Capitulo uno
Remembranza
Meses antes.
La mansión Taisho siempre tan elegante y majestuosa a pesar de los años y de la pérdida de sus dueños mantenía su esplendor intacto, los únicos habitantes que quedaban en la casa eran dos jóvenes hermanos con la servidumbre principalmente el mayordomo que los crio, ya que sus padres, el rico matrimonio Taisho había muerto en un asalto a su carruaje un día de verano que habían ido a visitar su casa de campo pero eso había sido ya hace bastantes años cuando ambos jóvenes eran prácticamente unos adolescentes, pero ahora eran unos hombres, el mayor el lord Sesshomaru Taisho se encargaba de los negocios que dejo su padre el finado Inu no Taisho, era un hombre apuesto y distinguido, alto, sus ojos eran negros como la noche al igual que su cabello, su piel era hermosa parecía porcelana, era un hombre frio y calculador, no mostraba ningún sentimiento en cambio el menor Inuyasha era todo lo contrario, aunque muy parecido a Sesshomaru físicamente solo los diferenciaba el cabello corto de Inuyasha, el a diferencia era un hombre sensible claro que sin perder su hombría, rudeza y gallardía, le encantaba el arte y la música, componía un sinfín de melodías hermosas por ello estudiaba esta disciplina en el conservatorio de música de Londres, eso ha Sesshomaru no le importaba mientras no cometiera imprudencias no habría problemas y además aunque nadie lo creyera el amaba la música porque le recordaba a su querida madre Izayoi la cual adoraba las melodías.
Inuyasha era un joven ya de veintiún años, bastante apuesto y distinguido, asediado al igual que su hermano por su gallardía, sus ojos negros parecían que ocultaban a la noche entera, era soñador y feliz, pero un día eso cambiaría y ese día ya había llegado.
Inuyasha se dirigía al conservatorio ese día, como siempre, bien vestido con un traje negro, había escrito varias sinfonías con la ayuda de su piano, aunque para el no eran tan buenas, a los demás les parecían hermosas, pero él aun esperaba su obra maestra.
Al entrar al conservatorio se encontró con todos los demás estudiantes alrededor del piano, parecía que observaban y hablaban con alguien, decidió acercarse para mirar a la persona que miraban encontrándose con lo más hermoso que podía haber visto en su vida, un ángel, era una mujer de hermosa cabellera negra y lacia, su rostro era como de porcelana fina, sus ojos eran negros como los suyos, pero más fríos, su figura era curvilínea acentuada con ese hermoso vestido color marfil que la hacía ver celestial, necesitaba saber su nombre algo sobre ella, hasta que alguien hablo para romper con todas esa dudas.
—Señorita Kikyo nos encantaría escucharla cantar en compañía del piano, para que sus compañeros la escuchen y la conozcan—expreso el maestro de la academia.
—Sería un honor maestro—dijo con voz tenue pero sin emoción— ¿Cuál melodía desean que interprete?
El maestro volteo e inmediatamente vio a Inuyasha que acababa de llegar con las partituras que bien sabia él, eran sus recién creadas melodías— ¿le parecería bien una melodía recién escrita por un compañero prodigio?
—Me encantaría—inquirió sin mostrar ningún cambio en actitud fría.
—Lord Taisho sería tan amable de pasar al frente y acompañar a lady Kikyo en el piano con una de sus melodías—le hablo el profesor al ojinegro.
Inuyasha se sintió apenado, como si fuera retraído algo que no era en absoluto, aunque sabía muy bien cuál era la causa de esa extraña timidez y era causada por la hermosa joven que ahora estaba frente a él, entonces avanzo y se abrió paso entre sus compañeros decidido y se puso enfrente de la hermosa joven para luego besar su mano con cortesía.
—Mi lady mi nombre es Inuyasha Taisho, es un placer conocerla—después de decir esto soltó lentamente su mano y levanto su vista entonces la vio sonreír, eso le dio un vuelco a su corazón.
—Encantada mi lord—expreso haciendo una pequeña reverencia—mi nombre es Kikyo Hisaka, será un honor cantar una melodía suya y más ser acompañada por un caballero como usted en esta interpretación.
—El placer será mío—expuso Inuyasha con nerviosismo, entonces se coloco en el banco justo delante del piano, y mostro a la hermosa cantante las partituras y la letra.
La melodía empezó y ella también lo hizo.
El sol duerme en silencio
En algún siglo pasado
rojos, calmados océanos melancólicos
con caricias ardientes lo enterraron a cantar.
La voz de Kikyo se elevaba con sincronía y perfección, su voz tenia tantos matices que elevaba los sentidos de cualquier oyente y mas los de Inuyasha que ahora estaba hipnotizado.
Viví mi vida por los sueños
mi noche contemplé por los deseos
Al fin del tiempo la verdad
Perder la fe es un crimen
Ella seguía con su interpretación mientras los acordes de Inuyasha con el piano le daban un toque más épico a la voz aterciopelada de la joven que se elevaba más.
Mi deseo es que esta noche
durara por la eternidad
La oscuridad que me rodea:
costa de un mar solar
¡cómo desearía ponerme con el sol!
Durmiendo
Llorando
Contigo
Los presentes estaban sorprendidos por la excelente mancuerna que formaban esos dos, aunque la letra de la canción tenia toques nostálgicos era hermosa.
Tristeza tiene corazón humano
que se irá de mi dios
Navegaría yo antes de mil lunas
sin saber nunca a dónde voy
Doscientos veintidós días de luz
serán deseados por la noche
Un instante para el juego del poeta
hasta que no quede nada por decirse.
Todos les aplaudieron con admiración, mientras Inuyasha no podía dejar de mirar a la mujer que tenia frente a él, lo sabía desde ese momento seria un esclavo de Kikyo porque su voz lo había enamorado.
Kikyo sonreía pero nadie sabía lo que había detrás de esa sonrisa solo ella misma.
Después de terminada la clase, Inuyasha esperaba a su ángel fuera del conservatorio, Kikyo se había quedado platicando con su maestro y el la esperaba a la salida impaciente, sabía que era imprudente ya que se acababan de conocer pero sentía la necesidad de hablarle, al verla salir su corazón prácticamente se encendió de emoción y salió a su encuentro.
—Lady Kikyo me gustaría acompañarla hasta su casa si no hay ningún inconveniente —expreso Inuyasha nervioso por milésima vez en el día, realmente ese era el colmo.
—No hay inconveniente mi lord será un placer que me acompañe.
Inuyasha le ofreció su brazo el cual ella acepto y lo tomo de inmediato, empezaron a caminar seguidos por la dama de compañía de la señorita Kikyo, después de un rato de silencio, el joven lord se decidió a romper ese silencio.
—lady Kikyo quería decirle lo maravillado que he quedado con su voz, es una excelente intérprete su voz me elevo como ninguna otra lo había hecho.
Kikyo sonrió de una forma perturbadora—le agradezco el cumplido mi lord, pero su canción era tan hermosa.
—permítame diferir señorita Kikyo pero creo que si mi melodía se elevo tanto fue por su prodigiosa voz.
—pues le vuelvo a agradecer por tan amable cumplido pero podría hablarme de tu me incomoda tanta formalidad, yo también lo hare sino hay inconveniente.
—no lo hay, si así lo prefieres a mi me encantaría igualmente tutearte Kikyo.
—me parece mucho mejor así Inuyasha.
Fueron por todo el camino conversando de música de la belleza y del arte, tenían tanto en común, al llegar a la mansión donde vivía Kikyo, Inuyasha se despidió no sin antes hacer una declaración que para cualquier otro sería muy precipitada, pero para él ese era el momento ideal.
—Kikyo, puedo hacerte una pregunta.
—si está en mis manos contestarla lo hare con gusto Inuyasha.
— ¿crees en el amor a primera vista?
Ella sonrió—si creo y mucho Inuyasha—Kikyo inesperadamente le dio un beso en la mejilla al joven que se quedo de piedra—gracias por acompañarme hasta luego—entonces ella y su dama de compañía caminaron hacia la entrada de la mansión y desaparecieron en su interior.
Inuyasha por fin había reaccionado, le hecho una última mirada al hogar de su amada y se retiro de ahí con dirección a su casa con una sonrisa grabada en su rostro.
Mientras tanto en el interior de la casa alguien esperaba a lady Hisaka con impaciencia, que al verla entrar se abalanzo sobre ella dándole un beso tan pasional que dejaría a la mitad de Londres abochornada.
—valla Naraku, estabas esperándome —soltó la pelinegra en tono de burla después de separarse de él.
Él la tomo violentamente del brazo—no te burles de mi Kikyo—la soltó—ahora vamos a lo que nos incumbe, ¿lograste encontrar al que utilizaremos para robar la perla?
—Si claro, será bastante fácil convencerlo de que se la robe a esa desgraciada de Midoriko.
— ¿Por qué estas tan segura, querida?
—Porque el muy ridículo se ha enamorado de mí a primera vista y eso será muy útil para atarlo a mi causa.
—a veces creo que eres más malvada que yo mi amor, solo recuerda que eres mía y de nadie más.
Kikyo lo vio imperturbable para luego dirigirse a su habitación, recordaba muy bien como había conocido a Naraku, prácticamente de la misma manera que ha Inuyasha, su voz había llamado la atención de él como lo hacía en todos, ella siempre había tenido de objetivo tener la valiosa joya la Shikon, quería poder, deseaba controlar todo a su paso y al conocer a Naraku que prácticamente tenía sus mismas intenciones se hicieron socios y pareja, sin embargo Naraku si estaba enamorado de ella, pero Kikyo no de él, solo los unían dos cosas la pasión y la ambición por poseer la valiosa perla, ahora para ella lo importante era utilizar a Inuyasha fácilmente, debía ser el porqué ella no podría, sería un suicidio, ya lo había intentado anteriormente y ahora cargaba con una maldición que la mataría si lo volvía a intentar.
Inuyasha nada mas llego a su hogar, le comento a todo mundo que ya había encontrado a su musa y futura esposa, se le veía tan feliz y todos estaban felices, excepto una persona, su hermano Sesshomaru no estaba convencido del origen de la Señorita Hisaka, había prácticamente aparecido de la nada, así que la mando seguir.
Mientras tanto Inuyasha la cortejaba, Kikyo la presento a Naraku Takeda como su tío y tutor, el cual a Inuyasha no le caía nada bien pero debía comportarse formal con el si es que quería casarse con su querida Kikyo.
Inuyasha ya había planeado pedirle matrimonio a Lady Kikyo y esa misma tarde se lo pediría, había compuesto una hermosa canción para ella de regalo, y todo estaba listo, mientras caminaban por el parque, Inuyasha la detuvo para besar su mano.
—Kikyo, mi querida Kikyo, se que ha pasado tan poco tiempo desde que nos conocemos, pero este poco tiempo ha hecho que me enamore de ti como un idiota, se que te puede sonar muy apresurado, pero—de su bolsillo saco un anillo hermoso con un hermoso rubí, ya que Kikyo le había dicho que era su piedra favorita — ¿Te gustaría ser mi esposa? —concluyo con anhelo.
Kikyo puso cara sorprendida para luego soltarse a llorar descontroladamente.
— ¿Qué te pasa Kikyo he dicho algo malo?
—oh no amor mío, me haría la mujer más feliz de la tierra pero no alcanzaríamos a ser felices.
— Entonces ¿Por qué dices eso? —inquirió preocupado el caballero.
—Estoy condenada a muerte—se levanto y volteo hacia otro lado y sonrió para sus adentros—no quería enamorarme de nadie pero me enamore, se que debí alejarme de ti pero me fue imposible.
Inuyasha la volteó desesperado y la abrazo pegándola a su pecho—oh mi amada Kikyo tiene que haber una forma de salvarte, no podría estar sin ti.
Kikyo lo vio con su mirada llorosa—No la hay.
—Tiene que haber una manera.
—bueno la hay, pero jamás te pediría que lo hicieras es demasiado riesgoso y no deseo perderte—expuso hipócritamente Kikyo.
—Yo tampoco puedo vivir sin ti, así que dime lo que sea, no me importa arriesgar mi vida por ti.
—La única forma es obteniendo la perla de Shikon—expuso viéndolo a los ojos.
— ¿la perla de Shikon? Eso es un mito—dijo Inuyasha dubitativo.
—Si existe, lo sé porque yo vengo de una raza de sacerdotisas muy antigua, la perla es custodiada por una sacerdotisa oscura llamada Midoriko que vive en el monte Hakurei, pero es muy peligroso y…
—iré—expreso decidido.
—No, no puedes es muy peligroso y…
—he dicho que iré Kikyo, si puedo hacer algo para no perderte lo hare, te amo demasiado.
Kikyo lo abrazo—oh amor te amo—y sonrió a sus espaldas el plan iba viento en popa.
