Estaba segura de que algo iba mal cuando el director en funciones de la Brigada la llamó a su despacho pero no se imaginó cuánto. Su voz serena y con tanta formalidad le decía algo acerca de la naturaleza del asunto. Seguramente una bronca si había sabido por pajaritos indiscretos acerca de su desmayo o quizás un poco de aliento para resolver las decenas de casos acumulados en la oficina. A regañadientes pero simulando una sonrisa correcta y educada se dirigió al despacho.
- Oh, pase, pase agente. La estaba esperando.
- Sí, ¿cómo va todo?
- Bueno, tú lo sabes mejor que nadie. Mucho trabajo y poco descanso. Y de eso precisamente quería hablarte, Lisbon.
- Sí, lo sé, vamos un poco retrasados; el caso de hace unas semanas, el Concejal Winthrop, nos llevó bastante tiempo y esfuerzo y eso ha amontonado el resto.
Levantó una mano con gesto indulgente.
- Créeme, lo sé. También he estado a ese lado de la mesa y sé lo duro que es. Tantos casos, la falta de recursos…. De lo que quería hablar es más bien de ti. He notado que últimamente no estás al cien por cien, te cuesta concentrarte, pareces cansada. ¿Duermes bien?
- Ya sabe cómo va esto; se trabaja a destajo sin apenas descanso, los informes, las horas extra…Como ha dicho no es más que un poco de cansancio.
- Si tienes algún problema personal…sabes que puedes…
- Oh, no, no – hizo una mueca como si la simple mención de tener problemas personales fuera imposible; en realidad, lo era…¿problemas personales? Para eso debería de tener vida personal, ¿no?.
- Aun así, no necesitamos agentes exhaustos – tras una breve pausa volvió a hablar - Ha…llegado a mis oídos que esta mañana has sufrido un desfallecimiento.
- ¿Quién ha sido?
- Eso no importa, agente.
- No fue nada.
- Estaría más tranquila si se tomara unas vacaciones.
- ¿Me está echando? – le espetó incrédula.
- Por favor, no, no es eso lo que he dicho. Lo que le sugiero es que se tome unos días, descanse y se relaje. Que vuelva cuando se encuentre en mejor estado.
- No necesito vacaciones.
- ¿Cuánto hace que no se toma un descanso?
- Bueno, pues… - ¿debía decir que había sido cuando la acusaron de asesinato? –
- Ni tú misma lo recuerdas, Lisbon.
- Está bien, lo reconozco pero…
- Pero nada, agente, si no va a aceptar un consejo, tómelo como una orden. Una semana, agente, y si para entonces puede volver, vuelva, si todavía no se encuentra bien puede tomarse más días. Serán sus días de vacaciones de los últimos años.
Lisbon casi nunca cogía vacaciones. Su apartamento parecía tan grande y vacío cuando estaba allí sola sin nada que hacer. Solía llevarse archivos de casos y revisarlos, así al menos continuaba en acción y no sentía como si estuviera verdaderamente de vacaciones.
- No me parece justo tomarme unas vacaciones justo ahora – abarcó toda la habitación con la mirada como si con eso diera una explicación bastante exacta sobre su punto de vista. – Hay mucho trabajo, apenas tenemos gente para la cantidad de casos que nos llegan cada día. ¿Cómo voy a irme?
- Nadie es imprescindible, Lisbon. Sé lo importante que es para ti este trabajo pero no es preciso que lleves todo el peso sobre tus hombros.
No sabía qué pensar, ni qué le dolía más, si el hecho de no ser imprescindible o de ser tan transparente en cuanto al trabajo. Otros tenían el golf para relajarse, la televisión para vaguear un rato, la playa…Lisbon sólo tenía el trabajo. Qué tristeza de vida donde ella sólo tenía su oficio, la investigación, su pistola y su placa. Lamentable, aunque había estado bien para ella durante años ¿por qué no seguir así?
- Cho estará al cargo de tu equipo. Como ves no te estoy buscando un sustituto. Pasaremos algunos de tus casos más urgentes a Lamb.
Estuvo a punto de decir "Pf, Lamb es un idiota", pero no lo hizo.
- A tu regreso, el puesto te estará esperando. Serás capaz de resolver todos los casos que lleguen entonces. Mientras tanto, descansa. Dedícate tiempo, ve al cine.
¿Estaba diciendo todo eso en serio? ¿Cine? La última vez que fue al cine las películas eran en blanco y negro. Casi rió ante su propia broma tonta. Lo cierto era que estaba atónita. Un descanso obligado, no era un descanso, era una orden, era casi como un castigo. Días de aburrimiento impuesto.
Sin decir una palabra más se dirigió a la salida.
Era una actitud infantil, pero si no la quería allí para seguir haciendo su trabajo, se iría.
- Nos veremos el lunes.
No se volvió. Tenía ganas de saltar sobre su escritorio y gritarle que no sólo no necesitaba esos días sino que no los quería, pero se contuvo, no necesitaba una amonestación en su expediente y tampoco se sentía con fuerzas para rechistar, parecía un caso perdido, no había quien ganara la partida contra esa mujer. La había estado observando durante el tiempo que llevaba allí, y no sólo no tenía pinta de que fuera a marcharse sino que además era dura de pelar.
¡Perfecto! "¿Qué hago ahora?" Tantos días libres y nada que hacer.
- ¿Alguien ha visto a Lisbon?
No. Nadie la había visto. Se suponía que tenía que haber llegado el día anterior, pero no lo hizo. Él le había dado espacio para unas verdaderas vacaciones, no como cuando la habían inhabilitado (por su culpa) una semana y él había ido cada día a molestarla, esta vez decidió dejarla descansar de verdad; últimamente parecía cansada, más de lo habitual, y él se sentía culpable en cierto modo, así que estaba intentando portarse bien. Pero ya habían pasado demasiados días sin saber de ella, no había llamado ni visitado y cuando no se presentó a trabajar durante dos días consecutivos una vez finalizadas sus obligadas vacaciones, empezó a preocuparse.
Necesitaba una excusa para ir a casa de Lisbon, bueno, podía llegar hasta allí en su coche como normalmente hacía; la excusa la necesitaba para sobrepasar el umbral. Comida. Eso siempre le funcionaba, nadie dejaría a un apuesto hombre de ojos tiernos con una bolsa de papel en las manos que podía contener algunas maravillas culinarias.
Algunas veces sentía que conocía a Lisbon, que lo sabía todo de ella porque, al fin y al cabo, él era un súper adivino. Otras, sin embargo, Jane era consciente de que no la conocía en absoluto.
