Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece, todos son de Yoshihiro Togashi, a excepción del personaje que agregué para darle sentido a la trama.

Señor Choco-Robot x Explicaciones x Amigos

Ya eran las tres de la tarde y tenía hambre, pero algo le decía que se quedara allí hasta que la joven con quien se había citado llegase. Las corazonadas no eran lo suyo, pero, por esa vez, prefería quedarse esperando que arriesgarse a que la muchacha se perdiese de nuevo. Nunca había conocido a alguien tan despistado, pero la situación ameritaba de sus servicios, por muy extraña que fuese la forma de pago.

-Hola- Escuchó la voz de la chica a sus espaldas, se giró para verla y "saludarla".

-Te estuve esperando por una hora y no llegabas- Pronunció, algo irritado- ¿Qué hacías?

-Ya te dije que no sabía dónde estaba el parque…- Se excusó, soltando un suspiro- Entonces, tuve que pedir explicaciones a media ciudad para llegar aquí, ¿Entiendes cuán grande fue mi sacrificio? Eso amerita una buena paga- Sonrió, ignorando cuánto había hecho exasperar al rubio.

-¡No te pagaré nada!- Exclamó, casi que exhalando humo por la nariz.

-Entonces, no te ayudaré con lo que necesitas- Sonrió, estoica- El que sale perdiendo eres tú.

Kurapika cerró los ojos, intentando calmarse con resultados satisfactorios. Dirigió su mirada a la de ella y, con seriedad, le preguntó cuánto tendría que pagarle por ese día, ya habían pasado tres días desde que empezó a cobrarle.

-Ya sabes, solo cien mil- Dijo con tranquilidad, Kurapika se puso lívido y preparó mentalmente a su bolsillo para pagar esa cantidad de dinero- Venga, no me mires así, lo que tengo es muy valioso, solo pocos lo tienen, siéntete afortunado de que no te cobre más.

-¿De qué hablan, Gon?- Cuestionó Killua, al no poder escuchar nada y saber que su amigo tenía muy buen oído.

-Esa chica le dice a Kurapika que le va a cobrar cien mil por algo… Pero no sé qué- A Killua se le subió toda la sangre a la cara, empezaba a creer que un hilillo de sangre empezaría a escurrir por su nariz, Gon le dedicó una mirada cándida- ¿Sabes de qué se trata?

-No, Gon- Se negó, recobrando su color pálido- Lo único que podemos hacer es seguirlos y averiguar qué es lo que oculta Kurapika.

-Entonces, ¿A dónde vamos primero?- Preguntó, resignado a pagar aquel exorbitante monto.

-Mmm… Te parece si vamos a un restaurante, hace hambre- Sugirió al escuchar los rugidos del estómago de su acompañante.

-Pero, ¿No tiene que pagarle?- Se preguntó Gon más para sí que para su amigo.

-Tal vez le pague después de que le dé lo que necesita- Se encogió de hombros el otro, poniéndose en marcha para seguirlo.

-Eso significa que no es su novia- Afirmó Gon, es decir, ¿Quién en su sano juicio le cobraría a su novio por algo?

-Ni su amiga- Regresó a mirarlo el otro, con firmeza.

-Si lo dices de esa manera suena muy preocupante…- Mencionó, arqueando las cejas- Debemos confiar que Kurapika elije muy bien quiénes son sus aliados, estoy seguro que ella no es ningún peligro para él- Dijo con optimismo inquebrantable.

-Si tú lo dices…- Sacudió los hombros, dándole un golpecito al niño para que no dejara de ver a su objetivo.

Siguieron a Kurapika siendo meticulosos respecto a lo que hacían, a diferencia de Leorio. No sabían qué rayos estaban haciendo, ya que después de ir al restaurante, fueron a un centro comercial, luego a una tienda de aparatos electrónicos y, en ese momento, estaban en una biblioteca.

-Entremos, Gon- Empujó Killua.

Gon terminó de bruces en el suelo y con un leve gritito hizo dar a conocer su dolor, ganándose una mirada de odio genuino por parte de la bibliotecaria quien emanaba un aura de pocos amigos. Gon se puso de pie, con las mejillas infladas, dispuesto a darle pelea a su amigo por haberlo tratado así, pero antes de que hiciera algo, él tiró de su camiseta hasta esconderlo tras una biblioteca, ya que había visto a Kurapika muy cerca de ellos.

-Gon, no hagas tanto ruido…- Regañó, haciéndose el inocente a sabiendas que él había sido el que había provocado esa escena.

El chico solo gruñó, sabía que en una biblioteca no se debía hablar alto y no era muy común para él el romper las reglas, por mucho que Killua lo estuviese molestando.

-¿Crees que nos vio?- Cuestionó, asomándose un poco, dejando ver su oscuro cabello.

-Tal vez- Articuló Killua sin afán de inquietar al otro, cosa que no logró.

-Kurapika, alguien nos lleva siguiendo desde hace rato…- Se quejó la muchacha, hojeando una novela.

-Sí, no les prestes atención yo me encargo de ellos- Susurró sin apartar la vista del libro que leía con afán.

-Pero es que me molesta que me persigan… ¿Acaso los conoces?- Inquirió, cerrando el texto de manera sonora.

-Lo sé, me lo has dicho varias veces- Respondió sin desviar la mirada de las letras frente a él- Sí, son mis amigos… Deben estar preocupados por razones que desconozco como para que me anden siguiendo, pero -Se giró a verla con una mesurada sonrisa-, tengo un plan para descubrirlos y necesito de tu ayuda para ello.

-Supongo que, mientras sea divertido, te ayudaré, pero ten en cuenta que esto será cargado a tu cuenta- Dijo con gran despreocupación.

-Eres una oportunista- Gruñó.

-No te molestes, Kurapika, sé feliz- Rio, animada- Dime, de qué se trata tu plan.

-¡Mira, Gon!- Llamó la atención Killua, casi sin poderse creer que su amigo estuviese leyendo un libro con tanto afán- Ya salieron… Se tardaron mucho- Se quejó, exhalando un suspiro.

-No te quedes ahí, vamos- Exclamó con emoción, Killua no supo en qué momento se le había adelantado.

Siguieron a Kurapika y a la muchacha. Killua empezaba a creer que Kurapika no era tan maduro como pensaba, ya que contratar a una muchacha para que simulara ser su novia era caer muy bajo, eso suponía puesto que habían visitado muchos lugares. Con eso en mente, había perdido todo el respeto que le guardaba profundamente al joven.

-Killua, ¿Qué piensas?- Preguntó al verlo tan sumergido en sus cavilaciones.

-Nada en especial, solo me preguntaba por qué Kurapika está con esa chica- Respondió, empezando a pensar todo tipo de cosas terribles acerca del Kuruta.

-Yo creo que la necesita para que le consiga una identidad falsa para así buscar al Genei Ryodan sin que lo logremos contactar- Soltó bastante serio, dejando al Zoldyck anonadado.

-Creo que estás exagerando- Habló, sin poder creer que aquel pensamiento saliera de la cabecita testaruda de Gon.

-Bueno, es solo una idea- Le sonrió, esmerándose en darle a entender que todo estaría bien, que no creía mucho en lo que había dicho, solo había sido un miedo que había invadido su fuero interno de repente.

-Como sea, Gon, no debemos perderlos de vista- Advirtió al verlos girar en una esquina.

Pasaron unos minutos caminando, el sol ya se había ocultado tras un alto edificio, dando entrada a la luna y sus fieles acompañantes, las estrellas. Iban por la acera de una avenida, Killua sabía muy bien a dónde llevaba aquel camino y no podía ocultar su creciente felicidad.

-¿Por qué sonríes de esa manera, Killua?- Cuestionó, extrañado, no era normal verlo tan sonreído.

-Yo no estoy sonriendo- Negó con seguridad, a pesar de que las comisuras de su boca dijeran todo lo contrario.

-¡Claro que sí lo haces! Sabes algo que yo no, así que dilo- Exigió, arrugando el entrecejo.

Killua soltó una risita entre malvada y pícara.

-Gon, ¿me prestas algo de dinero?- Pidió con aquella rara curva plasmada en su rostro.

-¿Para qué? Tú tienes tu dinero- Exclamó a la defensiva.

-Vamos, Gon, solo préstame- El niño se le lanzó encima para registrar sus bolsillos mientras el otro se defendía ante ese supuesto préstamo que debía hacerle, aunque parecía más bien un asalto.

Kurapika rio muy suavemente al escuchar el alboroto que armaban los chicos, ya estaba cien por ciento seguro de que eran sus dos buenos amigos, así que con más seguridad prosiguió en su plan.

-¿A dónde vamos?- Cuestionó la muchacha quien miraba de soslayo a su acompañante.

-A la fábrica del Señor Choco-Robot- Contestó con una sonrisa de tan solo imaginarse la cara de sus dos amigos cuando entraran en el establecimiento, eso sería todo un desastre tratándose de Killua y su obsesión por ese dulce en particular.

-No sabía que guardaras ese tipo de gustos- Opinó, inclinando la cabeza con sorpresa.

-Es parte del plan- Fue lo único que dijo, ella asintió y se apresuró para no perder el paso rápido del muchacho.

Llegaron a la enorme fábrica pintada de color rojo con el enorme logo en la entrada. Killua no podía estar más emocionado y más cuando había logrado quitarle el dinero a su amigo quien, a diferencia de él, empezaba a tener un tic en el ojo, recordando sucesos pasados con el dulce favorito de Killua y dinero, sucesos que había preferido olvidar.

-Tienes que estar concentrado en nuestra misión, Killua- Recordó Gon con gesto severo.

-Sí, lo que digas, Gon- Lo ignoró, disfrutando de todos los sentimientos que emergían desde lo más profundo de su ser- ¡Entremos!- Gon no pudo reclamar nada ya que Kurapika también se adentraba a la fábrica.

Apenas pusieron un pie en la estancia, una mujer de cabello negro y alegres ojos marrones los saludó, invitándolos a hacer un tour por la fábrica y ¡descubrir la magia tras el señor choco-robot! No tuvieron de otra más que aceptar, mejor dicho, Gon no tuvo de otra más que aceptar al ver que Kurapika empezaba el recorrido con curiosidad marcada en sus ojos.

No hay palabras para explicar la emoción que sentía Killua al ver aquel paraíso, lo cierto era que no sería fácil sacarlo de allí… Gon escuchaba la explicación de la mujer, eso no significaba que no tuviera un ojo puesto sobre Kurapika. El joven Zoldyck ponía completa atención a las palabras de la anfitriona, cosa que hizo que Kurapika se deshiciera de uno más.

-Así que usan cacao puro para la elaboración- Opinó el Kuruta poniendo atención en los ingredientes usados- Pero… No es más factible mezclarlo con otros químicos- Mencionó con naturalidad, a pesar de que la mujer que los estaba guiando lo tomó como una ofensa.

-Como ya le dije, nos importa más la calidad que cualquier otra cosa- Por mucho que lo intentara, no sonó amable.

-Te recomiendo que no le preguntes nada- Susurró la muchacha mientras veía cómo una enorme máquina se encargaba de empaquetar los dulces.

Al poco rato, ambas mujeres encargadas del "tour" los dejaron para que disfrutaran de su visita. Killua se fue a observar con asombro una y otra vez el proceso de elaboración. Por otro lado, Gon se había ido a la tienda de regalos para comprar unas gafas negras y tomar un mapa de la ciudad, se sentó en una silla simulando leerlo mientras le seguía el rastro a Kurapika. El joven rubio acompañaba a la muchacha alrededor de la fábrica, hubo un punto donde se quedó parada observando con fascinación cómo corría el chocolate líquido para luego ser puesto en moldes que le daban su peculiar forma.

Gon alzó la vista para ver si Killua no estaba hundido en el mar de chocolate o cualquier otro tipo de cosa excéntrica de la cual él creía capaz a su amigo, pero lo alarmó mucho más notar que Kurapika se acercaba peligrosamente al niño. Exaltado, se puso de pie, deshaciéndose de sus gafas cuadradas y enormes, y, de un salto y una pirueta digna de un gimnasta, terminó al lado del Zoldyck.

-Killua, Kurapika viene- Advirtió tirando de su brazo como si de eso dependiera su vida, pero el otro no lo escuchaba, aún seguía preguntándose todo tipo de cosas sobre la elaboración y si al salir podría comprar todo lo que quisiera, no había comido casi ningún dulce desde hacía mucho y desde hacía mucho más no probaba al señor choco-robot.

Gon ni siquiera se le pasó por la cabeza dejar atrás a su amigo, ambos iban a enfrentarse a Kurapika juntos, lo único que le quedaba era fingir demencia una vez que se acercara. El Kuruta miró a Gon con una sonrisa, a pesar de haber varios metros entre ellos, podía ver con facilidad que el niño sudaba frío y había optado por ignorarlo olímpicamente. Le indicó a su acompañante que lo esperase ahí, pero, cuando creyó que todo había salido según lo planeado, ambos chicos empezaron a correr a una velocidad exorbitante.

-¡Hay que alcanzarlos!- Exclamó algo alterado.

La muchacha no hizo más que lo que él le pedía, después de todo, se estaba divirtiendo y hacía algo diferente a lo que solía.

Gon y Killua salieron de la fábrica, aun en contra del último, pero no podía poner lo personal sobre lo que era su "deber". Ambos corrieron como si de desquiciados se tratasen por media ciudad, causando pánico en los ciudadanos que tan solo veían sombras difusas, empezaban a creer que, al no ir al templo de la ciudad, los dioses se habían molestado y comenzaban a cobrar venganza enviándoles a tropas de espíritus desconformes para agobiar sus tranquilas vidas. Entonces, con ese pensamiento en mente, la mayoría de los habitantes se encaminaron al templo, atiborrándolo de ofrendas y dándole mantenimiento.

Después de varias horas de persecución, Gon y Killua terminaron exhaustos junto a una enorme fuente adornada con grifos de piedra alzados en dos patas.

-Creo que los logramos perder- Opinó Killua girándose hacia su amigo.

-Sí, eran muy rápidos, creí que no lo lograríamos- Soltó entre jadeos y se echó en el agua cristalina de la fuente como si de una piscina se tratase.

-Gon, por lo menos debiste quitarte la ropa- Regañó al imaginárselo, minutos más tarde, tiritando de frío y estornudando.

-Necesitaba refrescarme…- Se excusó con una risita mientras el Zoldyck se limitaba a mirarlo atentamente.

No había ni un solo transeúnte, el ambiente era bastante silencioso, tan tranquilo que parecía irreal. El cielo estaba adornado por la enorme luna llena, Killua alzó su mirada para admirarla un rato, le traía tantos recuerdos… Ambos estaban entrando a un estado de paz interna cuando de repente…

-Los encontré- Casi silabeó con una sonrisa adornando su rostro.

Killua sintió su sangre bajarse hasta sus pies. Gon, por otro lado, empezó a hundirse en el agua como si de una roca se tratase, sus mejillas estaban sonrojadas levemente, presas de un extraño sentimiento de vergüenza que emergía desde lo más profundo de su ser.

-¡Kurapika! ¡¿Cómo has estado?!- Profirió Killua con una enorme sonrisa fingida mientras le daba unas palmadas en el hombro como si no se hubiesen visto en años- Mira, ¡hasta novia te has conseguido!- Y seguía con su sobreactuación que lo hacía ver más sospechoso de lo que ya era.

-No somos novios- Espetó la muchacha, bastante molesta, era poco profesional tener una relación amorosa con un cliente.

-¡¿Entonces qué eres de Kurapika?!- Gritó la inconfundible voz de Leorio, señalándola con un dedo acusador.

-No me digan que por eso era que me seguían…- Susurró, intentando ignorar la discusión que tenían la muchacha y el hombre. Dirigió sus azules orbes a los marrones de Gon, sabía que él no le mentiría con tanta facilidad como lo haría Killua- Entonces, ¿Por qué me seguían?

-Solo… Solo queríamos saber quién era ella- Empezó a explicar- Creíamos que podías estar en peligro y… no podíamos permitir que salieras lastimado- Gon sentía que le estaba confesando una travesura a Mito.

-¿Y qué les hizo pensar eso?- Siguió con su interrogatorio, sí, había elegido bien en preguntarle al niño de cabello oscuro.

-Es que…- Se giró hacia Killua- Pensamos que podría estarte controlando, porque Leorio dijo que tu actitud no era normal cerca de ella- Musitó, no tenía pensado echarle la culpa a Killua y sus apresuradas y pesimistas deducciones.

-¡Cállate!- Gritó la joven lanzándole un zapato al de lentes para girarse y ver a los otros tres- ¿Por qué creyeron que mi nen es de tipo controlador?- Dijo casi a modo de reclamo- Yo soy del tipo que emite, confundan pero no ofendan.

-¿Y cómo rayos íbamos a saber eso?- Bufó Killua cruzándose de brazos.

-¿Qué dijiste, mocoso?- Se dirigió hacia él, sus ojos centelleaban con ira, movió con rapidez sus manos y logró capturar los cachetes del niño, empezando a contorsionarlos a su antojo mientras el otro intentaba zafarse y Leorio se unía a la pelea.

Kurapika suspiró, sabía a la perfección que eso ocurriría cuando se conocieran (Si es que hubiesen llegado a hacerlo), pero las condiciones habían sido poco favorables. Le sonrió a Gon y dijo con amabilidad y un tono de voz suave y calmada.

-Gon, somos amigos, pudiste haberme preguntado, no tenía ningún problema en contestarte- Vio cómo el niño se sentaba en la superficie de la fuente, atento a sus palabras- La próxima vez, no dudes en hacerlo, sabes que confío en ustedes y sería incapaz de decirles algo que no fuera cierto- Y, con esas palabras, posó su mano en la cabeza de Gon con ternura.

-No te preocupes, Kurapika, no volverá a pasar- Aseguró con una sonrisa y mirada convincentes- Entonces, ¿Por qué la habías contratado?- Cuestionó cuando la duda emergió en su cabeza súbitamente.

-Ah…- Articuló, pensativo mientras que los otros tres dejaban de pelear para prestar atención a sus palabras- Hace poco fue tu cumpleaños y no te había regalado nada, así que pensé que información acerca del paradero de Ging podría servirte de gran ayuda- Explicó con serenidad, cuestionándose la reacción de Killua, quien tenía la cara bastante ruborizada al ver que sus especulaciones cochambrosas eran erradas, y Leorio, quien miraba con incredulidad a su amigo, se habían preocupado por nada.

Gon no podía estar más feliz, después de tanto buscar, por fin conseguía una pista que lo llevara junto a su padre. Era uno de los mejores regalos que le habían dado hasta ese momento. Debido a la gran alegría que albergaba, pensó que era lo más adecuado derrocharla con sus amigos. Con una sonrisa pícara se giró en dirección a Killua quien lo miró, dubitativo; sin esperárselo, se vio empapado cuando Gon le lanzó agua con ambas manos, él, sin dudarlo, le devolvió el ataque.

-Entonces, Kurapika, ¿Por qué, si la habías contratado para que te dijera eso, estaban paseando por toda la ciudad?- Inquirió Leorio viendo a los chicos quienes detuvieron el juego para escuchar la respuesta.

-Eso es porque- Empezó a decir la muchacha con una sonrisa- a mí no me gusta que me den dinero, pienso que es mejor gastarlo con mis contratantes, es decir, mató dos pájaros de un tiro, consigo nuevos amigos y memorias irremplazables, para mí, es una buena forma de gastar el dinero- Concluyó, asintiendo con la cabeza repetidas veces.

-Entonces, ¿Le cobrabas mediante citas?- Pronunció Killua con malicia.

-¡No!- Chilló, sonrojada- ¿Acaso tú sales con tu amigo y piensas que es una cita?- Refutó, algo alterada, no sabía qué rayos le pasaba a ese niño por la cabeza.

-Pero no es lo mismo- Apoyó Gon con seguridad- Cuando un chico y una chica salen es porque…

-Bueno, suficiente con este tema- Interrumpió Kurapika, sin poder distinguir si eso se trataba de un sueño o de la realidad, todo era tan ambiguo…

Gon y Killua empezaron a jugar de nuevo, Leorio intentó separarlos, pero ambos hicieron una alianza silenciosa y lo atacaron sin piedad. Leorio, bastante molesto porque habían arruinado su traje, decidió vengarse, uniéndose así al juego. Al poco tiempo, la chica se despidió de todos, diciéndole a Kurapika que se vieran mañana para así decirle la información que tenía sobre el paradero del hombre, agradeció el día a los cuatro amigos y partió rumbo al hotel donde se hospedaba.

Kurapika sonrió a sus tres amigos, ellos siempre lograban sacarle una sonrisa, debía admitirlo, se había conseguido unos maravillosos amigos y no haría nada para cambiarlos y tampoco para lastimarlos porque ellos le brindaban una razón, a parte de la venganza, para seguir viviendo, ellos le brindaban una luz a cada día. Esas tres peculiares personas se preocupaban por su bienestar, brindándole un sentimiento de satisfacción al saberse querido por las personas que él también quería.

-Kurapika- Llamaron los tres al unísono, él se giró para prestarles atención con sus brillantes ojos azules, en tan solo un instante, los tres le lanzaron agua para unirlo al juego, aunque eso no le gustó al muchacho, cosa que se reflejó en su expresión, en lo profundo de su corazón, habitaba un sentimiento de júbilo genuino.


Muchas gracias por leer.

¡Hasta la próxima!