Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, yo sólo juego con ellos en mi historia.

Capitulo 5:

– ¡Oh, Bella! Ahí está – susurró Jessica tomando mi brazo mientras miraba hacia la puerta. Un muchacho de pelo cobrizo rebelde y arremolinado entró en la cafetería luciendo unos jeans negros, una camiseta blanca que se pegaba a su abdomen notablemente trabajado y una campera de cuero negra. Pasó una mano por su pelo, revolviéndolo y juro que pude escuchar varios suspiros cuando lo hizo. – Y ese, mi querida amiga, es Edward. Fóllame. Cullen.

W - h - o – a

¡El tipo era el pecado andante! Tenía un caminar grácil y felino, sus ojos eran verdes, por lo que pude notar. Se lo veía juvenil, pero también habían rasgos muy varoniles en su rostro, dándole un aspecto maduro y sensual.

-Es… Wow – Jessica me miró y rió antes de asentir.

-Lo sé, ¿Verdad? Pero es un chico problemático, Bella, no haría más que traerte problemas, así que... no pierdas tu tiempo. – Agregó un poco más seria. Nuestras miradas se cruzaron por un segundo. La suya verde y amenazante, como la de un predador al identificar su presa, la mía avergonzada y tímida ante la suya. Sentí como mi sonrojo se expandía por mis mejillas y él sonrió torcidamente, guiñándome un ojo mientras caminaba hacia su mesa. Desvié mi vista, tomando mi manzana y suspire nerviosamente.

-No planeaba hacerlo.

Jacob se ofreció a acompañarme luego de que terminara el período de almuerzo, pero Mike, Ángela y Ben compartían esa clase conmigo, le pedí que fuera tranquilo a su clase y acordamos encontrarnos en el estacionamiento.

Estaba lloviendo y teníamos que caminar gran parte del predio para llegar al edificio número 4, donde se dictaban las materias de Ciencias. Bufé al salir y me coloqué la capucha de mi sudadera. Los chicos se rieron ante mi desagrado por el clima y se adaptaron a mi paso rápido por el camino de cemento.

-¿De qué hablaban con Jessica durante el almuerzo? – Me preguntó Ángela, habíamos susurrado todo, por lo que nadie se había percatado de las palabras que intercambiamos.

-De nada, importante – dije mientras intentaba apresurarme a entrar. –Estúpida lluvia. – Refunfuñé, causando que mis acompañantes rieran.

Entramos al laboratorio de biología y me sentí a gusto, era muy similar a mi antiguo laboratorio, las típicas mesas color negro llenaban el lugar. Habían dos sillas por mesa y todas apuntaban al frente, donde se encontraba un amplio pizarrón y el escritorio del profesor. A diferencia de este, mi antiguo laboratorio era un poco más grande, las mesas se usaban con grupos de cinco o seis personas y tres de las cuatro paredes tenían grandes pizarrones donde el profesor anotaba lo que necesitaba. Teníamos una pecera con distintas especies de peces y algunos anfibios, a diferencia de esta, que tenía unos pocos. Al lado de la puerta, cómo no, se encontraba un perchero donde todos colgaban sus prendas. Ángela, y Ben se quitaron sus abrigos y se dirigieron a sus lugares. Mike se quedó conmigo cerca del escritorio del profesor para presentarme. Un hombre moreno de anteojos se asomó en la puerta. Vestía pantalones color canela, zapatos de vestir negros, una camisa blanca con una corbata color mostaza y un saco marrón oscuro. Pequeños rulos adornaban su cabeza.

-Profesor Molina, ella es Isabella Swan. – dijo Mike mientras el señor Molina se nos acercaba.

-Oh, sí. Isabella. Tengo unas cosas para ti. – dijo mientras abría su maletín. – Newton, puedes retirarte a tu asiento. – Ambos rieron y Mike se retiró. – Aquí tengo unos apuntes de lo que hemos estado viendo hasta ahora, aunque tengo entendido que has estado tomando clases avanzadas en Arizona, ¿No es así? – Asentí. –De acuerdo, entonces no creo que sea un problema para ti el ponerte al día con nuestro programa. De todas maneras, cualquier duda que tengas, puedes preguntarme, ¿De acuerdo? – Pregunto tendiéndome el pequeño block de hojas. Asentí de nuevo.

-Gracias, Señor Molina. ¿Dónde puedo…?

-¿Sentarte? Tengo un asiento para ti justo en esa mesa, tu compañero tampoco tiene problemas con la materia, así que creo que se llevaran bien – me sonrió. La mesa estaba vacía, por lo que supuse que mi compañero estaba enfermo.

Me encaminé hacia el asiento, coloqué mi mochila en el piso y cuando levanté la mirada, mi vista se topó con unos ojos verdes que me miraban con curiosidad. Se encaminó hacia mí y se sentó a mi lado.

-¿Puedo preguntar por qué estas en mi banco? – Preguntó. Su voz sonó dulce como el canto de las sirenas, aunque un poco rudo y su postura evidenciaba su curiosidad.

-¿T-tu banco? – pregunté entrecortadamente. Él rio y se acomodó de costado enfrentándome.

-Eso fue lo que dije, ¿No? – Tonta Bella, no es momento para tus torpezas.

-Sí, lo siento, soy tu nueva compañera – intenté sonreír.

-Mmm – fue todo lo que dijo.

No podía creer que tuviera que sentarme junto a él en esta clase. Estaba tentada de mirarlo, pero sentía su mirada clavada en mí y no me atreví a enfrentarlo. El Sr. Molina comenzó a explicar la actividad del día. Estábamos viendo los procesos de meiosis y mitosis y al parecer la pedagogía de mi nuevo profesor era el incentivo mediante premio-castigo.

-La primera pareja que descubra sus fases correctamente, ganará la cebolla de oro. La que lo descubra última, lamentablemente, deberá presentar un informe escrito acerca de la mitosis y exponerlo frente a la clase en el lapso de dos semanas. – decía mientras depositaba pequeñas muestras en cada mesa. Se volteó cuando finalizó. – Tienen cuarenta minutos comenzando… ¡Ya!

Me volteé hacia mi compañero y lo encontré mirándome de nuevo. Me sonrojé levemente, haciendo que el sonriera.

-¿Quieres empezar o…? – le pregunte, apuntando hacia el microscopio. Él se encogió de hombros.

-Como quieras. Empieza tú. – dijo. Me acerqué al micro y deposité la primera muestra.

Me fijé y noté que las cromátidas estaban ubicadas en los polos opuestos del huso cromático y el largo de este era notable. Fácil.

-Es Mitosis. Anafase. – Dije mientras me alejaba. Alzó sus cejas en un gesto sorprendido.

-¿De verdad? – Se asomó a ver por el microscopio y un momento después se alejó, asintiendo. –Muy bien. – anotó la respuesta en la planilla. Yo asentí.

-Anafase. Te lo dije.

- ¿Quieres ver el segundo? – Negué con la cabeza.

-No, míralo tú. – Sonrió y se acercó. Un poco después se alejó y anotó la respuesta el papel. Arqueé mis cejas, esperando a que se volteara a verme. Lo hizo y se quedó ahí. - ¿Y bien?

-¿Qué? – Preguntó. ¿Era en serio?

-¿No vas a decirme lo que observaste? – el resopló.

-Es Meiosis. Anafase I.

-¿Te molesta si miro?

-Para nada – negó, gesticulando con la mano. Me acerqué y noté que la membrana nuclear no estaba, y que los cromosomas estaban en movimiento, camino a los polos opuestos del huso. Me alejé – Muy bien, tenias razón.

-Anafase, te lo dije – me citó, riendo. Se veía lindo cuando reía.

Seguimos así hasta que descubrimos dos procesos más de meiosis –Telofase I y Metafase II – y uno de Mitosis – Profase- . El profesor nos felicitó y nos entregó la cebolla dorada.

-¿La quieres? –Le pregunté cuando el Sr. Molina se dirigía hacia la mesa de uno de los chicos del fondo. Él negó con la cabeza.

-La quiero lo más lejos posible de mí. – me reí ante eso. Y él me miro, inclinando la cabeza.

-Así que además de bonita, eres inteligente. – Oh, dios. ¿Me había dicho bonita? Sentí el calor subir por mis mejillas. – ¿Eres Isabella, no? – Asentí.

-Sólo Bella. Isabella es largo y anticuado. – dije frunciendo mi nariz en un gesto involuntario.

-A mí me gusta. – Mi corazón latió con fuerza. – Soy Edward, aunque probablemente ya lo sabías. – dijo con una sonrisa torcida. Oh, genial. Era arrogante.

-No, para nada. – él frunció el ceño. Antes de sonreír.

-Sí, de acuerdo. ¿Así que te juntas con Black? – preguntó. Wow, que directo.

-¿Jacob? Sí. Mi papa es así como el mejor amigo del suyo. Nos conocemos desde pequeños – dije antes de que el timbre sonara. Él se levantó y tomó su mochila negra del piso. ¿En qué momento la había dejado allí?

-Cuando te aburras de él, puedes llamarme – me guiño un ojo. Oh, cielos. – Nos vemos, Isabella. – susurró provocativamente antes de irse. Me quedé pasmada en mi asiento hasta que Mike y Ángela se acercaron a mí.

-¿Vamos, Bella? – Ángela posó su mano en mi hombro, sacándome de mi estupor.

-¿Qué? Si, vamos.- Al llegar a la puerta del laboratorio nos topamos con Jake. - ¡Hey! ¿Qué haces aquí? – pregunté mientras lo abrazaba.

-Vine a buscarte, Bella. No esperabas que me quedara bajo la lluvia como un tonto, ¿o sí? – Reí.

-Oh, ¿Sigue lloviendo? – pregunté. Él asintió y yo hice un puchero.

-Te ves adorable así. – Murmuró mientras me pasaba un brazo por los hombros antes de ponerme mi capucha.

Ángela y Mike venían charlando un poco más atrás con Ben.

-Y Bella… ¿De qué hablaban tu y Cullen? – preguntó Mike.

-¿Cullen? – Me miró Jacob. Yo asentí

-Es mi compañero de banco en biología. – sentí la necesidad de disculparme. – Y respondiendo a tu pregunta, Mike, nada. No hablamos de nada. Me parece muy egocéntrico. – Ángela rió. -¿Qué?- le pregunté, divertida.

-Nada, nada. – Despedimos a los chicos cuando llegaron a sus autos y nos encaminamos al mío.

Una vez fuera de edificio, me pegué un poco más hacia Jake ante el frío que hacía. Íbamos pasando por la segunda fila de autos cuando vi a los Cullen. Estaban los cinco hablando entre un Volvo plateado y una gran Hammer negra. Emmet estaba apoyado contra la gran camioneta mientras abrazaba a Rosalie, que se ubicaba de espaldas a él recostada en su pecho. Alice y Jasper estaban abrazados entre ambos autos y Edward estaba sentado sobre el capó del Volvo. Deduje que ese era su auto. Supongo que Jake también los vio porque se tenso por un momento. Estaban a varios autos de nosotros. Cuando nos acercamos, la cabeza de Edward se levantó y nos miro. Sonriendo se acercó a nosotros.

-Vaya, vaya, vaya. Miren lo que arrastró la lluvia… - Dijo Edward en un tono burlón. ¿Se refería a mí?

-Cullen – dijo Jake en un tono frio. Edward dirigió su mirada de Jacob a mí, y luego a su mano en mi hombro.

-¡Oh, vamos, Isabella! Date un poco más de crédito. Puedes llegar a las grandes ligas, ¡No necesitas quedarte con este chucho! – Eso sí que está de más. ¿Quién es él para decir con quien puedo estar y con quien no? De hecho, tú eres de las grandes ligas, Edward, ¡Y estas fuera de mi alcance!

- Gracias por tu preocupación, pero creo que yo me voy a ocupar de mis relaciones de ahora en mas, Edward. – dije cortantemente.

-Oooooooh, ¿Escuchaste eso, Eddie? ¡La chica tiene carácter! – Emmet gritó riendo. Dirigí su vista hacia él y me guiñó un ojo. Me sonrojé y vi a Rosalie pegarle en el pecho antes de dirigirme una mirada asesina a mí.

-¡Silencio idiota! – Gritó Edward.

-Ahora, si no te importa, procedemos a retirarnos. – Le dije educadamente. Él me miró un segundo y luego asintió.

-Ciertamente. Black – asintió con la cabeza a modo de saludo. – Sexy – me dijo a mí. Me sonrojé.

-Idiota – gruñó Jacob. Haciendo que Edward riera estrepitosamente antes de reunirse con sus amigos.

-Vamos Jake. – Dije tomando su brazo.

-¡Mi propuesta sigue en pié! – Gritó Edward, y supe que se refería a la conversación en biología.

-¡Lo tendré en cuenta! – Le grité sarcásticamente. Me volteé a verlo y me guiñó.

-¿Qué propuesta? - preguntó rápidamente Jake. Subí rápidamente al auto, prendiendo la calefacción y acercando mis manos a ella.

-Nada, Jake. No importa. – Él resopló y encendió la radio. Arranqué el coche y salí rápidamente de allí. Unos minutos después me animé a hablar. - ¿Qué hay entre tú y Edward? – el suspiro.

-No lo sé. Nos odiamos desde siempre. Edward y su séquito son problemáticos y papá se empecina en reformarlos. Habla continuamente con sus padres, informándolos de los caprichos y actos de sus hijos. Eso les molesta y creo que en parte es por eso que me odian. – se pausó un momento antes de seguir. – Estuvieron demorados una noche por emborracharse y romper varias tiendas del centro. Tampoco quieren a Charlie. Deberías cuidarte de ellos. – dijo serio, mirándome.

-De acuerdo. Voy a decirle a Charlie que me compre un gas pimienta – dije mirándolo a la cara mientras conducía, con una sonrisa. Él sonrió un poco.

-Bella…

-Lo sé, lo sé. Tendré cuidado, Jake. – Me dedicó una gran sonrisa.

-¿Y cómo estuvo tu primer día? – Suspiré, pensando en todo lo que había pasado.

-Bien, algo intenso. Jessica y Ángela me caen bien… ¿Están aprobadas? – Le pregunté.

-Claro que sí. Son parte del grupo. ¿Y los chicos?

-No conocí a muchos, apenas recuerdo a algunos que me dijeron su nombre cuando el profesor de Literatura me presentó. Pero Mike y Ben me caen bien – agregué, sonriente.

-Ben es un buen chico. Mike… es otra cosa – había llegado a un semáforo, por lo que tuve que detenerme. Y aproveché para enfrentarlo.

-Explica eso. – Le pedí.

-Bueno… no digo que sea malo, pero quiere pertenecer al grupo de "los populares". Cuando Mike se encapricha con algo, generalmente no distingue lo bueno de lo malo hasta que lo consigue.

-Pensé que tú eras del grupo de los populares. – dije mientras volvía a conducir. Él rió.

-Digamos que quiere ser parte del otro grupo también. Quiere estar dentro de todo. Por eso está en el equipo de Fútbol, en el centro de estudiantes, es voluntario en la mayoría de las actividades que organiza la escuela…

-Con "el otro grupo" te refieres a, ya sabes… ¿Los Cullen? – él asintió.

-Ok, tendré tus advertencias en cuenta. – Ya estaba cerca de casa. Él asintió, contento con mi respuesta. Estacioné en la entrada de casa, apagué la radio y bajamos de mi auto. Luego de eso entramos y charlamos mientras veíamos televisión por un rato. Descubrimos que compartíamos varias materias y un tiempo después se fue.

Iba a preparar la cena, pero recordé que Charlie me había dejado la nota. Como dijo que llegaría tarde decidí que lo mejor sería ir a darme una ducha, para sacarme todo el estrés del día y relajarme un poco.

Estaba por pedir una pizza cuando sonó mi celular.

-¿Hola?

-¡Bella! ¿Cómo estás, cariño? – el sonido de su voz hizo que mi corazón se estremeciera un poco.

-¡Hola, mamá! Bien, ¿Ustedes cómo están? – La extrañaba tanto.

-Bien, linda, mejorándome de a poco. Phil sigue yendo y viniendo del hospital, como loco – su risa me hizo sonreír. - ¿Cómo te fue en el colegio? ¿Hiciste muchos amigos?

-Ay, mamá. No tengo doce años. Me fue bien, conocí a un par de chicos, me cayeron muy bien. – Renée emitió un pequeño grito de emoción. – Como amigos, mamá, me cayeron bien como amigos. ¿Recuerdas a Jacob Black?

-¿El hijo de Billy? – preguntó después de un momento.

-Sí, me acompañó durante todo el día, me cae muy bien.

-Es un buen chico, según lo que me ha contado Charlie. ¿Hablando de él, está por ahí?

-No, sigue trabajando. – Renée rió.

-No ha cambiado mucho, ¿Verdad? – preguntó con un tono jocoso.

-No, no mucho. Pero me gusta así. Me da un poco de espacio para acostumbrarme a vivir aquí. – Me encogí de hombros. – así que no me molesta.

-¿Estás segura de esto, Bella? – Inquirió después de un momento.

-Sí, mamá. Ya lo hemos hablado…

-Lo sé, cariño. Es que no ha pasado ni una semana y ya te extraño. – susurró. Mi corazón se encogió. Tomé unos segundos para recomponerme antes de contestarle.

-Sí, yo también te extraño, mamá. Pero es lo mejor. Escucha, tengo que terminar un par de cosas que terminar para mañana, pero mañana te llamo y hablamos de nuevo, ¿De acuerdo?

-¿Tan pronto me dejas? Está bien, hija. Cuidate, y mandale saludos a Charlie de parte nuestra. Suerte mañana, corazón.

-Sí, sí. Gracias, saludos a Phil. Te quiero, ma.

-Yo igual, Bella, adiós. – Y cortó la llamada.

Hablar con mamá me quitó el apetito. La extrañaba mucho, pero había tomado una decisión y debía mantenerla. Era lo mejor para todos. Le escribí una nota a Charlie diciéndole que ya había cenado y deseándole buenas noches. La colgué en el refrigerador y me fui a dormir.

Esa noche soñé con las playas de Arizona y con mi excéntrica madre.


Bien, me tardé en actualizar, pero he aquí un nuevo chapter. Espero que les guste.
Gracias por leerme, Sol.