Elegía De Nieve Y Frío
Los días pasaron lentamente hasta el final de clases. La nieve empezó a caer con más frecuencia y en mayor cantidad. A veces se hacía difícil pasar por las calles. De camino a la escuela veía personas apartándola de sus patios con palas. El último día fue bastante triste. Cayó una gran nevada la noche anterior y los pasillos estaban vacíos. El personal docente parecía no entender que nadie estaba ahí porque quería.
Al sonar el timbre hubo una repentina euforia colectiva y los de último año, cada día más cerca de graduarse, corrieron por doquier haciendo ruido e improvisando desfiles. Ese día, Hikari y yo teníamos deberes de limpieza en el salón, pero decidimos irnos sin hacerlos. Fuimos a un café frecuentado por estudiantes de la escuela y estuvimos ahí unas horas. El ambiente era agradable, a pesar del frío. Durante el invierno venden una bebida muy particular: un vaso de leche caliente en el que se sumerge una barra grande de chocolate que se disuelve en la leche. En el fondo del vaso quedó chocolate derretido que me comí con una cuchara. Hikari me dijo que es una bebida propia de otro país, lejano, pero no recuerdo cuál. Jugamos dardos con varios compañeros de aula y después caminamos hasta la estación. Nos sentamos una al lado de la otra esperando el tren, con el estómago lleno y una sonrisa en el rostro.
—¿Cuándo te vas?— le pregunté.
—Mañana por la mañana.
—¿Quieres que te ayude a empacar?
—No, está bien— Me sonrió con gentileza. Hikari se iba a a Kioto con algunos familiares, al menos hasta principios de Enero. Estaba feliz porque ella estaba contenta, pero sabía que iba a extrañarla mucho, y más durante este mes, que tendríamos más tiempo para estar juntas. Cuando llegaron los trenes, ella se fue por un lado y yo por el otro. Me dio un abrazo de despedida muy cariñoso. De vuelta a casa de Misato, me sentí muy bien y no pude evitar sonreír para mí misma. Al entrar saludé a todos con cordialidad, incluso a Rei. Shinji me lanzó una expresión inusual al verme de tan buen humor. Me metí directo en mi habitación y leí hasta la noche.
—Asuka ¿Qué quieres cenar?— Shinji entró sin avisar. Cubrí el libro lo más rápido que pude con una revista de las que suelo leer, él se dio cuenta.
—¿Qué lees?— me preguntó. Levanté la revista, como enseñándosela —Películas— le respondí en seco.
—¿Y lo que escondiste cuando entré?— me volvió preguntar, sonriendo. No tenía salida, de nada serviría mentir. Quité la revista y le mostré el libro con algo de vergüenza.
—¿Este libro es mío?— Ahora que lo menciona, mi edición es idéntica a la suya. Si le digo que no, entonces sabrá que lo compré por mi cuenta, pero si le digo que sí, lo llevará a su cuarto y se dará cuenta de que su libro está justo donde lo dejó, y terminaría, de todos modos, dándose cuenta de que lo compré por mi cuenta.
—No.
—¿Tú lo compraste?— Bajé la cabeza con resignación. Él pareció darse cuenta de mi incomodidad y me lo devolvió. Se fue sonriendo.
Seguí leyendo una hora más hasta que comimos. Nos sentamos Shinji, Rei y yo. Misato se incorporó después de despedirse de Kaji. Siempre estaba de buen humor después de que Kaji se iba, y se mantenía así durante varios días. Pero Kaji desaparecía después de uno o dos meses, sin despedirse ni decir nada. Y Misato se deprimía. Se levantaba tarde todos los días, apenas iba al trabajo y regresaba temprano. Seguía bebiendo con la misma frecuencia, pero su actitud era diferente. Lo hacía sólo en su cuarto y lloraba toda la noche. En este estado pasaba alrededor de dos semanas, luego nos decía a Shinji y a mí que no volvería a pasar y que no estaría con Kaji de nuevo, pero Kaji volvía y todo empezaba otra vez.
Por un largo tiempo me gustó Kaji, creí estar enamorada y que ningún otro hombre podría ser como él. Eso duró unos años, pero después de tantos intentos fallidos me di cuenta de que nunca estaríamos juntos. En mi resignación, entendí que, a pesar de todo, Kaji no era el hombre con el que debería estar. Ahora pienso, sin embargo, que eso es sólo una excusa que inventé para negociar conmigo misma mi fracaso. Después de la cena, nos tocó a Rei y a mí lavar los platos. En cualquier otra ocasión no le diría nada, pero sentí una inusual necesidad de compartir mis pensamientos.
—Ayanami ¿A ti te gusta leer?— le pregunté con una voz casi inaudible. Ella sólo asintió con la cabeza. Conociéndola, supe que si no decía nada más, ella tampoco diría nada.
—¿Por qué?
—Porque las personas en los libros viven vidas más interesantes que las nuestras— dijo sin vacilar.
—Nosotros pilotamos EVAs. Eso es bastante interesante.
—Sólo para la gente que no lo hace.
—¿Entonces una historia sobre pilotos de EVA no sería buena?
—No me interesaría leerla.
—Pero si todos pensáramos así, entonces ninguna historia sería interesante, porque siempre hay alguien que trabaja en lo mismo que los personajes de la historia.
—Nadie hace todos los trabajos del mundo al mismo tiempo— Su lógica me dejó perpleja.
—¿Qué te gusta leer?— le pregunté.
—Cualquier cosa que sea diferente a mí.
Después de terminar, se fue a dormir sin despedirse. Camino a mi cuarto, vi la luz de la habitación de Misato encendida. Toqué la puerta.
—¿Puedo pasar?— Ella asintió. Estaba sentada en la cama con varios artículos para las uñas.
—¿Qué pasa?— me preguntó pintándose las uñas, sin mirarme.
—Nada, sólo quiero hablar— Misato me miró extrañada.
—¿Sobre qué?
—No lo sé— Tomé uno de los frascos, el negro, y me pinté yo misma.
—¿Qué tal pruebas de sincronización? Estás terrible.
—Tal vez otra cosa— Me reí—Como Kaji ¿Qué pasa con él?— Mi cara se volvió seria.
—Si lo supiera, no sería Kaji.
—¿Y lo que dijiste la última vez?¿"Nunca más"?
—Sé lo que dije— Puso cara de pena.
—¿Entonces?
—No lo sé, ya pensaré en algo— No me sentí convencida. Empezó a nevar afuera. Salí al balcón y vi a Tokio-3 enfriarse en silencio. Ya era de noche y los edificios brillaban con luces verdes y rojas, sobretodo la recién reconstruida Torre de Tokio.
Volví a entrar y cerré la puerta que da al balcón.
—¿Te gusta la Navidad?— Me senté de nuevo en la cama.
—Mis padres no la celebraban, así que yo tampoco lo hice. De todos modos, se ha puesto más de moda en Japón desde este siglo ¿Por qué?¿A ti no te gusta?
—No la he celebrado desde lo que pasó con mamá. Aunque en Alemania la Navidad se celebra como se debe, con fuegos artificiales de verdad.
—Aquí también sabemos celebrar Navidad. Los japoneses ponen a sus hijos a pintar y decorar sus casas— Me miró sonriendo.
—Pues yo no soy tu hija— Ambas nos reímos. Hablamos durante mucho tiempo, hasta la madrugada. La mañana siguiente fue tranquila, hice algunos deberes y terminé uno de los libros después del mediodía. En la tarde, Misato llegó del trabajo y salió con Kaji, y Shinji se fue muy apresurado después de una llamada telefónica, así que me quedé sola en casa con Rei. Decidí salir a caminar. Había caído una nevada suave todo el día así que salí abrigada. Rondé por las calles que Hikari y yo solíamos transitar. La plaza cerca de su casa y la floristería que visitaba con frecuencia. Me senté sola en una banca vieja al lado de un puesto de revistas. Quedaba en la parte alta de una calle muy empinada, y desde ahí se podían ver, a lo lejos, los rascacielos de la ciudad, con sus pararrayos y luces rojas titilantes en la parte más alta. Estaban rodeados de esa neblina gris que parece empañar todo lo que se ve desde lejos. Más de una vez he pecado de melancólica. Los paisajes lejanos tienen ése efecto en las personas. A pesar de no tener ningún recuerdo relacionado con esos lugares que veo, no puedo evitar recordar tiempos en los que las cosas eran inocentes y menos complicadas.
Caminé calle abajo hasta el lugar en el que estuve con Hikari antes de que se fuera. Al entrar, uno de los integrantes del equipo de Toji me sonrió, como tratando de seducirme. Varias compañeras me han hablado de él antes y de cuanto le gusto. Ciertamente es un muchacho atractivo, pero después de todas las miradas e intentos de llamar mi atención, no puedo sino sentir aversión por él. Me senté con Mana y sus amigas y ordené la misma bebida extranjera para el frío que tomé ese día.
—Asuka ¿Quién es mejor, Cole o Armstrong?— La pregunta de Mana me sacó de un ligero trance en el que estaba sumergida.
—Chet Baker— Todas se rieron ante mi respuesta y siguieron discutiendo sin mí. Volví a hundirme en mis pensamientos de nostalgia y redención, hasta que vi a dos personas muy familiares entrar y sentarse en una mesa frente a la ventana. Hablaban animadamente pidieron algo de comer y tomar. Los miré con detenimiento desde mi puesto, no importándome si se daban cuenta. El muchacho era flaco y de pelo castaño, con cara de buena persona y sonrisa gentil. La muchacha era también delgada, de busto grande, usaba pantimedias negras y lentes correctivos de marco rojo. No podía creer lo que veía. Después de varios minutos empezaron a besarse. Poseída por mil demonios, me levanté bruscamente y caminé hacia la barra donde estaba el patán amigo de Toji. Me quedé detrás de él hasta que notó mi presencia. Cuando se volteó a verme, dudé por unos segundos. Las manos me temblaron pero lo besé de todos modos. Todo el local se dio cuenta, fue bastante escandaloso.
—Vamos— le dije y lo guie hacia la calle. Caminamos varias cuadras hasta el apartamento de Misato. En el ascensor nos besamos desesperadamente y al entrar hicimos bastante ruido. Me besaba de forma demasiado agitada. En mi habitación, nos acostamos en mi cama y empezó a manosearme por doquier; la cadera, la cintura, el trasero, el cuello, los senos. Me quitó el abrigo y se quitó su camiseta. Me atrajo hacia él y me sentó en sus piernas. Mientras me acariciaba salvajemente pensé en lo que él debía estar pensando, en lo afortunado que debía sentirse porque yo me haya ofrecido tan fácilmente. Empezó a desabotonar mi camisa. Al abrirla, metió su cabeza en mis senos y los tomó con las dos manos. Fue entonces que sentí una repulsión indescriptible hacia él y hacia mí misma. Lo alejé violentamente y lo miré con expresión de desprecio infinito. Intentó continuar, pero volví a separarlo y lo golpeé en la cara. Lo empujé hasta la puerta y lo saqué a patadas del apartamento. Le grité que no volviera nunca. Cerré la puerta y me acomodé la camisa. Escalofríos recorrieron mi cuerpo al recordar el sabor de su lengua sobre la mía. En la cocina estaba Misato, tomando cerveza con tranquilidad, recostada sobre la mesa. Me detuve por un momento y ella pareció querer decir algo, pero yo seguí caminando directo hacia el baño. Me cepillé los dientes frenéticamente y me bañé en la bañera, lavándome el cuello y los senos y cualquier otro lugar en el que me haya tocado. Me vestí y me senté en mi cama mirando por la ventana. Sentí asco de mí misma y la miseria me abordó por completo. Recordé a mi madre, pero no eran sino imágenes difusas de vivencias que no sé si realmente ocurrieron. Después de todo, si no tenemos recuerdos verdaderos sobre lo que nos rodea, qué otra opción tenemos más que inventarlos. Lloré hasta quedarme dormida y al día siguiente no salí de mi cuarto ni comí ni tomé nada.
