- Que fue ese ruido? – se preguntó Laika nerviosamente.
En medio del pánico había corrido sin cesar cuesta abajo. Palmon la seguia incansablemente tratando de no perderla de vista.
- Laika, espera! – gritaba Palmon quien se detuvo estrepitosamente detrás de Laika quien se quedo muy quieta después de escuchar aquella explosion.
Encima de todo, el suelo empezó a temblar bajo sus pies. Unos metros adelante las paredes del gigantesco laberinto empezaron a ceder.
- Corre! – gritó Palmon tratando de arrastras a Laika con ella.
Laika reacciono de inmediato tomando a Palmon en sus brazos y corriendo cuesta arriba por donde habia venido anteriormente.
Pero el camino había cambiado y ahora se encontraba perdida corriendo sin rumbo hasta que llegaron a un sitio donde habia un puente colgante conectando los extremos de un abismo gigantesco.
Laika dudo unos segundos por la altura donde se encontraba, pero no tuvo tiempo de pensarlo mas ya que las paredes detrás de ella estaban colapsando sin dejarle otra alternativa que correr hasta el otro lado atravesando el puente.
Laika corrió sin mirar atrás pero en ese momento la estructura que sostenía el puente colapsó también en tanto ella estaba a mitad de camino. Laika gritó aterrorizada sosteniendo a Palmon en sus brazos.
Palmon se movió con rapidez envolviendo su brazo izquierdo alrededor de Laika y lanzando sus lianas de su brazo derecho con fuerza hacia el extremo opuesto del abismo.
Las lianas perforaron la roca con fuerza y segundos mas tarde las dos se hallaban colgando del extremo del abismo.
La tenue luz que venia del interior de las piedras que formaban aquel laberinto se desvanecía a medida que las piedras caían al profundo abismo dejando el área en una oscuridad total. Después, un resplandor rojizo proveniente de las profundidades iluminó toda el área.
Laika miró hacia arriba y notó que alguien las observaba desde la orilla.
- Eres tu! – dijo Laika alegrándose de ver la redonda figura oscura con alas de murciélago tras de si. – Ayúdanos a subir por favor. – suplicó Laika.
- Primero dime que es esa cosa cilíndrica que el humano mas viejo lleva consigo.
- Esta bien. El dijo que era un…………..
Cuando Laika dijo esto se escuchó la voz de otra persona.
- No le digas Laika! – gritó alguien que ella no pudo ver.
Alzó la cabeza y vio un caballo con armadura dorada surcando los aires cabalgado por una chica que ella conocia.
- El miente Laika! No le digas nada!
Demidevimon se enfado mucho al escuchar esto.
- Dime! – demandó Demidevimon quien se elevó unos centímetros del suelo y Laika notó que sostenía una jeringa con aguja incluida la cual arrojo con fuerza hacia donde estaba Pegasusmon golpeándolo en un costado.
Pegasusmon sintió una sensación de abrumante débilidad y empezó a volar erráticamente en círculos anticipando estrellarse contra el piso.
- Yuki! – gritó Laika sintiendo impotencia en ese momento.
Demidevimon sonrió perversamente y dirigió su mirada nuevamente hacia Laika y Palmon haciendo gestos molestos.
- Si tan solo hubieras confiado en mi. – dijo el despegando del suelo nuevamente. – Ahora caerán al abismo a menos que me digas.
- Jamás te diré!
Palmon se sostenía con resignación pero al mismo tiempo estaba impresionada del buen corazón de Laika.
En ese momento, la piedra de donde estaban colgadas de desquebrajó y cayeron al vacío. Laika gritó horrorizada y en ese momento Palmon cambio su forma a la de un cactus gigante con guantes de boxeo.
Instantes después esta criatura volvió a brillar y se abrió por la mitad de arriba hacia abajo revelando un hada vestida con atuendo rosa y verde con grabados de flores de múltiples colores. Su cabeza tenia la forma de una clavel y sus alas se batían como las de un colibrí a gran velocidad.
Tomó a Laika en sus brazos y voló como un cohete hacia el techo de aquella caverna.
Laika estaba a punto de desmayarse, pero recupero sus fuerzas al ver a esta gentil criatura designada en su digivice como: Lillymon. El pendiente que colgaba de su cuello brillaba intensamente con el grabado de una gota de agua. Cobardemente, Demidevimon ya se había escabullido por entre las piedras al ver lo que había sucedido:
La pureza del corazón de Laika había tomado vuelo.
