Capítulo 7: Asumir

Izumi siempre se había caracterizado por ser una persona seria y que no exteriorizaba sus sentimientos y emociones. En ese sentido, era muy parecida a su amigo de la infancia, Tezuka. Pero la última semana no había podido evitar nada de eso. Por fin había llegado el día de la inauguración del club, lo cual había hecho que su mundo se diera vuelta, y la tuviera bastante más emocionada de lo normal, y expectante por lo que pudiera pasar. Se arregló y se fue rápidamente al Instituto, no sin antes despedirse de su abuela y su perro.

–Buena suerte, querida –le dijo con ternura.

–Gracias abuela, en la tarde te cuento cómo me fue.

Llegó a su sala de clases pensando en muchas cosas, sobretodo en cosas relacionadas con el club, pero todo se esfumó al encontrarse con el pelinegro Kaoru.

–Hola.

–Buenas –respondió el aludido–. ¿Emocionada por tu primer día como capitana? –en la comisura de los labios de Izumi se formó una pequeña sonrisa. Le hizo un leve gesto con la mano, a modo de despedida, y fue a tomar asiento.

Kaoru ya estaba acostumbrado a su poca expresividad. Tampoco podía pedir mucho, ya que él era muy parecido a ella en ese sentido, sólo que ahora sentía que con la ojiverde podía expresarse un poco mejor. Ambos empezaban a generar confianza en el otro, y eso de alguna manera le producía sensaciones extrañas; no creía disgustarle, pero tampoco sabía exactamente si aquello le gustaba. No entendía por qué le pasaba eso específicamente con ella. Supuso que en algún momento encontraría la respuesta.


Al primer día de convocatoria para el club asistió mucha gente. Dentro de ellas se encontraba Sakuno, observando con ansias lo que ocurría.

–Como todos ya saben, se ha elegido a una primera capitana para el Club Femenino de Tenis, dando inicio así a la trayectoria de este club en el Instituto Seigaku –dijo la entrenadora Ryuzaki–. Junto con el Capitán Tezuka, estuvimos pensando mucho en quién podía ocupar este cargo, y hoy me enorgullece presentar a quién creemos que es la persona idónea. La estudiante de segundo año, Izumi Akiyama –Izumi hizo un pequeño gesto con la mano, mientras daba un paso al frente.

Murmullos generalizados llenaron la cancha, mientras miraban a la flamante nueva capitana.

–Buenas tardes, compañeros y sobretodo, compañeras. Las puertas del club están abiertas desde hoy para que se inscriban –los presentes la miraban con mucha atención. Sakuno asentía con mucha emoción a cada palabra que la ojiverde decía–. No tengo dudas que entre todas podremos formar un equipo digno de Seigaku –finalizó. Se escucharon aplausos de entre la multitud.

Después de la presentación oficial de Izumi, se formó una gran fila para pedir el formulario de inscripción. Desde aquel partido contra Tezuka, se corría el rumor de que la pelinegra era tan buena que había tenido contra las cuerdas al Capitán, y se generó tanta expectativa cuando se supo que se iba a abrir el club, que toda la gente interesada fue lo más rápido que pudo a buscar su formulario para no quedar fuera.

Mientras que se establecía el club, Izumi era la encargada de entregar los formularios. Se encontraba sentada frente a una gran mesa de madera, en donde había una pila de papeles, y le entregaba uno de ellos a cada interesado. Realmente había mucha gente atraída por la propuesta del club, y le alegró ver una cara conocida entre toda esa multitud.

–Izumi-senpai, felicidades –dijo Sakuno con una amplia sonrisa en el rostro.

–¡Eh! Una cara conocida. Gracias – comentó aliviada, entregándole el papel de inscripción–. Me alegra que hayas decidido venir.

–¡Por supuesto! Será un honor para mí ser parte del equipo femenino –comentó entusiasmada la castaña.

–Me parece bien, luego nos vemos.

–Adiós, senpai.

Izumi le recordaba a cada postulante que debían entregar el formulario a más tardar el miércoles en la tarde, para así dar por fin inicio a las actividades del club. Habiendo ya finalizado con toda la burocracia que significaba aquello, la Akiyama por fin tenía algo de tiempo libre. Terminó de ordenar los últimos papeles, cuando un grupo de personas se acercó hacia ella.

–Buenas, Akiyama.

–Oh, Kikumaru-senpai –no sólo venía el aludido, sino que casi todos los titulares del equipo masculino–. ¿Qué están haciendo aquí?

–Veníamos a felicitarte, por supuesto –comentó alegremente–. Desde ahora no sólo seremos reconocidos allá afuera, sino que súuuuuper reconocidos.

–Oye, Momo-senpai, ¿por qué tenía que venir yo también?

–Cállate, Echizen. Tú eres un novato así que es tu obligación venir a saludar a tu senpai.

Ryoma asintió sin muchas ganas y felicitó a Izumi, sin darle mucha importancia al asunto, lo cual era algo totalmente común en él.

–Felicitaciones, Akiyama. Nuestra escuela siempre fue reconocida por nuestro equipo masculino, pero con esto, se abrirán nuevas puertas para que ustedes demuestren lo buenas que pueden llegar a ser –comentó Fuji.

–Oh, Fuji-senpai, muchas gracias –aquellas palabras, sobretodo viniendo de Fuji, la hacían sentir orgullosa. No por nada era llamado 'genio'.

–A-Akiyama, felicitac…

–Ey, Taka-san, mira –lo interrumpió Eiji, y en ese momento de distracción, le puso una raqueta en sus manos.

–Oh, yeah! Yes! Ésa es la actitud, Akiyama. Fight! Congratulations! –rugió. Izumi no pudo evitar soltar una pequeña carcajada al ver el cambio radical de su senpai.

–Bueno, nosotros ya nos vamos, mucho éxito para esta nueva etapa. Contamos contigo.

–Muchas gracias, Oishi-senpai. Nos vemos.

Cuando los chicos se retiraron, Izumi se pudo percatar que no todos habían abandonado el recinto. Kaoru estaba apoyado en la pared, con los ojos cerrados y cruzado de brazos. La pelinegra frunció el ceño en señal de desconocimiento por la repentina actitud del chico. Decidió ignorar aquella situación, y recoger sus cosas para irse a su casa.

Había sido un día agotador, pero todo el esfuerzo realizado había valido la pena: por fin estaba cumpliendo una de sus metas. Daría todo de sí misma para que el club brillara en los torneos del distrito y en las Regionales, y así abrirse paso por fin a las ansiadas Nacionales, su más grande sueño (y probablemente, el de cualquier adolescente tenista de secundaria). Además, contaba con el apoyo del club masculino, lo cual la motivaba aún más a continuar. Ya que todo estaba yendo bien con ellos, quizás era hora para hablar con Tezuka. Sobre el pasado. No era nada grave, pero sí un tema importante. Prefería dejar las cosas claras ahora que se había reencontrado con su viejo amigo.

Con estos pensamientos positivos rondando por su mente, recogió sus cosas y se dirigió a la salida, cuando en ese momento alguien la tomó por el brazo, haciendo que se detuviera.

–Kaidoh – pronunció–. ¿Qué quieres?

Kaoru carraspeó antes de hablar. La miraba seriamente.

–Éxito –fue lo único que dijo, y luego se fue.

Izumi dio un suspiro a la vez que pensaba en él. "A veces creo que nos parecemos demasiado. En fin, supongo que eso no es tan malo".

Ya habiendo llegado a su casa, entabló una entretenida conversación con su abuela mientras cenaban. Sin dudas, aquel día había sido un día redondo, y estaba feliz por ello. Había muchas expectativas puestas en ella, además de muchas miradas, pero con constancia, responsabilidad y dedicación –cosas que la caracterizan– sabía que podía lograr lo que se propusiese.

Este año iba a ser uno muy movido, y de eso no tenía dudas.