Capítulo con narración de partido, no sé cómo me salió, ojalá que bien (no pensé que fuese así de difícil hacerlo, jajaja).
Disclaimer: Prince of Tennis le pertenece a Takeshi Konomi.
Capítulo 12: ¿Celos?
El día del partido llegó, y la chica dejó atrás todas esas preguntas sin respuesta que llegaron a ella la tarde anterior. Ya se sentía lista para su partido contra la hermana menor de Tachibana; ésa era una buena oportunidad para reunir datos —tal como su senpai Inui le había enseñado—, ya que, en algún futuro más próximo que lejano, ambas serían rivales en algún torneo. Así como ella dio el primer paso averiguando cosas sobre la pelinegra, Izumi también tenía que indagar sobre su estilo de juego y sus técnicas.
Las clases en el instituto pasaron rápidamente, y la hora del entrenamiento con el club llegó.
—Chicas, júntense por favor —ordenó la capitana. Cuando todas estuvieron en su lugar, habló—. El entrenamiento de hoy terminará antes, así que les voy a dejar un par de ejercicios para hacer en casa —las chicas se miraron entre ellas, curiosas, y algunas casi con gracia—. Sabré si no los han hecho, pues eso se notará en la práctica de mañana —advirtió, ya consciente de las pretensiones de algunas de las chicas. Ellas simplemente suspiraron y asintieron como respuesta. Sakuno, por su parte, se entusiasmó de poder practicar en su casa—. Eso es todo, sigan con el entrenamiento.
—Capitana… —Tomoka la había llamado para decirle algo. Su semblante no era el de siempre y eso la pelinegra lo notó.
—Dime, Osakada.
—Me siento muy apenada pero… la verdad es que no podré seguir viniendo a las prácticas del club —dijo con la mirada triste y su voz apagada—. Uno de mis hermanos está enfermo y tengo que cuidarlo el mayor tiempo posible y… no sé cuándo se recupere, así que prefiero retirarme del club antes que faltar y atrasarme con los entrenamientos —finalizó.
Izumi la miró por un momento y luego habló.
—Está bien, Osakada, agradezco que me lo hayas dicho —le dijo amablemente—. Si tienes tiempo, puedes pasarte a animarnos para los próximos partidos —la alentó.
La castaña la miró sonriente y asintió con ganas, reincorporándose al entrenamiento.
Después de haberles dado los ejercicios especiales a los miembros del club, la práctica de ese día se dio por finalizada. La Akiyama arregló sus cosas y se encaminó hacia los vestidores, donde se cambió de ropa, pero no se puso su usual uniforme del colegio, sino que simplemente se cambió la poco cómoda falda deportiva por unos confortables y apretados pantalones de buzo. "Mucho, mucho mejor", suspiró de alivio. No había nada mejor para ella que usar ropa con la cual se sentía a gusto. Muchas veces había escuchado murmullos en su colegio anterior sobre la vestimenta que usaba. Lo más notable que llegó a sus oídos fue: "esa es ropa de hombre", a lo cual ella se largó a reír por varios minutos. Todas tonterías, ¿qué importaba si el estilo de su ropa era masculino? Ella usaba lo que le gustaba y punto, que los demás se jodieran. Finalmente, se colocó su chaqueta de titular —era la única que tenía uniforme del Seigaku en todo el club— y se dirigió hacia su destino de ese día: las canchas callejeras de tenis.
Presentía que ese día iba a ser intenso, pero por sobretodo, lleno de sorpresas y conocimientos nuevos. Sin dudas, estaba ansiosa por lo que le esperaba, por tal motivo, aceleró su paso y llegó al lugar pactado la tarde anterior.
Ann la estaba esperando con una amplia sonrisa, al tiempo que Kamio se preparaba para hacer de árbitro.
Por otro lado, en el club masculino, la entrenadora Ryuzaki les había dicho a los chicos que ese día no iba a haber entrenamiento, pues quería que sus alumnos estuvieran lo más descansados posibles para el importante y decisivo partido de mañana. Por tal motivo, todos abandonaron el recinto mucho antes de lo habitual. Kaoru, por su parte, necesitaba entrenar, por eso resolvió ir a otro lado a practicar, pero sus cavilaciones acerca de dónde ir fueron abruptamente detenidas por un pelopincho que lo miraba entusiasmado.
—Oye, Mamushi, tengo una idea para mañana. Acompáñame —le dijo alegremente su compañero.
—Contigo ni a la esquina —fue la simple respuesta del pelinegro.
—¿Qué dijiste? ¿Quieres pelea? —amenazó el chico de ojos violeta.
—Perfecto —masculló.
Y así fue como empezó otra de sus típicas peleas —sin argumentos— que tenían día tras día. Ambos chocaron sus frentes e hicieron muecas de asco y enojo al mismo tiempo. Luego ya de un rato, Momoshiro se calmó y nuevamente le habló al creador de la Serpiente Boomerang.
—Kaidoh, mañana somos pareja de Dobles 2 —el pelinegro simplemente asintió como respuesta—. Tengo una idea que puede servir, acompáñame para entrenar —le pidió más amablemente. A Kaoru no le quedó otra más que aceptar. Si se trataba de la final de mañana, no podía negarse.
Caminaron a paso constante y en silencio, y luego de lo que a Kaoru le parecieron varios minutos, llegaron a las canchas callejeras de tenis, donde pudieron apreciar cómo dos mujeres estaban peloteando animadamente.
—¡Increíble, Izumi-chan! —escucharon a lo lejos, y Momoshiro sonrió de lado al ver a Ann jugando.
—¡Hey, hermana de Tachibana! —al terminar el juego, la aludida se dio vuelta y miró hacia el chico, dejando escapar una tierna risa. Izumi iba a sacar, pero se detuvo al ver a sus compañeros—. Oh, también está Akiyama —dijo, mirando de manera cómplice hacia Ann. Kaoru estaba parado, con las manos en los bolsillos y siseando. Su mirada se posó en los apretados pantalones que estaba usando su compañera, y en cómo éstos resaltaban su figura. Apartó rápidamente su vista, todo con tal de evitar un sonrojo—. Qué coincidencia encontrarnos acá.
Ann estuvo a punto de hablar, pero su impertinente compañero no la dejó.
—¿Qué haces tú aquí? —preguntó furioso, mirando al pelopincho con odio.
—Tranquilo, tranquilo, solo he venido a entrenar con Mamushi.
—Más te vale que no molestes a Ann-chan —su tono era amenazador, y Momo solo atinó a suspirar y cruzarse de brazos.
—Tachibana —pronunció de pronto Izumi—. Terminemos nuestro partido.
La chica hizo el ademán de hablar nuevamente, pero otra vez fue interrumpida, aunque esta vez no por Kamio.
—Ey, Akiyama, ¿qué te parece jugar dobles?
Así que para esto lo había arrastrado hacia las canchas callejeras, para jugar un partido de dobles. Kaoru cerró los ojos molesto, al tiempo que se daba media vuelta para abandonar el recinto.
—Mamushi, ¡oye, Mamushi! —le gritó su compañero—. Ven y juega con nosotros.
—No quiero —fue toda su respuesta, caminando hacia la salida.
—Kaidoh, ¿acaso tienes miedo que te aplaste? —los presentes miraron en dirección a la pelinegra, quien tenía una sonrisa burlona dibujada en su rostro y su raqueta extendida hacia el chico de ojos café—. Está bien, Momoshiro, jugaré dobles; y Tachibana, ya terminaremos nuestro partido en otra ocasión.
—Que sea en un partido oficial —y le guiñó un ojo.
—¿Qué has dicho? —preguntó iracundo, acercándose hacia ella y mostrándole una mirada amenazadora.
—Lo que escuchaste —dijo calmada—. Si no tienes miedo, ven y juega.
—Eso haré —ambos desprendían un aura imponente en ese momento, y sus miradas casi sacaron chispas.
Ann miró preocupada a Momoshiro, a lo que él le asintió tranquilamente, apoyándola. Entonces ella habló.
—¿Qué les parece si jugamos un partido mixto? Para así equilibrar habilidades.
Eso solo significaba una cosa: que Momo y Ann harían una pareja, mientras que los dos compañeros pelinegros harían otra. Y eso enfadó a Kamio, ya que lo estaban dejando totalmente apartado de las actividades grupales.
—¿Y yo qué?
—Kamio-kun, tu función es la más importante: ser el árbitro —le convenció la menor de los Tachibana.
El susodicho lo pensó un momento, y luego asintió.
—Pero lo hago solo porque tú me lo pides, Ann-chan. Y tú —dijo, apuntando enojadamente a Momoshiro—, más te vale no hacer nada sospechoso —aquella advertencia hizo que el susodicho asintiera con la cabeza y le hiciera un gesto con la mano, como diciendo "eres muy exagerado".
Luego de todo el embrollo ocurrido, los jugadores se distribuyeron en la cancha, organizando estrategias.
—Kaidoh, déjame sacar a mí —él la miró, y vio que ella ya no tenía esa mirada displicente ni su sonrisa socarrona.
—¿Qué te pasa, ahora somos amigos? —claramente, al pelinegro le molestaron aquellas palabras dichas por su compañera hace unos momentos.
—Eso lo dije solo para cabrearte —le dijo divertida, sacándole la lengua. Él suspiró por toda respuesta.
Se pusieron en sus posiciones, con Izumi en la línea de fondo, lista para servir, y Kaoru más adelante, esperando por el retorno de la bola. Entonces la pelinegra hizo su saque.
—Aquí voy —informó la ojiverde.
Momoshiro pensó que ese saque no sería la gran cosa, pues la pelinegra sirvió con la mano derecha, y él sabía que ella no jugaba tan bien con esa mano, pero tamaña fue su sorpresa al ver cómo la pelota pasó fugazmente entre ambos, quienes no fueron capaces de devolverla debido a la alta rapidez que llevaba, marcando así el primer punto para la pareja del Seigaku.
—¿Qué…? —balbuceó la castaña. "O sea que cuando jugamos, ni siquiera lo hacía en serio", pensó ofendida.
—Q-Qué rápido —farfulló Momo—. Hey, ¿tú no eres zurda? ¿Qué significa toda esta potencia?
—Te equivocas —le dijo—. Soy diestra por naturaleza, pero mi maestro me enseñó tenis con la izquierda, por eso juego con ambas manos. Soy ambidiestra —sonrió—. Ah, voy a seguir, no pienso contenerme —comentó con aires de superioridad. Kaoru rió vagamente ante su actitud altanera.
En un abrir y cerrar de ojos, ganaron el primer juego, ya que ninguno pudo contrarrestar su rápido saque.
—Juego para la pareja Akiyama-Kaidoh, 1 juego a 0. Cambio de pista —relató Kamio. Izumi y Kaoru chocaron de manera triunfante sus manos.
Estaban todos muy concentrados en el partido, por lo que ninguno de los presentes reparó en la presencia de alguien que hace poco había arribado a las canchas. El chico miraba el partido muy interesado, fijando particularmente su vista en el estilo de juego de la ojiverde.
El partido seguía su curso, esta vez con Momo y Ann a la cabeza apenas por un juego de diferencia. Habían sido capaces de aventajarse en el marcador gracias a la innata habilidad de Momoshiro para hacer remates, y a la habilidad para Ann de confundir al rival y controlar bien la pelota. Fue en ese momento que la pelinegra decidió que era hora de tomar la delantera en el marcador.
—¡Bien, Momoshiro-kun! —le felicitó su compañera por la jugada que acababa de ejecutar.
Pero la Akiyama fue más veloz y llegó lo que dura un pestañeo a la red, lista para ejecutar su técnica.
—¡Una dejada, hermana de Tachibana! ¡Ve por ella!
Ann se aproximó lo más rápido que pudo, pero no fue capaz de darle a la pelota, pues ésta no botó. No solo eso, sino que retornó hacia la malla.
—¿L-La dejada Zero-Shiki? —la conmoción invadió a todos los presentes, quienes a duras penas pudieron articular palabras.
Izumi esbozó una sonrisa de suficiencia, al tiempo que se ponía la raqueta en su hombro para hablar.
—¿Quién creen que me enseñó tenis? —fue todo lo que salió de sus labios.
A sus mentes se les vino la imagen de una sola persona: Tezuka.
Kaoru sabía que la chica era buena, tanto así que había podido darle pelea a su capitán, pero nunca pensó que lo fuese tanto. También sabía que Tezuka y su compañera habían sido amigos de la infancia, por lo que intuía que él le había enseñado muchas técnicas, pero nunca se imaginó que ella podría ejecutar esa técnica en particular. En sus labios se formó una media sonrisa, sorprendido gratamente por el tenis mostrado por la ojiverde.
—Juego para la pareja Akiyama-Kaidoh, 4 juegos iguales.
Ahora era el turno para Kaoru de lucirse. Devolvió una pelota en la línea de fondo con una Serpiente Boomerang, aventajando así a sus rivales en el marcador.
—Le toca sacar a Akiyama, ¡alerta, hermana de Tachibana! —le previno su compañero, ya concentrado para poder ser capaz de devolver el servicio.
Pero esta vez, su saque fue más rápido que la vez anterior. Momo bufó y se dedicó a mirar nuevamente la pelota para poder acostumbrarse a su velocidad y trayectoria y así poder devolverla.
Cuando ya estaban cerca de ganar el juego, el chico de ojos violeta fue capaz de devolver el esférico, pero Kaoru fue más rápido y al retornar la bola hacia él la lanzó con todas sus fuerzas, directo hacia Ann, a quien se le cayó la raqueta de las manos por la intensidad y energía que llevaba imbuida la pelota.
Y entonces, luego de media hora, llegó el juego decisivo: aquel que determinaría si la pareja del Seigaku ganaba, o si el partido se alargaba hasta incluso llegar al tie-break. Entonces ambos decidieron que era tiempo de poner fin a ese partido, sacando así todo su potencia como pareja de dobles.
Se coordinaban bien, y sus habilidades se complementaban, ya que Kaoru era un jugador defensivo que se mantenía en la línea de fondo, pudiendo así ser capaz de ejecutar su técnica maestra; mientras que Izumi, al ser rápida y equilibrada, se podía mover en un corto período de tiempo hacia la red o hacia los lados, haciendo voleas o dejadas para marcar puntos gracias a su excelente control del esférico.
—15 a 40, punto de partido para la pareja Akiyama-Kaidoh.
Ése era el momento para ganar, así que resolvieron usar una técnica que les aseguraría la victoria.
—¡¿Aproximación doble?! —chilló Ann.
Haciendo eso, no había espacio para lanzar una bola corta, por lo que Momoshiro le dijo —o mejor dicho, le gritó— a su compañera una estrategia para contrarrestar aquello.
—¡Hermana de Tachibana, lánzales un globo!
Ella lo miró, entendiendo el plan, y le guiñó un ojo, lanzándole un globo a...
—Ingenuos —murmuró triunfante Izumi.
—¿Qué? —balbuceó la castaña.
La aproximación doble se disolvió, pues Kaoru no se encontraba allí, sino que en la línea de fondo, esperando el retorno de la bola, listo para ejecutar su técnica especial.
—¡Nos engañaron! —bufó molesto el pelopincho.
Con la Serpiente Boomerang, el partido finalmente fue para la pareja del Seigaku.
—Momoshiro —le dijo la pelinegra—. No soy la única rápida de mi equipo —sonrió, haciendo una clara alusión a Kaoru y a lo veloz que había sido para llegar a la línea de fondo.
—Completamente derrotados —suspiró la menor de los Tachibana—. No esperaba menos de la capitana del Seigaku.
Se dieron las manos, agradeciendo el partido, y entonces Kamio bajó de su asiento de árbitro para encarar al compañero de Ann.
—¡Momoshiro! —gritó exasperado el pelirrojo—. ¿A esto le llamas jugar dobles? Fuiste una pésima pareja para Ann-chan, ella solo se merece lo mejor —y ahí estaba de nuevo la perfecta dramatización de Kamio.
—Pues yo creo que no jugamos mal… —comentó el aludido.
—Es que ellos hacen una buena pareja —completó la castaña, mirando a su compañero y guiñándole un ojo, a lo que éste asintió divertido.
Kaoru se sentía bien. A sus oídos no llegaban los gritos entre el pelirrojo y el pelinegro, tampoco los intentos en vano de la castaña por detener esa situación. Estaba ahí, parado, con su raqueta en sus manos, simplemente observando, aunque su mirada cada vez se desviaba más y más hacia una ojiverde de cabellos ondulados, quien veía entretenida la situación. Se había divertido mucho con ese partido, y nunca pensó que pudiese congeniar tan bien con su compañera de clase. Otro sentimiento distinto crecía en él, sin darse cuenta. Iba a acercase a ella, pero una voz detuvo todo intento de hacerlo.
—¡Izumi! —gritó aquella persona que se encontraba mirando el partido y que estaba alejado del barullo montado por los chicos, pero que poco a poco se fue acercando hacia el lugar.
Izumi reaccionó instantáneamente al escuchar esa voz. Se dio vuelta y… ¿Acaso podría ser…?
—¡Yuuta! —exclamó feliz la pelinegra, corriendo hacia él.
¿Cómo había podido olvidarlo? Siempre dijo que solo había tenido un amigo en su vida, pero su mente inconscientemente bloqueó los buenos momentos que vivió con su amigo de la escuela primaria: Yuuta Fuji. Olvidó las veces en que rieron juntos, en que se apoyaron mutuamente por el tenis, aquellas veces en donde Yuuta solo quería desaparecer por ser totalmente opacado por su hermano, y las veces en donde ella —con una cálida sonrisa—, simplemente le decía que si seguía entrenando, algún día podría alcanzarlo y superarlo. Había olvidado que él era el único que la llamaba por su nombre, denotando así la confianza mutua que se tenían. Se reprendió mentalmente por no haberlo considerado un amigo.
—¡Cuánto tiempo ha pasado, Yuuta! —comentó feliz su amiga—. ¿Cómo estás, cómo va todo en el St. Rudolph?
—Bien, a pesar de que no pudimos clasificar para el Torneo Regional —dijo un poco apenado.
—Bah, ya habrán otras oportunidades, no todo está perdido —lo consoló.
—Es verdad —sonrió, ya más animado—. Por cierto, ¡qué tenis tan espectacular, Izumi! ¡Has mejorado un montón desde la última vez que nos vimos! —le felicitó animadamente el castaño.
—Gracias, aunque no es para tanto —su tono quería restarle importancia al comentario, aunque a decir verdad, se sentía halagada—. Dime, ¿qué haces aquí?
—Quería jugar un partido contra alguien de la cancha, pero como vi que todos estaban ocupados jugando, decidí mirarlos.
Kaoru miraba la escena con una mezcla entre enfado y decepción. Sentía sus manos picar, y sus ojos arder. Sus puños se cerraron fuertemente al recordar el grito de la pelinegra y la forma en que ella lo llamaba. Yuuta. Así, tan seco como sonaba, pero que dejaba al descubierto la amistad que compartían. Momo y Ann lo miraron y dejaron escapar una risita.
—Oh, ¿acaso esto no será…? —inició la castaña.
—¿C-e-l-o-s? —terminó el chico de ojos violeta, acentuando cada letra.
Reaccionó vagamente al escuchar esas palabras, pero decidió que no se quedaría más tiempo a contemplar esa dolorosa escena. Y él iba a felicitarla y regalarle una sonrisa por el partido jugado, qué estúpido. Giró sobre sus pies y caminó hacia la salida.
—Kaidoh, ¿ya te vas?
—¡Mamushi, espera!
Izumi ordenó rápidamente sus cosas, se despidió atropelladamente de los presentes y le dijo al menor de los Fuji que se apareciera en la final de mañana para seguir charlando. Aceleró su paso hasta llegar al lugar donde se encontraba el pelinegro.
—¡Kaidoh, espera! Tsk… que me esperes, te digo.
El aludido se dio media vuelta y la encaró, con evidente enojo.
—¿Qué quieres?
—No seas así Kaidoh, no te vayas sin despedirte —le reprendió su compañera—. No me dejaste terminar mi conversación con Yuuta.
Al chico le dio un tic en el ojo al escuchar de nuevo ese nombre.
—Entonces, ¿qué haces aquí? Ve y anda con Yuuta —dijo con desdén.
—Hombre, que te tranquilices. Yuuta es un amigo de la escuela primaria, desde esos tiempos que no lo veía, por eso tanta emoción —le aclaró—. Solo eso.
Momento, momento. ¿Qué hacía ella aclarándole la situación al pelinegro? No había motivos para hacerlo; ella hacía lo que se le daba la gana. Pero aún así, al ver a su compañero así de molesto, no pudo evitar correr hacia él para esclarecer aquello que había ocurrido. No quería que él se formase una imagen de ellos dos que no era.
Kaoru levantó su mirada y sus orbes se dirigieron hacia los de ella.
—¿De verdad? —preguntó con voz trémula.
—Sí, sí. Es como mi hermano —y con eso, toda duda con respecto a ellos quedó despejada.
—Ah —fue todo lo que salió de sus labios.
Izumi le dio unos pequeños golpes en el hombro.
—No te preocupes, no es alguien peligroso —y soltó una risa, haciendo alusión a lo ocurrido el otro día.
Había que tomar ese tema con humor, ¿no?
—No terminemos mal este día, vamos a comer algo, el partido me dejó muerta de hambre —le invitó, regalándole una tierna sonrisa.
El muchacho de ojos café la miró y se perdió en sus orbes. No sabía bien qué le había pasado ni qué sentimiento había recorrido su ser al verla tan feliz y con tanta seguridad al estar con otra persona. Tal vez eran celos. Tal vez era rabia. Tal vez estaba siendo demasiado posesivo. Pero se dio cuenta de que quería que esas sonrisas fuesen solo para él, que esos hermosos ojos verdes brillaran de expectación solo para él; que ella estuviese ahí solo para él.
Una voz segura salió de sus labios para responder a la sugerencia hecha por ella.
—Está bien.
La agarró de la muñeca derecha y se encaminó hacia la tienda de comida rápida más cercana. La pelinegra enarcó una ceja y dejó escapar un pequeño sonido en señal de diversión.
—Y luego te acompañaré a tu casa.
Izumi suspiró por toda respuesta, caminando a su lado con sensaciones nuevas recorrerle el cuerpo al sentir el cálido tacto de su compañero. Una sensación que no le desagradaba en lo absoluto.
Y entonces, Kaoru pensó que no había sido tan mala idea haber seguido las ocurrencias de su desagradable compañero.
