Jane volvió a casa de Lisbon la semana siguiente, una mañana, quizás para asegurarse de que no había huido al extranjero en un ataque de infantilismo como él denominaba a su decisión de dejarlo todo. Tomaron café y té, y aunque ese día no se quedó demasiado tiempo, volvió una noche cuatro días después. Y lo hizo más luchador, renovado en sus energías y quizás cansado de no descubrir qué hacer con ella y se quedó más tiempo, y volvieron a discutir.

- Lisbon, háblame. Sólo quiero saber qué pasa, estoy preocupado por ti.

Una malévola parte de ella disfrutó por un momento fugaz del hecho de ver a Jane así, de notar en sus ojos que la inquietud y la preocupación eran genuinas; saber que por una vez en tantos años Jane se preocupaba de alguien más que de sí mismo y su venganza. El problema era que efectivamente esa sensación sólo duró una fracción de segundo, lo justo para bufar de incredulidad y arrepentirse.

- ¿El chico maravilla no es capaz de descifrar el misterio? Estás perdiendo facultades, o eso o te falta la musa. – Ya había notado la reacción del asesor y había descubierto no sin sorpresa que estaba verdaderamente afectado y sin humor para bromas, ¿por qué demonios estaba entonces empujándolo al límite?

Sí, quizás le faltaba la musa, quizás le fallaba la capacidad de concentrarse en lo que Cho le pedía que hiciera para descubrir al asesino de aquel campista porque no podía dejar de pensar en el problema de Lisbon, si es que había verdaderamente algún problema. Al parecer había perdido incluso la capacidad de disociar su mente; ya no podía darle vueltas a un asunto a la vez que escuchaba e intentaba ayudar a un par de agentes que se devanaban los sesos tratando de averiguar qué era lo que faltaba en la escena, y todo porque mientras su cuerpo descansaba paciente en el sofá de la Brigada, su mente estaba a kilómetros de allí en un viejo apartamento vacío y una duda le asaltaba en mitad de sus pensamientos…¿por qué una persona abandona su sueño cuando está, de hecho, viviéndolo? ¿O acaso estaba Lisbon más sola de lo que todo el mundo creía y no era, en realidad, llevar pistola y placa toda su vida?

Sabía que los hermanos de Lisbon vivían y gozaban de buena salud, y eso era la máxima en su vida, sabía también que su trabajo no corría peligro, lo hacía bien y no había pasado nada fuera de lo normal en los últimos meses, y Lisbon no estaba embarazada, además estaban esos mareos y demás…entonces ¿por qué aquella decisión cobarde y desmedida?

- ¿Por qué? – apenas controló las palabras que acudieron en su auxilio-

- ¿Por qué, qué?

- ¿Por qué te comportas así?

- ¿Así cómo?

- Así, - soltó Jane con impaciencia – Desconfiada, estúpida, despreocupada, negligente… Tú nunca dejarías tu trabajo, no tienes veinte años, no dejas todo detrás para fugarte a unas vacaciones a Barbados con el guitarrista de un grupo de rock… Te quedas y peleas porque eres fuerte y...valiente; y si hay algo en lo que yo pueda ayudarte… lo haré, sea lo que sea.

"Lo que sea…" repitió el cerebro de la chica. Las palabras resonaban en su cabeza, lo estaba meditando. No, ese era el problema, o el cambio, esa era la verdad: no estaba pensando. Sólo actuaba, siguiendo sus instintos y, al parecer, los más primarios.

- Vale, entonces, no preguntes, no digas nada cuando…

- Lisbon…

- Lo que sea… por favor, sin preguntas. - estableció, mirándolo a los ojos.

- De acuerdo, sólo…

Demasiado tarde. Si Jane tenía algo que decir quedó sofocado al instante por los labios determinados y a la vez temblorosos de Lisbon que permanecieron durante segundos expectantes sobre los de él. Sintió la electricidad calentar su piel cuando Jane puso sobre su brazo desnudo unos dedos tan inexpertos que al principio no los reconoció. No detectó sabor alguno en la boca de su compañero, sólo sensaciones, humedad y calidez, comprensión. ¿No era eso lo que había ido allí a buscar, en sus brazos? Sí y no se arrepentía. No, no lo hacía.

El beso duró menos de lo que alguien tarda en decir "manos arriba", pero la acción siguió fluyendo entre ellos como si una corriente se hubiera desatado en aquel espacio. Jane volvió a besarla a la vez que colocaba una mano en su cuello para acercarla más, moviéndose junto con ella a través de la habitación; sin soltarla caminó hasta que la espalda de ella colisionó con una pared. Ni siquiera entonces el beso se interrumpió.

No lo había imaginado así. No lo había imaginado de ninguna manera realmente, pero cuando su amiga Trisha había aparecido un día por la Brigada al enterarse de que trabajaba allí para convencerla de que asistiera a su boda y e invitarla personalmente, le había dicho que Jane y ella eran como hermanos y pensaba que así era.

Trish y ella no eran íntimas, principalmente porque ella no tenía amigas íntimas pero habían tenido una buena relación en la universidad y más o menos habían mantenido el contacto y, aunque era una lástima, casi todo era gracias a Trisha Hamilton que se empeñaba en localizarla cada cierto tiempo, hablaban cinco minutos y luego ella se excusaba para no tener que salir a tomar unas copas con ella y las demás. No hacía mucho que había decidido comprometerse con un agradable informático de Silicon Valley y se había pasado por la Brigada a saludarla y asegurarse de que iba a la boda, que se celebraría en unos meses, allí mismo, en California.

- Vaya, vaya pero Teresa – había exclamado alargando inusitadamente la "e" con los ojos como platos – ¿quién es ese bombón?

- ¿Quién? – ya sabía que se refería al mismísimo y aturullado asesor de su equipo pero se había hecho la sueca y luego al levantar la cabeza dijo: - Ah, ese. Es Patrick Jane, un asesor de la Brigada.

- Mmm ¿y qué asesora?

- Ya sabes, en los casos, es como una especie de detective.

- ¿De esos de gabardina y lupa? – preguntó ella ronroneando.

- Trish…

- ¿Qué? Está bastante bien.

- Si tú lo dices…

- Eeeh – seguía con un tono de voz sensual y sugerente- ¿Estáis liados vosotros dos?

- Estás comprometida, Trisha Hamilton.

- Pues claro que sí, y quiero mucho a Kevin. Pero hay que decir que ese hombre…está bastante bien. No he perdido el gusto – Lisbon se encogió de hombros y su amiga entornó los ojos fingiendo enojo – ¿Seguro que no…?

- ¿Qué? Nooo.

- Ah, - se encogió de hombros – qué pena, porque había pensado que podía acompañarte a la boda. Ya sabes, para que no te sientas luego acosada por los solteros; aunque el padrino es muy guapo.

- Eres incorregible, - dijo negando con la cabeza sin poder evitar una sonrisa. Trisha era una de aquellas mujeres que aligeraban la carga de un pesado día con ligeras bromas y un sutil cotilleo acerca de un apuesto hombre.

- Sólo digo la verdad, eres muy sosa, Tere, ¿cómo puedes tener un hombre tan guapo aquí y ni siquiera prestarle atención?

- ¿Atención? No sabes lo que es vivir día a día con ese hombre, una auténtica tortura, hay que tener cuatro ojos sobre él continuamente. Además, Jane y yo somos…como hermanos.

...como hermanos...

- Bah – hizo un gesto con la mano – No tienes sentido del humor….ni del amor, querida. Deberías salir más. Bueno, tengo que irme, apunta en esa maldita agenda la fecha –veinticuatro de abril- no pienso dejar que no vayas. Vendré a buscarte. Me alegro de verte.

Había sido una maravillosa pero fugaz charla monopolizada, como siempre, por Jane. Y ahí estaba ella, donde nunca pensó que estaría, con el asesor más irritante sobre la faz de la tierra, que por cierto debía de haber tenido muchos roces con mujeres antes de eso y después de su mujer, o quizás fue antes de su mujer; en cualquier caso, besaba con maestría, después del tímido y vacilante comienzo durante el cual casi pensó que la rechazaría y saldría corriendo como alma que lleva el diablo, por algún motivo no había sucedido así; y mientras tenía la cabeza hundida en su cuello dejando un reguero de hambrientos y cálidos besos en su piel no podía pensar en nada. Eso era lo que necesitaba. Algo físico, hambriento y furioso, vehemente, algo que le hiciera perder el sentido, que disipara sus dudas, sus temores, que la hiciera olvidarse de todo y sentirse viva. No podía recurrir a nadie más, de hecho nunca había recurrido al sexo como vía de escape, pero por alguna razón Jane estaba atendiendo a sus silenciosas peticiones. Por alguna razón…

No se había parado a pensar en las consecuencias, simplemente, y bajo la premisa de no perder más el tiempo, había decidido lanzarse a la piscina como una suicida y había empezado aquello; a ella ya no le importaba demasiado, era su momento. No obstante sentía estar involucrando a Jane después de que hubiera sufrido tanto con la pérdida de su esposa, no parecía importarle en aquel momento mientras la arrastraba con él a un torbellino de deseo y sensualidad, pero hacía que Lisbon se sintiera un poco culpable, ¡diantres! ¿podía sentirse culpable mientras se besaban como si no existiera nada más en el mundo? No, debía-quería-disfrutar del momento.

Así lo hizo, se dejó guiar por Jane escaleras arriba. No sabía que deseaba tanto algo como eso hasta que no se había internado en ese encuentro tan físico, y a la vez tan emocional. ¿Podía de pronto volverse tan loca que nada importaba salvo hundirse en ese perfecto momento de total inconsciencia en compañía del fastidioso Patrick Jane? Era posible que tuviera una enfermedad que la hacía enloquecer, quizás su cerebro se había agrandado o había encogido o tenía algo presionando algún lugar que la hacía sentirse enferma y a la vez la volvía completamente vulnerable a las más bajas pasiones. A Jane.

La cama los detuvo cuando las piernas de Lisbon chocaron contra ella, devolviéndolos momentáneamente a la realidad, se miraron por un momento, un instante decisivo y crucial. Los ojos de Jane velados por el deseo y algo más, las respiraciones agitadas por los interminables besos. No había vuelta atrás , habían alcanzado el punto de no retorno, parecía claro, y aun así Lisbon era capaz de intuir una inusual inseguridad en él, una duda, como si no se atreviera a tocarla, como si necesitara una última confirmación antes de lanzarse. Le estaba preguntando, pidiéndole permiso pero sin usar las palabras que probablemente estaban rondando su cabeza "¿Estás segura?". Pero ella no había estado más segura en toda su vida, quería aquello, lo necesitaba…

Cuando Lisbon, para mostrarle su aceptación, se deshizo el nudo de la fina bata que llevaba y la deslizó por sus hombros dejando su cuerpo totalmente desnudo ante el asesor, éste no pudo evitar emitir un gemido. Ella siguió mirándole y después de que él le diera una larga mirada a todo su cuerpo, se detuvo en sus ojos.

Por fin, Jane tomó la iniciativa alzando su mano derecha para acariciar con un dedo el nacimiento de su pelo, tomándose luego unos segundos para pasarle un mechón por detrás de la oreja antes de besarla de nuevo. Habría esperado un beso en la boca, pero se acercó, le agarró los brazos y depositó un beso en su hombro. Fue una sensación muy rara, fue algo mucho más tierno e íntimo de lo que cabría imaginar y viniendo de Jane… bueno, debió preverlo. No se había mantenido célibe durante ocho años para ahora echar un polvo rápido y desaparecer. Era sensible. Estaba dando todo lo que podía de sí mismo y recibiendo a la vez tanto como ofrecía. Le oyó suspirar gravemente al pasar de su hombro a su cuello y luego a su sien. Ella le pasó una mano por la nuca para reafirmar su posición mientras él la besaba.

Jane aún tuvo que deshacerse de toda su ropa cuando Lisbon ya estaba tumbada sobre la cama, totalmente desnuda y aun así impasible ante la mirada del asesor cuando en realidad debería de estar muerta de vergüenza, pero ya no había tiempo para tonterías. Él ya estaba desabrochando uno a uno, con agilidad, los botones de la camisa que ocultaba su torso antes de dejarla caer al suelo sin miramiento alguno junto al resto de su ropa que estaría hecha una pasa a la mañana siguiente cuando quisiera volver a ponérsela. Su mirada nunca abandonó la cara de Lisbon, su cuerpo, mientras ella ávida de deseo comenzaba a sentir una necesidad tan acuciante que no se sentía como si fuera ella misma. ¿Es que se había tornado en una loca del sexo? Para empezar ella jamás había esperado totalmente desnuda a un hombre antes de que él estuviera desnudo también. Apoyada en el cabecero recibió el beso de Jane que tras tumbarla en la cama puso sus labios sobre uno de sus pechos mientras una mano recorría la exquisita curva de su cadera para seguir bajando por la sedosa piel de su muslo hasta desembocar en un delicado tobillo que apretó contra su propia cadera. Lisbon frotó la pierna contra Jane con cierta urgencia, envolviéndola en silencioso anhelo alrededor de su cadera esperando que se acercara más, si era posible.

Tal como todo había empezado dio por hecho que iba a ser un acto puramente físico, frenético y alocado, pero no fue así. Lo hicieron despacio pero con fuerza a la vez. Había algo tremendamente poderoso en el hecho de que los dos parecían compartir la misma desesperación, acudían apasionados al encuentro del otro, sin pensamientos, sin palabras, sólo jadeos, sonidos que acompañaban cada acometida.

Gemidos de aprobación, cuerpos sudorosos, horas de tórrido contacto físico y la sensación que lo había hecho sólo por el convencimiento que tenía de que algo iba mal y quería dejar todo atrás no hacían más que reafirmar la decadencia del momento. Era como un interludio furtivo entre amantes, sólo a falta de la habitación de motel. ¿Por qué todo tenía que basarse en sexo? Después de aquella frenética actividad que desembocó en gruñidos guturales al alcanzar el clímax, se quedaron cada uno en su lado de la cama, mirándose seriamente como si lo que acabaran de hacer fuera un trato de negocios, la compraventa de una casa, ambos satisfechos y sin nada más que decirse una vez firmado, hasta que por fin ella cerró los ojos indicándole que no había nada más que pensar al respecto. Él se quedó dormido casi al momento.


Bueno, qué os ha parecido este capítulo? Espero que bien, sí es así...ya sabéis dónde podéis dejar un comentario ;D

Buenas noches...¡