Conociéndonos
Te amo
Sam abrió los ojos cuando sintió los primeros rayos del sol, se sentía tan bien y feliz que podía gritar. Se estiró un poco desde su posición y sonrió al sentir un poco de dolor en la parte baja de su vientre y en sus músculos. Esa había sido, sin duda alguna, la segunda mejor noche de su vida porque la primera había sido hace cuatro años cuando se confesaron su amor. Lentamente subió la mirada solo para verlo hermosamente dormido con sus labios entreabiertos y sus brazos rodeando su cintura, ¿podía ser más hermoso?
Ella dejó escapar un suspiro seguido de una sonrisa, los recuerdos de la noche anterior golpeaban fuerte sus sentidos. Recuerda sus últimas palabras, le pedía que dejara amarla y diablos que si quería, lo había deseado por tantos años que ella no iba a impedírselo. Las manos de Freddie acariciaba cada parte de su cuerpo con delicadeza, él necesitaba grabarse cada curva, cada imperfección y cada mueca que hacía cuando sentía su toque.
El castaño comenzó a subir su camisa sin dejar de besarla, Sam podía sentir el cambio en su cuerpo. Su interior vibraba de miedo y placer al mismo tiempo, ¿y si no era lo suficiente buena para él? Esas y otras preguntas sin sentido vagaban por su mente desconcentrándola.
-No pienses… -susurró él mordiendo el lóbulo de la oreja. El placer que sintió en ese momento fue indescriptible.
Todo era tan candente y erótico, sus respiraciones erráticas era lo único que se escuchaba en la habitación y uno que otro gemido de placer cuando sus manos tocaban algún punto débil. La rubia buscaba igualdad en el momento que decidió quitar la camisa de Freddie, pero no podía controlar su fuerza, la adrenalina recorría su cuerpo que combinada con su excitación hizo que todos los botones de su camisa salieran volando por la habitación.
Freddie lanzó un gruñido ronco al sentir el desespero de Sam. Ella comenzó a besar su cuello y su pecho mordiendo todo a su paso con suavidad erizando su piel, la rubia no sabía el efecto que tenía sobre él. Volvieron a unir sus labios, querían disfrutar del momento, hacerlo especial. Aunque ninguno de los dos sabía a ciencia cierta si uno era virgen o no, esa sería la primera vez para ambos.
De pronto, Sam lo empuja sorprendiéndolo, ¿Qué había hecho mal? Pero entonces, la rubia hizo algo que lo dejo sin habla. Allí estaba ella parada frente a él, mirándolo con deseo mientras le quitaba el pantalón, cada movimiento era una tortura exquisita para él. Luego, la rubia se deshizo de sus pantalones con rapidez antes de sentarse sobre él y unir sus labios en un beso necesitado.
Sus lenguas batallaban por el dominio y ellos parecían haber olvidado como respirar. Un gemido se escapó de los labios de Freddie cuando ella movió sus caderas en su contra, lo estaba volviendo loco. Al no soportar la lentitud, las manos del castaño se apoderaron de sus caderas y comenzó un movimiento exquisito para ambos. Ninguno de los dos podía parar de gemir y estremecerse ante las sensaciones que producía ese simple roce.
Ambos jadeaban y gemían durante el beso. La sensación de vacío y vértigo en su bajo vientre se intensifico, ella sabía que significaba y rogaba mentalmente que no se detuviera. Todo su cuerpo se tensó al no poder soportarlo, se dejo llevar, dejando caer su cabeza en su hombro se perdió en el placer. Sus gemidos mandaban choques de electricidad por todo su cuerpo, Freddie se sentía desfallecer ante eso.
-Dios, Sam… eres tan sexy… te deseo tanto –gruñó cuando sus gemidos fueron reemplazados por suspiros de placer.
El castaño la dejo caer sobre su cama para regresar a la tarea de amarla. Cada beso y caricia enviaban replicas de placer por todo el cuerpo de la rubia, ella mordía sus labios tratando de callar sus gemidos; a este punto, Sam estaba fuera de control y solo quería una cosa, y eso era él.
Las manos del castaño viajaron lentamente hasta sus pechos, los apretó suavemente haciéndola gemir. Ella no se dio cuenta cuando su cuerpo quedo expuesto ante él, solo se limitaba a sentir. Freddie bajaba lentamente hasta su pecho hasta atrapar uno de ellos en su boca, sus ojos quedaron en blanco y un gruñido casi animal salió de su garganta mientras agarraba el cabello de él con fuerza, no quería que terminara. Sus dientes rozaron suavemente el pezón para luego lamerlo, Sam no podía parar de gemir, esa sensación la sobrepasaba.
Freddie continuó con besos húmedos sobre su piel, ella estaba tan perdida en su propio placer que se sorprendió al sentir sus labios en su vientre.
-Freddie… ¿Qué estás haciendo? –susurró entrecortadamente, pero él no le respondió.
Sam se mordió el labio, no quería detenerlo. No había llegado a su destino cuando sentía su cuerpo temblar por la anticipación. Él desvió su camino para besar su muslo y morderlo suavemente provocando un gemido de placer; Freddie acomodó las piernas de la rubia sobre sus hombros y la miró rápidamente antes de hacerlo. En sus ojos había lujuria, deseo y placer. Podía ver como ella mordía su labio con fuerza y sus manos agarraban las sabanas de tal forma que sus nudillos estaban blancos.
Él bajo lentamente a su centro, su respiración era errática y pudo observar como la piel de la rubia se erizaba. Una sonrisa se abrió paso en sus labios, le encantaba ser el causante de su deseo y placer. El castaño no soporto más esa tortura y simplemente se dejo llevar. No sabe que hizo desearla más si el hecho que ella prácticamente gritó al punto de dañar sus pulmones o el que su sabor era lo más exquisito del mundo; las manos de Sam agarraban su cabello con fuerza atrayéndolo más, obligándolo a olvidarse de los miedos y solo dejarse llevar por el momento.
Sam no podía creer el remolino de sensaciones que la estaban llevando al tope, no sería capaz de soportar tanto, estaba a punto de explotar. Se obligó a si misma a mirar lo que él estaba haciendo, se veía tan sexy con su ceño fruncido y… "Oh Dios" gritó en su cabeza haciéndole eco a sus gemidos. Freddie la estaba mirando fijamente mientras lamía su centro, eso fue suficiente para enviarla directamente al cielo por segunda vez.
El cuerpo de la rubia se retorcía a causa del placer, su piel estaba erizada y no podía dejar de gemir o gritar, no había diferencia para él. Cuando sintió que no resistía más su toque, comenzó un camino de regreso a sus labios. Freddie sonrió ante la reacción de ella, nunca le había producido tanto placer y tortura una caricia. Estaba a punto de besarla cuando ella se apartó bruscamente de él.
-¿Sam? –Susurró con voz ronca, sin embargo, ella no le prestó atención.
Se giró lentamente y sus ojos mostraban un fuego que lo hizo estremecer, se deslizo sobre él para atrapar sus labios con los suyos. Nunca había visto una actitud así en ella, estaba tan decidida, tan segura que lo intimido por un segundo. La rubia rompió el beso y realizó un camino lento desde su cuello hasta su pecho con la lengua, a estas alturas Freddie no podía controlar sus jadeos y temblores.
Los ojos de Sam se nublaron ante esto, era lo más erótico y sensual que había experimentado y llegaría hasta el final. Sus ojos se centraron en su miembro y no pudo evitar jadear ante el asombro, sí lo había tocado pero nunca visto.
-Mierda, Freddie, eres tan grande… -sus manos volaron hasta su boca, ¿Cómo se había atrevido a decir eso? Pero todo quedo olvidado cuando vio en sus ojos ese deseo intenso y supo que sus palabras no lo habían afectado.
Una de sus manos bajo hasta tomarlo con fuerza haciéndolo gemir, a ella le parecía sorprendente como un simple toque podía llevarlo a la locura y comenzó a sopesar sus opciones. Ella podía hacer más, pero lo único que tenía en mente era probarlo y hacerle sentir lo mismo que sintió.
Se movió un poco a la parte inferior de su cuerpo, recorrió de nuevo su mirada hasta la de él y se sorprendió al verlo con los ojos cerrados. Su ceño estaba fruncido y se mordía fuertemente el labio, ella se estremeció un poco y decidió que era suficiente tortura. Lamió un poco su miembro, solo una simple barrida que lo llevó a la locura; los jadeos de Freddie se escuchaban cada vez más y ella no había comenzado aun.
"Esto será rápido…" dijo una vocecita en su cabeza, era cierto, pero deseaba hacerle perder la cordura rápidamente.
Freddie trataba de calmarse, no quería perder todo tan pronto, pero se estaba haciendo difícil. Un gruñido casi animal salió de sus labios cuando sintió su boca cubrirlo lentamente, sus manos volaron rápidamente a las sabanas porque no confiaba en él en ese momento. "-Sam… Dios…" gimió cuando comenzó a succionarlo, sus ojos quedaron en blanco y su boca ligeramente abierta antes de dejarse llevar. No podía soportar la combinación de sus manos y su boca, era demasiado.
Gemidos, gruñidos y lamentos, la melodía perfecta según Sam. El castaño estaba fuera de sí en ese momento, su respiración estaba irregular y su cuerpo temblaba. Una hermosa sonrisa apareció en sus labios haciendo sonreír a la rubia, ella lo había logrado, lo llevó a sentir lo mismo que ella había sentido.
Freddie la atrajo hacia su cuerpo y, sin dejar de sonreír, la beso con fiereza. Sus manos se entrelazaron entre las suyas mientras dejaban escapar gemidos suaves a causa del beso. Todo se sentía tan íntimo para Sam, lo deseaba más ahora que nunca; Freddie a pesar de culminar segundos atrás no estaba menos entusiasmado, quería hacerla suya, demostrarle cuanto la amaba con su cuerpo.
Él rompió el beso y buscó rápidamente entre los cajones de su mesa de noche una caja de condones. La abrió rápidamente para extraer un paquete, mientras lo abría sentía la mirada de Sam sobre él excitándolo más, si eso era posible. Deslizo el condón a lo largo de su longitud y se posiciono en su entrada.
Sam lo miraba a los ojos, estaba segura que fue la decisión correcta esperar por él, compartiría este momento tan especial con el hombre que amaba.
-¿Estás segura? –preguntó con voz temblorosa y ella asintió. Freddie dejó escapar un suspiro lleno de placer cuando comenzó a entrar lentamente en ella.
Él fue levemente consciente del quejido de dolor y la tensión de su cuerpo, pero sentirse dentro de ella había nublado su razón por lo que tenía que parar y calmarse. Freddie limpió cada una de sus lágrimas con sus labios y le susurraba que lo sentía, que no quería dañarle. Sus manos viajaron por su cuerpo y sus labios a su cuello para tratar de hacerle olvidar. Pero esa chica quería matarlo, sus caderas se movieron solo para demostrarle que ya podía moverse y con un gemido tembloroso comenzó a penetrarla.
-¿Te sientes bien? –preguntó en medio de un gemido.
-Sí… -jadeó la rubia clavando las uñas en su espalda, era dolorosamente placentero.
-¿No te duele? ¿Me sientes bien dentro de ti? –preguntó de nuevo.
-Me encanta… ¿a ti? –preguntó antes de gemir.
-Ni te imaginas lo mucho que me encanta –gimió aumentando sus movimientos. –Dios, Sam, te amo.
Ella no respondió, estaba tan sumida en su propio placer que no podía responder. El cuerpo de Freddie quemaba deliciosamente sobre ella, era electricidad pura. Sam rodeó a Freddie con sus piernas haciendo el contacto más profundo y placentero. De pronto, todo dejo de ser claro, su vista se nublo y dejo escapar un grito de placer seguido de un gemido. Había logrado llevarla al paraíso por tercera vez y la beso antes de seguirla con intensidad. Nunca se habían sentido tan unido a una persona en sus vida como en ese momento, las replicas de placer lograban erizar la piel de ambos mientras trataban de calmar su respiración.
-Freddie, te amo… tanto –susurró entrecortadamente. No, ella no estaba llorando, pero eran muchas emociones para procesar y sentía un nudo en su garganta.
-Te amo… nunca dejaré de hacerlo –dijo besándola con fuerza y así, entre besos y confesiones se dejaron caer en un sueño profundo.
Sam suspiró mientras dibujaba una sonrisa, la mejor noche de su vida.
-¿Pensando? –susurró Freddie mordiendo su cuello con suavidad.
-Sí… -jadeó Sam cerrando los ojos con fuerza. –Dios, me vas a matar…
-Eso quiero… -gruñó antes de besarla
