De Drogadicción Y Otras Virtudes

Caminé por las calles silenciosas de Tokio-3. Muy poca gente había en las aceras. Al pasar en frente de una tienda de ropa con una vitrina grande me miré de nuevo al espejo. Camisa blanca y corbata negra, pantalón negro y zapatillas. En mis brazos llevaba un regalo grande con un envoltorio rojo y lazo verde para el intercambio. Hace un frío atroz.

De camino a casa de Touji pensé mucho en el encuentro con Asuka del día anterior. Se comportó diferente. No intentó hacer ruido ni llamar la atención, ni me insultó ni me trató mal. Estuvo más bien triste y callada. Y luego puso su cabeza sobre mi hombro, nunca antes lo había hecho. Es lo más cerca que he estado de ella desde que la conozco. Casi puedo oler su cabello de nuevo. Un aroma a miel y canela. Estuve todo el día pasándome las manos por el hombro y llevándomelas a la cara con la esperanza de que todavía conservara el olor. No he vuelto a hablar con ella desde entonces; estuvo encerrada en su cuarto todo el tiempo.

Tomé el ascensor hasta el piso 12 y toqué la puerta del apartamento C. Hikari me recibió, tenía las mejillas ligeramente rojas. Me saludó animadamente y me dejó pasar. La luz era pobre y la música era fuerte. Había un árbol de Navidad en una esquina de la sala y algunos muérdagos y demás decoraciones navideñas.

—Deja el regalo en esa esquina con los demás. En un rato los repartiremos— me dijo Hikari y la perdí de vista antes que le pudiera decirle algo. Rondé por los pasillos en busca de alguien con quien hablar. Vi a Asuka hablando con varias compañeras de clase; decidí no molestarla. Kensuke estaba hablando con una muchacha muy bonita y estoy seguro de que Rei no vino. Era un apartamento bastante grande, en la mesa de noche había varias botellas con ese gas que se inhala por una manguera y en el balcón estaban todos los fumadores. Justo cuando estaba a punto de tirarme solo en cualquier sofá por el resto de la noche, Touji me agarró por detrás.

— Hola, compañero ¿Listo para perder tu virginidad?— No le respondí —¿Acaso no hueles la diversión?— me preguntó a la vez que inhalaba profundamente. Aun agarrándome del cuello, me guio hasta un mueble en que estaban un par de muchachas muy bonitas y me tiró en medio de las dos.

—Mana, este es Shinji. Shiji, esta es Mana. Sora, este es Shinji. Shinji, esta es Sora. Ahora, ya saben lo que les he dicho, sean amables con él. Es su primera vez y nunca ha visto a una mujer desnuda.

—¡Touji, cerdo, vete de aquí!— le gritó Mana y él se fue corriendo. A Mana la reconozco de la escuela y de un par de clases que compartimos. Siempre he pensado que es muy hermosa. A Sora, en cambio, no la conozco, pero es igual de bella. De pelo negro y ojos verdes. Debe ser de otra escuela.

—¿Por qué tienes corbata y traje?— me preguntó Mana, riéndose.

—No lo sé. Me pareció apropiado para la ocasión— le respondí apenado.

—No le prestes atención, se te ve muy bien— dijo la otra muchacha. Pude ver de inmediato que le gusté.

—Gracias.

Estuvimos hablando por mucho tiempo, sobre esto y aquello. Resulta que Sora es fanática del cine de vaqueros y a Mana le gusta el blues y el jazz como a mí. Sora juega béisbol y a Mana le gusta pasear por las calles en bicicleta. Mana toca la guitarra y Sora toca la flauta. Ambas son un año mayor que yo. Sora quiere estudiar Derecho y Mana, Arquitectura. Mana es virgen y Sora no lo es.

—No lo sé. Nunca sentí ningún apuro por hacerlo— dijo Mana con cara seria. Mari pasó fugazmente frente a nosotros, me sonrió y guiñó el ojo.

—¡Mana, por favor!— Sora se llevó las dos manos a la cara con indignación —Esta mujer estuvo más de un año con un muchacho y nunca pasaron de segunda base ¿Puedes creerlo?— Me reí con algo de vergüenza.

—Lo haré cuando sienta que es el momento— afirmó Mana con la misma expresión dura.

—¿Y cuándo será eso? Cariño, los príncipes azules no existen. A veces tienes que vendarte los ojos y saltar al vacío esperando que te atrapen. Shinji, díselo.

—Mana, a veces tienes vendarte los ojos y saltar al vacío esperando que te atrapen— Sora soltó una carcajada y Mana también se rio. Frente a nosotros pasó un joven compañero de equipo de Touji repartiendo galletas en una bandeja. Sora y Mana se negaron, pero yo sí tome dos galletas y me las comí vorazmente. Noté como Mana y Sora se miraron y sonrieron al mismo tiempo. Tenían un sabor muy particular, adictivo.

—Shinji, esas galletas…— Sora la detuvo.

—¿Qué tienen?— le pregunté.

—Nada. No importa.

Luego de unos minutos, empecé a sentirme raro. Los vellos del brazo se erizaron y me picaban mucho. Me mareé y las luces se volvieron difusas, y los colores más opacos. Me sentí ligero, como si flotara. Las voces de las personas eran incomprensibles, murmullos y risas aleatorias era lo que escuchaba. Sora me tomó de las manos y me correteó hasta la sala, donde estaban bailando todos. Recuerdo haber dado muchas vueltas y estar muy cerca de ella, se sintió muy bien. Es como si todo hubiera sucedido en cámara rápida. Estuve un rato tirado en el piso de baile y después de eso desperté en el mueble que está justo enfrente de donde me dieron la galleta. Mirándome estaban Hikari, Mana, Sora y algunas muchachas y muchachos que no reconocí.

—Shinji ¿Cómo te sientes?— me preguntó alguien.

—Fatal. Detrás de ustedes hay un tigre o león. Es azul y me está saludando. Pero no me agrada— escuché varias risas.

—Shinji ¿Qué piensas de Mana?

—¿Mana?¿Quién de ustedes es Mana?— pregunté, totalmente confundido. Hikari y Sora la señalaron.

—Ah, tú eres Mana. Claro. Les diré lo que pienso. De izquierda a derecha. Aburrida. Monja. Aprovechadora— dije señalando con el dedo, refiriéndome a Hikari, Mana y Sora, respectivamente. Solté una carcajada maniática salida de la nada y el resto de los que estaban ahí se rieron conmigo. Sentí como me tomaron por un brazo y me jalonearon hasta la cocina. Antes de darme cuenta, estaba sentado y Asuka estaba a mi lado.

—Idiota. Estás drogado.

—¡¿Qué?!¿En serio?

—Claro que sí. Llevas dos horas dando vueltas en la pista de baile.

—Esta Sora no me violó ni nada ¿Cierto?

—Le faltó poco— Abrió la nevera y sacó unas naranjas y limones, les sacó el zumo y lo licuó con azúcar y agua.

—¿Qué haces?

—Algo para que te sientas mejor.

—¿Alguna vez te he dicho que tienes ojos hermosos?— Se sonrojó visiblemente cuando me escuchó. Me dio el jugo y soltó varios insultos en diferentes idiomas. El remedio pareció hacer efecto. Me quedé en la cocina viendo televisión mientras me lo tomaba, estaba bastante bueno, además.

Sintiéndome mejor me dirigí al balcón, que ya estaba libre de gente. Hacía menos frío que antes, así que era soportable. La ciudad se ve increíble desde aquí. Ya no tengo la mirada difusa así que puedo distinguir las luces, y a lo lejos, la bahía. Habían muchas estrellas, más de lo común. Reconocí dos o tres constelaciones. Luego llegó Mari con su ropa y mallas de siempre. Miró a lo lejos, sin notarme.

—¿Alguna vez dejas de usar esa ropa?— dije en voz alta para llamr sus atención. Sonrió al reconocerme.

—El día que dejes de usar camisas y pantalones, yo dejaré de usar esta ropa— Se acercó y se apoyó sobre la baranda, justo a mi lado. Si bien no suelo pasar mucho tiempo con Mari, es muy interesante. Tiene una actitud desenfrenada que me agrada mucho, y luce lentes como nadie.

—¿Te estás divirtiendo?— le pregunté.

—No. Yo nunca me divierto. Tú, en cambio, veo que la has pasado muy bien.

—No realmente ¿Quién es esa Sora?— le pregunté riéndome.

—No lo sé, pero pasó un largo rato usándote de sombrero— Los dos nos reímos. Después, nos quedamos callados y miramos los edificios. Hacía una brisa ligera y la noche era mágica.

—Shinji ¿Puedo preguntarte algo personal?

—Sí, claro.

—Me da un poco de vergüenza. Es algo que he querido hacer desde hace tiempo. No es específicamente contigo, pero tú me caes bien y puede que sirvas— Se quedó callada —¿Me besarías?— La pregunta me tomó desprevenido.

—¿Por qué yo?

—¿Por qué no?— Levantó los hombros con indiferencia.

—Pues… sí— Mari sonrió ampliamente. Se acercó a mí un poco más y me tomó por la cadera y la espalda. Yo me puse frente a ella y la tomé de la cintura. Nos fuimos acercando lentamente hasta que sentimos la respiración del otro en nuestros labios, y luego nos besamos. Fue un beso corto y bastante malo. Nos separamos y nos sonreímos mutuamente. Después nos besamos de nuevo, un poco mejor esta vez. Pasó sus manos por mi pecho y yo le agarré el trasero y la acerqué hacia mí. Cuando nos separamos de nuevo, Mari me susurró al oído que buscáramos un cuarto. Ella se adelantó y yo la seguí un minuto más tarde.

Entramos al cuarto de Touji, en el que ya había varias parejas, una sentada en la cama y las otras en el suelo.

—No me importa— me dijo en voz baja y me tomó de la mano hasta una silla al lado de la cama. Se sentó encima de mí y me besó apasionadamente. La empecé a besar en la cara y el cuello. Ella tomó mis manos y las puso en sus senos. Los acaricié suavemente y Mari metió la mano debajo de mi camisa, frotándome el estómago. Nos recorrimos el cuerpo entero con las manos.

Decidió que nos acostáramos en el piso. Ella estuvo encima de mí todo el tiempo. Su pecho grande se estrujaba contra el mío. Metí las manos debajo de su ropa para sentirlos más de cerca.

Continuamos hasta la madrugada. Al separarnos, los dos estábamos jadeando en busca de aire. Ella me sonrió y me acarició la cara. Yo le acaricié el pelo y me llevé las manos a la cara. No huele a miel y canela. Mari se levantó para componerse la ropa y el cabello.

—Tú y yo no somos nada después de esto ¿No?— le pregunté.

—Absolutamente nada— me respondió mirándose al espejo.

—Pero ¿Quieres hacerlo otra vez algún día?

—Puede ser. Fue divertido— Me sonrió con picardía. Yo también me arreglé antes de salir. Mari me detuvo en la puerta y me besó por última vez, mordiéndome el labio.

El resto de la noche fue bastante tranquila. Hubo el intercambio de regalos y después me fui a casa. Asuka me dijo que una compañera la llevaría. Tomé el tren y llegué en media hora. Al entrar, vi a Rei dormida en el sofá. Me dirigí al baño, pero estaba ocupado. Toqué y Kaji salió, sin camisa, sólo en ropa interior. Me saludó y se metió en el cuarto de Misato. Me bañé y me fui a dormir. Ya en la cama, escuché pasos y puertas abriéndose, seguramente era Asuka.