Bogotá, Colombia

Era un mal día para una visita. Carlos estaba ocupado arreglando sus papeles para ingresar a la universidad. A pesar de haber concentrado su atención en esto, no pudo evitar ver que Veemon estaba sentado en un costado de su cama con una cara larga de aburrimiento.

- ¿Estás bien? – preguntó Carlos.

- Agradezco tu preocupación. – respondió Veemon bajando la cabeza.

- Gennai me dijo como el Concejo de los ángeles había tratado a Gatomon.

- Lo se...- suspiro Veemon. – Estoy triste porque la última vez que la vi, ella me rechazo y me empujo lejos de ella...

- Ya veo. Supongo que...ella no quería lastimarte mas...

- Pero. ¿Cómo es eso posible? Eso me dolió mucho... – dijo Veemon tristemente.

- Mira. Puede que te hayas sentido en ese momento herido y todo eso, pero, ella lo hizo para que no tu tuvieras mas problemas con el Concejo...lo se... las chicas son raras...a veces.

- ¿Clara se ha portado raro contigo? – preguntó Veemon.

- Ehhhhhhhhhh...no...- respondió Carlos ruborizándose un poco. – No he tenido la oportunidad de hablar con ella de nuevo. Está muy lejos de mi.

- ¿Por qué no vas y la buscas?

- He decidido continuar con mi carrera aquí. Además¿por qué tendría que tener afán de volverla a ver? – tartamudeo Carlos.

- Porque yo sentí aquello que ustedes llaman amor cuando los vi hablando juntos la última vez.

- No, no podría. Digo...Tendría que aplicar a la universidad donde ella esta y...

- ¿Por qué no le dices a tu padre si eso es lo que realmente quieres?

- No puedo... – dijo Carlos poniéndose de pie del costado de la cama.

- ¿Por qué no?...- preguntó Veemon con persistencia.

- No lo se...tal vez me da temor...- concluyó Carlos alejándose de donde estaba Veemon. Ahora, la tristeza de Veemon lo invadía a él también.

Aquel día era también un dia de inconveniencias. El padre de Carlos había tomado su auto para hacer las diligencias del dia y la camioneta pick up estaba en el taller. Carlos tenía que ir ese dia a las universidades en bus. Veemon quería unirse a la travesía pero Carlos prefería que se quedara en casa.

- Por favor Carlos. Déjame acompañarte.

- Ni modo¿Qué dirá a gente s te ve por ahí?

- No tengo que andar al lado tuyo necesariamente.

- ¿Qué quieres decir?

- Podría saltar de edificio en edificio siguiendo de cerca el transporte que tomes.

- ¿Estás seguro que quieres hacer eso?

- Por supuesto. Además¿qué tiene de malo querer conocer tu ciudad?

- Esta bien. Vamos a ver si puedes seguirme. – dijo Carlos poniéndose su chaqueta azul para salir del apartamento.

Veemon salió por la ventana y se subió a la cornisa del edificio para llegar hasta el techo. De allí, salto de edificio en edificio siguiendo los pasos de Carlos.

La carrera séptima estaba cerrada, así que Carlos no podría ir por esa ruta. Tenía que llegar hasta la autopista norte y tomar un bus expreso. Para hacer eso tuvo que tomar otro bus mas pequeño en la calle 116.

Cuando Carlos abordó este bus a la autopista sintió un golpe en el techo del vehículo. Definitivamente, Veemon lo seguía de cerca.,

Finalmente, se bajo cerca de la estación de los buses de la autopista. Estos eran más rápidos porque funcionaban como el metro. Se detenían en estaciones especialmente diseñadas y andaban por carriles exclusivos por los que otros vehículos no podían transitar.

Carlos pago su pasaje y espero que el bus articulado llegara. Esperaba tomar el bus número 60, lo cual lo llevaria muy rápido y muy cerca de la universidad donde él quería ir. Finalmente, el bus llegó y Carlos entro en la parte de atrás.

Carlos supo que Veemon continuaba siguiéndolo porque podía escuchar débilmente los pasos de el sobre el vehículo.

Unos minutos mas tarde, se aproximaban a una de las paradas cerca al monumento de los heroes. Pagaba tributo a Simón Bolivar, una importante figura historica. La estación de parada estaba diseñada como una estación de trenes en la mitad de la autopista y habpia un puente para peatones que conectaba los dos sentidos de la via (Norte-sur, Sur-Norte). Al lado Sur-Norte había un pequeño centro comercial donde había cafeterías, restaurantes y otros almacenes que se encontraban a lo largo del trayecto de la autopista.

Las puertas del bus sisearon al cerrarse en esta estación cuando Carlos escucho un golpe seco muy fuerte en el techo del bus. De pronto, sintió que alguien golpeaba el techo de bus con fuerza y luego vió con horror como parte de éste estaba siendo arrancado.

"Espero que Veemon no se este metiendo en problemas" pensó Carlos preocupado y furioso a la vez.

Un enorme agujero se abrió en el techo del bus y a través de esta abertura un criatura asomó su rostro.

Su cara era redonda y parecía estar hecha de madera, como si se tratara de una marioneta. Encima de su nariz puntiaguda de madera dos discos metálicos hacían las veces de ojos. Su boca era una forma metálica que se movía y articulaba porque la madera alrededor parecía carne viva. En su cabeza lucía un gorro muy gracioso.

- Boo! – Exclamó la criatura a los pasajeros quien no podían creer el horror que estaban viendo.

Mientras Veemon estaba saltando del techo de la estación al techo del bus 60 cuando vió un hombrecito que parecia hecho de madera inclinado hacia delante.

- Oye! – gritó Veemon. -¿Quién eres?

La marioneta alzó su cabeza del interior del bus y se volteó mirando a Veemon enfado. En esta instancia, Veemon no había notado que la esta criatura sostenía en sus manos un mazo gigante hecho de metal.

- Soy la marioneta de tus pesadillas... – dijo lo criatura abanicando su martillo sorprendiendo a Veemon con un impacto directo.

En el centro comercial, una mujer abría la puerta de un negocio de lámparas cuando vio que alguien volando por los aires atravesaba el vidrio estrellándose contra el interior de la tienda.

Al notar esto, Carlos haló el switch de emergencia que estaba sobre la puerta y cuando abrió saltó a la autopista. De allí se subió a la estación y corrió por el puente peatonal hasta el centro comercial.

La marioneta saltó del techo del bus a la autopista sentido Sur-Norte para dirigirse al centro comercial. El conductor de un auto que venía en ese sentido a gran velocidad tocó la bocina repetidamente.

Cuando todos pensaron que la marioneta sería atropellada, ésta alzó su mazo y lo estrello contra el capó del carro que venía haciéndolo voltear por los aires en frente de cientos de testigos.

Cuando estuvo mas cerca Carlos aprovecho para presionar el botón izquierdo de su digivice.

La marioneta se acercó lentamente al almacén de lámparas para buscar a Veemon. Cuando pasó la vitrina un has de luz lo mando volando de regreso a la autopista destruyendo las ventanas que todavía estaban enteras.

Una enorme criatura azul salió del almacén a la calle. La gente no podía creer lo que estaba viendo.

- ¿Quién eres? – pregunto Xveemon.

- Me llamo Puppetmon.

- Quien quiera que seas. Vas a pagar por esto.

- Ja! Eres duro. Pero yo lo soy más. – dijo Puppetmon alzando su martillo lanzando una lluvia de energía que al impactar a Xveemon lo mando volando de regreso dentro del almacén de lámparas.

Carlos pensó que era buen momento para presionar el botón derecho de su digivice.

Segundos mas tarde vio como Flamedramon salió lentamente para continuar la batalla con su oponente.

Puppetmon se reía diabólicamente sabiendo que podría jugar con este digimon antes de dar el golpe final. Pero, sus pensamientos se vieron interrumpidos por una voz que parecía provenir de su interior.

"Puppetmon, debes regresar. Algo sucedió. Aparentemente un miembro mas del concejo de ángeles continua suelto..." dijo la voz.

Puppetmon estaba molesto por esto pero sonrío sabiendo que esta batalla simplemente sería aplazada.

Flamedramon estaba todavía unos metros de distancia de la marioneta, cuando ésta de repente saltó al techo del centro comercial y se desvaneció. Flamedramon observo que al final de la cuadra Carlos hacía gestos para que lo siguiera.

Asi que él también saltó al techo del edificio para reunirse con Carlos en el otro lado.

- Que fue eso? – dijo Flamedramon regresando a ser Veemon.

- No lo se... pero parecia ser muy peligroso. – respondió Carlos.

Justo en ese momento se aproximaban los sonidos de patrullas de policia.

- ¿Qué hacemos? – preguntó Veemon.

- Ya se! – exclamó Carlos. Hay un centro comercial de computadores a dos cuadras de aquí. Si puedo entrar en algún equipo puedo preguntar a Gennai que diablos sucede aquí.

- Bien. Ve y yo te sigo. – dijo Veemon escalando el muro para llegar una vez mas al techo mientras carlos corrió calle arriba buscando la Carrera 15.

Carlos sudaba por todos los poros cuando llegó al centro comercial de computadores. El lago era el nombre de este lugar y Carlos entro buscando un computador donde pudiera conectarse a internet. Cuando Veemon entro por el techo los teléfonos móviles de todos los que estaban allí empezaron a timbrar.

Luego, el cielo se oscureció y todas las pantallas de computador en las vitrinas del centro comercial se encendieron solas despidiendo una luz blanca intensa que se llevo a Carlos y Veemon a otra parte.