MI VIDA DE LAGRIMAS…
EN OTRA PARTE, 11 años atrás…
A lo largo de una calle escondida, donde se encontraba un zoológico abandonado ya a punto de derrumbarse, se logran escuchar los gritos y llantos de varios animales.
-¡Ya me tienes arto Patricio!.- le grita su padre desesperado. Abre la puerta del zoológico donde ahora vivían y saca a su hijo afuera junto con sus dos hermanos y un huevo donde se hallaba su tercer hermano.- tú y tus hermanos se pueden largar de una vez por todas, yo ya no los quiero aquí.
-por favor papá, ten compasión… *sniff* no ha pasado ni un mes desde que mamá murió, si nos hechas a la calle, ¿A dónde nos vamos a ir?.
-ese es su problema, el zoológico nos da la mitad de comida que nos daba antes, por eso le dije a su madre que se cuidara y no me hiso caso.
-eso no es nuestra culpa.
-pues mía tampoco.
-al menos, *sniff* danos algo de comer.- su padre, al oír su petición, le lanza una bolsa llena de trozos de pescado y esta cae al suelo.
-tengan, las sobras de la cena de ayer y ya váyanse, antes de que los cuidadores del zoológico vengan.
-papá por favor no nos dejes así, *sniff* déjame buscar primero un lugar donde podamos quedarnos y ya después nos vamos.- Patricio corre hacia la puerta del zoológico pero su padre la cierra antes de que el pequeño pingüino pudiera alcanzarlo.- por favor, ten piedad.- varios animales del mundo exterior vieron aquella escena, viendo con tristeza a los 3 pequeños pingüinos.
Patricio voltea su mirada hacia sus hermanos y aun con lágrimas en los ojos sonríe un poco, para no preocuparlos.
-¿y ahora a donde vamos a ir?.- pregunta David, caminando hacia él.
-no lo sé.- le contesta limpiando sus lagrimas y con una aleta toma la bolsa que contenía su comida y con la otra carga el huevo.- vengan, vámonos.- seguido de esto, todos los pingüinos caminan junto con su hermano. Patricio no sabía hacia donde, ni con quien ir, solo caminaba sin rumbo alguno. En eso desvía su camino perdido hacia otro, donde si había un destino, camino hasta el panteón y rápidamente busco la lapida de su madre, hasta que por fin la encontró, sus hermanos decidieron quedarse en una esquina que quedaba 10 pasos a la tumba de su madre y Patricio camino hasta la lapida.
-hola mamá… no sabes cuánto te extraño y te necesito… nos haces tanta falta.- el pequeño pingüino con su aleta acaricia la tumba de su madre y le da un pequeño beso sin poder evitar volver a brotar lagrimas de sus ojos.- *sniff* por favor, dame fuerza para poder seguir adelante junto con mis hermanos…- el pingüino deja de hablar al oír como sus dos hermanos comenzaban a gritarle.
-¡patricio!.- lo llama a gritos su hermano menor: David. Patricio al oír el grito de su hermano, corre rápidamente hacia ellos y ve como un zorro trata de quitarles su bolsa de comida a jalones. Patricio corre hacia él y trata de arrebatarle la bolsa de sus patas, pero era imposible, en ese momento llega otro pingüino de la misma estatura que él, a socorrerlo y entre los dos tratan de arrebatarle la comida al zorro. De un solo empujón que ambos pingüinos recibieron por parte del zorro, estos caen al suelo y comienza a correr alejándose con la comida en su hocico.
Patricio al ver al zorro alejarse con su comida, no evita continuar llorando, ya que esa comida era su única fuente de alimento. El pequeño pingüino que le intento ayudar, se levanta del suelo y ve a Patricio aun en el suelo, se acerca a él y le extiende su aleta para levantarlo.
-¿te ayudo?.- le pregunta viendo como se limpiaba sus lagrimas.
-sí, *sniff* gracias.- contesta tomando su aleta y levantándose del suelo.
-lamento mucho lo de tu comida.
-no hay problema, después veo como alimento a mis hermanos y a mí… ¿y tú?, ¿A dónde vas o donde están tus papás?
-yo no tengo papás, estoy solo al igual que tu… me llamo Osvaldo.- le dice extendiendo de nuevo su aleta hacia él, pero esta vez para saludarlo.
-yo me llamo Patricio.- le contesta estrechando su aleta y saludándolo.- ellos son mis hermanos David y Esteban.- les dice señalándolos.- y el que está en el huevo aun no sabemos si es niño o niña.
-¿también tienes que cuidar a un huevo?.- pregunta sorprendido.
-sí, nuestra mamá murió y mi papá nos echo a la calle, no sabemos hacia donde ir o con quien ir.
-yo tampoco, al igual que ustedes, yo también estoy caminando sin rumbo.
-puedes venir con nosotros si quieres.- le dice abrazándolo con una sola aleta.
-¿enserio?... gracias Patricio.- le contesta también abrazándolo.
-ven vámonos.- los 4 pequeños pingüinos continuaron su camino sin rumbo, deambulando por todas las calles, cuidándose unos a otros para que no los vieran los humanos, en ese momento ambos detienen su paso al llegar a un mercado que estaba cerrado. Entraron y buscaron el puesto donde vendían pescado, para su mala suerte solo había dos pescados sobre el refrigerador donde estaban guardados.
-no hay suficientes para todos.- le dice Osvaldo tomando un pescado en su aleta.
-todos coman, yo no comeré.
-¿pero por qué Patricio?.- le pregunta de nuevo su amigo sorprendido.
-prefiero que coman bien mis hermanos, por favor coman ustedes.- los tres obedecieron a Patricio, todos comieron acepto el. Ya al terminar de comer, David y Esteban jugaban un rato entre los puestos y Patricio y Osvaldo se quedaron en el mismo lugar.
-y dime, ¿Por qué no tienes papás?
-si tengo, pero ya no quiero estar con ellos.- le contesta mientras observa como Patricio, con su propio cuerpo tapaba el huevo, como si él fuera el verdadero padre de la criatura.
-y ¿Por qué no quieres estar con ellos?
-por que yo al igual que tu, también tengo una triste historia… veras, yo era muy feliz, tenía una gran familia, pero… cuando cumplí 2 años mi papá nos dejo a mí y a mi mamá por otra mujer… ya después de unos cuantos meses mi mamá se consiguió otra pareja, se llamaba Sebastián, el… me golpeaba, me insultaba, me humillaba y en ocasiones me torturaba.- el pingüino al recordar su pasado no evita comenzar a llorar.- … *sniff* ¿y sabes que era lo peor de todo?... mi mamá veía todo eso y nunca le decía nada, permitía todos esos golpes, nunca me dio a respetar… *sniff* poco tiempo después, Sebastián decidió meterme a un internado, pero ocurrió un accidente que provoco un incendio, todos murieron, yo logre escapar con vida… ella debe de pensar que ya estoy muerto.- se dice a si mismo limpiándose sus lagrimas.
-de verdad que lo lamento mucho Osvaldo.- le dice abrazándolo y este también lo abraza.
-patricio.- lo llaman sus hermanos corriendo hacia él y Osvaldo.- ya va a llover.- le dice David mirando hacia el cielo.
-¿Dónde nos vamos a ocultar de la lluvia?.
-pues, en este puesto.
-pero el lugar es demasiado pequeño como para que todos nos ocultemos aquí.- le informa Osvaldo.
-no, importa…- deja de hablar al sentir encima de su cabeza las gotas.- miren, primero que entren mis hermanos.- David y Esteban obedecen a su hermano y se ocultan en el puesto, cubriéndose por completo de la lluvia, después en medio de ellos dos, acomodaron el huevo y ya al final solo hubo lugar para Osvaldo.
-Patricio ya no hay lugar para ti, mejor tu ocúltate en este espacio y yo, veo donde más me acomodo.
-no Osvaldo, tu quédate con mis hermanos y con el huevo, con su propio cuerpo traten de darle calor… por favor.-
-está bien.- contesta Osvaldo, todos se acurrucaron alrededor del huevo para darle calor. Mientras que Patricio veía a todo su alrededor, tratando de encontrar un lugar donde dormir, pero no encontró nada, pero a lo lejos, logro ver entre un basurero unas cuantas mantas, corrió hacia ellas y las jalo, las coloco en el suelo y se tapo con ellas, así es, estaba decidido a dormir en el suelo con tal de que sus hermanos no pasaran frio por la lluvia.
Llovió muy fuertemente, el Patricio temblaba, pues las mantas comenzaron a mojarse con la lluvia y hacían sentir al pingüino mucho frio. El pingüino a un con su fuerte frio, comenzó a dormirse y soñó con aquella persona que deseaba tener a su lado en estos momentos tan difíciles.
-¿mamá?.- pregunta Patricio al entrar a su habitad en el zoológico, ve hacia todos lados y encuentra a su madre sentada en un ladrillo de concreto.
-hola Patricio, que bueno que ya llegaste.- le dice su madre sonriéndole tiernamente.
-… ¡mamá!.- grita Patricio corriendo para abrazarla y comienza a soltar en llanto.
-ni niño, ¿Patricio porque lloras?.- pregunta su madre con una sonrisa.
-*sniff* tengo hambre y frio mamá, por favor abrázame.- le pide aun llorando y su madre solo lo abraza.
-tranquilo hijo, no llores, todo va a estar bien, ya lo veras… te prometo que todo estará bien y tu dolor y sufrimiento terminara muy pronto.- le asegura su madre
Patricio aun dormido, de sus ojos brotaba las lágrimas que en sueños se volvían realidad y así es como pasó casi toda la noche, dejo de llover y el sol salió anunciando el nuevo día. Al despertar, corrió rápidamente a ver cómo estaban sus hermanos, todos estaban bien, Osvaldo despertó seguido de Patricio y ya todos comenzaron a caminar de nuevo sin rumbo alguno. Todos tomaron un descanso debajo de un gran árbol, pues sus hojas les brindaban a los pobres pingüinos sombra de calidad.
Observaron como una pareja de pingüinos paseaba cerca de ellos, la pingüina al verlos así, se acerca a ellos.
-hola pequeños… ¿Qué hacen aquí tan solos?, ¿Dónde están sus padres?
-nosotros no tenemos padres.- le contesta Osvaldo.
-¿Qué?, ¿pero por qué?...
-Daniela, ¿Por qué te detienes?.- le pregunta su esposo caminando hacia ella.
-estos pequeños pingüinos están solos y abandonados… Jaime, ¿crees que podamos tenerlos?
-no, no, claro que no, nosotros no podemos cuidarlos a todos son demasiados, discúlpame pero no.- le contesta alejándose.
-no se preocupe, nosotros podemos seguir adelante solos.- le contesta Patricio.
-el no es mala persona.- les dice refiriéndose a su esposo.- es solo que nosotros al igual que ustedes, estamos en una difícil situación, tengan.- les entrega 4 pescados de su canasta, para que todos pudieran comer.
-hay no, como cree que nosotros le vamos a quitar su comida.- le contesta Patricio entregándole su pescado que le tocaba a él.
-tómalo, no es ninguna molestia, al contrario, me haría muy feliz que ustedes lo comieran.- le contesta devolviéndole el pescado en sus aletas, seguido de una pequeña caricia en su mejilla. Ese simple pescado que le había entregado a Patricio, le había llenado su mirada de alegría y sin poder evitarlo, Patricio comenzó a sollozar de alegría.
-gracias, de verdad muchísimas gracias *sniff* no sabe como se lo agradecemos.
-no tienen nada de que agradecerme.- la pingüina no evito darle un beso en su frente y continuo caminando atrás de su esposo.
-es tan amable.- dice mirando su pescado, voltea su mirada hacia sus hermanos y a Osvaldo y los ve tiernamente. Ya todos al acabar sus pescados, Esteban y David miraron a Patricio un poco apenados.- ¿sucede algo?
-es que… Esteban y yo nos quedamos aun con un poco de hambre.- le contesta David con la mirada un poco agachada.
-no hay problema.- se acerca a ellos y les entrega su pescado.- coman el mío, yo… no tengo mucha hambre.- les contesta abrazándolos.
-gracias Patricio.- contestan sus hermanos con una sonrisa.
A lo largo de toda su vida, Patricio sufrió muchos acontecimientos, de hambre, frio, soledad y temor, pero… ¿Quién diría que alguien llegaría muy pronto a su vida y le cambiaria totalmente su forma de ver la vida?.
