Capitulo 3 Remembranzas II
Inuyasha se sentía triste en consecuencia de la confesión de Kikyo, pero estaba decidido a salvarla a toda costa aun si perdía la vida en ello, se soltó del abrazo que le daba Kikyo con delicadeza para luego besar la frente de la joven dama.
—Ahora mi amor dime como llego hasta esa dichosa perla y como la obtengo—cuestiono Inuyasha decidido.
—Está en el monte Hakurei, la sacerdotisa que la guarda como ya te había dicho se llama Midoriko, aunque la mayoría del tiempo la tiene con ella, no se la razón pero en un lapso del día la deja en una cueva dentro del monte, ese es el momento ideal para hacerte de ella, —entonces puso cara de angustia—pero sigo pensando que es peligroso que lo hagas, no me importa morir pero no quiero que tu lo hagas.
Inuyasha la abrazo dulcemente—no te preocupes mi bello ángel no me pasara nada, tenlo por seguro, ahora es tiempo de llevarte a tu casa, yo iré a preparar mi viaje, te prometo mi amada que traeré esa perla aunque este en los confines de la tierra y sea demasiado peligroso, lo hare tenlo por seguro.
Kikyo sonrió hacia sus adentros.
Después de dejarla a la joven en su casa Inuyasha se dirigió hacia la suya debía hacer ese viaje en ese momento, no aviso a nadie de su partida, tomo lo necesario, un poco de víveres y tomo un caballo de su establo, tomo las riendas de este y se guio hasta el monte Hakurei, al llegar solo podía observar la quietud del lugar, no era un lugar lúgubre sin embargo causaba que los vellos de su piel se erizaran, sentía una presencia que le quemaba, pero no se iba a detener por ello, tomo la espada que había tomado de uno de los estantes de su hogar, y se dirigió con dirección a la gran montaña, inmediatamente como Kikyo bien le había dicho se encontró con la cueva entro sigilosamente y abrió desmesuradamente los ojos al ver la joya que estaba frente a sí, era una perla rosácea con un brillo sin igual puesta sobre una roca, en si la perla levitaba sobre la roca, pero Inuyasha no se dio el momento para observarla más a detalle tenía que salir de ahí, tomo el objeto, pero cuál fue su sorpresa al tomarlo una voz se escucho.
Otro ingenuo que piensa que puede apoderarse de la perla sin más, cuando aprenderán.
Se sobresalto salió de la cueva con la perla entre sus manos y corrió hasta llegar a su caballo, la lluvia empezó a caer estrepitosamente, como si las nubes hubieran salido de la nada, cuando empezó a cabalgar, la lluvia era cada vez más fuerte, sentía como alguien lo perseguía, el caballo iba a su máxima velocidad, esquivaba los arboles mientras luchaba contra la fuerza descomunal del viento, sabía que era prácticamente imposible huir pero por lo menos debía intentarlo, entonces la vio, lo que más temía esa mujer llamada Midoriko estaba frente a él, totalmente seca como si la lluvia no la tocara o se esfumara tan solo con el contacto con una sonrisa de burla en su rostro, el caballo se detuvo abruptamente haciéndolo perder el equilibrio, cayendo al suelo mojado, el equino salió despavorido del lugar como sabiendo a quien se enfrentaba.
—Valla que eres ingenuo te has dejado engañar tan fácilmente como quien engaña a un niño, y todo por un amor no correspondido, aunque debemos admitir que la que amas es hermosa y tiene un don hermoso aunque maldito con el cual controla tu voluntad—expreso la mujer con una dulce voz pero a la vez esa voz tan extremadamente dulce daba miedo.
Inuyasha reacciono inmediatamente a la afirmación de la mujer—¡No!, estoy seguro que ella me ama tanto o más de lo que yo la amo a ella, por eso hice esto, por eso tome esta joya para pedir un deseo—miro la perla rosácea que tenía en sus manos—aunque me costase la vida la salvaría a ella.
La mujer rió— Ahora entiendo cuando dicen que el amor es ciego, Kikyo me sorprende cada día más, mira que controlar la voluntad de los hombres para mandarlos a morir aquí por su conveniencia, ¿de verdad muchacho creíste su historia sin hacer ninguna pregunta?, valla el teatro de la dulce mujer moribunda con voz de ángel le funciona a la perfección, encanta a los hombres llevándolos como las sirenas a lo profundo de un abismo.
— ¡Miente! —grito Inuyasha perdiendo el control.
— ¿Qué ganaría yo con mentirte? —Inquirió sin esperar respuesta—Ella solo quería la perla para ser la mujer más poderosa, ser eternamente bella, reinar junto con Naraku su gran amor un ser mucho más maligno que ella, fuiste un crédulo pero no te preocupes ella ya no existe más, la maldición que ya le había puesto anteriormente si volvía a siquiera intentar robar la perla tuvo su efecto.
Inuyasha la miro sorprendido, su mente reacciono y sintió un intenso dolor en su pecho, sabía lo que eso significaba, solo muerte, la ira e impotencia se apoderaron de él, su furia era tan grande que el miedo se esfumo, trato de abalanzarse hacia la mujer que estaba frente a él para matarla ya nada le importaba, ni la misma muerte, no solo estaba el hecho de que la mujer que mas amaba había muerto sino que jamás lo había amado, solo lo había utilizado a su conveniencia, nunca llego hacia la mujer sintió un punzante dolor en su pecho que no lo dejaba respirar, sabía que moriría y ya no le preocupaba entonces empezó a escuchar las últimas palabras de la protectora de la valiosa perla de Shikon.
—En verdad me gustaría dejarte vivir y lo hare pero no te puedes quedar sin castigo por tu osadía, al igual que Kikyo una maldición te marcara, serás un monstruo para los demás, no podrás morir ni aunque lo intentes, serás como un demonio rechazado vivirás en la sombras hasta que alguien te saque de ellas, un amor verdadero deberás encontrar para que la maldición se pueda esfumar—dicho esto se desvaneció como niebla.
Inuyasha empezó a sentir un horrible sufrimiento en todo su cuerpo, era como si se estuviera muriendo, miro su manos en un acto reflejo debido al dolor y se encontró con que sus uñas se convertían en garras capaces de despedazar lo que hubiera a su paso, su cabello negro azabache se cambio de tonalidad a plateado y creció mas allá de su cintura, un dolor se alojo en su boca, entonces en el reflejo de un charco logro ver que le crecían unos colmillos de bestia, sus orejas humanas desaparecieron dándole paso a unas caninas encima de su cabeza, de un momento a otro el dolor físico ceso pero el sentimental no, Inuyasha se sentía un verdadero monstruo, no deseaba vivir así, fue cuando de vuelta escucho la voz de Midoriko como si le susurrara al oído.
—por más que lo intentes no podrás morir, siento como tu alma se llena de odio espero que pronto lo dejes salir porque si no será tu perdición—el susurro se fue con el viento.
Inuyasha se dejo caer en el suelo derrotado la lluvia seguía cayendo estrepitosamente sobre él, pero no le importaba, como había dicho Midoriko su alma se lleno de odio, odiaba a Midoriko por ponerle esa maldición que no solo lo había convertido en un ser abominable sino que lo había hecho incapaz de morir pero principalmente odiaba a Kikyo que con su voz lo había enamorado lo había hecho tocar el cielo para de un golpe mandarlo hacia el infierno, y en verdad deseaba que ella se pudriera en el mismísimo averno, sin embargo su voz era el único recuerdo que le dejo y esa también era su maldición no poder olvidar el eco de su voz.
Una vez que el dolor ceso se levanto del suelo y miro su reflejo en un charco que se había formado, era un monstruo, nadie lo querría jamás, y estaba en lo cierto, Sesshomaru al verlo entrar por la casa salió de ahí con maletas en mano, no quería ver como un monstruo habitaba su casa o eso creía él, los únicos que se quedaron a su lado fueron tres de sus sirvientes, Kaede la cocinera, Myoga el mayordomo y Yura la dama de limpieza, Inuyasha no volvió a salir desde ese entonces, solo su música espectral se escuchaba cuando las personas pasaban por el lugar, todos lo pensaban a él culpable por la extraña muerte de Kikyo y la desaparición de su supuesto tío, pero a él los rumores ya no le importaban, ya nada le importaba solo deseaba morir y eso era lo único que no podía tener.
