Disclaimer: The Mentalist, sus personajes, etc... no me pertenecen, pero tengo mi propio Simon Baker xD

April, sí, es Lisbon...qué raro que yo escriba sobre ella xDD

;) Gracias, Aline95

Bueno, chicas y chicos, espero que lo estén disfrutando.


Jane no dijo nada para no hacerla sentir mal pero…estaba horrible. Demacrada, sus ojos antes vivaces parecían ahora apagados, estaba tan delgada que daba miedo. No era nada atractivo, no como ... casi sin ser consciente, como siempre le pasaba, su mente voló hacia el pasado, evocando la imagen de Ángela. Ella siempre había sido de constitución normal, tenía las curvas donde debía tenerlas, delgada pero no en exceso, era perfecta. El embarazo no hizo más que acentuar sus curvas, darle más volumen en los lugares idóneos, un ligero aumento en sus pechos, el leve redondeo de sus caderas, la suavidad de su rostro ovalado. Nunca se había sentido atraído por las esqueléticas e insípidas mujeres de Hollywood con las que a menudo tenía que tratar por trabajo. Dios bien sabía cómo les gustaba a aquellas mujeres gastar su dinero en adivinos, médiums y astrólogos. A veces, para sus adentros se reía de su estupidez; vale, no estaba bien pero…era tan absurdo creer cada sílaba de un despreciable estafador como él que no sabía si sentir lástima o burlarse. Divagando entre viejos recuerdos su mente volvió a la mujer del presente. Desde que la conocía había tenido el mismo cuerpo menudo que pese a parecer quebradizo como una rama soportaba los más duros golpes y los días más difíciles con estoicidad y perseverancia. Cuerpo y mente en una perfecta combinación de fortaleza, destreza y compasión. Y gradualmente eso parecía haberse esfumado. Parecía alicaída.

"Ahora no" pensó Lisbon mientras sentía que la pistola abandonaba sus manos y la escena en un laboratorio clandestino de drogas iba cambiando en forma y color pasando de una fugaz neblina colorista al borroso negro moteado. A lo lejos podía oír gritos, disparos, y su nombre.

"Maldición" Se había desmayado en mitad de una redada. "Mierda, mierda". Escuchó voces preocupadas e inquietas antes de ver a las personas a las que pertenecían. Abrió los ojos poco a poco, la luz le molestó, tuvo que pestañear varias veces antes de atreverse a mirar directamente a su alrededor, pero en cuanto lo hizo quiso desaparecer y ocultarse bajo las mantas, deseaba que tierra, agua, lo que fuera, la cubriera y nadie pudiera verla nunca más. "Una vez más…mierda". Cuando se irguió Cho estaba acuclillado junto a ella con una rodilla apoyada en el suelo, la pistola en la funda de la cadera y una ligera, muy, muy ligera señal de preocupación en la cara. Esto no significaba que no estuviera realmente preocupado sino que no lo dejaba traslucir. Así era Cho. Lisbon siempre había creído que un buen nombre era "El hombre de piedra". "Sí, buen nombre".

- Jefa, gracias a Dios que vuelves en ti. ¿Qué ha pasado?

- Eso me gustaría saber a mí, Kimball – con un quejido se levantó de donde estaba tumbada, se sacudió el polvo de los pantalones y recogió su pistola de manos del agente más veterano. – Gracias.

- ¿Seguro que estás bien, jefa?

- Oh sí, sí, sí. Sólo ha sido…bueno, no sé lo que ha sido. Da igual. – sacudió la cabeza restándole importancia con la idea de pasar por alto aquel bochornoso episodio - ¿Qué ha sido de los hermanos Grady?

- Esposados y camino a ser procesados por tráfico de drogas y un par de cosillas más – explicó Rigsby.

- Bien. Al menos no querrán mi cabeza por esto.

- ¿Seguro que…?

- Sí, al coche, chicos.

Ahora sí estaba realmente preocupado por ella. ¿Dos mareos en el mismo día con pérdida de conciencia incluida? Demasiado raro.

Con aire pasmosamente despistado y total naturalidad se paseó por la sala de descanso antes de pillar a los chicos por banda y preguntar:

- ¿Alguien sabe lo que le pasa a Lisbon? - preguntó fingiendo menos interés del que le ocupaba realmente mientras leía una revista.

- No – contestó Cho sin más.

- Hmm, lo cierto es que está diferente. Parece...enferma – contestó VanPelt mirando hacia la ventana del despacho de la jefa ladeando un poco la cabeza como si quisiera evaluar su estado de salud; hizo una mueca con la boca y volvió a dirigirse hacia sus compañeros, ninguno (incluida ella) capaz de expresar en voz alta sus inquietudes.

- Sí, tiene mala cara – añadió pensativo Jane.

No podía creer lo que le había pasado. Se había desmayado como una novata cualquiera en su primer escenario de un crimen sangriento. Peor aún, se había caído redonda en mitad de una redada y sin motivo aparente. Suspiró forzadamente y se pasó la mano por los ojos apretándoselos con el pulgar y el índice con la cabeza gacha. Ahora se encontraba mucho mejor pero…


"Toc, toc". Debía de ser muy malo si alguien llamaba a la puerta. Le costó unos reticentes segundos levantar la cabeza y cuando lo hizo deseó volver a enterrarla en el escritorio porque ahí estaba Jane, con su flamante sonrisa inocente y sus ojillos que fingían estar tranquilos cuando no era así. Casi inquietante el viejo consultor del que no sabía nada a pesar de la cantidad de años que hacía que se conocían, pero rompiendo una lanza a su favor debía tener en cuenta que ella tampoco hablaba de su pasado y si alguien conocía que tenía tantos cadáveres en el armario como ella, ese era él. Así que tampoco podía reprocharle del todo su falta de confianza y su secretismo por más que rabiara cada vez que acudía a ella de manera sutil pero sin contarle lo que pasaba por su mente.

- ¿Querías algo, Jane? - preguntó Lisbon a regañadientes rezando para que no sacara el tema y se fuera cuanto antes. No funcionó.

- ¿Charlar?

- ¿Sobre algo en especial?

- No sé, sobre…el tiempo, el caso Chambers, la política internacional , sobre lo que ha pasado antes…

- Bien… - le miró un instante a la cara para luego con fingida reflexión mirar a un lado - Hace buen tiempo, soleado pero los meteorólogos dicen que podría refrescar en los próximos días, quizás llover; mmm, veamos, el caso Chambers, parece que la defensa lleva las de perder, el fiscal tiene bastantes pruebas en contra del tipo; no estoy muy puesta en política internacional porque últimamente no tengo tiempo ni para ver las noticias aunque sé que las cosas en Oriente Medio van fatal y en cuanto a lo de esta mañana no ha sido nada. ¿Algo más que te inquiete, Jane? ¿Algo que desees saber?

- No, una forma bastante exhaustiva de contestar a cosas que no me interesan nada…

- Pues no preguntes…

- Y evades la pregunta principal.

- ¿Que era…?

- Esta mañana.

- No es una pregunta.

- Bien. Entonces…¿qué te pasó esta mañana?

- Sentí un ligero mareo.

- Te caíste redonda. Se te cayó la pistola incluso antes de caerte tú - señaló el consultor.

- ¿Y?

- ¿Estás bien? – preguntó tímidamente.

- Claro.

- Mentirosa.

- Escucha, Jane…

- Sé lo que me vas a decir…

- Así que admites que es una estupidez que me hagas preguntas que te puedes contestar tú solito. Lo que yo decía – dijo chasqueando la lengua.

- Entonces estás perfectamente. - dijo con escepticismo.

- Eso es – meneó la cabeza.

- Bueno, en ese caso, no hay más que hablar, pero si te pasara algo…

- Serías el último en saberlo, Jane- una sonrisa fría se posó en sus finos labios.

Bien, se merecía que Lisbon no confiara en él, nunca le había dado motivos suficientes, pero tenía intención de averiguar si algo la estaba molestando.