Disclaimer. Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, y la historia es una adaptación de la novela "The Duff" de Kody Keplinger.
Capítulo 12
—Tu tiro, Duffy —Sasuke se inclinó sobre su palo de billar, con una sonrisa triunfal en el rostro.
—No has ganado todavía —dije, poniendo los ojos en blanco.
—Pero estoy ganando. Lo ignoré, centrando mi atención en una de las dos bolas que aún quedaban en la mesa. En ese momento, yo realmente deseaba a Sasuke y sólo pensaba en ir directa a la habitación, por encima de todo lo demás. Pero esa noche, en lo alto de la escalera, Sasuke mencionó la mesa de billar y empezó a jactarse de que era un genio con el palo de billar. Por alguna razón, provocó una vena competitiva en mí, no veía la hora de limpiar el suelo con él y borrarle esa sonrisa arrogante de la cara. Sólo estaba empezando a lamentar mi decisión de desafiarlo en este juego porque, como se vio después, él no estaba muy lejos de la verdad. Yo tampoco era mala en el billar, pero él podía patearme el culo. Y no había nada que pudiera hacer para salir de esta.
—Quédate ahí —susurró él. Sus labios acariciaron detrás de mis orejas, poniéndose detrás de mí. Sus manos se colocaron en mis caderas y sus dedos jugaron con el dobladillo de mi camisa.
—Céntrate, Duffy. ¿Te estás concentrando? Él estaba intentando distraerme. Y, mierda, estaba funcionando. Me aparté de él, intentando empujarlo con la parte trasera de mi palo. Por supuesto él me esquivó, y yo sólo logré golpear la bola blanca en dirección opuesta a la que había querido, enviándola a la derecha de uno de los agujeros de las esquinas.
—Cero —anunció Sasuke.
— ¡Maldita sea! —me di la vuelta para mirarlo—. ¡Eso no debe contar!
—Pero cuenta —él sacó la bola blanca del agujero y la envió cuidadosamente al final de la mesa.
—Todo vale en el amor y en el billar.
—Guerra —corregí.
—Es lo mismo —él echó el palo hacia atrás, mirando hacia delante, antes de disparar de nuevo. Medio segundo después, la bola navegó hacia el hoyo. Fue ganadora.
—Idiota —susurré.
—No seas mala perdedora —dijo él, apoyando el palo contra la pared—. ¿Qué esperabas? Obviamente, soy increíble en todo —sonrió—. Pero oye, no puedes estar en mi contra, ¿de acuerdo? No podemos dejar de ser como Dios nos hizo.
—Eres un arrogante tramposo —arrojé mi palo de billar a un lado, dejándolo en el suelo estrepitosamente.
—Los malos ganadores son peor que los malos perdedores. ¡Y no he ganado porque me distrajiste! No podías mantener tus jodidas manos lo suficientemente lejos de mí para hacer un disparo decente. Y por otra cosa…
Sin avisar, Sasuke me subió en la mesa de billar. Sus manos se movieron en mis hombros, y un segundo más tarde, estaba tumbada mirando como sonreía. Él se subió a la mesa también, inclinándose sobre mí, con su cara a pocos centímetros de la mía.
—¿En la mesa de billar? —dije, estrechando mis ojos—. ¿En serio?
—No puedo resistirme —dijo—. ¿Sabes? Estás muy sexy cuando te enfadas conmigo, Duffy.
En primer lugar, me llamó la atención la ironía de esa declaración. Quiero decir, usó: sexy y duffy, -que implicaba que era gorda y fea-, en la misma frase. El contraste era casi cómico. Casi. Lo que realmente me extrañaba, sin embargo, era que nadie, ni siquiera Neji Hyuga, me había llamado alguna vez sexy. Sasuke fue el primero. Y la verdad era que estando con él me sentía atractiva. La forma en que me tocaba. La forma en que me besaba. Podía decir que su cuerpo me quería.
Vale. Vale. Así era Sasuke. Su cuerpo quería a todo el mundo. Pero hasta entonces, era un sentimiento que no había experimentado. Bueno, nunca había experimentado nada. Era extraño. Pero nada de eso podía borrar la punzada de dolor de la última palabra de su declaración. Sasuke había sido el primero en llamarme sexy, pero también el primero en llamarme Duff. Esa palabra me había estado rondando, persiguiéndome, durante semanas. Y era por su culpa. Así que, ¿cómo podía él verme sexy y duff al mismo tiempo? Pregunta mejor: ¿por qué me importaba? Antes de que pudiera pensar alguna respuesta decente, empezó a besarme y sus dedos ya habían localizado los botones y las cremalleras de mi ropa. Nos convertimos en una maraña de labios, manos y rodillas y la cuestión se fue completamente de mi cabeza. Por el momento, al menos.
— ¡Vamos Panteras! —gritó Ino y unos pocos miembros de la Brigada de Skinny hicieron volteretas a lo largo del margen. A mi lado, Hinaya agitaba uno de los pompones de dos dólares azul y naranja, con el rostro radiante de entusiasmo. Neji y Anko estaban cenando con los padres de Anko esa noche, lo que significaba que debía pasar un par de horas con ella, incluso si ese par de horas era en un estúpido evento deportivo.
La verdad era que yo odiaba todo lo que requiriera espíritu escolar, porque, obviamente, no tenía ninguno. Odiaba el Instituto de la Hoja. Odiaba el horrible brillo de los colores del colegio, la increíble mascota, y por lo menos, al noventa por ciento de los estudiantes. Eso era por lo que no podía esperar a dejar el colegio.
—Tú lo odias todo —me había dicho Ino temprano, el día que le expliqué que no tenía ningún deseo de asistir al partido de baloncesto.
—Eso no es verdad.
—Sí, lo es. Tú lo odias todo. Pero te quiero. Y Hinata también. Es por eso que te voy a pedir, como tu mejor amiga, que vengas al partido.
Cuando Hinata me había dicho que quería salir esa noche, mi primer instinto fue ir a mi casa y ver una película. Por eso la obligación de Ino como animadora del partido había interferido. Eso no podía ser un gran plan —Hinata y yo podríamos haber visto una película— pero Ino tuvo que hacerlo muy complicado. Ella quería ver a Hinata, también. Y quería que la viéramos animar, incluso si iba en contra de todo lo que representaba.
—Vamos, Sak —dijo, sonando irritada
—Sólo es un juego.
Ella había estado irritada estos días, especialmente conmigo. Y yo no estaba de humor para discutir con ella. Y así era como había acabado aquí, en una grada incómoda, aburriendo mi mente, con los vítores y gritos de la gente provocándome una migraña de mierda. Absolutamente maravilloso. Había acabado de decidir que conduciría a donde Sasuke después del partido cuando Hinata me dio un codazo en el costado. Por un segundo, creí que era un accidente, que había llegado un poco emocionado agitando su pom pom, pero entonces sentí un tirón en la muñeca.
—Sakura
— ¿Humm? —giré mi cabeza hacia su cara, pero ella no me estaba mirando. Su mirada estaba centrada en unas pocas personas en las gradas de abajo- tres alta y guapas chicas — junior, pensé— estaban sentada en primera fila, recostadas en sus asientos y con las piernas cruzadas. Tres perfectas colas de caballo. Tres vaqueros de talle bajo. Y luego, por el pasillo, se dirigía la cuarta. Era más pequeña y pálida, con el pelo corto y negro. Era evidente que era estudiante de primer año. Llevaba varias botellas de agua y unos perritos calientes en las manos, como si acabara de volver del puesto de comida. Vi como la sonriente estudiante de primer año pasaba las botellas y la comida. Vi como cada junior la cogía. Vi como apreciaban menos su aspecto. Ella tomó asiento al final de la pequeña fila, y ninguna de las chicas mayores parecía hablar con ella, sólo con algunas de las de atrás. Vi como ella intentaba saltar en sus conversaciones, su pequeña boca abriéndose y cerrándose otra vez cuando alguna de las junior la interrumpía, ignorándola por completo. Hasta que, después de un momento, una la miró, habló rápidamente, y miró hacia atrás de sus amigas. La de primer año se puso de pie otra vez, y se fue, sin dejar de sonreír. Rehaciendo sus pasos, bajó las gradas y fue al puesto de comida. Volviendo a obedecer sus órdenes.
Cuando miré a Hinata de nuevo, sus ojos estaban oscuros y... tristes. O tal vez enfadados. Era difícil de decir de ella porque no mostraban ninguna de esas emociones muy a menudo. De cualquier manera, la entendía. Hinata había sido como esa estudiante de primer año una vez. Así es como Ino y yo la encontramos. Dos chicas mayores, animadoras como Ino con el—total estereotipo de porristas: perras, rubias y parecían tontas —habían estado alardeando sobre alguna tonta estudiante de segundo año que mantenían como una "mascota", y más de una vez Ino las había visto hablarle con desdén
—Vamos a hacer algo con eso, Sak —había dicho ella instantáneamente—. No podemos dejar que la traten de esa manera.
Ino pensaba que tenía que salvar a todo el mundo. Al igual que me había salvado en el patio hacía tantos años. Yo estaba acostumbrada a eso. Sólo una vez, ella había necesitado de mi ayuda. Normalmente, yo habría estado de acuerdo porque Ino sólo estaba preguntando. Pero Hinata Hyuga era una chica a la que yo no deseaba conocer, que se salvara sola. No es que no tuviera corazón. Yo sólo no quería conocer a la hermana de Neji Hyuga. No después de lo que me había hecho. No después del drama que había atravesado el año antes. Y me las arreglé para mantenerme firme... hasta ese día en la cafetería.
—Dios, Hinaya, ¿tu cerebro está muerto o qué?
Ino y yo giramos las cabezas para ver a una de las flacas animadoras humillando a Hinata, que era por lo menos una cabeza más baja que ella. O tal vez fue que Hinata se había desplomado, acobardada.
—Te pedí que hicieras una cosa simple —escupió la animadora, golpeando con el dedo el plato que Hinata llevaba—. Una cosa estúpidamente simple. No echar mierda en mi ensalada. ¿Tan difícil es eso?
—Así es como viene la ensalada, Hanabi—masculló Hinata, con las mejillas brillantemente rosas—. Yo no hice…
—Tú eres una idiota —la animadora se giró y se fue, moviendo la cola de caballo detrás de ella. Jessica sólo se quedó ahí, mirando al plato de ensalada con grandes ojos tristes. Parecía muy pequeña entonces, muy débil y tímida. En ese momento, yo no pensé en ella como guapa. O incluso linda. Sólo frágil y asustada. Igual que un ratón.
—Date prisa, Hinata—una de las otras animadoras la llamó desde la mesa, sonando irritada—. No vamos a guardarte el sitio para siempre.
Jesús. Yo pude sentir a Ino mirándome, y supe lo que quería. Y, mirando a Hinata, no podía pretender no saber exactamente por qué. Si alguien necesitaba una mano de Ino Salva el Día, era esta chica. Además, ella no se parecía en nada a su hermano. Eso hizo que mi decisión fuera un poco más fácil. Suspiré, y dije en voz alta:
—Oye, Hinata. Ella saltó y se giró para mirarme, y la expresión temerosa de su cara casi rompió mi corazón.
—Ven, siéntate con nosotras —no era una pregunta. Ni siquiera una oferta. Era mucho más que una orden. No quería darle elección. Incluso pensé, que si era sensata, nos elegiría a nosotras.
Entonces, Hinata se apresuró hacia nosotras, las animadoras mayores se enfadaron e Ino estaba radiante. Y eso fue todo. Fin de la historia. Aunque ahora no parecía tanto como en el pasado, vi el apuro de la de primer año en el puesto de comida. Podía ver que los vaqueros le quedaban mal —no tenía suficientes curvas para vaqueros de talle bajo— y sus hombros caídos le hacían parecer extrañamente desequilibrada. Todas esas cosas la separaban de sus mandonas amigas.
Era el eco andante de Hinata mucho tiempo atrás. Sólo que ahora tenía una nueva palabra para eso. Para esa chica. Duff. No había forma de evitarlo. La estudiante de primer año era definitivamente Duff en comparación con las pequeñas zorras que la rodeaban. No es que fuera poco atractiva, y definitivamente no era gorda, pero de las cuatro ella era la última en la que alguien se fijaría. Y no podía dejar de preguntarme si esa era la cuestión, si ellas la usaban para algo más que la diligencia. ¿Estaba ahí para que ellas se vieran mejor? Miré de nuevo a Hinata, recordando lo pequeña y débil que parecía esa día. No parecía ni linda ni guapa. Sólo patética. Duff. Ahora, ella era guapa, voluptuosa y adorable y… bueno, sexy. Todos los chicos —excepto Naruto, desafortunadamente— la querían. Pero lo extraño era, que ella no veía la diferencia. No en la superficie, al menos. Había sido voluptuosa y rubia entonces. Así que, ¿qué había cambiado? ¿Cómo podía una de las chicas más hermosas que había conocido haber sido Duff? ¿Era lógico?
Era como Sasuke llamándome Duffy y sexy al mismo tiempo. Simplemente, no tenía sentido. ¿Era posible no ser gorda o no ser fea y ser Duff? Creo que Sasuke lo había dicho esa noche en el Akatsuki. Duff era una comparación. ¿Quería decir eso que incluso las chicas más atractivas podían ser Duffs?
-¿Debíamos ayudarla?
Me quedé sorprendida por un segundo, y un poco confusa. Me di cuenta de que Hinata estaba mirando a la de primer año hacer su camino por la primera fila. Y tuve un horrible pensamiento. Uno que me hizo oficialmente la zorra más grande que había existido jamás. Pensé en ir y tomar a la estudiante de primer año como una de las nuestras, de modo que tal vez, sólo tal vez, no sería más Duff.
Podía oír la voz de Sasuke en mi cabeza "la mayoría de la gente no hace nada por evitar ser Duff". Me dije que yo no era la mayoría de la gente, pero, ¿qué era? ¿Era yo igual que esas animadoras, graduadas hacía ya tiempo, que habían maltratado a Hinata, o como esas tres chicas de perfectas colas de caballo de las gradas? Antes de que pudiera tomar una decisión, pensé en la de ayudar a la de primer año —ya fuera por razones correctas o incorrectas— el timbre sonó sobre nuestras cabezas. A nuestro alrededor, la multitud estaba de pie vitoreando, bloqueando mi punto de vista de la pequeña figura de pelo oscuro. Ella se había ido y así fue como perdí mi oportunidad de salvarla o lo que pudiera haber hecho. El partido había terminado. Las Panteras habían ganado. Y yo todavía era la Duff.
