Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, yo sólo juego con ellos en mi historia.


Capitulo 4:

La mañana del lunes me levanté temprano. Después de vestirme bajé las escaleras y encontré una nota de Charlie en el refrigerador.

"Que tengas un lindo primer día, salí temprano de casa y es probable que llegue un poco más tarde hoy. Cualquier cosa me llamas, Charlie."

Despegué la nota y la guardé en mi bolsillo. Tomé un tazón y volqué un poco de cereales y algo de yogurt de durazno. Desayuné pensando en mamá, hacía mucho que no hablaba con ella. Iba a llamarla cuando escuché el timbre sonar. Seguramente era Jacob. Se comprometió a llevarme a la escuela hoy para asegurarse que no me pierda. Sonreí ante eso, como si hubiera alguna manera de perderse en Forks, apenas y había espacio para construir una casa.

-Buenos días – dijo cuando abrí la puerta.

-Buenos días. Pasa, ya estaba por terminar – dije encaminándome hacia la cocina. Recogí y lavé lo que ensucié.

-¿Nerviosa? – Preguntó mientras se sentaba en una de las sillas. Eso me hizo reír.

-Algo, pero es normal. Digo, nunca es bueno ser la nueva, ¿Cierto? – Dije volteándome a verlo una vez que terminé de lavar. Se encogió de hombros.

-Supongo. ¿Estás lista?

-Sí. Sólo voy a buscar mi mochila y salimos. – Me dedicó una sonrisa y se dirigió a la puerta. Yo subí rápidamente las escaleras, tomé mi mochila, una campera y bajé. - ¿Vamos? – pregunté tomando las llaves del auto. Él hizo un gesto con la mano a la vez que se inclinaba a modo de reverencia.

-Después de usted, señorita. – Sonreí.

-Pero que caballero, señor Black. – dije mientras salía. Él me siguió.

-Me lo dicen todo el tiempo. – Ambos reímos ante eso. Me giré a cerrar con llave.

-Oh, claro. Estoy segura. - Dije mientras abría la puerta del auto para subirme a él. La risa de Jacob resonó en el auto una vez que entró. Era tan contagiosa. Me quedé mirando el volante antes de poner en marcha el motor.

-Tranquila. Todo irá bien –dijo Jake. Lo miré. Su expresión era serena y comprensiva. No podía evitar el sentirme nerviosa. Por lo menos ya conocía a Jake y a Ángela. Oh y Mike, aunque no puedo decir si éste último está en mi clase.

-Sí, tienes razón. Gracias, Jake. –Dije sonriendo.

-Cuando quieras, baby – agregó, golpeándome en el hombro provocando que riéramos. Puse en marcha el auto y salimos en rumbo a la escuela.

-Voy a poner algo de música.- Dijo Jake después de un momento. Encendió la radio y "The Take's Over, the Break's Over" de Fall Out Boys estaba sonando.

-¡Amo esa canción! – Dijimos los dos al mismo tiempo. Luego nos miramos -¿De verdad? Preguntó él.

-¿En serio? – dije yo al mismo tiempo. Para luego decir 'Sí' juntos de nuevo, lo que provocó otra ronda de risas. Cuando nos calmamos empezamos a cantar la canción a todo pulmón. Cuando terminamos, estábamos llegando al colegio. Lo que hizo que mis nervios volvieran.

-Wow, deberíamos dar conciertos, ¿No te parece? – Reímos. - No sabía que te gustaba la banda.

-Me gusta y mucho. Los sigo desde hace años, cuando descubrí que "Sugar, We're Going Down" era de ellos. – Jake sonrió y se sonrojó. - ¿Qué?

-Yo los descubrí el año pasado. – Lo dijo en un tono tan bajo y lleno de culpa y remordimiento que no puede evitar mi carcajada. Él levantó su vista mientras lo miraba de reojo. - ¡Hey!

- Lo siento, Jake. Es que te veías tan culpable… -dije riendo de nuevo.

- No sé, no sé. Ya has herido mis sentimientos, mujer insensible – dijo en tono dolido mientras cubría sus ojos con su mano derecha ara añadir dramatismo a la imagen.

-Oh, lo siento, ¿Cómo puedo reparar el daño que te he hecho? – Dije entrando al estacionamiento.

-Primero que nada, ve hasta la quinta fila – hice lo que me indicó. – Ahora, dos lugares más a partir de ése Sedan Negro. – me acerqué lentamente. – Bien, estaciona aquí. – En dos maniobras me estacioné. – Wow, bastante impresionante, señorita Swan.

-Muchas gracias, señor Black. ¿Debo interpretar que no tenía fe en mis habilidades de conductora?

- Para nada, solo estaba resaltando mi asombro, nada más. – Reímos. Jake apagó la radio en la que ahora estaban pasando un tema de Eminem. – Vamos, tenemos que ir a administración para que te den tu cédula, carnet, etcétera. – Dijo mientras se bajaba del auto. Yo tomé mi mochila y bajé del auto, poniéndole el seguro.

-Bien, ¿A dónde vamos, oh, gran guía turístico?

-No te hagas la lista, Swan. Hacia el edificio más pequeño.

El predio del colegio contaba con 3 grandes edificios, otros dos un poco mas pequeños; una alta torre situada en el extremo más alejado al área de estacionamiento que contaba con una pequeña caseta situada en el estacionamiento (para un guardia, supuse), otra un poco más grande una especie de casa que correspondía a la cafetería y una gran edificación en el extremo oeste, que evidentemente era el gimnasio. En la caseta más cercana al estacionamiento, colgaba un cartel que decía "Administración". Nos dirigimos hacia allí.

-Ése es mi reservado – dijo Jake señalando al lugar donde estaba mi Chevy mientras caminábamos.

-¿En serio? Wow, ¿Dónde puedo estacionarme yo? – Jake rió.

-No, en realidad, no es como si lo hubiera comprado, pero generalmente me estaciono ahí, esta lo suficientemente cerca de la salida y de la escuela a la vez. De todos modos, el primero que llega, siempre tiene más opciones para elegir. Es como el dicho 'Al que madruga, Dios lo ayuda', creo que es aplicable a éste caso, también. – Reí con eso.

-O sea que puedo tomar tu lugar siempre que llegue primero que tu, ¿Cierto? - Él me miró de reojo.

-Te lo dije una vez, y te lo vuelvo a decir. No te hagas la lista, Swan.

Una adorable señora nos atendió en la oficina de administración, que parecía más una pequeña sala de espera con sillas plegables acolchadas, de color naranja, y paredes decoradas por los anuncios y los premios ganados por la escuela, como si no había suficiente vegetación fuera, las plantas crecían por todas partes, en macetas de plástico grandes. Un largo mostrador dividía en dos a la oficina, lleno de cestas de alambre lleno de papeles de colores brillantes y volantes pegados a su frente. La recepcionista se presentó como Amelie Cope y me dejó en claro que ante cualquier problema que tuviera, debía acudir a ella. Me explicó rápidamente mis horarios, mientras tomaba mis datos para poder hacerme socia de los beneficios como estacionamiento gratuito en la ciudad las tardes de lunes a viernes, cupones de descuento en la pequeña biblioteca de la ciudad y también para el nuevo Starbucks que estaban por abrir. ¡Genial!

-¿Qué tienes primero? – Preguntó Jake mientras salíamos de la oficina. Leí la grilla que la señora Cope me había entregado.

-Literatura universal. – dije mientras leía. Aparentemente estaba en el edificio 3.

-Bien, yo tengo historia, está en el mismo edificio, pero en diferentes alas. Te dejo en tu lugar y me voy – dijo mientras nos apurábamos al ver el horario.

Me acompañó y me presentó ante el profesor Evans. Aparentemente le gustaba llegar temprano y tenía un carácter simpático y risueño. Me cayó bien al instante. Él me designó un asiento junto a una chica castaña, Jessica. Se la paso hablando conmigo, preguntándome acerca mi vida en Phoenix y contándome y comparando los detalles en los que diferían nuestras vidas, así como también en las similitudes. Me cayó bien de inmediato. Lo bueno es que el profesor no se demoró mucho en presentarme a la clase. La mayoría de los alumnos sabían de mi llegada – por extraño que parezca – así que evidentemente me habían identificado antes de que él pronunciara mi nombre y mi procedencia. Estaban leyendo La poética, de Aristóteles, yo ya lo había leído, y aparentemente Jessica también así que pudimos hablar tranquilamente durante la clase. Le pedí sus apuntes para ponerme al día con la materia y aceptó gustosa. Descubrimos que ambas teníamos Trigonometría en el siguiente período así que no tardamos en salir hablando y riendo del salón cuando la campana anunció la siguiente hora. Jake estaba esperándome fuera para acompañarme, pero le dije que no era necesario.

Trigonometría era otra cosa. A Jessica se le daba bien, por lo que tuvo que explicarme un par de cosas. Que yo no había visto con anterioridad y que ellos sí. Me hice una nota mental para conseguir un tutor específico para la materia. Me tocó una profesora esta vez, su apellido era Wonka y su corte de pelo se parecía al que Johnny Depp usó en Charlie y la fábrica de chocolates. Jessica se carcajeó sonoramente cuando destaqué mi observación, causando que la profesora Wonka nos llamara la atención. Luego de eso, terminó el período y nos dirigimos hacia la cafetería, donde me encontré con Ángela, Jake y Mike.

-¡Bella! – Exclamó Ángela al verme. Se apresuró a abrazarme.

-¡Hola, Ángela! – murmuré mientras le devolvía el abrazo. Mike me sonrió – Hola, Mike – dije mientras me paraba entre Ángela y Jessica.

-Oh, ¿Así que ya se conocen…? – murmuró mientras nos acercábamos a la fila para pedir el almuerzo. Ambos asentimos.

-Conocimos a Bella cuando fuimos a la playa, Jess. – murmuró Mike sonriente. Jessica le dirigió una extraña mirada.

-Sabía que debía haber ido – bromeó la castaña mientras avanzábamos. Ángela y Jessica comenzaron a hablar sobre un trabajo que debían hacer para ciencias políticas. Intentaron incluirme en la conversación, pero la verdad, no tenía idea de lo que hablaban, no se me ocurría ninguna idea para ofrecerles.

-Quizás el profesor Jones te deje estar en el grupo con nosotras. Somos las únicas que estamos en desventaja – dijo Jess mientras tomaba un poco de ensalada de frutas. Yo, por mi parte tomé una rebanada de pizza y una manzana. Ángela tomó una manzana mientras asentía.

-Es verdad. Sólo somos Ben, Jess y yo. No creo que se oponga. Pero aún así, podríamos rogarle – dijo directamente hacia Jessica, mientras alzaba las cejas, logrando que se sonrojara ligeramente y riera mientras negaba con la cabeza.

-¿Qué me perdí? – les pregunté a ambas.

-Pregúntale a Jess – dijo Ángela mientras reía y nos dirigía hacia una de las grandes mesas. Me volteé hacia ella.

-Es algo gracioso, en realidad. – comenzó.

-Y vergonzoso – acotó Ángela. Jessica rió y asintió.

-Es verdad. Para mi cumpleaños número 15 estábamos en mi casa reunidas con un grupo de compañeras, era una pijamada y estábamos aburridas, así que empezamos a jugar a Verdad o Reto. Mi suerte es tan genial que Tanya, mi actual enemiga, - me aclaró – me retó a llamar a algún profesor y hacerle alguna propuesta indecente mientras ella grababa todo con una cámara. – Mi cara de desconcierto y asombro hizo que ambas rieran, me les uní un momento después, cuando llegamos a la mesa y nos sentamos. – Tranquila, Bella, todavía no escuchaste toda la historia. La cosa es que nos escabullimos al primer piso y buscamos en la guía telefónica el número del profesor Jones y llamamos. – Ángela empezó a reír de nuevo, haciendo que Jessica también lo hiciera – Respondió rápidamente y no supe que decir, así que todas empezaron a hacer ruidos raros, gemidos y a susurrar su nombre. – Me carcajeé al escuchar eso – Tanya había dicho que si no cumplía con el reto, tendría que soportar una prenda a modo de castigo y como no estaba dispuesta a arriesgarme, tomé el teléfono y provocativamente dije "Oh, señor Jones, quiero que me ponga una A en mi examen, ¿Qué es lo que debería hacer?" – Jessica estaba altamente sonrojada y Ángela estaba doblada de risa – El tipo jadeó tan fuerte que casi sonó como un grito. Me preguntó mi nombre y yo le dije que lo esperaba en la escuela el día siguiente a las ocho de la mañana antes de cortar el teléfono. Obviamente ninguna se presentó, pero a eso de las ocho y media nos levantamos y corrimos al auto de Tanya, condujo hasta la escuela y vimos su auto aparcado en el estacionamiento – Comencé a reírme con ellas. Cuando nos calmamos, nos miramos y volvimos a reír. - Maldito viejo verde – suspiró Jessica mientras se secaba un par de lágrimas que había soltado por la risa. Comenzamos a comer nuestros almuerzos.

-Pensándolo bien, mejor me quedo fuera del grupo, no sea cosa que tenga que rogarle yo también. – dije, provocando que riéramos de nuevo.

Jake se acercó a nuestra mesa acompañado de Mike y un chico asiático de pelo moreno y flequillo relativamente largo.

-Hola amor – dijo dándole un casto beso en los labios a Ángela. Me sorprendí ante eso. El chico se sentó a su lado.

-Hola cielo. Quiero que conozcas a Bella, Bella, él es Ben, mi novio – indicó, mientras acompañaba sus palabras con sus manos, a modo de presentación, señalando a cada uno.

-Hola Ben – sonreí al ver como le pasaba un brazo por encima de los hombros a Ángela. Él me devolvió la sonrisa.

-Bella – asintió. – Un gusto. Así que vienes de Arizona, ¿eh? – Asentí.

-Así es. Y no, no estoy bronceada como el resto de la gente de allí. No les gustan los pálidos, así que por eso es que me hecharon. – Todos rieron ante eso.

Los chicos se enfrascaron en una charla sobre la nueva temporada de intercolegiales que venía, al parecer nuestra escuela competía con algunas de Seattle y al rededores al no ser la única en el pueblo. Reí ante eso. Descubrí que Ángela y Ben estaban en el periódico escolar y querían hacerme una nota. Me opuse al instante y les sugerí otros posibles temas a tratar. Jessica también se unió a la discusión. Estábamos riendo sobre el excesivo paquete de los chicos del equipo de natación cuando los vi.

Una pequeña chica de pelo corto y moreno entró de la mano de un chico alto, delgado y rubio. Ella iba vestida con unas bucaneras negras, un remerón negro con detalles en gris, zapatos con un poco de taco y una cinta negra a modo de collar en su cuello. Sus ojos eran de un espeso verde y denotaban superioridad al igual que su manera de caminar. Cada paso que daba parecía el paso de una bailarina clásica. Su acompañante tenía los ojos de color miel, haciendo juego con su rubio cabello. Llevaba unos jeans grises, una remera negra y una campera de cuero que le daba un aspecto rockero. Iba sonriendo ante algo que ella dijo y me dio algo de envidia. Parecían sacados de un anuncio de 212, el perfume de Carolina Herrera. Ambos tenían un pálido color en su piel y su andar era sincronizado. Se dirigieron hacia una mesa vacía en el extremo izquierdo de la cafetería, justo contra el gran ventanal.

Detrás de ellos, entraron una rubia despampanante, que llevaba unos jeans demasiado ajustados, una especie de polera negra y un suéter color crema debajo de una campera de cuero color rojo sangre. Sus zapatos eran altos y combinaban con la campera al ser del mismo color. De su mano, iba un chico que podría haber sido confundido con uno de los integrantes del equipo de rugby neozelandés, los All Blacks. Su espalda era asombrosamente ancha, su campera campera universitaria se adhería a sus músculos. Su pelo era moreno y lo llevaba corto. Tenía largas piernas cubiertas por unos jeans oscuros que se estiraban con cada paso que daban. Me recordó a David Karofsky, el personaje de glee que molesta siempre al pobre chico gay. Era evidente que el muchacho pasaba horas en el gimnasio. Estaba segura que podría asfixiarte fácilmente si te abrazara con la suficiente fuerza.

-¿Bella? ¿Me estas escuchando? – preguntó Jessica, un poco molesta por mi falta de atención.

-No, lo siento, Jess. ¿Quién…? ¿Quiénes son ellos? – Pregunté mientras señalaba con mi mirada al grupo que acababa de entrar. Jessica siguió mi mirada y se volvió hacia mí.

-Son los chicos malos – susurró con ese tono de voz que usaba cuando quería contar algo interesante. – La bajita es Alice Brandon Cullen. La hija menor del Doctor y la Señora Cullen. Tiene un hermano, se llama Edward. Ella sale con Jasper Hale, el rubio alto, que es hermano gemelo de Rosalie, la rubia que parece modelo de calendarios para mecánicos – sonreí divertida ante su comparación – Rosalie sale con Emmet McCarty. Los señores Hale tienen una empresa de bienes raíces que administran desde su hogar. Se supone que la base está en Nueva York, pero Sarah, su madre decidió venirse a vivir aquí cansada del estrés de la ciudad. El padre de Emmet es abogado y trabaja en un buffet en Seattle. Su Madre es ginecóloga y trabaja en el hospital. El Doctor Cullen, alias doctor sexy, es médico general y también trabaja en el hospital de Forks. Su esposa es una decoradora de interiores. Ellos tienen dos hijos, Anthony, quien está estudiando Abogacía en Harvard y Edward. Él estudia aquí. – Concluyó girándose hacia ambos lados, como buscando algo. O alguien. – Que raro que no esté aquí.

-Espera, dijiste que Alice era la menor… ¿No se supone que…?

-Alice es adoptada. – me sorprendí ante eso. No es algo que debas andar diciendo por ahí. – tranquila, todos lo saben, ella se encarga de decirlo todo el tiempo para obtener un poco de lastima de los profesores y así no reprobar las materias.

-¿No te caen bien o es impresión mía? – Jessica rio.

-Me molesta que utilice su situación para aprobar, cuando todos tenemos que estudiar y esforzarnos para obtener una nota que reconozca nuestro conocimiento… Me parece injusto, eso es todo – dijo encogiéndose de hombros. – ¡Oh, Bella! Ahí está – susurró Jessica tomando mi brazo mientras miraba hacia la puerta. Un muchacho de pelo cobrizo rebelde y arremolinado entró en la cafetería luciendo unos jeans negros, una camiseta blanca que se pegaba a su abdomen notablemente trabajado y una campera de cuero negra. Pasó una mano por su pelo, revolviéndolo y juro que pude escuchar varios suspiros cuando lo hizo. – Y ese, mi querida amiga, es Edward. Fóllame. Cullen.


Uf, tardó en llegar. Tuve problemas con mi netbook, así que casi perdí los capítulos que tengo guardados allí.

Bien, ya se encontraron, a partir de ahora las cosas se van a poner un poco más interesantes.

Espero les guste el capítulo, Sol.