Y bueno, aquí estoy de nuevo. Veo que después de todo no fue tan malo el otro capítulo, pero de todas maneras espero no tener que escribir uno parecido. Gracias a TachiFk, juaniweb (que apareció!), carolagd, trini-la-blake, aego, Lala-potter yCelina, que son los lectores deantes. A los nuevos, como ninotchka, jhonedisson, pedro, Marc, y bellapaola, muchas gracias por llegar aquí! Y tomen en cuenta sus ff, que en verdad están muy buenos, se los recomiendo! De ahora en adelante creo que voy a responder los reviews con el reply, si son reviews anónimos ojalá puedan dejarme el mail para poder contestar.
DISCLAIMER
Todos los personajes pertenecen a J.K Rowling y la Warner Brothers, yo no gano nada con esto salvo reviews, y lo escribo por gusto.
Harry Potter y las Almas del Heredero, capítulo 4
"Cumpleaños nº 17"
Bajaron las escaleras tomados de las manos. Harry no recordaba haberse sentido tan feliz en toda su vida. Al fin había dejado atrás los sentimientos de culpa y miedo. Se sentía libre, y ahora que tenía a Ginny consigo, pensó que era el cumpleaños más feliz de su vida. Lo único que le preocupaba es que sabía que tenía que decirle a Ginny todo respecto a la profecía y su misión, tarde o temprano. Pero ya lo haría después, cuando encontrara el momento.
Nuevamente estaban en silencio, pero esta vez no era uno incómodo, sino que era simplemente porque ya se habían dicho todo lo que fuera importante. Al llegar al primer piso, se acabó el silencio, pues habían llegado a la celebración.
El jardín estaba adornado con varias serpentinas que decían "¡Feliz Cumpleaños, Harry!". Los fuegos artificiales de los gemelos volaban en todas direcciones, aunque Harry notó que un par de ellos perseguían a Crookshanks. El jardín estaba lleno de gente, se encontraban ahí todos los Weasley (a excepción de Percy), Hermione, Lupin, Tonks, Ojoloco Moody, Kingsley Shacklebolt, Hagrid, Horace Slughorn, la profesora McGonagall, otros miembros de la Orden y algunos alumnos de lo que alguna vez fue el ED, como Neville Longbottom y Luna Lovegood. Augusta Longbottom, la abuela de Neville, estaba usando su particular atuendo habitual, mientras que el padre de Luna se veía, si es que esto era posible, aún más estrafalario de lo que solía ser su hija. Nada extraño para un tipo que perseguía snorckacs de cuernos arrugados y otras rarezas de dudosa existencia.
-Ojalá Sirius y Dumbledore estuvieran aquí conmigo…-pensó Harry, nostálgico.
Pero entonces reparó en que, en una esquina apartada, se encontraban los Dursley.
Para Harry, fue como si dos mundos completamente opuestos se juntaran por primera vez. Dudley y el Tío Vernon tenían la misma expresión de desprecio que solían demostrar a la magia, pero Tía Petunia, aunque intentaba disimular frente a su marido, parecía feliz con todo eso. Los atuendos que usaban estaban completamente fuera de lugar, tomando en cuenta el hecho de que lo normal en aquel lugar era usar túnicas de diferentes colores. En ese momento Petunia vio a su sobrino y le sonrió disimuladamente.
-Feliz cumpleaños, Harry-le susurró.
-Gracias-contestó Harry con alegría, pero aún sin poderse creer este repentino cambio de su tía.
Petunia giró la cabeza y se dirigió a su marido:
-Vernon…-la voz de Petunia tenía un tono de reproche que parecía decir "esto ya lo hablamos".
-Pero Petunia... ¡Está bien, está bien!-repuso al ver la mirada desafiante de su mujer-Eee…muchacho... Gracias-por-sacarnos-de-ahí-anoche – parecía que le costara mucho esfuerzo decir cada palabra, y era claro que, si de él dependiera, en vez de agradecer estaría estrangulándolo por haberlo puesto en peligro anoche y por tenerlo en su cumpleaños con un montón de gente que el consideraba bichos raros. Pero pese a todo, Harry se lo agradeció. Poco después Dudley repitió el gesto de su padre, cosa que Harry disfrutó mucho. Esbozando una sonrisa burlona ante la expresión de odio de Dudley, aceptó encantado sus agradecimientos forzados. Nunca dejaría de recordarle ese momento a su primo. Se rió para sus adentros, uno de los fuegos artificiales flotaba ahora sobre la cabeza de Dudley, sin ninguna señal de querer desaparecer.
Todos los que se encontraban en la celebración comenzaron a dirigirse hacia Harry para desearle feliz cumpleaños. Lupin lo abrazó tan fuertemente que Harry se sorprendió.
-No sabes el susto que me diste anoche.
Entonces Harry tomó conciencia de que ahora, lo más cercano que tenía a un padre, era Remus Lupin.
-Remus, lo estás ahogando...-dijo Tonks divertida, tomándolo de la mano-Feliz cumpleaños, Harry. Es bueno esto de tener 17 años¿verdad?
El chico la miró. La bruja había vuelto a ponerse el pelo color rosa chicle, sonreía y saludaba a todos, e incluso había recuperado su característica torpeza, por lo que Harry dedujo que al fin había logrado covencer a Lupin para que estuvieran juntos. Sonrió.
Por su parte, Petunia Dursley conversó con Tonks y Molly Weasley hasta que llegó el momento de entregar los regalos a Harry. Al darse cuenta de la mirada severa e incómoda de su marido, fue a estar con ellos.
Kingsley, Tonks y Moody se acercaron a la mesa, este último parecía muy serio. Todos se callaron.
-Harry, el regalo que te vamos a dar ahora debes saber usarlo muy bien, no es un juguete y si…-en ese momento fue interrumpido por Tonks.
-¡Oh, vamos Moody! No seas aguafiestas. Es obvio que Harry lo va a usar bien-dijo la aurora con una sonrisa radiante-Entrégaselo ya, Kingsley.
El auror le entregó a Harry un paquetito muy bien envuelto. Ésta lo abrió y encontró lo que parecían unos lentes de contacto.
Al ver la cara de pregunta de Harry, el auror comenzó a explicarle:
-Tienen el mismo efecto que el ojo mágico de Moody, excepto que sólo puedes mirar hacia adelante y no hacia "adentro de ti mismo". Te recomiendo que no te los pongas ahora, tal vez no a todos les guste la idea-dijo Kingsley con una mirada divertida.
Harry rió, quién sabe que cara pondrían Hermione y Ginny si él se paseaba por ahí con los lentes puestos. Y la mirada que le echaron las dos chicas le dejó en muy en claro que no lo tolerarían bajo ningún pretexto y por mucho que fuera su cumpleaños.
El siguiente regalo fue de Slughorn, quien le entregó otra pequeña botella de Felix Felicis. Le advirtió que no la usara hasta que fuera completamente inevitable, y que esperaba que, si algún día se encontraba en apuros, aquella botellita pudiera salvarle.
-Y si quieres también podría agregar a tu regalo de cumpleaños ciertos contactos muy útiles... En el Ministerio tengo...
-No, gracias-dijo Harry cortante pero educadamente. De todas maneras no creía que el Ministerio estuviera muy contento con él.
Neville y Luna, por su parte, habían conseguido un apagador plateado como el que tenía Dumbledore, asique se lo regalaron junto con una carta que decía: "Cuando nos necesites ahí estaremos. ED". ED... Luna y Neville, los únicos que habían acudido esa noche a ayudar. A Harry nunca se le olvidaría esa lealtad. Ya sabía que, si necesitaba ayuda, los tenía a ellos.
Ahora era el turno de Hagrid.
-Como todos sabemos, tú eres capaz de hablar pársel, y creo que una serpiente te sería muy útil. Pero como no quería darte una serpiente cualquiera, fui a buscar la boa que liberaste del zoológico a tus 11 años (Dudley palideció y Harry sonrió, los dos recordaban muy bien ese día). La verdad no fue nada fácil, pero es tan bonita... (Dudley no daba crédito a sus oídos, para él la serpiente era una cosa grande y viscosa que había intentado matarlo por culpa de su primo. Harry, en cambio, ya estaba acostumbrado a los estándares de "belleza" de Hagrid) Aquí está-dijo dándole la serpiente a Harry, la cual se enrolló en su brazo-Debes ponerle un nombre.
-¿Te acuerdas de mí?-preguntó Harry en pársel.
-Sí... Aunque nunca llegué a Brasil... ¿Cuál va a ser mi nombre?
Harry lo pensó...un nombre que fuera único...
-¿Dyrea?
La serpiente movió la cabeza en un gesto de aprobación.
Entonces Harry miró alrededor. Había olvidado que el resto no entendía lo que él decía, sino que oían silbidos. Todos tenían un descocierto total en la cara, y unos cuantos, un dejo de miedo y sorpresa.
-Gracias, Hagrid. Se llama Dyrea-explicó calmadamente, como si fuera común conversar con boas constrictoras que conociste hace 6 años.
En ese momento la profesora McGonagall se acercó a Harry y pidió permiso para entregarle un regalo.
-El profesor Dumbledore-dijo Minerva lenta y claramente para que todos escucharan-me dejó muy claro desde principios del año pasado que si algo le ocurría a él, Fawkes pasaría a ser de la persona que le hubiera demostrado una mayor lealtad. Deduzco que esa persona fuiste tú Harry, por eso apareció en Privet Drive anoche. Fuiste fiel a Dumbledore en la cámara secreta, frente a Scrimgeour... y frente a mí. Nunca rompiste la palabra que le diste. Fawkes aparecerá cada vez que lo necesites, ya sea como apoyo o como una ayuda. No te preocupes en llamarlo, él aparecerá solo. Y ahora, mi regalo para ti, Potter, es el pensadero.Me lo dejóAlbus para que fuerauna herencia que sepasen los directores de Hogwarts, pero creo que en este momento te será más útil a ti que a mí. Ya está en tu habitación, úsalo bien.
Harry agradeció el regalo, justo en el momento en que Fawkes apareció y se posó en su hombro. Al parecer había venido al oír su nombre.
La profesora McGonagall también le entregó un pequeño paquete de mal aspecto, que decía: De Kreacher para el amo. Sólo que, a diferencia del año pasado, Harry no cometió la estupidez de abrirlo, sobre todo después de sentir que algo se movía dentro del paquetito. Lo acercó a Crookshanks y dijo:
-¿Tú qué opinas?-el gato lo olisqueó y se le erizaron los pelos del lomo-Me basta con eso-dijo mientras lanzaba lejos el regalo.
-Harry...-dijo Lupin entonces, tocándole el hombro- este es un regalo que Sirius y yo estuvimos guardando para tus 17 años…Creímos... que te gustaría tenerla-y le entregó una cajita de madera. Parecía ser fina y estaba muy bien cuidada. Harry la abrió emocionado y no pudo creer lo que vio.
-Lupin, es…es...-la felicidad no lo dejaba hablar bien.
-Sí, Harry, es la snitch de James.
Era la más dorada que hubiera visto jamás y tenía la tendencia de volar siempre hacia arriba. Revoloteó a su alrededor un rato y, cuando estaba a punto de salir de su alcance, Harry estiró el brazo y la agarró en el aire, haciendo gala de unos excelentes reflejos. Lupin sonrió, había hecho lo mismo que James solía hacer en sus tiempos de colegio.
-Gracias-dijo Harry conmovido. Le encantaba la idea de tener algo que su padre había apreciado tanto cuando era joven, como había comprobado en el pensadero de Snape, y, además, quesu padrinose había preocupado de guardarle. Sirius...
-¡Bueno!-dijo la Sra. Weasley, interrumpiendo sus pensamientos-ahora queremos entregar el último regalo, Harry, queri...
-Ejem, ejem...-Ron, Harry, Hermione y todas las otras personas que pertenecían a Hogwarts se asustaron, había sonado igual que la tos fingida de Dolores Umbridge. Sólo que, esta vez, la que tosía era Tía Petunia.
-Yo también quiero entregar un regalo a mi sobrino.
Eso sí que fue una sorpresa. ¿Tía Petunia queriendo darle un regalo? Un calcetín viejo, seguramente... Pero ellos no eran los únicos que estaban sorprendidos, al otro lado del jardín, Tio Vernon y Dudley comenzaron a pensar que ella seguramente se había vuelto loca con tanta magia dando vuelta, pues tenían la misma cara de desconcierto que Harry.
-Esto,-comenzó Petunia-me lo dejó el profesor Dumbledore junto con la carta y tú, hace 16 años. Lo guardé todo este tiempo, envuelto, tal como llegó. Sé lo que es, ya que en la carta lo decía, pero no he abierto el paquete. Eso lo debes hacer tú.
Abrazó a su sobrino de una manera bastante tiesa y mientras le daba el regalo, le susurró: "Pérdoname por como te he tratado... Ayer nos salvaste la vida". Harry asintió con la cabeza, despacio.
-¡Vamos, Harry, ábrelo!-le dijo Ron.
Muy intrigado, el chico comenzó a abrir el paquete lentamente. Y en sus manos cayeron dos argollas doradas. Una decía "Lily Evans" y la otra, "James Potter". Una lágrima resbaló por su cara, pero la secó rápidamente. No quería que lo vieran llorar, pero se había emocionado mucho.
-Harry... ¿Qué es?-preguntó con delicadeza Ginny.
-Son...las argollas de matrimonio de mis padres-levantó la cabeza y miró a su tía-Gracias-dijo con voz un poco ahogada.
Ahora nadie quería interrumpir aquel silencio. Sabían que era un momento especial para el chico.
Viendo que nadie decía nada, fue el mismo Harry quien habló.
-Quiero decir algo, aprovechando que están todos aquí, pero especialmente para los Sres. Weasley-tomó la mano de Ginny y los miró, armándose de valor-Gin y yo somos novios.
Si no hubiera sido por la emoción de tener en sus manos las argollas de sus padres, se habría puesto completamente rojo de vergüenza. Pero no ahora. No sintiendo a sus padres tan cerca.
El Sr. Weasley sonrió y asintió con la cabeza, como si lo hubiera esperado,pero su mujer estaba intentando asimilar lo que le habían dicho, después de todo, consideraba a Harry como otro hijo más, y ahora era novio de su Ginny. Miró a Harry después de unos segundos y dijo:
-Me la cuidas¿eh?-y entonces sonrió radiante.
-Por supuesto.
Harry hizo aparecer una cadenita de oro. En ella puso las argollas y se la colocó en el cuello.
A continuación todos los que se encontraban ahí felicitaron a Harry y Ginny. Hagrid abrazó tan fuertemente a Harry (haciendo que cambiara de color a un morado profundo rápidamente), que Ron le dijo en un tono que pretendía sonar alarmado:
-Hagrid, no sé tú, pero quiero conservar a mi cuñado intacto, asique por favor no lo ahogues.
El semigigante se ruborizó y susurró un "perdón" mientras lo soltaba y lo dejaba nuevamente en el suelo. Sin embargo, a Harry no le hubiera importado en absoluto que hubiera seguido ahogándolo. Este se estaba convirtiendo, definitivamente, en su mejor cumpleaños. Y lo más importante del día recién estaba por venir...
Listo! Ojalá les haya gustado. Bueno, nuevamente creo que pueden catalogar este como un capítulo de transición. Se que quieren que ya empezemos con lo importante, pero realmente quiero tener un buen piso para poder escribir tranquila después. Sólo les pido un poco de paciencia y que me entiendan, por favor! Hasta el sgte chapter,
Sara Morgan Black
