TENESEE, ESTADOS UNIDOS

Clara se había vinculado con la fraternidad de la Universidad, y sus amigos la habían invitado a mudarse de su pequeño dormitorio a la casa de la fraternidad.

Los amigos de Clara guardaban el secreto de Gatomon, al punto que la última vez que ella visitó se quedó en la casa de la fraternidad.

Gatomon no le importo venir porque estaba de cualquier modo algo molesta. Tuvo que presentarse al alto concejo de los ángeles en su mundo poco después que Veemon pudo regresar.

Enroscada frente a la chimenea, recordó cuando ella estaba en el centro de una habitación oval en forma de bóveda. Recordó que en las tribunas altas los Ángeles del concejo tomaban asiento. Arriba, el techo estaba hecho de cristales elongados que se encontraban en la cumbre, haciendo que el interior de la habitación brillara como si un arco iris pasase a través de ella.

Recordó las voces que resonaban dentro de la bóveda. La puerta en la tribuna superior se abrió y apareció un digimon que ella ya conocía. Era el secretario del concejo de los ángeles. A pesar de no ser un ángel, lucia tan blanco como uno. Su corta estatura, aumentaba con su sombrero terminado en punta. En su rostro, solo se veían sus amplios ojos porque una bufanda cubría desde su nariz (si es que tenía una) hasta la quijada. Esa bufanda se extendía hasta sus tobillos convirtiéndose en una capa que cubría tanto la parte de atrás y delante de su cuerpo. Además de las grandes botas, también lucia en sus manos guantes blancos gruesos y en su mano derecha sostenía un báculo dorado en cuya punta se veía la figura de una luna creciente.

- Todos de pie. – dijo el secretario. – Saluden al Alto Concejo de los Ángeles...- Saluden a Cherubimon (Kerpimon)

Salió una enorme criatura que tenía el rostro como el de un conejo. Su cara era toda blanca con dos franjas verticales verdes que pasaban sobre los ojos. Sus largas orejas estaban decoradas en las bases con dos anillos de oro gigantescos. Poseía una túnica blanca y azul decorada con hilos de oro que a nivel del cuello se abría en varias puntiagudas proyecciones. Caminando con sus dos amplios y acolchados pies tomó asiento.

- Todos Saluden a...Ophanimon.

Entró una figura femenina vistiendo una amplia y pesada armadura de color esmeralda. Aquella, tenia símbolos de cruces amarillas por todos lados y en la espalda. Sus alas se proyectaban a los costados sin terminar en punta. En su brazo izquierdo cargaba un escudo ovalado. Se sentó justo al pie de Cherubimon.

- Todos saluden a...Seraphimon.

Una criatura que parecía un caballero entró en la habitación. Su armadura era mas gruesa que la de Ophanimon pero sus alas eras similares. Sostenía una espada dorada en su mano derecha. Permaneció de pie entre Ophanimon y Cherubimon y luego su voz se escucho como un rugido en el palacio.

- Primero que todo, quiero presentarles a nuestro mas nuevo y orgulloso miembro. Por favor, denle la bienvenida a Lucemon.

La puerta lateral del palco se abrió y un personaje que parecía un niño humano entró. Era todo blanco él, y rodeado por un aura. Vestía una toga larga de color blanco y caminaba con sus pies descalzos. Silenciosamente, tomó asiente al lado de los tres miembros del concejo.

- Tomen asiento por favor. – dijo Seraphimon mirando alrededor. – Pero, esperen. ¿Dónde esta el estenógrafo? Tenemos que tomar nota de esta sesión.

Justo en ese momento la puerta se abrió y entraron dos pequeñas criaturas. El primero parecía un pequeño simio de color crema sin cola. Vestía una extraña faja plegada de color rosa alrededor de la cintura. Debajo de sus ojos, la boca estaba rodeada por un halo gris. Y finalmente sostenía debajo del brazo un libro enorme.

Detrás de el, apareció otro personaje, que era alto y larguirucho de color amarillo. Vestía un par de pantalones ajustados de color rojizo y su perfectamente redondeada cabeza terminaba en una enrollada punta que se enfilaba hacia arriba.

- Bokomon. Llegas tarde. – dijo el secretario.

- Siento el retraso Sorcerimon. – dijo la criatura en forma de simio.

- Entonces podemos empezar. – dijo Sorcerimon haciendo la señal que la sesión estaba abierta.

Ophanimon se levantó de su silla y empezó a hablar. Sintió que debería ser la primera en hacerlo por ser una mujer, justo como la digimon que estaba bajo escrutinio.

- Gatomon, te llamamos a esta audiencia para discutir tu reciente comportamiento, el cual encontramos cuestionable.

Cherubimon se levantó de su silla algo molesto y quería hablar también.

- ¿Te das cuenta que estas compartiendo importantes secretos con los humanos?

- Por favor. No me interrumpas...- dijo Ophanimon algo molesta por la interrupción.

- Procede. – ordeno Seraphimon.

- El hecho de haber prestado tu anillo para ser analizado por un humano, nos parece una acción peligrosa. Pensamos que compromete la integridad de esta comunidad.

- ¿Por qué? No recuerdan que ellos salvaron este mundo junto con el de ellos? – respondió Gatomon.

- Nos dimos cuenta del incidente, pero sabiendo que los humanos son impredecibles, los consideramos capaces de actos de suma maldad y que pueden usar el conocimiento que tienen de nosotros en nuestra contra. – respondió Ophanimon.

- Recuerda que fue un humano quien casi fue responsable de todo ese desastre y eso que era solo uno. – dijo Cherubimon volviendo a interrumpir.

- No todos los humanos son como el! – respondió Gatomon alzando su voz.

- ¿Cómo te atreves a alzar tu voz contra el concejo.- dijo Lucemon parándose de su silla. – Yo me he dado cuenta de su maldad. Ellos traicionarían o destruirían a los suyos para obtener lo que desean! Sugiero que este digimon sea castigada quitándole su habilidad de cambiar en uno de nosotros.

Otros digimon presentes en el recinto empezaron a murmuran incrédulos. Todos empezaron a hablar al mismo tiempo. Los miembros del concejo empezaron a vociferar entre ellos para llegar a una decisión.

- Orden! Orden! – rugió Seraphimon haciendo que todos en la habitación quedaran en silencio.

Se levantó de su silla y fijo la mirada sobre Gatomon.

- Gatomon, este concejo ha decidido que debes renunciar a tu habilidad de evolucionar en uno de nosotros. Por favor, coloca tu anillo en ese panel para que podamos remover ese poder.

- Esto no es justo! – protestó Gatomon.

- Estoy siendo benevolente dejando la forma que tienes ahora.. O ¿es que quieres cambiar a un Salamon?

- No...- dijo ella pensando en Veemon. – Acepto sus términos...- dijo con los brazos y cabeza abajo.

Tomo el anillo de su cola y lo puso en un panel luminoso. Retrocedió y el panel brilló por unos segundos, y luego, el anillo regresó flotando a sus manos.

- Que! – dijo Lucemon. – ¿Le devuelves el anillo?

- Pretendo que el castigo sea transitorio. Sugiero que reflexiones sobre tu comportamiento. – dijo Seraphimon tomando asiento.

- Hay otro asunto. – dijo Ophanimon. – Hemos visto como has sido influenciada excesivamente por los sentimientos humanos y tu capacidad de juicio puede esta comprometida por ello.

- Si. Te hemos visto andando con ese plebeyo. – dijo Cherubimon haciendo que la audiencia vociferara sin poder creerlo.

- Escucha. – dijo Ophanimon. – Los sentimientos humanos son peligrosos. Nublan el juicio y vuelven borrosa la realidad ante nosotros. Te pedimos que te abstengas de seguir viendo a Veemon de la Villa para probar que eres digna de volver a ser parte de este grupo otra vez.

Gatomon se mordió su labio inferior cuando escuchó esas palabras y se inundo de tristeza profunda.

- Se acabó esta reunión. Miembros del concejo, Secretario, Bokomon, tenemos una reunión para discutir el proyecto de defensa espiritual. – dijo Seraphimon parándose de su silla dejando el recinto con los otros ángeles siguiéndole detrás.

Gatomon se retorcía atormentada frente a la chimenea cuando recordó la vez que vio a Veemon por última vez. Se habían encontrado en la colina cerca de la villa del fuego.

- Esos ángeles... – dijo Veemon furiosamente. – No es justo.

- Lo se...pero pienso...que ya no debemos vernos mas... – dijo con lagrimas en sus ojos.

- No se si pueda soportarlo... – dijo Veemon aproximándose un poco tratando de abrazarla.

- No...- dijo ella rechazando el abrazo.. – Adiós... – dijo despidiéndose y escapando de allí con lagrimas en su rostro.

" No lo he visto desde entonces" pensó ella para si.

En ese momento, Clara entro a la sala sosteniendo un vaso de papel en las manos.

- ¿Estas bien? – le pregunto a Gatomon, cuando de pronto se escucho un golpe en el techo de la casa.

Gatomon abrió sus ojos y alzó sus orejas para escuchar atentamente. Olfateo unos segundos y luego con la frente arrugada hizo que sus garras se extendieran de sus guantes.

- ¿ Qué esta pasando? – pregunto Clara.

- Retrocede. – dijo Gatomon gruñendo a la chimenea.

- No veo nada malo...- respondió Clara cuando de repente una nube de murciélagos negros bajo por la chimenea como una tromba. En instantes, llenaron toda la casa haciendo que las chicas salieran de sus dormitorios gritando de espanto.

Todos corrieron hacia el exterior de la casa, incluyendo Gatomon y Clara. Miraron hacia arriba y vieron en el techo de la casa la figura de un vampiro de pie junto a la chimenea.

- Veo que los saque corriendo..pequeñas ratas... – dijo la figura femenina con alas de murciélago a las espaldas.

- Ladydevimon! Que haces aquí! – gruñó Gatomon.

- Vengo a probar tu fuerza. – dijo la criatura bajando de techo, volando a gran velocidad atropellando a Gatomon por sorpresa.

Sosteniéndola del cuello, Ladydevimon pasó volando a través de la ventana de la librería a una cuadra de la casa de la fraternidad, destruyendo los cristales de las ventanas. Gatomon pudiendo mover una de sus patas, rasguño a Ladydevimon en el antebrazo haciendo que la soltara entre los estantes emitiendo un horrible chillido.

Ladydevimon entonces, aterrizó en el medio del recinto.

- Me enviaron para despellejarte pequeña rata! Hiciste un buen trabajo haciéndonos creer que eras uno de nosotros...- dijo Ladydevimon. – Esos malditos Ángeles siempre se meten en nuestros asuntos.

- Siempre supe que Cloakmon tramaba algo y que usaría a los digimon de la villa para hacer su trabajo sucio. – dijo Gatomon escondida detrás de un estante. Su voz hacia eco en todo el lugar.

- Tuviste agallas cuando le entregaste tu anillo para engañarlo. Pero no te preocupes, arrancaré tus entrañas cuando haya acabado contigo. – decía Ladydevimon buscando en la gigantesca librería.

Gatmomon salto de detrás de un estante y le arrojo un enorme libro a Ladydevimon.

- Oye...edúcate! – dijo Gatomon lanzándole el libro a la cara.

- Pequeña peste! – rugió Ladydevimon contra atacando a Gatomon.

Gatomon hizo lo mejor que pudo para evitar los golpes pero eran demasiado rápidos. Finalmente Ladydevimon logró golpear su vientre lanzándola volando contra la pared. Ladydevimon se reía diabólicamente a medida que se aproximaba a ella y luego la tomó por el cuello.

- ¿Qué pasa? Donde escondes tu ángel ahora? – decía Ladydevimon estrangulando a Gatomon.

- Ya no puedo convertirme en ángel...- decía débilmente Gatomon con la voz entrecortada por la asfixia.

- ¿Qué? – dijo Ladydevimon soltando a Gatomon.

- El concejo de los Ángeles me quito ese poder. – tosió Gatomon de rodillas en el suelo.

- Que patético... – dijo Ladydevimon. – No tienes oportunidad contra los Dark masters. Matarte solo ensuciaría mis manos. – dijo despegando y saliendo por la ventana.

- Espera! – gritó Gatomon recuperando poco a poco el habla. - ¿Quiénes son los Dark Masters.

En ese momento, las sirenas de policía se escucharon en el exterior. Gatomon no tuvo otra opción que dejar de hacer preguntas y esconderse.

Minutos mas tarde las patrullas de policia se habían ido. Pocos se habían atrevido a explicar lo que habían visto y los que se atrevieron recibieron una carcajada como respuesta.

Por otra parte, Clara se quedó en su habitación y se negó a salir. Permaneció al lado de la ventana preocupada por gatomon. Cuando la última patrulla se fue escucho a alguien golpeando la ventana.

Clara se apresuro a abrir. Era gatomon, quien estaba lastimada pero aun pudo entrar por la ventana por sus propios medios.

- ¿Estas bien¿Qué fue todo eso? – pregunto Clara agachándose a atender a Gatomon.

- No lo se. Me atacó e iba matarme...Pero luego mencionó a los Dark Masters y se fue...

En ese momento el monitor del computador que estaba en la habitación de Clara se encendió por si solo, emitió un resplandor momentáneo y luego hubo silencio.

- Clara...- llamó una de las compañeras. – Sal de allí que van a revisar la casa. – abrió la puerta y ni Clara ni Gatomon se encontraban alli.