Capitulo 2
Promesas

Después de escuchar la voz de Carly, Freddie comenzó a ponerse nervioso. Su cuerpo temblaba y su corazón estaba acelerado por la anticipación, la vería de nuevo. Decidió abrir la puerta y lo primero que vio fue a su amiga Carly. Ella se le quedo mirando unos segundos sorprendida para luego gritar emocionada y acercarse a él.

-Hola… ¿Cómo estás? –dijo con una sonrisa en el rostro, se sentía increíblemente bien estar allí.

-Perfectamente bien, pero… mírate, estás grande –Carly dijo entre risas y él solo se limitó a reír, se veía tan graciosa.

Entró rápidamente a la sala y sonrió.

-Este lugar está como lo recuerdo –dijo con añoranza. Paseó su mirada por toda la sala y fijo su mirada en Carly-. ¿Ella está aquí?

Al principio Carly no entendía su pregunta, pero luego asintió y la llamo: -Sam, baja ya…

Sintió como su cuerpo comenzó a temblar y su corazón latir con fuerza. Sin embargo, le impacto verla de nuevo tan diferente, tan hermosa. Tuvo que morder sus labios para evitar gemir, estaba jodidamente sexy con su minifalda y su polera verde.

-Carly, no consigo la secadora… -gruñó Sam mientras intentaba quitarse un nudo de su cabello. –Detesto cuando se me enreda, a veces siento que lo mejor es no peinarlo…

La rubia notó la presencia de Freddie y se detuvo bruscamente. Sus mejillas se sonrojaron y su respiración se agitó. Por otro lado, él moría de ganas por saludarla, pero no podía moverse así que solo se limitó a sonreír.

-Hola, Sam… -dijo él con voz temblorosa.

-Hola… Freddie –le escuchó decir antes de abrazarlo con fuerza.

Cuando la abrazó se sintió feliz, sintió que nada ni nadie podía arruinar ese momento tan perfecto. La última vez que estuvo en sus brazos fue aquella noche, se había ganado un resfriado gracias a eso, pero no me importo. Cuatro horas hasta el amanecer fueron suficientes para darse cuenta que no quería estar lejos de Sam.

Se separó solo un poco para mirarla a los ojos, estaba hermosa.

-¿Qué hay, tecnicucho? –dijo con una sonrisa picara en su rostro para luego pegarle como en los viejos tiempos.

-Ouch, ¿Por qué me golpeas? –gritó Freddie fingiendo indignación haciendo que ella ampliara más su sonrisa.

-Ya no finges tan bien, Benson… -dijo entre risas.

Él se giró para observar a Carly, tenía su boca ligeramente abierta de la impresión, de seguro nunca había notado que Freddie fingía cuando Sam le golpeaba. Charlaron por un largo tiempo mientras estaba lista la cena.

-No puedo creer lo rápido que pasa el tiempo, ya estás por graduarte –dijo Carly emocionada

-Llegando a un nuevo nivel con tus cables y aparatos extraños, excelente –dijo Sam con sorna pero con un deje de orgullo escondido.

-¿Cuándo es el acto? –preguntó de nuevo Carly con emoción.

-Dentro de seis meses, el próximo mes defiendo mi proyecto –dijo emocionado. –Sam, ¿Cómo te trata Yale?

La rubia sonrió, pero antes de poder responder Carly grito.

-¿Yale? Sam, ¿Por qué no me dijiste nada? –le reclamo, sin embargo, estaba más emocionada aun.

-Quería darte una sorpresa, gracias Fredonto por arruinarla –el aludido se mordió el labio para evitar sonreír, ella ni se imaginaba cuanto extrañaba él sus insultos, era una parte especial de su relación.

-Amiga me siento orgullosa de ti, ¿Cómo conseguiste la admisión? Es muy difícil aplicar.

-Lo sé, ¿recuerdas al señor Clonan? –Carly asintió. –Bueno él es uno de los accionistas y me consiguió un cupo en enfermería.

-Genial –gritó con emoción y Sam ensanchó más su sonrisa.

Siguieron las charlas y los juegos tontos que tenían muchos años sin hacer, se tomaron fotos y recordaron las locuras y anécdotas de iCarly.

-Sería agradable hacer un nuevo segmento de iCarly, sé que nadie nos va a ver, pero sería genial compartir de nuevo, improvisar… -dijo Sam con entusiasmo.

-Cantar, bailar… -complementó Carly de igual forma.

-O simplemente ser insultado y golpeado por Sam –dijo él con una sonrisa torcida en el rostro que fue correspondida por ambas chicas.

-Si lo que extrañas de iCarly son mis golpes e insultos lo puedo hacer gratis, Benson –Sam se levantó y tomó su pie con brusquedad para luego lanzarlo al piso.

El castaño no pudo evitar gemir de dolor, pero sin borrar la sonrisa de su rostro. Le había parecido gracioso el pequeño arrebato de la rubia.

-Sam, ¿Qué haces? –chilló la morena alterada. -¿Estás loca?

-Estoy bien, Carly… Ouch, ya no me siento inmune a esto… -dijo Freddie entre risas.

-¿Cuánto tiempo te tomaría hacer efectos y todo lo necesario para un segmento? –el aludido levanto las cejas y sonrió con suficiencia.

-Dos horas cuando máximo…

-Perfecto, mañana podemos hacer uno, ahora la comida… muero de hambre –Sam gruño divertida mientras se dirigía a la cocina.

Cenaron y siguieron charlando de todo y nada al mismo tiempo, salieron cosas a la luz que de seguro nunca habrían dicho cuando eran adolescentes. Pero todo termino cuando la mamá de Freddie llegó y se lo llevó de allí para pasar tiempo con él.

Sam y Carly hablaron un poco más antes de irse cada una a dormir, o al menos una de ellas. La rubia salió del apartamento de su amiga y se dirigió al ascensor, necesitaba despejar su mente y sus sentimientos. Freddie aun la ponía nerviosa y la hacía sentir cosas que nunca había sentido.

Claro a sus 18 años aun estaba en el último año de secundaria mientras que sus amigos estaban esperando sus solicitudes a las diferentes universidades que aspiraban. Ella no era de esas chicas estudiosas que ganaban becas ni nada parecido, pero ese año había decidido que lo mejor era graduarse, en serio. Su amiga y Freddie le habían ayudado a estudiar en todas las pruebas y las había pasado todas.

Sin embargo, una semana antes de su graduación mientras practicaban un segmento de iCarly llegó el castaño con una carta en la mano.

Freddie entró al estudio de iCarly con una extraña mueca en su rostro, Sam no sabría decir si era de felicidad o tristeza.

-¿Qué sucede, Benson? –preguntó la rubia con una sonrisa en el rostro, al no recibir respuesta se acercó a él y le arrebató la carta que tenía en su mano. –Veamos que tiene Freddie aquí –leyó la carta y su sonrisa se borró por completo.

-¿Qué dice la carta, Sam? –urgió Carly preocupada.

-Felicidades, Freddie… -susurró con amargura y se fue.

En ese momento no estaba pensando con claridad, eso lo debía admitir. Lo trato tan mal que en vez de estar feliz por él y regalarle los mejores momentos, se enfrasco en su dolor y se desquitó con él.

Estaban todos celebrando que Sam se había graduado y a su vez daban una fiesta de despedida. La rubia estaba sentada en el sofá con el ceño fruncido e ignoraba a todos los que se acercaban a hablarle. Su estado de ánimo no era el mejor, sin proponérselo estaba arruinando la fiesta.

-Me puedes decir ¿Qué está mal contigo? –Carly, su mejor amiga le estaba reclamando. –No puede ser que estés mostrándote así, amargada… molesta, yo que sé…

-Solo déjame… -gritó Sam molesta antes de levantarse y desparecer por el pasillo.

Entró al ascensor molesta, estaba indecisa si ir a su casa o simplemente subir a la terraza. Después de varios segundos se decidió por la terraza, no tenía nada que perder, además podía pasar la noche allí y ahogarse sola en sus penas. Sin embargo, el destino le hizo una mala jugada. Allí estaba él, la persona que menos quería enfrentar en esos momentos.

Se giró sobre sus talones e ingreso al ascensor, pero se detuvo. Tenía que ser valiente, debía enfrentarlo ahora o morir con ese secreto que la estaba atormentando.

-Hola… -susurró la rubia con temblor en su voz. –Discúlpame… -intentó dar sus razones pero él le interrumpió.

-No te disculpes, Sam… no me has hecho nada –respondió Freddie escuetamente.

-Si te he hice muchas cosas, yo… -Sam gruñó a causa de la impotencia y las lagrimas comenzaron a acudir rápidamente. Freddie estaba sorprendido, ella nunca lloraba. –Maldición Freddie, no puedo creer que esto me este pasando a mi…

No quería verle a la cara, lo había echado a perder. De seguro pensaba que era una debilucha sin remedio, sin embargo, no le importaba en esos momentos.

-¿Cómo me pude enamorar de ti? –Susurró la rubia entrecortadamente-, mi mundo se detuvo por completo cuando nos dimos ese beso, mi primer beso… después se me hizo imposible tratarte mal… estaba tan ilusionada y a la vez asustada que no me di cuenta cuando mi trato hacia ti cambio. Luego te besé otra vez y me dio tanto pánico que me rechazaras que no intente buscarte más…

-Sam, yo… -Freddie intentó parar su discurso, no lo iba a permitir, no se imaginaba cuanto le costaba hacer lo que estaba haciendo.

-Ahora había tenido un gran progreso, ya había logrado ser más abierta más expresiva contigo. Había dejado de tratarte mal y estaba jodidamente segura que podía expresarte mis sentimientos… -abrió los ojos como platos al sentir los labios del castaño sobre los suyos de forma brusca.

Lentamente comenzó a responder, todo su cuerpo temblaba por la emoción. Podía sentir el corazón de Freddie latir al compás del suyo. Sam se sintió desfallecer cuando sus lenguas se unieron en una pelea donde no había ganador. Él la levantó y la subió hasta su pecho haciendo más íntimo el beso, pero se vieron obligados a separarse por la falta de aire.

La rubia noto como sus ojos estaban llenos de lágrimas y él no hacía nada para detenerlas. En ese momento confesaron sus sentimientos, se amaban y no podían ocultarlo ya. Después de charlar por un momento volvieron a unir sus labios.

POV Sam

Sus besos me sabían a gloria, era como nuestro primer beso. Uno de sus brazos rodeó mi cintura mientras con la mano que tenía libre jugaba con mis rizos con suavidad. Rompió el beso con brusquedad para bajar y besar mi cuello.

-Maldición… -gemí al sentir como succionaba la piel sensible de mi cuello, podía sentir como mi cuerpo aumentaba de temperatura.

-Sam, no sabes cuánto soñé con tenerte así… -susurró para luego besarme con fuerza y pasión.

Podía sentir como mis barreras y mi buen juicio se iba por un tubo por sus palabras, nunca imaginé que Freddie pudiera desearme, ni en mis sueños. De pronto se detuvo y dejo de besarme, pegó su frente en la mía mientras nuestras respiraciones volvían a la normalidad.

Sus mejillas estaban ruborizadas y podía sentir porque, vaya que si lo sentía.

-Yo… yo no… -movió su boca un par de veces intentando decir algo coherente. Me encantaba despertar en él ese tipo de reacciones, me hacían sentir deseada.

-No te preocupes… también te deseo –susurré cerca de sus labios y él se tenso mientras su respiración se aceleraba.

Me sonrojé ante el movimiento que estaba a punto de hacer. Tomé su mano y la conduje lentamente hasta el interior de mis pantalones. Yo solo podía escuchar su respiración y sus jadeos, solté su mano y le indique con mis ojos que bajara. Sentir que era él quien me tocaba y no era yo quien lo obligaba me encantaba.

Mi respiración se agitó al sentir sus dedos en mi vientre, tuve que morder mis labios para evitar gemir ante lo que estaba viendo. Sus ojos estaban cerrados y mordía su labio con fuerza mientras contenía su respiración. Creo que ninguno de los dos estaba preparado para la reacción que iba a tener.

Gemí, no, grité con fuerza al sentir sus dedos tocar mi centro. Eso solo lo había hecho yo pensando en él y ahora Freddie era quien me tocaba, no iba a soportar mucho tiempo si seguía así, escuchando sus gemidos y los míos.

La fricción aumentó y me vi envuelta en una espiral sin retorno.

-Dios, Freddie… más fuerte… por favor –gemía sin control, no podía creer lo que estaba haciendo.

Por un momento sentí que lo había asustado y mis mejillas se ruborizaron, pero cuando intente hablar sentí como tiraba de mis pantalones. Sentí sus labios apresar los míos nuevamente mientras reanudaba su tarea, esta vez más fuerte y rápido.

Me deje llevar por esa sensación fuerte y placentera. De pronto deje de escuchar y de ver. Cuando todo volvió a la normalidad sentí como mi cuerpo sufría pequeños espasmos junto al entrar y salir de sus dedos, lento y profundo.

-Sam… Maldición –gimió contra mi pecho. Estaba excitado, nunca lo había visto de esa forma. Sacó sus dedos de mi interior y vi con fascinación como los chupaba, me estaba probando.

Me acerqué a su cuello aun jadeante y comencé besarlo con fuerza. Podía sentir su pulso en mis labios y su deseo aumentar alarmantemente. Lo giré tan rápido como pude y me coloqué encima de él. Realicé el mismo camino que él había hecho conmigo, su cuerpo temblaba a causa del placer.

-No… Sam, no tienes… -gimió como nunca lo había escuchado gemir, ahora sabía que no había sonido más excitante que ese.

-¿Te gusta? –susurré seductoramente mientras lamía su cuello.

-Oh… Dios… sí –jadeó con fuerza, como si le faltara el aire. –Maldición…

Y con ese improperio dio inicio a su orgasmo, los gemidos y gruñidos iban en aumento hasta que se detuvo. Su cuerpo se relajo y sus ojos se cerraron lentamente.

-Nunca había hecho algo así… -susurró con voz temblorosa y ronca.

-Ni yo… -susurré por igual. –Prométeme que si consigues otra chica y te enamoras de ella me lo dirás.

-Te lo prometo…

-Prométeme que si me dejas de amar me lo harás saber…

-Sí…

-Yo también te lo prometo y te prometo esperarte hasta el día de tu regreso… -susurré mientras lo besaba.

Abrí los ojos y una sonrisa se dibujo en mis labios. Siempre tenía la misma reacción cada vez que revivía ese recuerdo, fue mi primera experiencia y nada más que con mi primer amor, mi primer y único amor.

-¿Por qué tan sola? –mi pulso se disparó y mi respiración se agitó al escucharlo, no sabía lo condenadamente sexy que resultaba para mí.

-Estaba pensando… -susurré de vuelta con una sonrisa en los labios.

-¿Buenos recuerdos? –susurró abrazándome con fuerza.

-Excelentes… -ronronee ante la sensación que su calidad causaba en mí.

Guardamos silencio por unos minutos cuando que solo fue roto por él.

-Sam… ¿me amas? –susurró con temblor en su voz.

Me giré para encararlo, lo miré a los ojos y susurré muy cerca de sus labios.

-Te amo… -y nos fundimos en un beso necesitado, anhelado y sublime.