Disclaimer: One piece le pertenece al más genial de todos los mangaka, Eiichiro Oda.

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On meat and tangerine

By: Kasumi_21

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Sobre carnes

Día de exploración. Luffy inició su camino con una sonrisa mientras que con una rama recogida al inicio de su aventura, golpeaba las raíces de los árboles que se oponían en su camino. Era un hermoso día de verano, el sol brillaba intensamente en el cielo y éste no mostraba rastro de nubes. De pronto una brisa acarició su cabello negro que, más largo de lo habitual, lo hacía muy similar al corte de Ace.

– ¡Ahhh! ¡Qué fresco~! – dijo alegremente aún cuando nadie podía oírlo. Ignoró aquel pensamiento de inmediato y siguió su camino en búsqueda de aquellos lugares de la isla que aún no podía conocer. A pesar de haber estado más de un año en ella, el entrenamiento con Rayleigh había consumido todo su tiempo y ahora que se encontraba solo, le apetecía recorrer nuevos sitios. De esa manera podía desplazar los otros sentimientos más oscuros que lo atacaban en la soledad.

De pronto Luffy se detuvo, algo se acercaba y gracias al kenbunshoku haki pudo sentirlo sin problema. Esperó pacientemente hasta que su rival se encontrara cerca, todos sus sentidos se había agudizado en caso de un ataque, mientras observaba los alrededores en su búsqueda. Y entonces sucedió. Una garra que duplicaba su tamaño se acercó velozmente para golpearlo contra el suelo, pero Luffy fue más rápido y alcanzó a saltar hacia atrás. El pelinegro elevó su mirada para descubrir a su agresor, frente a él se encontraba un leopardo gigante con manchas azules y tres colas. El pirata sonrió, acababa de encontrar el almuerzo.

Un gruñido cabreado nació del felino, mientras utilizaba nuevamente su pata y atacaba al chico. Luffy lo esquivó y esta vez trepó hasta uno de los árboles cercano con la habilidad de un mono. Cuando logró ver la cima estiró ambos brazos y los sujeto a la rama más alta.

– ¡gomu gomu no rocket! – propulsó su cuerpo hasta quedar separado a buena altura del animal. Con una sonrisa ladina, Luffy llevó sus manos hacia atrás – Busoshoku Koka – murmuró y ambas adquirieron un color azabache – gomu gomu no… ¡gatling! – en seguida miles de puños atacaron al leopardo, que cayó inconsciente en un segundo. El pelinegro cayó despreocupado hacia su próxima comida, estaba aún en el aire cuando percibió otra presencia y esquivó su próximo ataque aumentando la velocidad de descenso. A la milésima de segundo, un nuevo animal pasaba sobre la cabeza del chico y aterrizaba frente a sus ojos. – así que tenías amigos, bueno… ¡más comida para mí! – El nuevo felino rugió y se preparó para atacar – ¡Busoshoku Koka! ¡Gomu gomu no bazooka! – el animal fue arrojado hacia el bosque, rompiendo varios árboles en el proceso. Al mismo tiempo, Luffy dirigió su mirada hacia el cielo y comprobó que un tercer felino se acercaba hacia él. La mirada del chico se oscureció, esta vez no podría detener el ataque.

Con un rugido la pata del animal dio de lleno en su cuerpo de goma y lo empujó fuertemente hacia un costado. Debido a la propulsión, Luffy voló varios metros fuera del bosque y terminó en una pradera junto a un lago de agua cristalina.

Luego de limpiar el polvo de su ropa, el muchacho se levantó y dirigió su mirada hacia donde se encontraba su agresor.

– ¡Maldito! ¡Ven a pelear si te atreves! – en respuesta, el animal gruñó y corrió hacia él. Luffy imitó su acción con una sonrisa ladina.

Habían pasado treinta minutos y el pirata empezaba a aburrirse de la situación. No sabía de donde aparecían, pero de pronto se encontró a si mismo peleando con quince felinos de la misma especie. Ganarles por separado no era un problema, pero cuando dejaba inconsciente a uno, había otro que despertaba y así se mantenía en un ciclo infinito. Él sabía que podía vencerlos a todos si utilizaba otras marchas, pero se había prometido no hacerlo en esa isla y así endurecer aún más su entrenamiento.

Un golpe duro lo encontró de improvisto e hizo volar su cuerpo varios metros. Luffy calló en una roca, rompiéndola de inmediato, y luego su cuerpo giró hasta quedar acomodado entre unos arbustos. Esta vez el pelinegro había sido lanzado a una de las costas elevadas de la isla, por lo que tenía una perfecta visión del mar.

Agradecido de que sus huesos eran de goma, ya que en caso contrario probablemente se hubiera quebrado unas cuantas costillas, Luffy levantó su torso hasta quedar sentado. Un crujido de hojas acompañó sus movimientos.

– Maldita sea – gruñó mientras sacudía con una mano su pelo. El movimiento provocó que su mirada llegara al suelo y ahí Luffy enfocó algo que lo empalideció. Una mandarina, una mandarina rota. – Gh! – él contuvo el aliento, para luego caer en pánico – ¡GAAHHH! ¡ME VA A MATAR! ¡ME VA A MATAR! ¡PERDÓNAME! ¡FUE UN ACCIDENTE! – en un reflejo inconsciente, se arrodilló exageradamente para que ella se apiadara de él y así salvar su vida. Más nada sucedió, ni un golpe, ni un bastonazo, ni un grito; y Luffy recordó nuevamente que no estaba con ella. El pelinegro suspiró pesadamente mientras una expresión seria se dibujaba en su habitual rostro sonriente. Observó detenidamente la fruta y la tomó con suavidad, su entrecejo fruncido con tristeza.

Un estruendo cercano resonó por todos los alrededores, pero no alcanzó a perturbarlo. Con lentitud depositó a la mandarina en el suelo y se volteó a ver los otros árboles, cuatro de ellos eran mandarinos y uno estaba dañado por la reciente caída. Al momento varios sonidos fuertes tronaron y Luffy llevó su atención hacia adelante, los leopardos empezaban a dibujarse por entre las sombras de los árboles, preparándose para una nueva lucha.

– ¡maldita sea! ¡Sí que son insistentes! –

El pelinegro se levantó ágilmente e inició su carrera hacia los animales, estaba cabreado y pensando seriamente en utilizar el gear third para que dejaran de molestar. Como él esperaba, los felinos lo rodearon apenas los tuvo cerca e iniciaron un ataque en conjunto desde todas las direcciones. Ocupando el kenbunshoku haki hasta el límite, Luffy logró esquivar los ataques más fuertes, más varias garras lograron rasgar su cuerpo y aplastarlo contra el suelo. Cuando tuvo un segundo de libertad, el pelinegro estiró su brazo hacia un árbol y se propulsó hacia éste, así tendría el tiempo necesario para planear su ataque. Los leopardos que aún estaban en pie siguieron los movimientos con la vista y se dispusieron a seguirlo.

– ¡gomu gomu no rocket! – en el aire, Luffy llevó su pulgar a la boca para inflarlo mientras observaba los movimientos de sus adversarios. De pronto los ojos obsidiana se contrajeron en una mezcla de preocupación e ira, y un grito profundo nació de la boca masculina – ¡NO SE MUEVAN! – Ignorando la exclamación del pirata, las bestias siguieron su camino. A unos metros de sus patas se encontraban unos indefensos arbustos de mandarinas –… he dicho… ¡QUE NO SE MUEVAN! – violentas y gélidas ráfagas de viento brotaron desde el cuerpo pirata, generando escalofrío en los animales e inmediatamente su desmayo. En los alrededores, los leopardos que estaban despertando volvieron a la inconsciencia y otros animales inocentes sufrieron el mismo efecto.

– Mierda… – susurró el pelinegro cuando cayó en el suelo y observó la periferia – perdí el control de mi haki, si Rayleigh estuviera aquí me hubiera matado por eso – se comentó a si mismo mientras caminaba hacia los árboles. Una sonrisa sincera se dibujó en sus labios y su mirada se suavizó cuando comprobó que no se habían dañado.

Riendo suavemente y con calidez, Luffy se acostó sobre el césped y acomodó su cabeza cerca de los arbustos, para protegerse del sol con su sombra. Sintiéndose de pronto relajado, cerró los ojos y disfrutó de la brisa que acarició su rostro y provocó un crujido en las hojas cercanas. El sonido se le hizo familiar al igual que el aroma que de ellos se desprendía e inevitablemente se sintió melancólico.

No supo en qué momento sucedió, pero de pronto podía escuchar el sonido de las tranquilas olas chocando con la madera, el de las velas siendo empujadas por el viento, el replique de unos implementos de acero, la voz de un muchacho contando historias y las exclamaciones asombradas de un reno, el crujir de las hojas de un libro, el ruido de ollas en la cocina, el choque de un martillo y la melodía alegre de un violín. Una sonrisa se dibujó en el rostro de Luffy sin que él lo notara, estaba demasiado agradecido por encontrarse nuevamente en su hogar.

– ¿eh? ¿Qué estás haciendo aquí Luffy? – la voz de Nami llegó a sus oídos repentinamente, él no había notado cuando se había acercado.

– ¡hey, Nami! – la saludó relajadamente, sin cambiar su cómoda posición y aún con los ojos cerrados.

– ¡respóndeme! –

– estoy descansando –

– ¿en serio? – Luffy escuchó un nuevo sonido, reconoció una tijera y dedujo que ella estaba cortando mandarinas.

– sip –

– ¿estás seguro que no vienes a robar mis preciadas mandarinas? – el suave tono que ella usaba podía traducirse como una amenaza, pero como siempre, él no percibió aquel detalle.

– no esta vez –

Permanecieron en silencio y Luffy pensó por un momento que Nami se había ido, de igual forma no abrió sus ojos y siguió disfrutando de la calidez del sol. Un nuevo replique de la tijera le indicó que ella seguía ahí.

– Bueno, supongo que está bien – ella señaló y el pelinegro sonrió por su presencia – de igual forma no tenía ganas de golpearte hoy –

– ¡NAMI~! – él hizo un mohín, ella rió y su risa de niña le quitó el aliento de inmediato. Sintiéndose de pronto emocionado, el corazón de Luffy dio un vuelco en su pecho y empezó a latir desembocado. Junto a ello, un escalofrío cálido recorrió todo su cuerpo, erizando su piel y almacenándose en su pecho. Y esa misma sensación provocó una sonrisa enorme en su rostro moreno.

La risa de Nami aminoró de forma progresiva y fue reemplazada por un tarareo suave. Junto con ello, la sonrisa de Luffy se había suavizado hasta transformarse en una pequeña mueca alegre, casi imperceptible. Pasaron varios minutos y la melodía que ella componía permanecía en el aire, al igual que el aroma de las mandarinas y el vaivén del barco provocado por las olas. Y él pensó por un momento que sólo faltaba un trozo de carne en su boca para que aquello fuera la perfección.

– hey Luffy – ella llamó pero él se negó a cambiar de posición, temiendo perder la armonía que ahora disfrutaba. De igual forma un pequeño golpe en su frente, que no alcanzó a ser doloroso, terminó por arruinarlo. – Por portarte bien – el repique de unos tacos femeninos le advirtieron de su retiro y antes de pensarlo Luffy irguió su torso para detenerla.

– ¡Espera, Nami! – abrió sus ojos y se encontró nuevamente en la isla, los felinos de antes ya se habían ido y el sol de mediodía dio de lleno en su cara. El ceño del pelinegro se frunció con tristeza, se había quedado dormido y su mente traicionera lo había hecho recordar cuando aún estaban juntos. Con un suspiro cansado, había perdido la cuenta de cuantos había emitido ese día, el pelinegro llevó su mirada hacia abajo y encontró una mandarina en sus piernas, probablemente la culpable del golpe anterior. La tomó con cuidado y se quedó viéndola en silencio, sus ojos escondidos tras mechones azabaches. Después de un momento, los orbes obsidianas se elevaron hasta encontrar el cielo y se quedaron fijos en éste, se había dibujado una complicada expresión en su rostro en conjunto con las preguntas ansiosas que su cabeza realizaba sin parar: ¿estarían ellos bien? ¿Les habría llegado el mensaje adecuadamente? ¿Habrían tenido algún problema en el lugar dónde cayeron? ¿Llegarían a salvo a su lugar de encuentro?. Consciente de pronto de sus propias reflexiones, Luffy se negó a pensar en ello por más tiempo. Debía confiar en sus nakama al igual como ellos confiaban en él y esperar pacientemente hasta que el día prometido llegara. Aunque de igual forma… él…

– Los extraño, chicos – dijo aún mirando hacia el cielo, su mirada se había suavizado y una sonrisa melancólica cruzaba su rostro. Y en ese instante, cuando empezaba a sentir un peso doloroso en su pecho por la melancolía, Luffy se permitió un poco de egoísmo – te extraño tanto Nami –

– ¿Luffy? ¿Luffy? – una voz femenina interrumpió sus pensamientos y el pelinegro saltó levemente con algo de ansiedad, no esperaba la visita de las amazonas ese día – ¿Luffy? ¿Dónde estás? – el muchacho se levantó rápidamente, llevándose la mandarina con él y corrió hacia el lugar donde provenía la voz, no sin antes voltearse y darle una última mirada al nuevo sitio encontrado. El por qué de su acción no lo entendió en ese instantes ni tampoco en los años posteriores, pero el deseo de conservar aquel lugar como secreto fue más fuerte e hizo esconderlo de todos los amigos que ahora tenía, incluida Hancock y las amazonas. Si Luffy hubiera tenido un poco más de atención y memoria, habría recordado una frase que alguna vez Robin había señalado. El capitán siempre es posesivo con sus tesoros.

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Noveno! Y nos acercamos al final ¡! De aquí a un mes más!

Momento de RxRxR!

Gabe Logan: gracias Gabe! Has sido lejos el lector más fiel que he tenido en este fic, te estoy muy muy agradecida por ello! Me alegra que te haya gustado el capi anterior y espero que este también lo sea!

5nami5: jejeje creo que el corto del cabello ha sido lejos el favorito xD gracias por tu review! Y sí, tengo muchas ideas LuNas asi que deberán aguantarme por mucho tiempo! Gracias por tu comentario :)

Aki Kurosawa: gracias! me alegra que te hayas sentido transportada hacia aquellos tiempos, que tenían cierta ternura entre ellos :D espero este capítulo también te guste!

Kaoru likes One Piece: gracias por tu review!

Girl-hatake95: jejeje Luffy tierno :B quiero que pronto salga una escena así en el manga (o mostrar la parte tierna de Luffy otra vez). Me pasaré cuando pueda a tu fic D: no he tenido tiempo, de hecho por esto publico recién ahora. Juro que me pasaré! Esperame por favor u.u

Giby-chan: es cierto, es muy maternal :B cada vez Oda la hace mas parecida a Rouge xd es tan obvio que aún no entiendo como algunas personas relacionan a Rouge con Hancock. Bueno, cosas de fans. La ultima respuesta la tiene Oda-sama! Espero te haya gustado el capítulo!

I'll see you!

Kasumi 21