Unos meses antes
No sabía exactamente cuándo empezó, ni cómo, solamente que un día se encontraba algo más cansada de lo habitual.
Vale, Teresa Lisbon no se caracterizaba precisamente por dormir bien o comer adecuadamente, pero pensándolo detenidamente llevaba tiempo así y el cansancio no disminuyó en los días sucesivos y tampoco después de "El caso"; el asesinato del concejal Winthrop les había tenido en jaque durante semanas. No era que le preocupara demasiado y tampoco tenía tiempo o ganas de ir al médico. Tal vez una noche de buen sueño y un desayuno completo al día siguiente por la mañana aliviarían todas sus tensiones.
- Mmm ¡Vaya! Lo cierto es que estoy muy cansada – suspiró, como había hecho tantas veces en aquellos días, y en cuanto su cabeza rozó la almohada cayó dormida.
Sin duda le había sentado bien y creía estar como nueva por la mañana.
Sí, una noche de buen sueño, café y huevos y….ahí estaba: la vieja Teresa al cien por cien. Sólo que no fue así, al menos no por mucho tiempo. Estuvo bien un par de días (si es que llegó a tanto), totalmente recuperada de sus horas bajas y los casos duros, pero el desánimo y la falta de fuerzas reaparecieron con más ímpetu. Cuando apenas tenía tiempo para mirarse al espejo no se daba cuenta pero si se tomaba un instante para pensar en sí misma… ¡Qué horror! Estaba pálida, delgada, ojerosa, cansada y desanimada. A veces el cuerpo entero le pesaba y por más café que tomara no se le iba esa sensación tan desagradable del cuerpo; era como si ya no tuviera más fuerzas para seguir adelante. Estaba realmente exhausta y no sólo física sino mentalmente, agotada del todo.
Estaba intentando no hacer caso al revuelo de su estómago cuando empezó a recordar algo. Viejas memorias que su subconsciente le trajo de vuelta por alguna razón. Marcus Greenwald. Y entonces un miedo recorrió su espina dorsal. Fue la primera vez que realmente tuvo miedo a la muerte. En eso consistía su trabajo, en enfrentarse a ello cada día pero era como algo abstracto, algo inexistente, podía ocurrir o no, y en caso de que lo hiciera quizás ella pudiera evitarlo, pero esto era diferente. Era real. No, no podía hacer frente a algo así.
Llevaba años sin pensar en Marcus. ¿Cuándo había pasado? ¿Cuándo había olvidado a un hombre tan importante en su vida, en su infancia? Nunca supo qué fue exactamente lo que acabó con él, pero algo le hizo recordarlo ahora, así que quizás había alguna conexión, quizás lo que la estaba afectando ahora era lo mismo que le había pasado a él en su momento. No, no, no…Estaba demasiado débil e idiotizada en aquel momento como para mantener la cordura y pensar racionalmente, pero, entonces, ¿por qué ahora, después de todo ese tiempo su mente la traicionaba con esos inquietantes recuerdos?
Con el paso de los días la cosa empeoró. No paraba de pensar en el señor Marcus y en su rápido deterioro. Había sido un hombre vital, policía igual que ella, un amante esposo, un hombre con valores y preocupado por la comunidad, y de repente un día…
Y ahora ahí estaba ella con los mismos síntomas que ese hombre y pensando que quizás podía estar ocurriéndole lo mismo. Intentó dejarlo pasar pero no pudo, le era imposible. Pensó incluso en volver a Chicago y preguntar por la señora Greenwald, de la que no sabía nada desde hacía años, y averiguar qué le había ocurrido realmente a su esposo. "¡Qué tontería! Irás y le dirás creo que me estoy muriendo igual que su marido, ¿verdad? Muy buena idea".
Sólo podía esperar. Bueno, eso o ir al médico, pero se negaba a dejarse guiar por el miedo.
- Hey, ¿estás bien? – la voz cantarina de Jane con una preocupación apenas disimulada la sacó de sus pensamientos, tuvo que agitar la cabeza con la intención de librarse de todas aquellas telarañas.
Estaba como siempre asomando la cabeza por la puerta, casi como preguntando si podía pasar, aunque no era necesario, claro.
- Sí, claro. ¿Pasa algo? – fingió su mejor sonrisa que no podría sin embargo traspasar las barreras del conocimiento de Jane, pero aun así hizo el intento.
- Mm no, nada. ¿Seguro que estás bien porque pareces necesitar una dosis extra de chocolate? Tienes mal aspecto.
- ¡Vaya! Gracias Jane, es exactamente lo que necesitaba para terminar esta mañana.
- Jefa – Cho apareció entonces salvando la situación – Salimos en 10 minutos.
- Muy bien, gracias, Cho. – luego se volvió hacia Jane y con total naturalidad habló – Ya has oído, nos vamos. ¿Estás listo?
- Sí, deja que coja mi muda limpia y mi osito de peluche y ¡a la aventura!
- Ja, ja. Date prisa o te quedas aquí – quiso levantarse pero antes siquiera de despegar el trasero del sillón le sobrevino un mareo y tuvo que agarrarse con fuerza al asiento. Tras un momentáneo lapsus volvió a fingir normalidad para dirigirse a Jane. Él, que estaba ya en la puerta, frunció el ceño casi imperceptiblemente antes de hacer como ella y dejarlo pasar, cosa que Lisbon agradeció. Aquello no le había pasado nunca y estaba avergonzada y, peor, preocupada. Cuando Jane hubo desaparecido unos instantes por ahí, ella aprovechó para ir al baño antes de partir. Como el asesor había dicho tenía muy mala cara. Se mojó las muñecas y la nuca, un viejo truco de su madre, bebió agua y se encaminó hacia el aparcamiento.
