Robert caminaba lentamente por el lodoso terreno alejandose del resto del grupo. Muchos pensamientos pasaban por su cabeza. Su mente era una tormenta.
- Robert………. – trato de decir Tentomon quien habia regresado a su gentil forma de ser.
- Calla! – respondio Robert agobiado por el sentimiento de culpa que pasaba por su cabeza.
Se sintio debil y mareado. Quiso desplomarse al suelo y no continuar. En ese momento noto que algo se aproximaba entre la espesa niebla que invadía el lugar.
En el cielo, múltiples digimon voladores rompieron el silencio y la niebla. En tierra, gigantescos digitamamon que tenían forma de enormes mamut hacían estremecer el suelo. Tras ellos, grupos de diferentes clases de digimon se abrían paso entre el fangoso terreno.
- Miren! – dijo Elecmon señalando a aquel humano y a su Tentomon. – El es uno de los elegidos. – Oye. Que ocurrió con los demás?
- No lo se…………- respondió Robert cabizbajo.
Elecmon pudo leer en Tentomon que esto no era del todo cierto. Se aproximo cojeando un poco por sus heridas y volvió a preguntar.
- ¿Qué fue lo que paso?
Tentomon agito sus alas de insecto y se aproximo a Elecmon.
- Hubo una pelea entre ellos y se dividieron. Los demás deben estar cerca de la fortaleza central.
- ¿Es eso cierto? – interrumpió Wizardmon dirigiéndose a Robert.
Robert asintió con la cabeza pero quería mirar hacia el lado opuesto.
El Elecmon más viejo se aproximo a Robert. Parecía darse cuenta que el se sentía culpable.
- Muchacho….. – dijo este viejo Elecmon con la herida en el ojo. – Todavía podemos salvarlos….
En ese momento, Robert rompió a llorar y entre sollozos se empezó a lamentar.
- Es mi culpa! No podemos hacer nada……… - decía Robert entre sollozos y tomándose la cabeza con las dos manos.
- Escucha! – interrumpió Wizardmon. – Aquí todos pensamos que todavía hay esperanza. No vamos a dar la vuelta ahora. Pero tienes que llevarnos hacia ellos.
Robert asintió con la cabeza y se subió en el lomo de uno de los digitamamon. Con Tentomon flotando cerca de su hombro decidió regresar para rescatar a la persona por quien el debió luchar desde un principio: su hermana.
--------------------------------------------------------------------La voz de Apokarimon resonó en el ambiente.
"Debes detener a la humana………………"
En la unidad de cuidado intensivo del Hospital de Tokio, el paciente de una de las camas se veía muy agitado. Había estado estuporoso un buen tiempo pero solo unas horas previamente empezó a moverse de un lado a otro.
La enfermera se aproximo para volver a tomar sus signos vitales y en ese momento el brazo de Shibumi la sujeto con fuerza y la lanzo hacia el otro lado de la habitación.
Como un zombie, Shibumi arrastró los pies hasta la salida del hospital todavía vistiendo la indumentaria de paciente. En el camino, golpeó un guardia de seguridad quitándole la pistola.
Con pistola en mano, Shibumi se encamino en la fría noche de Tokio con un rumbo fijo: La casa de Daisy Anderson.
