Solo quise terminar de publicar las que ya he terminado por facebook y aquí no he actualizado. Aun no estoy decida a terminar las historias que todos me piden, pero espero conseguir los animos para finalizar esos proyectos.

Besitos y disfruten


Conociéndonos
Luchar

Todo a su alrededor era blanco y sin sentido, podía sentir una paz que nunca imagino experimentar. Ella intentó caminar o volar, estaba confundida. Lo único que sabía era que su cuerpo flotaba sin sentido alguno. Trató de calmarse y recordar, primero que nada, su nombre porque si algo estaba segura, era no recordar nada.

Por varios minutos vagó por ese espacio tranquilo y perturbador, fue consciente de su cabello rubio, caía graciosamente sobre sus hombros. Aun se sentía perdida, aun estaba confundida y no quería quedarse así para siempre. Como si se tratase de una pantalla de cine, imágenes comenzaron a aparecer a su alrededor y las primeras voces resonaron por todo el lugar.

-No trates de convencerme, Carly –dijo una mujer rubia, tenía lagrimas en los ojos y parecía estar atormentada por algo. –Esta operación es muy costosa, no dejaré que él gaste su dinero en mí.

-Por favor, Sam, no te ciegues y deja que te ayudé –dijo Carly desde la cocina, ella preparaba un aperitivo de medianoche, algo que la rubia no podía hacer desde hace mucho. –Freddie solo intenta ayudarte, él puede y si es así, ¿Qué le impide hacerlo? ¿Tú? No me parece justo.

-Es que no entiendes, él no puede gastar su dinero en mí –en esos momentos, la morena observaba a su amiga con el ceño fruncido. Ella sabía que no estaba de acuerdo con su decisión.

-Entonces no debiste aceptar la otra noche, con ilusionarlo no hacías nada –sentenció Carly acercándose a ella. -Debes hacerlo, Sam, no puedes quedarte esperando que algo pase. Se te presenta esta oportunidad, tómala... no pienses, amiga -dijo mientras la abrazaba, hasta ahora, no había notado que su color de piel ya no era el mismo.

Sam no actuaba con la misma vitalidad de hace años, eso se tenía que resolver...

-Lo sé, pero no puedo...

-¡Ya basta! Acepta la ayuda de Freddie, él solo quiere tu bien... –la rubia estaba llorando.

Ella se acercó más de lo que debía a la pantalla y la traspasó, ahora vivía en carne propia lo que la rubia llamada Sam estaba sufriendo. Ella caminó hasta los muebles, no podían verla y eso le extraño. Se sentó muy cerca de ellas para escuchar su conversación.

-Me tengo que ir, Freddie me está esperando –susurró Sam mientras dejaba escapar un suspiro. –Prometo que lo pensaré…

¿A dónde iba? Ella se levantó y persiguió a la rubia por todo el trayecto, no sabía porque la seguía, pero se sentía correcto. Algo le decía que, si la seguía, iba a conseguir todas las respuestas que necesitaba. Caminó por las calles llenas de personas, con ninguna tropezaba, solo se limitaba a sentir como traspasaban su cuerpo.

"Definitivamente, esto es un sueño", había dicho en voz alta sin ser escuchada, tampoco le importaba mucho. Llegaron hasta un hospital, Sam buscaba a Freddie en los pasillos, cuando al fin dio con él y los vio abrazarse, la espectadora se sintió rara. De algún lado conocía a ese hombre, pero los recuerdos que tenía de él eran distintos. Lo recuerda de niño, cuando le pegaba y disfrutaba de hacerle daño emocional. ¿Tanto había cambiado? Se preguntaba ella sorprendida, sin embargo, otro sentimiento le embargo, eran celos.

"Freddie tiene una novia llamada, Sam… igual que yo", se dijo a sí misma. No podía creerlo, en realidad si podía. Después de todo ella era un desastre y nunca había hecho nada bueno por él. En cambio, esa Sam, parecía amarlo y sobre todo, era hermosa.

Los siguió hasta un consultorio, al principio lo pensó mucho, tenía que respetar su privacidad. Sin embargo, ella nunca había respetado las reglas así que no lo iba a hacer. Traspasó la puerta y se sorprendió al encontrar a Freddie solo, sentado con las manos cubriendo su rostro y respirando con dificultad.

"¿Qué te pasa, Freddie?", preguntó aun sabiendo que no lo escuchaba.

-No te voy a perder, Sam, no otra vez –ella frunció el ceño y suspiró, con él tal vez no conseguiría la respuesta.

Caminó hasta el otro lado del consultorio y encontró al doctor revisándola minuciosamente. Él negaba con la cabeza y suspiraba.

-¿Le ha dicho a su novio que está embarazada? –La rubia dijo que no y suspiró abatida. –Creo que debe operarse cuanto antes si no quiere perderlo.

-Está bien, cuanto antes mejor –susurró con pesar. –Pero no le diga nada a Freddie, quiero ser capaz de decírselo.

-Muy bien, arreglaremos sus papeles del seguro… -La rubia bajo la cabeza apenada y suspiro.

-Yo no tengo seguro… -susurró mientras aparecía un fuerte rubor en sus mejillas.

-Pues, creo que está equivocada porque Freddie me entregó su número de seguro –La rubia se sorprendió tanto como ella, la amaba tanto como para regalarle un seguro, esto la tenía sin palabras.

Entonces, se puso a pensar. ¿Por qué estaba viendo algo que no le iba a servir? ¿Por qué tenía que vivir algo que no era suyo? Salió del cuarto y se sentó justo al lado de Freddie, había dejado de llorar, pero tenía los ojos rojos. Segundos más tarde, salió el doctor con su novia que, a pesar de llorar por lo mismo, tenía los ojos rojos igual que él.

-¿Por qué no me dijiste lo del seguro? –Reprochó la rubia con voz entrecortada.

-Los dejaré solos para que hablen, yo iré a hacer todo el papeleo –la rubia asintió bajo la mirada sorprendida de Freddie.

El silencio se hizo presente en el lugar, solo se escuchaba la suave brisa del aire acondicionado y sus respiraciones. Nunca fue testigo de algo tan deprimente, esos dos estaban allí, esperando que cualquiera rompiera el silencio.

"Es patético, Freddie, habla de una buena vez", dijo ella con molestia.

Ella se dejo caer en el piso, para luego suspirar y cubrir sus ojos con sus manos. Aun no entendía el propósito de ese sueño, solo quería despertar y descubrir que le había pasado. Tenía que saber porque había tardado tanto en recordar su nombre y porque soñaba con el Fredonto.

-Acepte operarme… pero hay algo más –la voz de la rubia la sacó de sus cavilaciones, al fin le diría que estaba embarazada.

-¿Más? Dímelo, por favor, no importa qué… -la voz de Freddie se rompió.

"De verdad te importa esta chica, ¿no?"

-Estoy embarazada… -otra vez el silencio se adueño del lugar.

Freddie observaba aturdido a la rubia, no se esperaba eso de su parte. Lentamente se acercó a ella y acuno el rostro de Sam en sus manos.

-Sino me opero, puedo morir y… -Freddie no le permitió terminar. La beso como nunca lo había hecho. Sus manos borraban todo rastro de lágrimas, él se encargaría de que ella nunca volviera a llorar.

-No digas nada, lo vamos a lograr…

Como si se tratase de una película, la imagen comenzó a perderse y a dar saltos que ella no podía comprender. De pronto, se vio en un lugar muy neutro, cortinas la rodeaban y una lámpara apuntaba directamente a una persona. Se acercó a ella, pero no la reconocía. Su piel era tan blanca y morada al mismo tiempo, tenía un color muerto.

"¿Qué diablos está pasando aquí?"

Entonces, dos brazos traspasaron su cuerpo. Un sonido continuo y algo molesto no paraba de escucharse, podía hacer eco dentro de su cabeza. Aparecieron enfermeras y doctores en ese espacio vacío, todos se movían con rapidez. Ella podía reconocer eso, estaban tratando de salvarle la vida a esa mujer.

-Tres minutos y nada… -escuchó la voz de una mujer, que reconoció como Marissa Benson.

-Lo siento, pero no pudimos hacer nada –dijo el doctor que estaba justo a su lado.

-Sigue intentando, mi hijo se morirá del dolor si no lo logra… -la voz de Marissa se rompió.

-Tengo que pedirte que salgas, no puedes estar aquí –como si hubiese sido una orden, se pegó como un chicle y deseó poder hablarle.

Cuando llegaron a la sala de espera estaban todos, hasta su madre, allí sentados. Freddie se levantó seguido de Pam, vieron a Marissa con los ojos rojos y como negaba con la cabeza, y se largaron a llorar. Ella se buscó por todos lados sin entender porque todos, hasta su madre, lloraban por esa mujer.

Ella se giró un poco solo lo suficiente para observar a Freddie llorar, la imagen era tan desgarradora, tanto que quiso llorar con él.

-Eso es imposible, las mujeres Puckett somos fuertes. Esto debe ser una broma –bramó Pam sorprendiéndola.

"¿Mujeres Puckett?" entonces lo recordó.

La noche de amor y deseo con Freddie, donde ambos lloraron de felicidad y tristeza al mismo tiempo. Iban a ser padres, pero había posibilidades de morir por su haber esperado tanto. Lo nerviosa que estaba esa noche por la operación, las palabras que dijo Freddie cuando pensaba que estaba dormida "¿Sabes? Nunca imaginé que este sentimiento crecería tanto, al punto de hacerme egoísta... Sam, no puedo vivir sin ti"; palabras que retumbaron en su mente y tatuaron su piel de forma dolorosa.

Recuerda el miedo latente al saber que su operación estaba próxima, la promesa que le hizo a Freddie antes de ingresar al quirófano "Te veré luego, te lo prometo" y él le creyó.

Sam se sentó en el suelo y comenzó a llorar, ella no quería morir, no ahora. No quería morir cuando sabía que en su vientre había un hijo de Freddie, ella quería vivir. Entre gemidos y sollozos, se acercó a su novio y le susurró.

"Te lo juro, lucharé por ti y por este bebé… espérame"

Sam se limpió las lágrimas y regresó rápidamente al quirófano, ya los doctores no hacían nada para salvar su vida, estaba muerta. La ira se apoderó de su alma y comenzó a gritarle a su cuerpo.

-Lucha, Samantha Puckett… ¿acaso eres débil? –gritó con todas sus fuerzas. La escena era tan subreal que le daba miedo. –Respira, has algo… pero no dejes de luchar…

El sonido molesto no había parado, seguía allí recordando que estaba muerta.

-Por favor… lo amo, no me dejes morir… -susurró abrazando su cuerpo y cayendo en un sueño tranquilo.

Freddie
Había dejado de llorar hace dos minutos, sin embargo, eso no significaba que quería dejar de hacerlo. Podía escuchar los sollozos de Carly y Pam, todos habíamos perdido a esa persona tan especial para nuestras vidas. Había perdido al amor de mi vida, a la mujer que en tan solo un mes, me robo todo y que ahora se lo llevaba con ella. Creo… que sin ella no podré continuar, sin ella mi vida es un cero a la izquierda… sin ella no soy nadie.

Escuché como las puertas del quirófano se abrieron, no quería escuchar lo que ya sabía.

-¿Freddie Benson? –preguntó una de las enfermeras.

-¿Si? –Mi voz salió más ronca de lo que pensé, no conocía al hombre que estaba hablando.

-Acompáñeme, por favor, tú también Marissa –mi madre se extrañó, pero asintió.

-Vamos, hijo… -pero no quería, no podía verla allí sin vida sabiendo que era el culpable. –Mientras más rápido lo hagas mejor, Freddie.

Después de unos segundos, me levanté del suelo y caminé atrás de mi madre. Mi respiración se había agitado y mi corazón latía descontroladamente. Cuando llegamos al área de espera, donde todos los pacientes eran colocados para que pasaran la anestesia, lo sabía por mi madre; el doctor que atendió a Sam se acercó. Su rostro no dejaba entrever ninguna emoción.

-Fue un trabajo muy difícil y la perdimos por tanto tiempo que no creemos que este del todo bien… -yo fruncí el ceño sin entender.

-Sam… ¿Está muerta? –pregunté entrecortadamente mientras las lágrimas caían libremente por mi rostro.

-Estuvo muerta, cinco minutos para ser exactos –dijo el doctor con voz cansina.

¿No estaba muerta? ¿Era eso posible? Nuevas lágrimas rodaron por mi rostro y comencé a desesperarme.

-Te llamé por un motivo –comenzó él mirándome fijamente. –Esa chica me dijo antes de iniciar que te quería a su lado al despertar… -siguió hablando, pero yo no escuchaba. Ella quería que yo estuviese a su lado.

-¿El bebé? –Recordé de pronto bajo la mirada confundida de mi madre.

-No ha sufrido daños su embarazo, al parecer todo está en orden –cerré los ojos aliviado. Me coloqué la bata y entré a un área especial, donde solo doctores y enfermeras podían estar.

La espera se hacía eterna, de vez en cuando se me hacía imposible no llorar. Pensar lo cerca que estuve de perderla, saber que la perdí y volvió a la vida. Apoyé mi cabeza sobre su regazo y tomé sus manos entre las mías, habían pasado tantas horas de eso y aun no reaccionaba, tenía miedo de que el daño fuera permanente.

-Te amo, Sam –susurré besando sus manos.

Entonces, sus dedos apretaron mi mano con sutileza, sin mucha fuerza. Levanté mi cabeza y la miré, sus ojos estaban abiertos.

-No hables, mi amor… estás bien… están bien –susurré entrecortadamente, pero ella no quitaba la mirada de mi rostro. -¿Sabes quién soy? –Pregunté temeroso.

Ella asintió mientras de sus ojos brotaban lágrimas.

-No llores, mi vida, todo está bien… estoy aquí contigo –ella suspiró y cerró sus ojos, sus manos no habían dejado de apretar las mías. Ahora, nunca la iba a dejar sola, aunque eso significara perder mi carrera