Capítulo 13: Sensaciones
Faltaba poco más de media hora para que el espectáculo comenzara. Puntualmente llegaron los dos equipos, situándose en lados opuestos de las graderías de la cancha y preparándose para salir a ganar el torneo. Ambos pensando en el bien de sus ausentes capitanes. Aunque un equipo estaba más convencido que el otro, cabe mencionar.
Kaoru miraba disimuladamente de un lado para otro, esperanzado por encontrar a la pelinegra, pero se llevó una decepción al no verla por ningún lado. Supuso que estaría entrenando. Momo le dio unos pequeños golpes en el hombro, intentando con eso animarlo un poco.
En efecto, Izumi estaba en el club de tenis iniciando otro entrenamiento. Levantó la cabeza desganada y los rayos del sol contrajeron sus pupilas, encegueciéndola, y el calor la embriagó. ¿Qué demonios hacía ella allí? ¿Por qué diablos no estaba viendo la final del Torneo Regional? Ah, cierto, era la capitana del equipo femenino y tenía obligaciones que cumplir. No podía dejarse llevar por esas emociones, tenía que actuar responsablemente por el bien del club. Se reprendió mentalmente por pensar en otras cosas. Actuó lo más profesional que pudo y escondió ese malestar para así no afectar al equipo.
—Espero que hayan practicado los ejercicios que les dejé ayer —comenzó. Su voz era imponente, como era costumbre en ella, y su mirada era seria pero carente de brillo. Las chicas respondieron enérgicamente—. Ya lo veremos en el transcurso del entrenamiento —finalizó.
Luego de haber demostrado que, efectivamente habían hecho los ejercicios, la ojiverde les dio una lista de cosas para hacer en lo que restaba de la práctica, pero Sakuno decidió ser irreverente y no hacerle caso. Ella conocía a su senpai —a pesar de que era una mujer difícil de descifrar—; con el tiempo se fue dando cuenta de pequeños detalles que antes pasaba por alto. Y la castaña sabía que su capitana no estaba bien. También sabía el motivo por el cual se encontraba así. Aspiró una bocanada de aire para luego actuar.
—¡Chicas! —gritó, llamando la atención de todas las presentes—. Hoy es la final del Torneo Regional, ¿no creen que sea buena idea ir y apoyar a nuestro equipo masculino? —sugirió, esperanzada porque su plan resultara.
—Ryuzaki —el tono de voz de la pelinegra era mordaz, y sus ojos entrecerrados hicieron que a Sakuno le diera un fugaz pero profundo escalofrío—. ¿Qué crees que estás haciendo?
Volvió a aspirar aire y eligió las palabras que pensó serían adecuadas, armándose de valor.
—Capitana, ¿no crees que sería una motivación para el equipo presenciar un partido oficial? Digo, es Seigaku contra el Rikkaidai, ¡no creo que volvamos a tener otra oportunidad como esta! —sus orbes despedían un brillo de súplica que captaron la atención de Izumi, mientras que sus compañeras apoyaron la propuesta de la castaña—. Suspendamos el entrenamiento solo por hoy, ¡estoy segura que todas entrenaremos el doble mañana! ¡Por favor!
La Akiyama escuchó gritos de emoción llenar la cancha, al tiempo que todas —sin excepción— asentían con la cabeza, mostrándole que estaban de acuerdo con lo expuesto por su compañera. Pensó por unos momentos antes de dar una respuesta.
—Que sea el triple —fue lo único que dijo, dejando a las chicas totalmente emocionadas y victoriosas.
Miró su reloj y se percató que todavía tenía tiempo para llegar. Ordenó sus cosas lo más rápido que sus manos se lo permitieron, y emprendió el rumbo, no sin antes notar que la chica de las largas y hermosas trenzas la acompañó. Sakuno le sonrió, y la pelinegra entendió el mensaje, dejando escapar una pequeña y casi inaudible risa.
Apresuraron su paso lo más que pudieron, llegando con apenas un minuto de ventaja. Ambas sonrieron por haber cumplido la hazaña.
Kaoru se sentía levemente decepcionado, pero su compañero de dobles lo animó de la mejor forma, una que solo él podía hacer.
—Mamushi, concéntrate.
—Estoy concentrado.
—Mentira, te he estado observando; no paras de mirar a las graderías, esperando ver a alguien —dijo con tono burlón, acentuando notablemente la última palabra.
—No espero ver a nadie —replicó cansinamente.
—Sabes que sí.
—No.
—Mamushi.
—No me llames así —advirtió.
—M-a-m-u-s-h-i —deletreó divertido.
Lentamente, una pequeña vena se fue formando en el cuello del pelinegro, creciendo y llenándose de sangre cada vez que Momoshiro lo llamaba de esa manera.
—¿Quieres pelea, maldito? —declaró, evidentemente molesto por la actitud infantil de su compañero.
—¡Perfecto! —le incitó.
Luego de unos segundos de refunfuñeos, en donde ambos chocaron sus frentes y compitieron por ver quién crispaba más la boca, se separaron, dando así por finalizado aquel encontrón.
—¿Ya estás menos ansioso? —le preguntó finalmente. Kaoru simplemente dejó escapar un bufido y Momo rió ante tal acción. A todas luces, eso era un sí.
El pelinegro —con todas las baterías recargadas para la final gracias al chico de ojos violeta— no se percató que su compañera ya estaba en el recinto, lista y dispuesta para ver su partido. Y entonces, lo más esperado comenzó.
Izumi no supo definir cuántas emociones recorrieron todo su ser al presenciar tal partido. Su cuerpo no parecía seguir el ritmo de su mente, salvo por pequeños e imperceptibles temblores en las manos y una que otra mirada amplia. Estaba ahí, contemplando la final de un torneo, final que llevaría irremediablemente a ambos equipos a las Nacionales. Sentía su sueño realizar al ver al Seigaku desempeñarse de esa manera. No quería —ni podía— admitir que parte de su emoción radicaba en el pelinegro de la bandana.
Sintió parte de su corazón encogerse al verlo decaído porque Jackal devolvió su Serpiente Boomerang con otra Serpiente Boomerang. Curvó sus labios al verlo reaccionar gracias a su compañero, uniéndose nuevamente a la batalla por el triunfo. Sonrió amargamente al verlo perder.
Entre el descanso entre partido y partido comenzó a procesar información, consciente que aquello que le sucedía al contemplarlo no era normal. Se irguió e inhaló todo el aire que pudo, expulsándolo lentamente, como si eso pudiese hacer que las neuronas de su cerebro funcionasen de mejor manera.
¿Qué le sucedía? Era lo primero a lo cual quería buscar una respuesta. Siempre había sido una persona solitaria, en parte por el leve rechazo que sentía de sus pares al ser una persona diferente al resto, en parte —también— porque la soledad era algo innato en ella. Con Tezuka y Yuuta eso se vio —en gran medida— aminorado, mas no erradicado por completo. Sin haber respondido esta pregunta, inmediatamente otra surgió. ¿Entonces Kaoru sí lo hacía? ¿Qué significaba él en su vida? El chico era parecido a ella; la entendía. Y ella veía en él reflejos de lo que era y es su vida.
Procuró responder, pero cada vez que hacía el intento, nuevas preguntas aparecieron en su mente, divagando y escapándose del tema central, maldiciendo en voz baja. Pero solo de una cosa estaba segura: su vida sí había cambiado desde que lo conoció. Y eso, eso era algo importante a tener en consideración. Sonrió de lado, no sabiendo si aquel descubrimiento era bueno o malo.
Volvió a aspirar aire con fuerza, tratando con eso de eliminar sus dudas, fallando rotundamente en el intento. Bufó para eliminar tensiones. Ya más recompuesta, dirigió sus verdes ojos hacia la cancha, donde la Pareja de Oro del Seigaku ya estaba lista para la acción. Una buena oportunidad para deshacerse de sus cavilaciones se le presentó con este y los siguiente partidos. Decidió no desaprovecharla.
No supo cuántas horas pasaron, pero explotó internamente de felicidad al presenciar cómo el Seigaku era coronado campeón del Torneo Regional de Kantou. Eran un grupo de personas normales, como ella y Sakuno, y aún así habían podido destacar por sobre el resto y abrirse paso hacia el cielo, tocándolo. Su cuerpo no lo demostró, pero estaba maravillada al sentirse llena de valor y vigor para poder cumplir ese sueño el próximo año. Se sentía capaz y ellos le habían dado el impulso que necesitaba.
Escuchó pasos y luego voces.
—¡Sushi, sushi, nya!
—Kawamura tirando la casa por la ventana, como siempre. Las probabilidades de que hoy ocurriese esto eran de un 100%.
—Taka-san, perdón por aprovecharnos de tu hospitalidad.
—No tienes por qué, Fuji. Esto hay que celebrarlo en grande.
—¡Taka-san es el mejor! —Momo rodeó feliz a su senpai, pero al hacerlo se percató de la expresión de Kaidoh, quien se encontraba unos centímetros más atrás—. Senpais, adelántense, Mamushi y yo los alcanzaremos en seguida —gritó.
Él lo miró confundido.
—¿Qué haces?
—De nuevo estás con esa expresión en el rostro —replicó.
—No tengo ninguna expresión en mi rostro —musitó.
Momo le golpeó levemente la mandíbula.
—Te está esperando —dijo sin más—. Te espero dos cuadras más allá.
Y se fue. A Kaoru no le dio tiempo para reaccionar, quedando confundido.
—¡Ey, espera! Maldito —masculló por lo bajo.
Izumi iba caminando hacia él con una inusitada calma.
—Hola.
Él abrió los ojos de par en par. "Viniste", pensó.
—Hola —replicó.
—Jugaste bien hoy —le dijo con una media sonrisa.
—Gracias.
Ella comenzó lentamente a caminar y él la siguió.
—Por cierto —su tono ahora era más enérgico—, tú y Momoshiro hacen una buena pareja de dobles. Se complementan bien.
Él resopló por toda respuesta. Ella se detuvo en su andar y lo miró fijo a sus ojos, taladrándolos.
—Kaidoh —pero ahora sus orbes no despedían ese clásico brillo que a él le gustaba—, necesito que… me ayudes con algo.
Kaoru alzó una ceja.
—¿Qué es?
Ella corrió su mirada, casi avergonzada.
—Solo… anda a la parada 304 de buses este sábado a eso de las 11.
Ahora su ceño estaba fruncido.
—¿Para? —volvió a inquirir.
Ella suspiró cansinamente y se atrevió a mirarlo a los ojos.
—Simplemente anda —pidió. Kaoru asintió levemente con la cabeza—. Gracias. Buen festín —dijo, y se retiró del lugar, haciéndole aquel típico gesto con las manos, dejándolo confundido y absorto en sus pensamientos.
Al chico no le quedaba otra opción más que ir y comprobar él mismo lo que sucedía con su compañera. Esas expresiones no eran típicas en ella. Averiguaría qué es lo que le pasaba y traería de vuelta a su compañera que tanto le gustaba.
