La mente de Tony

Por Yoana Spiegel


Disclaimer: Tony Stark, Iron Man, Los Vengadores y todo lo usado para la realización de este fanfiction es propiedad de Marvel, Disney y todos los demás que posean los derechos. Fanfiction realizado sin ánimos de lucro.

Advertencias: Spoilers de las películas y de los cómics.

Notas: Espero disfruten esta nueva entrega de Tony.


Fragmento 3,

Every teardrop is a waterfall (Cada lágrima es una cascada).


Tony es libre. Relativamente feliz, porque aunque sea hijo de un billonario y tenga todo lo que un chico de quince años pueda pedir, sabe que no todo se obtiene; y en la medida que crece y observa el verdadero color de la vida, se da cuenta de ello. Y cada suceso que vive trágicamente, se lo recuerda.

Pero hoy es joven y no debe preocuparse por nada. La edad le da derecho a éso, ya se las arreglará cuando tenga más de treinta años; sin embargo, esta noche nadie la arruinará.

La música está a su máximo volumen, las paredes y ventanas retumban a causa de la explosión de sonido y color que desprende la fiesta privada del chico Stark. Todos los invitados bailan y beben sin ninguna medida, mientras viven y aman como quieren. Tony hace lo mismo, moviéndose en la pista como todo un bailarín, exudando pasión y deseo, sexualidad a tope. Nadie puede pararlo, no existe persona en la tierra que lo detenga. El mundo está a los pies de Tony y él sólo puede sonreír. Nada acabará con su vida de fiesta. Ni siquiera su padre.

O éso pensaba.

Jarvis, el mayordomo, le da la noticia a las cuatro de mañana, cuando la música suena relajada, las voces cantan y destilan tristeza y soledad; algunas parejas bailan en los confines oscuros del lugar, ocultando su amor a los curiosos.

Una lágrima sale del ojo derecho de Tony, con un olor a alcohol mezclado con tristeza, destilando también la pasión que se alojaba dentro de sí. El muchacho suelta la copa de vino y los pedazos del fino cristal se esparcen por el suelo, rebotando por toda partes y produciendo un estrepitoso sonido que aleja a Tony de la realidad.

Frunce el ceño y le da las gracias a Jarvis. Con un tono de voz serio (o éso quiere tratar de hacer, el alcohol no se lo permite), le pide que se encargue de todo, ya que él no tiene cabeza para ello.

Jarvis asiente, lo levanta del sillón donde llevaba media hora tratando de detener el mareo, y después de unos minutos, lo satura de café y analgésicos, para sacar todo ese alcohol de colores que lo transporta a un lugar donde nada pasa, en donde los jóvenes son libres de hacer y sentir lo que sea.

Howard y María murieron en un accidente automovilístico.

Tony ya no es libre. Y ya no es feliz. Su padre lo acaba de atar a una vida donde existen las responsabilidades y una herencia la cual manejar. Si se lo preguntan, Tony responderá en un susurro que él no está preparado para dejar de vivir la vida que siempre deseó, pero no lo dirá en voz alta; no puede dejar que las personas sientan lástima por él.

En el funeral, las personas se forman para darle apoyo y resignación. Ellos no podrán imaginar jamás que Tony no les cree una palabra y que estaría más que feliz que se fueran por donde entraron.

Un hombre, con cabellos de ébano tan negros como la noche y unos ojos endemoniadamente verdes, le toma de la mano y le dice que no importa lo que haga, jamás podrá ser feliz.

Y en un parpadeo, el hombre desaparece para ya no volver.

Tony lo sabe. Jamás alcanzará la verdadera felicidad. En la intimidad de su pequeño laboratorio, una lágrima cae de un ojo, para ser seguida por otra y así, sucesivamente, cada lágrima se convierte en una cascada.