gratis :( Aleh, a ver si no os ha dado ganas de vomitar el capítulo. OS ADOROOOOOOOO.