Me concentré en mi libro de Romeo y Julieta después de poner un poco de música mientras esperaba el despegue y me preparaba para lo que estaba por venir. No es que molestara el viajar o volar, aunque estaba un poco preocupada por el viaje de una hora en auto con Charlie. Ni mi padre ni yo nos caracterizamos por hablar demasiado, o expresar nuestros afectos en exceso. Aunque hay que reconocer que se había tomado bastante bien todo este asunto de la mudanza. Ya me había matriculado y me iba a ayudar a comprar un coche. De hecho se mostró feliz al enterarse de que me iba a vivir con él, además de confuso, claro, ya que nunca oculte mi desagrado hacia Forks.

Decidí dejar de intentar releer los diálogos que me sabía de memoria y cerré los ojos, intentando concentrarme en la música. La canción pertenecía a una de las bandas favoritas de Phil, ha estado loco por ella desde que la descubrió y tengo que admitir que hasta mamá y yo nos sabemos de memoria algunas de sus canciones.

El cantante hablaba de una relación a escondidas entre los sonidos típicos del rock, inconscientemente comencé a marcar el ritmo con mis palmas y a murmurar la letra con los ojos todavía cerrados cuando sentí una mano en mi hombro.

Era la azafata, una chica de no más de 25 años, con grandes ojos azules que me examinaban al tiempo que me ofrecía una sonrisa formal. Me quité los audífonos cuando entendí que quería hablarme.

-Lo siento, me llamo Megan, soy tu azafata.

-Me di cuenta – dije, mirando su vestimenta, como si fuera obvio – Lo siento, no quise ofenderte – espero que no haya tomado a mal mi comentario sarcástico. Megan rió.

- Tranquila, no pasa nada. Solo me preguntaba si podía traerte algo – lo hizo sonar como una pregunta.

- No está bien, gracias.

- De acuerdo, cualquier cosa que necesites, puedes llamarme… ¿Cómo es tu nombre? – Ahí estaba esa sonrisa otra vez. Megan se veía como una buena chica.

-Bella.

-De acuerdo, un gusto conocerte, Bella. – Dijo encaminándose al otro asiento. Volví a ponerme los auriculares y la canción siguió hablando sobre el romance erróneo y secreto del líder de la banda.
En lo que pareció muy poco tiempo, Megan tocó mi hombro de vuelta, despertándome para anunciarme que estábamos por aterrizar. Luego de que nos despidiera a todos y nos deseara buena vida, bajé para esperar a mi próximo vuelo.

Charlie me esperaba, como siempre, en el coche patrulla. Él es el jefe de policía de Forks desde que tengo memoria. Nos abrazamos torpemente cuando me vio.

-Me alegro de verte, Bella, bienvenida. – Me sostuvo firmemente por los hombros – Apenas has cambiado – agregó sonriendo. – ¿Cómo está Renée?

-También me alegro de verte papá, mamá está mejor. Aunque sigue en el hospital. – Él asintió.

-¿Cómo esta Phil? – Preguntó una vez en el coche, camino a Forks. Yo sonreí. A pesar de ser el ex marido de mi mamá, Charlie se llevaba extraordinariamente bien con él.

-Bien, te envía saludos, por cierto. Mamá igual. – Él volvió a asentir.

- He localizado un coche perfecto para ti. – Desconfié de la oración en el momento en que dijo "para ti" – Un Chevy.

-¿Cómo lo conseguiste?

- ¿Te acuerdas de Billy Black? Solíamos ir a su residencia en La Push… Tú jugabas con sus hijos. – Papa solía llevarme a la reserva india cerca de la costa cuando iba a pescar. Recuerdo pasar horas jugando con sus hijas en la playa, no es como si se pudiera disfrutar realmente, ya que las temperaturas son heladas, pero jugábamos con la arena.

-No demasiado.

-Bueno, Joe, su hermano esta en silla de ruedas ahora, por lo que no puede usarlo y me propuso venderme el auto por un buen precio.

-Bien. ¿De qué año es? – Su cara se torció en un gesto que dejaba en claro que era bastante viejo.

-Bueno, Billy y Joe le han hecho varios arreglos al motor, pero creo que lo compro en los ochenta.

-Genial, no sé nada de autos. Y no puedo permitirme pagar un mecánico si le pasa algo.

-Funciona de maravillas, mucho mejor que la mayoría de los cacharros de hoy en día. Además, los gastos los puedo pagar yo. Después de todo, ya te lo he comprado como regalo de bienvenida. - Charlie me miró de reojo al tiempo que yo lo miraba a él. Vaya, un auto gratis.

-Papá, no tenías porqué hacerlo, yo estuve ahorrado y…

-Y nada, Bella. Quiero que estés a gusto aquí.

-Gracias, papá. – Dije mirando hacia la carretera.

-De nada Bells, me da gusto que lo aceptes. – Por supuesto, era una novedad que lo aceptara así como así. Nunca me gusto el exceso de atención de los demás ni tampoco el hecho que gastaran más dinero del necesario en regalos. Como por ejemplo, un auto. Pero sabía que lo hacía feliz.

Hablamos sobre mi vuelo y mamá un poco más hasta que puse un poco de música en el estéreo. Luego el viaje se dio en un cómodo silencio.

Finalmente, llegamos a "casa". Tendría que ir acostumbrándome a la idea.

Básicamente, era la misma casa de dos habitaciones que habían comprado con Renée durante los primeros tiempos de su matrimonio, en la etapa pre-caos con algunas modificaciones.

Luego de subir mis maletas y pocas pertenencias al que sería mi cuarto, y un pequeño tour al piso en desnivel construido un par de años atrás, Charlie me llevó a comer al restaurant del pueblo y después de eso, fuimos a la residencia Black.

Resultó ser que Billy era ahora el Alcalde de Forks, lo que fue una sorpresa, ya que nunca me lo imaginé en política y Charlie tampoco hizo mención alguna de dicho acontecimiento.

-¡Bella, que maravilloso volver a verte! – Dijo un hombre a mis espaldas. Al darme vuelta me encontré a un alto y bastante arrugado Billy Black. ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que lo vi? Se encaminó para darme un abrazo.

-¿Billy? – No pude ocultar mi sorpresa. – Wow, te ves bien. – Estaba usando una campera de cuero rojiza con una camisa blanca y jeans. Alzo las manos y dio una pequeña vuelta.

-Gracias, gracias. ¡Pero mírate a ti! Ya eres toda una mujercita. Han pasado cuanto, ¿Cuatro o cinco años? – Preguntó mirando hacia Charlie. Éste se encogió de hombros. – Vas a tener un gran trabajo cuidándola de los niños – dijo mientras soltaba una risa.

-No me lo recuerdes – Contestó Charlie entre risas, pero con un tono serio.

- Me alegra que estés de vuelta – Billy volvió su atención hacia mí. – Charlie no ha parado de hablar sobre tu llegada desde que se lo contaste. – Dirigí mi mirada hacia mi padre, notando su incomodidad.

-También estoy contenta de estar de vuelta – dije con una sonrisa. Y era verdad.

Nos pasamos el resto de la tarde del viernes en casa de Billy. Era grande, tenía hasta un pequeño establo en el patio trasero para Honey, su yegua. Las hijas mayores de Billy -Rachel y Rebecca-estaban estudiando fuera del país. Rebecca ya estaba casada con un francés y, según Billy, Rachel iba por lo mismo, lo que me asombró, ya que las gemelas tenían apenas un par de años más que yo.

-Wow, Rebecca casada – Dije entre suspiros al enterarme.

-Impresionante, ¿Verdad? – Rió Billy. Yo asentí enérgicamente.

-Bastante, sí. ¿Cuántos tienen, veinte?

-Así es, cumplen veintiuno en Octubre. – Wow, demasiado jóvenes para mi gusto. O sea, ¿Cuál es el ansia de casarse, de todas maneras? ¿Qué es eso que hace que las personas TENGAN que hacerlo a tan temprana edad? Un papel no hace la diferencia en mi opinión, si amas a la otra persona, la amas y punto. No necesitas una libreta que lo certifique.

-Lo siento, era de la estación – Charlie volvió a la sala luego de un par de minutos. Su teléfono sonó y se ausentó inmediatamente. Billy le dirigió una mirada curiosa.

-¿Todo en orden?

-Sí, es solo que se reportó un asesinato en las afueras de Seattle. Aparentemente una especie de animal mató a un mochilero que estaba de paso por la zona. – Billy frunció el seño.

-¿Un animal? – Pregunté. ¿Qué clase de animal podría hacer eso?

-Ya no estás en Phoenix, Bella. Las cosas son un poco distintas aquí. – Ok, eso es raro. ¿Hay pumas en la zona? ¿O perros mutantes? ¿Lobos, quizás?

-¿Saben qué tipo de…? – El sonido de la puerta principal abriéndose me interrumpió.

-¿Papá? – Se escuchó una voz grave. Segundos más tarde, un chico alto y moreno se apareció en la puerta de la sala. Su piel era rojiza, como la de Billy y su pelo era negro y brillante. Me llamó la atención la pronunciación de sus rasgos faciales. – Oh, Hola Charlie. – Sus ojos marrones se posaron en los míos con una expresión curiosa y luego divertida - ¿Quién…? No. ¿Bella? – Dijo sonriendo y adentrándose en la estancia, hacia donde yo me encontraba. Mi habitual sonrojo se hizo presente.

-¿Sí? – Mi voz salió bajita a causa de la vergüenza.

-No te acuerdas de mí, ¿verdad? – Dirigí mi mirada hacia mi padre, quien estaba mirando a Billy con una cara de complicidad que no había visto antes.

-No, lo siento. – Esperen, Billy tiene un hijo, hemos estado hablando de él esta tarde. Pero él es más joven que yo. Y este chico parece de 18. Volví a mirar a Charlie.

-Supongo que está bien, hace mucho que no venías a Forks. Soy Jacob. El hijo de Billy. –Ahora que lo veía detenidamente, era fácil darse cuenta de eso. Tienen casi las mismas expresiones, salvo por las arrugas, por supuesto. Bien, Bella. Qué buena primera impresión.

-Por supuesto, no sé cómo no me di cuenta antes. – Charlie y Billy sofocaron una risa. – Hey, no es gracioso. – Me volví hacia Jacob. –Lo siento, esperaba ver a un niño de 13 años. – dije, sonrojándome otra vez.

-Lamento decepcionarte.

Luego de eso, nos invitaron a cenar lasaña. Charlie aceptó complacido. La verdad es que estaba un poco cansada y tenía que ir a desempacar mis pertenencias, ordenar mi habitación y reparar todo para empezar el colegio el Lunes, pero no pude decir que no.

Jacob era un buen chico, me cayó bien al instante. Descubrí que teníamos mucho en común, de hecho, se ofreció a darme un tour por el pueblo y a ayudarme desempacar en casa durante el fin de semana. Era demasiado simpático. Tenía la sonrisa de un niño. Por lo que no pude negarme cuando se ofreció a llevarme a la escuela en mi primer día. Me alegró el hecho de saber que por lo menos conocía a alguien allí. Volvimos a casa cerca de las doce de la noche.
-¿Bella? – Mi padre llamó a la puerta.

-¿Sí? –Ya estaba en mi cama, en pijamas y con mi libro favorito.

-¿Necesitas algo? – Sonreí ante su muestra de cariño.

-No, papa. Estoy bien, gracias.

-De acuerdo, hasta mañana.

-Adiós. – Se notaba que estaba tratando de decir algo más.

-Si necesitas algo, avísame. – Asentí. – Estoy muy contento de tenerte en casa, Bella. – Wow, mi corazón se saltó un latido. Fue un gesto dulce de su parte.

-Gracias papá, yo también. Que descanses.

-Tú también, Bells. Adiós. – Y con eso, cerró la puerta. Tomé MP3 de la mesa de luz y cloqué un poco de música clásica para poder entregarme a las palabras de Shakespeare luego de un largo día.


Gracias a todos por leer, espero les guste el cap. :)