Este capítulo no quiso salirmee! Estuve desde el lunes más o menos pensando en la continuación del fic, pero mi cerebro no procesaba O,O ... Bueno, ahí les va xD


Capítulo 4: ¿Sensible?

Por Kami. ¿Por qué a ella? Si había entrenado tanto durante 3 largos años. ¿Por qué no había podido ganarle? Quizás había llegado a su límite, o quizás Tezuka era demasiado bueno como para ser vencido por una simple alumna de 2° grado. Suspiró.

Pero, tal vez, era una señal de que tenía que cambiar. Pero, ¿de qué manera iba a hacerlo? No contaba con mucho apoyo que digamos: sus padres murieron cuando ella tenía sólo 3 años, su hermana mayor no vivía con ella ya que trabajaba y su abuela era ciega.

Ni siquiera tenía amigos. En realidad, tuvo uno, pero fue sólo de la infancia. Por ahora se conformaba sólo con su recuerdo. Su otro amigo, era su compañero inseparable, su perro policial, quien era el único que desde pequeño había estado con ella y con su abuela. Pero él estaba bastante viejo, por lo tanto, no podía hacer gran esfuerzo físico, y sus vitaminas no eran lo que se podían llamar "baratas". Se sentó y puso sus manos en su cabeza. Volvió a suspirar.

Pero algo la sacó por un momento de sus pensamientos. Un chico había entrado imprudentemente al camarín.

–Ah, eres tú –dijo sin inmutarse. Sus ojos de serpiente recorrieron a la chica. Al parecer estaba mal–. ¿Qué sucede? –preguntó.

–Lo que me suceda no es asunto tuyo –respondió sin siquiera mirarlo. Se levantó, guardó su raqueta y se fue. Quería irse a casa lo más rápido posible. Al menos allí tendría un poco más de privacidad.

–Como quieras –murmuró Kaoru. También ordenó sus cosas y se dirigió a casa.

Izumi estaba con la mirada perdida. ¿Por qué le había afectado tanto haber perdido ante Tezuka? Tal vez era porque nunca había perdido. Bueno, desde que jugaba en serio al tennis, no había perdido ni una sola vez. "Es tu orgullo", dijo una voz.

Estúpida conciencia, siempre hacía sus comentarios en los momentos menos oportunos.


"Por Kami ¿por qué no dejas ya de molestarme? ¡Estoy cansada de ti!"... "No quiero, hasta que aceptes que eres una orgullosa"... "Cállate. ¿Es que acaso no tienes vida, que tienes que andar entrometiéndote en la mía?"... "¡Claro que tengo! ¡Da la casualidad que es la misma que la tuya!"... "¡Aaahhhh!"

Maldita conciencia... en este último tiempo terminó odiándola. Siempre tenía que reprocharle que era una orgullosa y que esto y aquello, y lo de más allá. Nunca lograba llegar a un acuerdo con ella. De todos modos, ahora estaba un poco más tranquila, ya que al fin estaba en casa. Abrió la puerta y su perro guardián fue a saludarla, moviendo frenéticamente la cola.

–Hola Dino –dijo Izumi–. ¿Cómo estás? –preguntó acariciándolo. Dino adoraba que le hicieran cariño, sobre todo en su cabeza–. Así me gusta. ¡VEN! –ordenó. El perro la siguió, e Izumi le dio sus vitaminas–. Es para que estés mucho tiempo conmigo –dijo en un tono cálido. Lo siguió acariciando. Realmente Izumi le tenía un gran cariño a su perro, ya que éste había sido el único que no se había separado de ella durante todos estos años.

Lo dejó y entró a la casa.

–Ya llegué –dijo ya un poco desganada. Su abuela, Ruki, que estaba caminando por el pasillo, la saludó, aunque realmente se equivocó de dirección, ya que Izumi estaba a su lado derecho, no izquierdo–. Aquí estoy –dijo corrigiéndola. Pero vio que sus intentos eran inútiles, puesto que, nuevamente, su abuela se había equivocado. Izumi le dio unos pequeños golpecitos en la espalda, señal de saludo poco habitual en ella, y se dirigió a su pieza. Tenía muchas cosas en que pensar. Pero luego recordó que tenía que cocinar, así que se devolvió y fue a la cocina, en donde se dio cuenta que le faltaba arroz, y con rabia y, tomando el dinero que estaba cerca del teléfono, le dijo a su abuela que iba a comprar las cosas que faltaban para la cena.

–Vuelvo en un rato más –dijo con un tono de aburrimiento en su voz. Estaba por salir de su casa, cuando su perro la detuvo. Era un animal realmente obediente e inteligente–. Oh, lo había olvidado –dijo acariciándole su cabeza–. Adiós Dino –dijo con más ánimos. Era increíble cómo su perro le mejoraba su humor.

Y así fue como emprendió su camino hacia la tienda más cercana a comprar las benditas cosas para la cena, pero el único y gran problema era que esa tienda estaba a 20 minutos de su casa. "Demonios, ¿por qué tengo que vivir tan lejos?", se quejó mientras caminaba. "No es que no me guste, es sólo que está considerablemente lejos de la escuela y de algunas tiendas útiles... Y además hay que caminar bastante"... "¿Te estás quejando?"... "¡Ah no!, ¿de nuevo tú?"... "Sí, soy yo, tu hermosa conciencia y vine a molestarte"... "Te lo diré por última vez: ¡DÉJAME EN PAZ!"... "Uufff...¡pero qué genio tienes!", y ya no volvió a escucharla.

–Menos mal –murmuró enfadada. "Espera... Yo siempre he actuado de una forma madura, y casi nunca tuve problemas contigo, ¿por qué ahora sí los tengo?", le preguntó... "Eso es porque ya no eres madura...", sugirió ésta. Izumi se enfadó aún más, pero sus palabras se quedaron rondando en su cabeza... No se dio ni cuenta cuando ya estaba frente a la tienda. Aún seguía con la mirada perdida. Andaba extrañamente sensible ese día. Caminó aún más, ya ni sabía para dónde iba. Sólo reaccionó segundos más tarde, cuando casi cae al suelo.

–¿Estás bien? –preguntó un chico, aún sosteniéndola. Izumi retrocedió un poco para verle la cara a quien la había 'salvado'.

–Sí, eso creo –respondió mirándole.

Él también le devolvió la mirada. No se había percatado antes, pero la joven tenía unos hermosos ojos verdeclaro.

Como vio que no tenía nada más que hacer ahí, se dispuso a volver a su casa.

–Espera –lo detuvo Izumi.

–¿Qué? –cuestionó Kaoru.

–Gracias –dijo mirándolo fijamente con esos ojos fríos–. Nos vemos mañana –y entró a la tienda.

"De nada", pensó Kaoru. Y se fue.


–Ya volví –le dijo Izumi a su abuela. Se le había hecho muy tarde, y estaba muerta de hambre, ya que no había comido casi nada en todo el día. Cocinó lo más rápido y mejor que pudo, comió y entró a su pieza. Ese sí que había sido un día agotador. "Ojalá que mañana sea un mejor día que éste".

Apenas se acostó en su cama, se quedó profundamente dormida.