Capítulo 3: Convivencia

Ese día me levanté, un tanto exaltada y sorprendida por el… Espantoso sueño que había tenido con Malfoy… Pero, me di un baño caliente y bajé a desayunar con Luna y Neville. Estaba emocionada. Hoy era mi primer día como profesora, estaba bastante entusiasmada con eso, aunque no sabía con qué iba a comenzar dado que el día anterior con todo el ajetreo de ordenar y demás, no había organizado un plan de estudios ni de clases… Por hoy, sería la presentación y una leve introducción a la materia, eso me salvaría por el día. A la noche tendría ya tiempo de poder organizar bien las clases.

Iba por la mitad de las escaleras, bajando, ensimismada en mis pensamientos, cuando…

¡Ouch!...- Me quejé. Había chocado con alguien y rodé unos… Cinco escalones hacia abajo. Cuando abrí los ojos…

Granger, ¿podrías quitarte de encima mío?... – Abrí los ojos. Estaba… Sobre Malfoy… - Hum… ¿Sucede algo? – Sonrió con picardía. ¡La misma sonrisa pícara de mi maldito sueño!... – Te pusiste colorada Granger. Igual, lo entiendo, tienes a un símbolo sexual frente a ti, pero, ya, en serio, quítate. Eres delgada pero no pesas lo que una pluma.

Oh… Eh… Sí…- ¿Qué me pasaba? Estaba tartamudeando, nerviosa, y encima, sonrojada, ¡frente a Malfoy! Esto era una locura.

Me levanté, tomé mis libros con cuidado y comencé a bajar nuevamente las escaleras. Una mano en mi hombro me detuvo. Me volteé, ahí estaba él.

¿No vas a pedirme disculpas, Granger?

¡¿Yo… Yo por qué?! Tú eres el que me chocó, podría haber quedado inconsciente por tu culpa. ¡Tú pídeme disculpas! – Me quejé, enojada. Sentía que mi sangre hervía dentro de mi cuerpo.

Ya, que mala eres eh. Vas con TÚ cabeza baja, sin mirar por donde caminas, me chocas, y además yo debo pedirte disculpas… Genial.

¿Y bien? Sigo esperándolas…

No te diré nada. No lo mereces. Fíjate por dónde caminas la próxima vez Granger, sino, te tendré que mostrar de qué estoy hecho. – Nuevamente, me sonrió con picardía, se giró y empezó a subir.

¡Jah!...

Indignada, me giré y bajé con rapidez las escaleras. Creo que jamás, jamás, había llegado tan rápido al salón comedor. ¡Qué furia! Estaba tan enojada con ese Malfoy…

Maldito imbécil… - Murmuré mientras dejaba mis libros sobre la mesa y me sentaba junto a Luna.

¿Hermione? Buenos días. – Miré hacia mi derecha. Allí se encontraba Neville, saludándome con amabilidad.

Oh, buenos días Neville, disculpa, no te vi. ¿Cómo estás? – Sonreí.

Yo muy bien. ¿Tú cómo estás? Luces algo preocupada… Y… ¿Enojada quizás?

Sí… Pues… Ya ves, me he cruzado con Malfoy hace unos minutos en las escaleras y… Bueno, ya sabes, es un idiota. - Bufé.

Sí, lo sé. No te amargues, comienza bien tu primer día.

Eso intentaré. Pero ya ese primer encuentro me afectó. Te juro que siento la sangre hervir dentro de mí. Lo odio…

¿A quién, Herm? – La voz de Luna sonó tras de mí.

Mmm… A Malfoy.

Oh… A todos nos desagrada. – Sonrió y se sentó a mi lado, entre Neville y yo.

Desayunamos con tranquilidad entre risas y anécdotas que los chicos me contaban acerca de las clases que ellos daban. Cuando la hora del desayuno acabó, nos despedimos y nos dirigimos cada uno a nuestras respectivas clases… Yo, comenzaría con los chicos de tercer año.

Al llegar al salón, dejé los libros sobre mi escritorio, y miré a los alumnos. No había caras conocidas, al parecer no había ningún hermano de mis ex compañeros. Eso era bueno, no tenía por qué sentirme presionada… Bueno, de todos modos, ¿por qué me sentiría así?...

Buen día clase.

Buen día profesora. – Respondieron todos al unísono.

Mi nombre es Hermione Granger. Soy su nueva profesora de pociones. Como ya sabrán, soy una ex alumna de Hogwarts. ¿Tienen alguna pregunta antes de comenzar?

¡Profesora! – Un alumno levantó la mano. Lo miré.

¿Sí, Harrington?

¿Es cierto que usted tenía un promedio intachable?

Pues… - Sonreí. – Sí, así es. Tenía las notas más altas en todas las materias, incluso en aquellas en las que no me llevaba con el profesor.

¿Quién era su profesor y su materia favorita? – Preguntó otra chica.

Pues… Supongo que la profesora McGonagall. Era exigente y explicaba muy bien. Tal y como a mí me gustaba. Y materia favorita no… No creo haber tenido ninguna… Todas me gustaban por igual.

¿Qué se le dio por ser profesora de Pociones? ¿Usted le quitó el puesto al profesor Malfoy? – Otra vez Malfoy…

Pues, no, no le "quité" el puesto. Él renunció y el director me ofreció a mí el puesto, considerando que era una de las mejores candidatas…

Entre preguntas, respuestas, risas y charlas, la hora de Pociones quedó en el olvido. Al finalizar el horario y antes de que los alumnos salieran, decidí dejarles una pequeña tarea. Deberían leer los primeros dos capítulos del libro, y buscar alguna poción que quisieran crear. Se quejaron un poco, pero sin chistar anotaron en sus pergaminos y luego salieron, saludándome con alegría. Seguro estaban felices por ya no tener que verme…

Junté mis cosas. Estaba a punto de marcharme, pero recordé entonces que debería sí o sí ahora programar mi próxima clase, o resultaría el mismo "desastre" que ésta. Me senté en mi escritorio y vi que mis próximos alumnos serían de primero. Hice un pequeño diagrama sobre qué sería la clase, cuánto tiempo dedicaríamos a cada cosa y demás. Luego, iba a ir a almorzar, pero ya se me iba a hacer tarde si bajaba, así que decidí quedarme allí y tomar un té o algo así más tarde. Ensimismada en mis pensamientos, no noté que había una figura masculina parada en la puerta. Noté la misma cuando me habló…

¿En qué diablos piensas tanto, Granger? – Esa voz sonaba asquerosamente familiar… Miré a la puerta. Allí estaba el idiota pedante de Malfoy, apoyado contra el marco de la puerta, comiendo un sándwich. En ese momento, mi estómago rugió. Tenía hambre…

¿Y eso a ti, qué? No molestes Malfoy. – Intenté disimular como que hacía algo para que se fuera, pero él se quitó de la puerta y caminó hasta mi escritorio.

No me importa. Sólo preguntaba, por curiosidad. – El aroma de su sándwich de pavo hizo que mi estómago rugiera, una vez más. Él me miró con una ceja arqueada. - ¿No tienes hambre? Deberías comer algo…

Claro que… Eso no es de tu incumbencia. ¿Qué quieres? Estoy ocupada. – Hecho un vistazo a mi escritorio.

Es evidente que no estás haciendo absolutamente NADA. Ve a almorzar, aún tienes tiempo.

Claro que no, en media hora comienza mi próxima clase y ya no alcanzo a almorzar.

Bien, pues, aquí tienes. – Con un ademán de su varita, un delicioso bufet apareció en mi escritorio. El aroma me tentaba… Que delicia… ¡Pero no! Lo miré con odio.

¿Qué haces?

Come.

No.

¡Déjate de chiquilinadas y come, Granger! Puedes desmayarte si no comes por horas. – Me regañó, por lo cual me sentí… Extraña…

¿Estás preocupado por mí, Malfoy? – Sonreí de lado.

Claro… Que no… Es sólo que me preocupo por la educación de mis alumnos.

MIS alumnos, querrás decir.

Eran míos antes, trátalos bien. – Se quejó. – Ahora, deja de darle vueltas al asunto, Y COME, maldita sea… - Se quejó de nuevo.

Ya, ya… Te haré caso…

Comencé a comer. Lo que Draco me había aparecido, era realmente espectacular. Me preguntaba cómo había hecho aparecer tanta comida, dado que, si bien yo sabía hacerlo, jamás había aparecido un bufet entero…
Lo observé con curiosidad. Él siguió comiendo su sándwich en silencio, pero ahora, miraba por la ventana de la torre, hacia no sé qué. Estaba ensimismado, totalmente perdido en sus propios pensamientos. ¿Qué pensaría? Me preguntaba yo. Bueno, momento, ¿qué rayos debía importarme lo que él pensara?... Por favor Hermione, contrólate…

Oye, y… - Me miró.

¿Qué? – Preguntó alzando una ceja.

¿Qué… qué ocurrió contigo y tus padres?... Si se puede saber…

Oh… ¿Te importa?... Digo, fue hace tiempo, tú y yo éramos enemigos acérrimos… Creí que no te interesaba saber sobre mi vida…

Pues, no es que por saber de ti vayamos a ser los mejores amigos, pero, creo que la rivalidad del pasado, allí quedó… ¿No? – Dije encogiendo mis hombros.

Supongo… Bien, lo que pasó…

Se acercó a mí, se sentó frente a mi escritorio, y mientras yo almorzaba, él me contaba qué había sido de su vida después de que la guerra acabara. No la había pasado muy bien… Si bien sus padres lo habían "perdonado" por no matar a Dumbledore, nunca le perdonaron el hecho de querer pasarse "al lado bueno". Ese mismo año, luego de la guerra, lo tuvieron encerrado en la mansión Malfoy durante más de tres meses, haciendo las labores de los sirvientes, en forma de castigo. Luego, Draco se había revelado ante ellos, y si bien amaba a su madre, decidió que lo mejor sería decir adiós a sus padres, y convertirse en alguien de bien, por cuenta propia… Lucius y Narcissa lo habían buscado por mar, cielo y tierra, pero él era más astuto y se refugiaba en los lugares más insólitos… Hasta en las frías montañas de algún recóndito lugar de Europa, donde la vida cotidiana no era fácil debido a las bajas temperaturas.
Cuando terminó de contarme lo que había ocurrido y sólo un 10% de todo lo que había vivido, yo había terminado ya de almorzar, y, poniéndome a pensar seriamente y como la mujer madura que era ya, le sentí compasión a aquel muchacho. De pequeños, había sido una patada en el trasero, pero… Entendía maso menos, cuáles eran los motivos de ello. Ahora, ya grandes, adultos, podíamos entablar una conversación sin querer agarrarnos de los pelos, o sin querer echarnos maldiciones. Era un gran logro. En especial, de un Malfoy, que odiaban a muerte a los "sangre impura", como lo era yo…

Llegó la hora de comenzar la nueva clase, así que con un movimiento de la varita desaparecimos toda la comida con Draco, y estaba a punto de preguntarle si querría tomar luego una taza de té, cuando los alumnos comenzaron a entrar. Todos nos saludaron sonriendo y se ubicaron en sus asientos. Lo miré, de seguro ya se iría y yo sin poder decirle nada… Quizás la próxima sería…

Oye Granger, ¿te molesta si me quedo a presenciar la clase? – Dijo repentinamente, mirándome con una bella sonrisa de lado en el rostro. Me sonrojé un poco, he de admitir…

Oh… ¿Seguro? ¿No tienes nada que hacer?

Claro que no. Hasta dentro de tres horas más, puedes ocuparme si así gustas. – Sonrió con picardía. Me sonrojé aún más. - ¿Qué pasa Granger? ¿Malfoy te provoca cositas? – Me susurró al oído. Sentí que mis mejillas estaban prendidas fuego…

¡Claro que no, imbécil!... Puedes quedarte si quieres, pero no me interrumpas..

Tan pronto como pude, huí de su lado, y comencé la clase con total normalidad y naturalidad, aunque noté que mis alumnos cuchicheaban entre sí y reían por lo bajo… Intenté restarle importancia, pero el hecho de que Malfoy se encontrara allí me ponía un poco nerviosa y lograba sacarme de mis casillas con mayor facilidad que de costumbre… Aún no comprendía por qué quería invitarle a una taza de té, o por qué había aceptado que él observara la clase…

Eso es porque te gusta Malfoy, y lo sabes. Te atraía desde que estabas en primer año… ¿Lo recuerdas? – Una molesta voz sonó en mi cabeza.

Claro que no. Nunca me ha gustado Malfoy. Me dije a mi misma un tanto confundida… ¿Realmente nunca me había gustado?...

Continué con la clase, explicando a los alumnos qué prepararíamos y cómo hacerlo. Cuando todos se pusieron a trabar en ello, Draco se acercó a mí.

Cuando termine la clase hablamos.

¿De? – Pregunté con curiosidad. Su voz había sido dura.

De cómo preparas las clases. Estás errando en puntos clave que los muchachos deben comprender y respetar.

Pero…

Ssh, sigue con tu clase. – Sonrió.

Me quedé pensando en qué querría decirme, pero seguí con la clase. Ese día preparamos la poción desinfladora, con la cual los chicos se divirtieron bastante.
Una almuna, antes de terminar la clase, se acercó a mí y comenzamos a hablar…

Profesora Granger, ¿cómo le iba a usted en su época en Hogwarts? – Preguntó curiosa.

¿Mmh..? Ah… Pues… - Me hice la que pensaba.

Tenía mejores notas que tú Rose. – Intervino Draco, de manera tajante. Rose lo miró con el ceño fruncido y se alejó.

Oye, no era necesario hacer eso…

Tú dejala. No debes darle tanta información a tus alumnos, sino te toman el tiempo.

Lo quedé mirando. La clase acabó y los chicos salieron sin quejarse por la pequeña tarea que les había dado. Recogí mis cosas y me senté a descansar unos segundos. Draco se acercó a mi escritorio, y se sentó frente a mí.

Bien, a ver… Por dónde comenzar… - Me miró.

¿Qué ocurre?

Pues, es el método. No puedes explicar de manera tan rápida la forma de hacer las pociones, o para qué sirven o las consecuencias que acarrean. Debes dedicarles su tiempo, ser más práctica respecto a eso, porque no todos son sabelotodo como tú.

Oh, pues… - Intenté defenderme.

Ya, escúchame. – Me interrumpió. – Y otra cosa, que debes utilizar más los ejemplos. Porque explicas y vas directo a los hechos, pero sin un ejemplo conciso los chicos pueden perderse o no comprender del todo por qué o para qué utilizarla. ¿Comprendes?...

Sí… Pero…

Shhh, cállate Granger. Acepta las críticas constructivas de vez en cuando, no te hará daño. – Sonrió.

"Cada vez que sonríe, siento que algo dentro de mi revolotea… ¿Por qué me siento así con él? Jamás me pasó con alguna otra persona, ni siquiera con Harry... ¿Qué me ocurre con Malfoy?"

¿Granger? ¿Sigues aquí? – Al oírlo, salí de mi ensimismamiento y lo miré.

Oh, sí, claro… Sigo aquí, ¿dónde podría haber ido? – Respondí con sarcasmo.

No lo sé, quizás… Soñabas despierta con este bello espécimen que tienes delante de ti... – Me sonrió de forma provocativa. Sentí que mis mejillas se coloreaban, de nuevo.

¡Ya cállate! Que deje que me hables y me "ayudes" o me des consejos, no implica que sueñe contigo… Por favor Malfoy… - Me defendí. – Ya, vamos, tengo hambre. – Tomé mis cosas y comencé a caminar hacia la puerta.

¿Estás invitándome a ir contigo a comer algo, Granger? – Lo miré. Él sonrió y me desarmé.

Quedamos en que iríamos a tomar algo luego de la clase, ¿recuerdas? Tú me invitaste a mí… - Refunfuñé. – Pero si no quieres ir, no vamos.

Oh, vamos, no te enojes.

Cuando salimos del salón de clases, nos cruzamos por el camino con Luna y Neville, quienes me miraron atónitos ante la sorpresa de que yo fuera caminando y charlando con Malfoy como si fuéramos grandes amigos… Ni siquiera yo podía entender lo que sucedía.


¡Hola chicas! (Espero no me reciban a tomatazos D;) ¿Cómo están? ¡Espero que muy bien! :D
Disculpen que he demorado TANTO en actualizar el capítulo, pero estuve un poco desordenada y atareada, y además se me había roto la notebook así que la tuve un tiempo en el técnico.

En fín, he aquí el tercer capítulo, espero que les haya agradado :D, y porfa, dejen REVIEW, o prometo que sufrirán el triple esperando el cuarto capítulo (que mala soy MUAJAJA).

Muchas gracias por leerlo :) Las quiero, prometo no hacerlas esperar mucho para el próximo. ¡BESOS!