Conociéndonos
Capitulo 5
Verdad al descubierto
Eran las cuatro de la tarde cuando Freddie decidió que era conveniente salir de su cuarto, se había tomado el tiempo de amarla como nunca lo había hecho, no le importaba las quejas de los vecino si su madre había llegado y los escuchó. A decir verdad, él no quería salir de allí, pero Sam le había amenazado con hacerle algo si no la alimentaba y tuvo que ceder, un aperitivo no les vendría mal.
Freddie pidió una pizza mientras la rubia tomaba un baño, estuvo tentado en entrar en la ducha con ella, pero la dejo tranquila. El castaño caminó hasta la nevera para tomar un poco de agua, no se había notado lo sediento que estaba hasta que tomó el primer trago. Si se ponía a pensar en las veces que salió de su habitación desde la noche a anterior, eso se reduciría a cero.
-Una noche algo movida, ¿no? –Freddie casi grito al escuchar a su madre, se giró rápidamente solo para verla sonriendo.
-Ehh… yo… sí… -dijo al fin con una sonrisa en los labios. –Estoy muy enamorado de ella, mamá, y saber que ella me corresponde… -el castaño cerró sus ojos y suspiró al no poder encontrar las palabras exactas que describieran sus sentimientos.
-Estoy muy feliz por ti, te mereces ser feliz y ella también –susurró su madre mientras lo abrazaba.
-Mamá… -susurró el castaño con voz temblorosa. –Sam está muy enferma… tiene una válvula del corazón obstruida, ya tiene años así y no lo había notado.
-Hijo, eso es algo que tiene solución y si se acaba de enterar no hay por qué preocuparse…
-Me preocupo y mucho, lo sabe desde hace tres años, mamá –dijo el castaño caminando hacia la sala, luego se dejó caer en el mueble. –Tú sabes que no puedes durar mucho tiempo así, tiene que operarse cuanto antes.
Marissa frunció el ceño mientras asentía, sabía muy bien las complicaciones de esperar. Ella no entendía porque la tardanza, al parecer Freddie entendió sus gestos porque le respondió.
-No tiene dinero y me molesta porque pude haberla ayudado –gruñó desde su posición. –Aun puedo ayudarla.
Su madre entendía muy bien a lo que se estaba refiriendo, su hijo tenía mucho dinero guardado en el banco gracias a la herencia que dejo su padre, aunque nunca lo había tocado, ella podía ver en sus ojos que estaba decidido a hacerlo. Desvió la atención de su hijo para enfocar su mirada en la rubia que caminaba hacia ellos. Ella tenía sus mejillas sonrojadas, seguramente apenada y su cabello mojado.
-Buenas tardes, Señora Benson… -susurró tomando asiento en una de las butacas del bar.
Freddie se despidió de ambas, dijo que necesitaba una ducha porque iban a salir pronto. También le dijo a Sam donde estaba el dinero de la pizza y que seguramente no tardaba en llegar. Ella sonrió y suspiró, tenía tantas ganas de comer pizza, ya ni recordaba la última rebanada que probó. Ella misma le pidió a Freddie que la comprara con la promesa de que solo sería una o dos rebanadas.
El silencio reino en la sala, ella podía sentir la mirada de Marissa en ella, tan penetrante como la de su hijo. Sam comenzó a atacar, literalmente, su labio a causa del nerviosismo, nunca había estado en una situación parecida. Las veces que convivió con Marissa Benson fueron para insultarla o para esconder a Freddie de sus locuras.
-Samantha, querida, acércate quiero que hablemos de mujer a mujer –esas palabras le cayeron como agua helada, su corazón y su respiración estaban acelerados por igual.
La rubia se acercó con cautela, la verdad es que no recordaba ningún momento tranquilo o sociable con ella y eso le ponía los nervios de punta.
-Debes preguntarte muchas cosas, tranquila solo quiero que hablemos –dijo Marissa al ver su rostro. –La verdad es que… yo sabía que mi niño estaba enamorado de ti desde hace mucho. Cuando me di cuenta quise morir, literalmente, por haber fallado. Entonces comencé a ver un cambio en ti, tratabas diferente a Freddie y así fue como descubrí tu secreto.
Sam estaba sorprendida, pensó haber ocultado sus sentimientos bien, pero estaba equivocada.
-Mi hijo es muy despistado, Samantha. Esas noches en vela, la falta de apetito y los suspiros repentinos, todo debido a ti –dijo ella con una sonrisa, en cambio, la rubia estaba fascinada. –El día que recibió su carta de aceptación no quiso abrirla, solo quería buscarte y que tú fueras testigo de ese momento. Pero mi hijo regresó triste y cuando le pregunté a Carly lo que había pasado entendí una todo… tú estabas molesta por su partida –Marissa sonrió al notar su sorpresa, no se había equivocado.
-Yo… es cierto. Estaba muy molesta, ¿Por qué se tenía que ir? ¿Por qué me iba a dejar sola? Había aceptado mis sentimientos hacia él y se marchaba… -dijo Sam rápidamente.
-Lo sé. Cuando te miró, me veo reflejada en ti –la rubia frunció el ceño confundida. –Cuando me enamoré del padre de Freddie, me veía exactamente como tú. El amor es difícil de ocultar, querida, y estoy complacida al saber que quieres a mi hijo, tanto como él te quiere a ti –dijo Marissa complacida.
-Yo no lo quiero… -dijo con una sonrisa de suficiencia al ver la confusión en su rostro. –Yo lo amo, muchísimo… él me hace sentir en una nube, hace que me olvide de mis problemas…
Sam dejó de hablar porque Freddie se estaba acercando a ellas. Se veía tan hermoso que le provocaba regresar a su habitación, no le importaba lo que su suegra pensara. Después de cenar, ambos se despidieron de ella antes de cerrar la puerta. Cruzaron el pasillo y entraron en el apartamento de los Shay. Lo primero que Sam vio fue a Spencer que sonreía emocionado por su presencia, gritos y abrazos seguidos de unas cuantas lágrimas, fueron el acompañamiento perfecto en ese momento.
Cuando se hicieron las nueve de la noche, Spencer decidió y a visitar a su amigo Calceto, por lo que quedaron solos con Carly. Se creó un momento incomodo entre el grupo, ella sabía que tenía que decirle la verdad.
-Vamos, amor, sabes que es lo correcto –Carly sonrió al escucharlo, se veían tan tiernos.
-La otra noche, cuando me fui… yo los deje solos… tenía miedo de contarles la verdad –susurró Sam mirando el piso fijamente. Luego fijo su mirada en el hermoso color chocolate de su novio y suspiro. –Estoy enferma, muy enferma y no sabía cómo decirles. Tengo una obstrucción en una de las válvulas de mi corazón… puede resolverse, pero aun debo esperar, por eso me mantengo con dietas –culminó la rubia sin mirarla, no se atrevía a saber su reacción.
Ella solo escucho el silencio y la respiración algo irregular de Freddie, no tenía que mirarlo para saber que estaba llorando.
-¿Por qué no nos dijiste? –preguntó Carly entrecortadamente.
-Lo mismo le dije yo y lo vuelvo a repetir, Sam, no tienes que ser fuerte todo el tiempo –dijo Freddie con molestia.
-Bueno, solo tengo que esperar…
-Esperar nada, Sam, ¿me escuchaste? –dijo Freddie alzando tu voz. –Buscaremos un especialista para que vea tu caso y te operes cuanto antes…
Sam se levantó y comenzó a alterarse.
-No puedo… no tengo dinero, Freddie, ¿es difícil de entender? –gritó con lágrimas en sus ojos.
-Sam, deja que te ayudemos –dijo Carly alzando su voz, sabía que no era el mejor momento para pelear, pero su amiga era terca.
-No, no, no… está operación es cara, ni se imaginan…
-¿En serio crees que no lo sé? Mi mamá es una enfermera, ¿recuerdas? –gritó Freddie en respuesta logrando callarla. El castaño suspiro cuando la vio llorar y se acercó para abrazarla. –Mi amor, déjame ayudarte… yo puedo ayudarte, no importa el dinero, pero no sigas retrasando esto.
Ahora los sollozos de la rubia era lo único que se escuchaba en el apartamento de Carly. Freddie la abrazaba con fuerza mientras le besaba su frente.
-Por favor, amiga, deja que te ayudemos –susurró Carly acercándose a ella para abrazarla.
-¿Me dejarás ayudarte? –Sam asintió y Freddie suspiro de alivio. –Esa es mi chica…
