La casa de Lisbon estaba en penumbra. Todo era muy taciturno. Y ahí estaba ella, embutida en un albornoz gris y blanco con zapatillas a juego, la primera vez que la había visto en un pijama, bueno – ladeó la cabeza para mirarla mejor- algo parecido a un pijama. Parecía una sombra de lo que era. ¿Dónde había quedado la radiante y enérgica mujercita a la que conocía, a la que había visto hacía tan solo unas semanas? No era ella, eso seguro. ¿Podía una persona pasar a ser una zombie en tan sólo unos días?

-¿Qué quieres, Jane? - Alguien estaba de muy mal humor. A juzgar por la situación, o la había pillado durmiendo o no tenía muchas ganas de verlo.

-Supongo que eso me vale como un "Buenos días". ¿Sabes, Lisbon? Yo también te he echado de menos.

"Y más que me vas a echar", pensó ella.

- Ahora sé por qué no has ido a trabajar estos días. Estás mala, ¿verdad? Debes de estarlo para no haber aparecido en tanto tiempo, y además tu aspecto lo corrobora. Estás…fatal.

- ¿Otra vez con esas? ¿Es que vienes a mi casa a decirme el mal aspecto que tengo? ¿Qué es esto? – parecía furiosa, más de lo normal, tanto que Jane se sorprendió. Lisbon no era así; sí, podía ponerse muy gruñona pero ahora estaba furiosa, como si él le hubiera hecho algo. No le había hecho nada ¿verdad?

- Bueno, he pensado que tendrías hambre y podía acercarme a ver que seguías viva y comer juntos. He traído comida – dijo Jane levantando las dos bolsas de comida agitándolas ligeramente –Italiano. ¿Hay algo mejor?

- Sí, un asesor que pille las indirectas y se meta en sus asuntos.

Jane se quedó de piedra. Pese a que no era la primera vez que Lisbon le atacaba con sus aguijones verbales, nunca lo había hecho de esa manera. Se le estaba agriando el carácter.

-Vale, vale, veo que me he equivocado y no tienes hambre.

Jane estaba a punto de marcharse y Lisbon se sintió repentinamente un poco culpable, aunque quizás fuera sólo uno de sus trucos. Y lo descubrió pronto.

-Oye, Jane, lo siento ¿vale? – dijo haciéndole un hueco para pasar - venga…pasa.

No sabía si estaba cometiendo un error o no pero dejó que el asesor entrara.

-¿Seguro? No vas a dispararme ni nada ¿verdad? – dijo temeroso- Sé que tienes algunas armas ahí dentro.

- No te hagas de rogar, Jane, mi paciencia se agota.

-Vaya, Lisbon, no puedes resistirte a un buen plato de pasta ¿eh? Me alegro. ¿Sacas unos platos mientras yo preparo esto?

Jane entró y asombrosamente su actitud volvió a ser la de "dueño y señor del lugar". Lisbon no estaba muy animada para esas cosas y ya se arrepentía de haberlo dejado pasar. Durante un largo rato que se haría eterno tendría que aguantar sus tonterías, sus comentarios, sus preguntas.

-Bueno, bueno…¿vas a contarme qué te retiene aquí en lugar de estar trabajando a destajo como la Lisbon a la que adoro suele hacer?

En respuesta rodó los ojos y soltó un bufido. Al llegar a la encimera de la cocina, se dio la vuelta, cruzó los brazos y le dirigió una firme mirada reprobadora.

-En serio, ¿qué quieres, Jane?

-Para empezar, saber por qué no has ido a trabajar , lo demás ya se me irá ocurriendo.

- Ya veo…

- Bueno, para contestar a tu primera pregunta…ya sabes que estoy de baja obligada.

-Sí, y que tenías que haber vuelto hace días.

-Ajá, todo claro hasta ahí…

- Lisbon, tengo que decir por primera vez en mi vida que estoy confuso. Primero casi dejas escapar a un tipo, algo poco corriente en ti y que casi te cuesta el puesto…

Lisbon sacudió la cabeza ante aquella afirmación que le recordaba cómo casi la había fastidiado. Supuso que ahí fue la primera vez que la directora se dio cuenta de que algo no iba bien, porque era un error que Lisbon nunca cometería. Ella era concienzuda, profesional… No cometía despistes, no como ese.

-Tenía un mal día, creí perder una prueba, la encontré, fin del tema - Hacía un par de semanas, debido a un exceso de estrés y un tremendo despiste que jamás se perdonaría había extraviado una prueba; bueno, creía haberla perdido. Por suerte, no fue así o ahora estaría expulsada indefinidamente. De hecho no volverían a fiarse de ella.

-¿Seguro, fin del tema? ¿Qué me dices de ese cansancio que te impide concentrarte en nada y te hace cometer errores? ¿También es normal?

-Yo…-estaba claro que Jane no iba a dejarla pronunciar una frase completa, lo cual en aquella ocasión no le importaba porque no sabía exactamente qué iba a decirle.

- Después están esos mareos y desmayos repentinos, y además estás esquelética y pareces enferma. - le lanzó, mientras hablaba, una mirada de total desaprobación; ella sabía que no tenía el mejor aspecto del mundo pero... ¿quién era él para reprocharle así? - ¿Hay algo que necesite saber?

- No, no hay nada que tú, en especial, necesites saber. Estoy cansada, eso es todo.

- Siempre estás cansada y nunca antes te habías…¡oh, Dios! No estarás…

-¿Estar qué? – Jane miró hacia su cuerpo con absoluta incredulidad, casi como si temiera que estallara si lo hacía demasiado tiempo, y entonces supo a qué se refería. Tenía que estar de broma- ¿Qué? Nooo. No, claro que no. Por Dios, Jane.

- No sería tan raro, tú aún eres joven y estás…-señaló con un dedo estirado hacia su cuerpo, de arriba abajo, escudriñándola, y de pronto apartó la mirada -.

Nunca creyó poder aplicar la cara "tierra trágame" a Jane, pero el asesor parecía estar pidiendo que eso pasara.

- Sólo estoy cansada, ¿vale? Puedes creerme. Estoy cansada- "espero que sea eso"-

Si su situación hubiera sido distinta Lisbon se habría reído. Tener a Jane frente a ella tan nervioso como si estuviera teniendo una charla sobre sexo con sus padres tenía su gracia. -¿Querías algo más?

- No, sólo eso y la comida – volvió a levantar la bolsa. – Y bien…¿cuándo tendré el placer de tu presencia de vuelta en la Brigada?

- ¿Placer? – bufó, aun así, con las bromas y lo demás, no se encontraba totalmente bien. Estaba irritable y cansada, y tan cabreada que ni siquiera las vacuas bromas de Jane le hacían bajar la guardia. – Comamos, ¿vale? Es lo único que podemos hacer por ahora.

"Es lo único que podemos hacer por ahora" se repitió Jane. Era una actitud muy rara, y en cuanto más estaba con ella más lo notaba y más se consolidaba su teoría. No podía ser sólo cansancio cuando estaba de tan mal humor y parecía tan… No, había algo más.

Tras media hora de silenciosa comida en la que él engulló con gusto sus fettuccine primavera sin dejar de mirar a Lisbon que jugueteó pensativamente con los suyos casi sin probar bocado, empezaron a recoger los platos.

Él habría comido de buena gana en los envases de plástico con tal de ahorrarle trabajo pero ella había insistido en usar cubiertos de verdad y demás, y ahora comprendía por qué. No era más que una excusa para darle la espalda, hundir la cabeza en el fregadero y no tener que mirarle o poder ocultar su cara mientras él la asediaba a preguntas, cosa que por supuesto haría.

Comenzó con preguntas simples, incordiando como siempre y podía notar su frustración, su nerviosismo. Pronto estallaría.

La voz de Jane era como el de un mosquito zumbando en su cabeza, tan molesto…

-¿Así que…cuando vuelves? Porque te diré que aunque Cho hace un trabajo estupendo no ha…

-Mierda, Jane, joder… - al principio no notó que el agua estaba caliente, pero un instante después el intenso dolor le recorrió el dorso de la mano y no pudo evitar gritar. Gritarle a Jane, para ser más precisos. El agua hirviendo la abrasó con tanta fuerza que no pudo evitar que las palabras salieran solas de su boca.

-Abre el agua fría, te sentará bien – metió la mano para agarrar el grifo – y también podrías...

- Ya basta. Me estás acosando – se dio la vuelta, furiosa – Vete.

- Aco…¿qué? - Parecía realmente sorprendido por su reacción. ¿Se estaría volviendo loca y ni siquiera se daba cuenta?

-Sí, Patrick, déjame en paz.

Lisbon suspiró con pesadez, cerrando los ojos, estaba perdiendo el control poco a poco. No sabía exactamente por qué, pero estaba de mal humor , ya no quería escuchar a Jane ni a nadie. Era una tremenda contradicción porque no quería estar sola pero tampoco quería estar acompañada. El problema era que estaba cayendo en un abismo y ya no sabía ni lo que quería.

-Escucha Lisbon, no quiero molestarte, pareces exhausta y si tienes problemas lo último que quiero es aumentarlos…sólo venía a ver cuándo volverás a trabajar. ¿Cuándo?

Harta de escucharlo tuvo que responder.

-Creo…- inspiró hondo - No voy a volver al CBI.

-¡Vaya, Lisbon! Se te están dando bien las vacaciones.

-No, digo que no voy a volver a trabajar. Ni esta semana, ni la que viene, ni...nunca, tal vez.

Jane soltó una carcajada. No la creía, ¡ aquello era increíble! Él siempre decía que ella no sabía mentir, la calaba desde el principio y ahora que le decía la verdad...

-Venga ya, eres la única persona a la que le gusta pasar desde las siete de la mañana hasta las diez de la noche trabajando. Es….toda tu vida.

-Por eso, es mi vida y no quiero pasarla encerrada en un despacho. Sin vacaciones, sin familia, sin…nada.

-Lisbon, dímelo ya. A ti te pasa algo….

- No me pasa nada y si me pasara serías la – hizo un gesto de hacer memoria – mmm última persona a la que se lo diría.

-Pero yo lo averiguaría con mi magnífico ingenio.

-No veo que hayas hecho ningún progreso hasta ahora.

-Así que tengo razón y pasa algo.

-No.

Ya había tomado una decisión; se había puesto muy testaruda e ir al médico no era una opción. Sabía que era una estupidez pero así lo había decidido. Ella misma era consciente de la extrañeza de su comportamiento; muriéndose o no, ella no solía tomar esas medidas drásticas en cuanto a su vida así que no sabía por qué ahora estaba dando ese giro. Quizás estuviera utilizando como excusa la posibilidad de una grave afección para deshacerse de todo. Su carrera, lo que le reportaba, lo que le quitaba (que ganaba en proporción)...No. Le gustaba su trabajo y odiaba aquello pero sentía como si ya no pudiera más, como si hubiera perdido el valor para seguir haciendo lo que tanto le gustaba hacer, ya ni siquiera le atraía como antes. La apatía se había instalado en ella de tal manera que ni un recodo de su cerebro lograba extraer algo bueno que darle para seguir adelante, la excitación y la expectación de antes que le hacían desear que acabaran las vacaciones para seguir investigando, para unir las piezas y encontrar las claves que como si de un puzzle se tratara la llevaban al siguiente nivel y de ahí a capturar al criminal, dando paz a las víctimas en la medida de lo posible, salvando a los inocentes; esa era su máxima.

¿Por qué ya no?