III

Volvían a viajar juntos. Ella tenía trabajo de campo y él… bueno, él seguía dando vueltas por el mundo como sino hubiera mañana.

Y ambos habían coincidido

Caminaron todo el día por la Sierra de Hoenn, y tras cenar se guarecieron en los sacos de dormir.

La fogata seguía danzando y Gold no podía dormir. Estaba boca arriba, mirando el cielo estrellado. Su compañera de viaje, Crystal, le daba la espalda, estaba dormida, o al menos eso creía él. Por que sino nunca hubiera soltado aquello.

—Te he echado de menos.