Una única Navidad en Tokio-3

Nefastas fueron las semanas que nos llevaron al 25 de Diciembre. Reubicaron a Rei a otro sector de la ciudad y ya no podía hablar con ella frecuentemente, Kaji desapareció y Misato estaba destrozada, y Asuka no salía de su cuarto sino por unos minutos durante el día.

En las tardes, la casa estaba desolada. Las comidas eran lúgubres, palidecían en comparación con otras de antaño, alegres y animadas. Toji y Kensuke me invitaban a salir a menudo, pero fueron contadas las ocasiones en que acepté. Incluso Mari me llamó varias veces, pero también la rechacé. No me gustaba dejarlas solas en casa. Sentía que era mi responsabilidad ayudarlas en lo que pudiera. Muchas veces intenté conversar con ellas sobre cómo se sentían pero siempre me evadieron, Misato con menos frialdad que Asuka. Con el tiempo, parte de su depresión me afectó a mí también.

El día de Navidad, hice una cena majestuosa. Nadie se la comió. Les avisé a ambas antes de que estuviera lista y cuando la terminé, pero nunca salieron a acompañarme. Entristecido, tapé y guardé la comida. Fui a la sala a ver televisión. Me tiré en el piso arropado con una sábana, al lado de la calefacción. El frío era atroz. Horas más tarde, Misato salió de su habitación y se paró frente al sofá, mirándome con expresión decadente. Hice un ademán de que me acompañara. Se sentó a mi lado y nos acurrucamos en la misma sábana.

—Perdóname por la cena— me dijo. Yo negué con la cabeza, no había problema. Nos acercamos un poco más y ella me tomó del brazo.

—¿En qué piensas?— le pregunté.

—En muchas cosas. Kaji, mi padre.

—Kaji siempre ha sido así. Después de todo este tiempo, es casi tu culpa cuando él hace esto.

—Estoy demasiado cansada ¿sabes? Sólo con Kaji me siento a gusto. Es como si estando únicamente con él y no con cualquier otro, puedo estar bien.

—¿Dijo algo antes de irse?¿Te avisó?

—Claro que no— me dijo en medio de un ronquido de irrisión. Se quedó en silencio, mirándome —Si te preguntaran ¿Dirías que has tenido una vida terrible?— preguntó.

—No lo sé. Algunos dirían que sí. Siempre le he huido a lo que no me gusta. Pero he conseguido buenos amigos aquí en Tokio— El frío se hizo más intenso.

—Sé que he dicho esto antes, pero creo que es una oportunidad para olvidarlo de una vez. Podría conocer a alguien más— Estaba tratando de convencerse a sí misma más de lo que trataba de convencerme a mí.

—¿No se te ocurre nadie?

—Estoy pensando en alguien— me respondió sin verme. Después me miró con intensidad y se abalanzó contra mí. En ningún momento abrí la boca ni los ojos. Luego de unos segundos nos separamos. La miré aterrado. Misato rompió a llorar y me pidió perdón varias veces. Traté de calmarla sobándola inútilmente en la espalda. La acompañé hasta su habitación y la arropé, pero me tomó de la mano cuando estaba por irme. Me dijo que me quedara por un rato. Le dije que se calmara y estuve con ella hasta que se durmió.

Fui a la cocina a tomar agua y ahí estaba Asuka, sentada en la mesa, comiendo. Me miró de reojo sin dejar de comer. En silencio, me serví un poco de todo lo que hice y me senté a su lado. Durante mucho tiempo no nos dijimos nada.

—Te quedó muy bien— me dijo sin levantar la cabeza.

—Gracias— le respondí en voz baja. Volvimos a quedarnos en silencio. Ella se quedó pensativa.

—Hace muchos años que no celebro este día. Desde lo que pasó con mamá no he sentido la necesidad, ni tampoco he tenido con quien hacerlo.

—¿Y antes de eso?— le pregunté.

—Estaba demasiado pequeña para recordarlo. De alguna manera, nunca he celebrado Navidad conscientemente— se rio con tristeza.

—¿La desprecias?

—No, pero me recuerda demasiado a mamá.

—¿Cómo era ella?

—Era muy hermosa. Pero no era cariñosa ni amable ni me acompañaba hasta que me durmiera ni me cantaba canciones de cuna. Sentía admiración y le temía al mismo tiempo. Fue una mujer terrible que nació en el momento equivocado. Tengo muy pocos recuerdos de ella, y de la mayoría no estoy segura si son reales o inventados.

—De mi madre sólo tengo un recuerdo. Pero me pasa lo mismo que a ti, no sé hasta qué punto es verdadero. Estoy en una bañera, en un patio, y ella me está bañando, cantando una canción sin letras ni ritmo. Todo es confuso porque estoy rodeado de plantas y a un lado está mi hogar, pero nosotros no vivíamos en el campo. No había otras casas alrededor. A veces pienso que lo soñé.

—¿Por qué elegirán personas tan trágicas para trabajar en NERV?— preguntó Asuka al aire.

—Somos los únicos que podemos hacerlo.

—No somos los únicos capaces. Sólo somos los únicos a los que eligieron, y no tenemos más alternativa. Podemos negarnos, pero ¿Qué haríamos después? Yo no sirvo para más nada. No sé qué voy a hacer si logramos sobrevivir.

Después de comer volví a ver televisión, sentado en el sofá, arropado. No tenía intenciones de dormir esa noche. Asuka llegó, también con una sábana, y se sentó a mi lado. Poco a poco, nos fuimos acercando hasta quedar hombro con hombro. Después me dijo que tenía "demasiado frío". Se quitó su sábana y se metió en la mía. Me tomó del brazo y apoyó la cabeza sobre mi hombro, otra vez. Acosté mi cabeza sobre la suya y pude por fin volver a oler su esencia.

—No digas nada. Sólo quédate así— me dijo en voz baja, llena de orgullo. Y así nos quedamos, por un largo tiempo. No hablamos ni tampoco vimos televisión a pesar de estar encendida frente a nosotros. Asuka enredó su mano con la mía y sentí la calidez de sus brazos, cuello y cabeza contra mí.

—Shinji ¿Tú estás con Mari?

—Ella está conmigo.

—¿Entonces no te gusta?

—No lo sé— le dije indeciso.

—¿Sí o no?— preguntó con autoridad.

—No— le respondí en seco.

—¿Y por qué estás con ella?

—Porque ella quiere estar conmigo.

—¿Crees que funcionaría entre ustedes dos?

—No lo sé. Ella siempre habla como si no fuera más que un juego, pero creo que quiere estar conmigo más de lo que yo quiero estar con ella— Asuka se separó y se puso a mi lado en posición india, mirándome. Se frotó las manos y evitó mirarme, en medio de un conflicto interno.

—Shinji, no me importan ustedes dos. Olvídate de eso por un rato— La miré extrañada—Quiero que te olvides de ella por ahora porque te voy a besar, y no quiero que pienses en nadie más mientras lo hago— Asentí con la cabeza y me acerqué a ella un poco más. Intenté dejar algo de espacio, para no parecer apresurado, pero ella se sentó sobre mí, con las piernas alrededor de mi cadera. Sus senos me tocaban por encima del pecho. Aproveché para olerla de nuevo. La tomé de la cintura. Ella puso ambos brazos alrededor de mi cuello. Nos acercamos hasta el punto en que sentimos en calor de nuestros alientos sobre la cara y, súbitamente, nos besamos. Fue largo e inerte. Al separarnos, nos miramos a los ojos respirando agitadamente y nos sonreímos el uno al otro. Nos volvimos a besar con la misma rapidez que antes, pero este beso no fue estático sino más apasionado. Apretamos nuestros cuerpos con fuerza y terminamos acostados sobre el mueble.

Nos besamos toda la noche hasta el amanecer.