Hola! Bueno, sé que a algunos les había dicho que iba a actualizar ayer, pero la verdad es que quise retocar algunas partes de la historia y al final se me hizo tarde. Prefiero entregarles algo bien hecho y con calma, que apurada y sin que me guste. Lo que está escrito aquí fue de las primeras cosas que se me ocurrieron cuando pensé en hacer un ff, en ese momento era mucho más original de lo que es ahora, ya que han salido tantos fics sobre Harry Potter 7 que es casi imposible que algunas ideas no se repitan. En lo personal este capítulo me gusta mucho, ojalá a uds. también. Creo (estoy casi completamente segura) que respondí todos los reviews de los que me dejaron el mail. Si no es así, por favor me lo hacen saber. Andromeda, tu contestación está abajo. Hay algo más que quiero preguntarles, lo leen al final del chapter. Sin más que decir por ahora, aquí les dejo el chapter.
DISCLAIMER
Todos los personajes pertenecen a J.K Rowling y la Warner Brothers, yo no gano nada con esto, sino que lo hago por gusto.
Harry Potter y las Almas del Heredero, capítulo 6
"Donde todo se inició"
Después de las numerosas felicitaciones, la Sra. Weasley retomó la palabra, evidentemente contrariada por el hecho de que Tía Petunia le había robado el protagonismo que había esperado adquirir de los presentes.
-Ejem... Sí, bueno... Como decía anteriormente, queremos darle un último regalo a Harry de parte de la familia, Fleur y Hermione. Sin embargo, no está aquí, tendremos que ir en un traslador. Lamento que no puedan acompañarnos todos, pero creo que el regalo lo requiere... -dijo con un tono de misterio en la voz, a la vez que su sonrisa se hacía cada vez más pronunciada- No sé cuánto tardemos, por favor tengan paciencia.
Harry estaba cada vez más intrigado ¿que podía ser aquel regalo? Algo que no se podía llevar... sino que había que ir a verlo. Y que además producía esa extraña sonrisa en la Sra. Weasley.
-Muy bien, ya aclarada esa duda, tomemos el traslador-dijo Ron alegremente.
-¿Traslador?-preguntó Harry, sin entender- Scrimgeour me mandó la licencia de aparición adelantada, en caso de que necesitara escapar, y tú ya hiciste el examen sin dejar una ceja atrás-dijo Harry dirigiéndose a Ron, que se sonrojó ligeramente- Podemos aparecernos ¿no?
-Tal vez tú puedas, pero yo no-dijo Ginny algo resentida, lanzando una mirada acusadora a su novio.
Esta vez fue Harry el que se ruborizó ¿cómo podía haberse olvidado de la edad de Ginny?
Los Sres. Weasley, Harry, Ron, Hermione, Ginny, los gemelos, Bill, Charlie (que había llegado un poco retrasado) y Fleur se acercaron al traslador, que en apariencia era un ladrillo desgastado.
-¿Preparado, Harry?-preguntó el Sr. Weasley, sonriente.
-Sí-contestó Harry sintiendo como la emoción lo embargaba, pues tenía la impresión de que estaba por experimentar algo especial.
-Muy bien, nos iremos a la cuenta de tres. 1...2... ¡TRES!
Harry sintió como todo daba vueltas alrededor suyo, la típica sensación de un traslador que, aunque no le gustaba, era mejor que la de la aparición. Cuando la sensación cesó, Harry miró alrededor para ver donde se encontraban.
Estaban todos frente a una casa muy grande. Por algunas de sus paredes de ladrillo subían largas y espesas enredaderas de color verde oscuro, que se extendían hasta llegar al negro tejado. El jardín, también muy espacioso, tenía unos árboles frondosos que proyectaban grandes sombras en el pasto. Esta casa, y otras que se veían a lo lejos, estaban en un valle. El Valle de Godric...
Harry sintió una extraña sensación, como la de haber estado alejado mucho tiempo de un lugar que conocía y quería, y frente al cual se encontraba ahora parado. Observó el lugar como esperando poder reconocerlo.
En su mente hubo un pequeño destello de recuerdos borrosos y antiguos...
Estaba debajo de aquellos árboles, una mujer muy bella y pelirroja lo llevaba en brazos y le susurraba palabras dulces con cariño... Le veía la cara, unos hermosos ojos verdes brillaban en ella, pero había un atisbo de tristeza y preocupación en ellos...
-Harry... Ven, entrémos...-susurró Ginny, despacio. Harry la miró y asintió, mientras le tomaba la mano, medio confundido.
Aún sintiendo como esa extraña sensación le oprimía el pecho, comenzó a caminar lentamente hacia la puerta de entrada... Aquellos ojos verdes y la mirada de aquella mujer pelirroja rondaban insistentemente en su cabeza. Aquella mujer que, él estaba seguro, conocía.
Los Weasley no decían nada, como si hubieran esperado aquella reacción silenciosa, lo cual era aún más intrigante. Le dirigían miradas de interés y también de... ¿comprensión? Sin embargo, Harry prefería el silencio en esos momentos. De alguna manera, sabía que era un momento solemne, único.
Entraron a aquella casa que tanto lo intrigaba, con un leve crujido de la puerta. A la derecha había una cocina como cualquier otra, y a la izquierda un living. Tenía una chimenea en la pared del fondo, y dos mullidos sillones de color rojo oscuro. Las paredes blancas estaban llenas de fotos enmarcadas. Otro recuerdo cruzó la mente de Harry...
Se encontraba ahora en los brazos de un hombre muy apuesto con ojos color castaño, su pelo era negro azabache y se veía muy despeinado. A su lado, acurrucada a él, se encontraba la misma mujer del recuerdo anterior. Contemplaban el fuego en silencio, con muestras de preocupación en el rostro que la guerra les había dejado marcadas. Unas pocas arrugas prematuras surcaban al frente del hombre, señal de que había vivido mucho en poco tiempo. Era el mismo living. Luego, se pusieron a abrazar a su hijo, con tanto cariño que parecía que pensaran que en cualquier momento se lo podrían quitar...
En ese momento Harry miró las paredes del living. Cuando se fijó en la primera foto, y distinguió quienes salían en ella, ahogó un grito de emoción.
James Potter y Lily Evans sonreían el día de su graduación de Hogwarts; en otra, James sostenía la copa de Quidditch montado en su escoba; otra era de su matrimonio, en la esquina de ésta se podía ver a un joven, apuesto y sonriente Sirius Black, que miraba radiante y con orgullo a su mejor amigo. Una fotografía en que salían cuatro personas: Remus Lupin, Sirius Black, Peter Pettigrew y James Potter, evidentemente con unos años menos, probablemnete quince, cuando aquellos eran tiempos más felices y ellos, los mejores amigos. Pero la fotografía que más resaltaba era una en la cual salían James, Lily y su hijo pequeño en lo que parecía ser un parque. Sonreían. Los tres juntos. Como una familia...
Esta era la casa de los Potter. De sus padres. Su casa...
-Te dejaremos sólo un rato...-dijoHermione al captar su mirada de emoción,mientras que arrastraba a Ron hacia la salida- Estaremos afuera.
-Tómate todo el tiempo que quieras-dijo Ginny, comprensiva.
Harry sólo atinó a asentir con la cabeza, al fin ese momento sería suyo. Cuando la puerta se cerró tras los Weasley con un leve ruido, Harry comenzó a observar todo con cuidado. Ahí había vivido el primer año de su vida, él y sus padres, habían estado juntos en ese lugar... El lugar en donde más lo habían querido, y que le habían arrebatado siendo sólo un niño, sin derecho a luchar por aquello que quería.
Y entonces el recuerdo anterior volvió a asaltarle la mente, con más fuerza y con más nitidez...
Lily y James se encontraban abrazando a su hijo cuando se oyó un fuerte ruido afuera. La pelirroja se quedó paralizada con su hijo en brazos, una mezcla de horror y pánico que parecía haber llevado contenidas dentro de sí desde hacía tiempo. James miró hacia afuera por la ventana. Un hombre vestido completamente de negro se acercaba. La cara de James palideció bruscamente.
-¡Lily, toma a Harry y vete¡Es él!-gritó.
-¡James, no!
-¡Vete¡Corre! Yo lo detendré...
Lily dirigió una mirada llorosa a su marido. Él la miró y pareció decirle "Por Harry". Ella tomó a su hijo en brazos aún asustada y corrió escaleras arriba, al tiempo que el bebé comenzaba a llorar. En el piso de abajo la puerta cayó estrepitosamente y Lord Voldemort entró en la casa. Él y James comenzaron a luchar con complicados hechizos, pero el Señor Oscuro hacía retroceder a James cada vez más, hacia arriba, y por su cara burlona dejaba claro que para él esto era sólo un juego, sólo una manera de mostrar una vez más su crueldad...
Subieron hasta el segundo piso, mientras Lily, horrorizada, veía como su marido peleaba con Voldemort valientemente. Pero la valentía no bastaba para sobrevivir a un ataque de Lord Voldemort. Nada bastaba...
-¡Avada Kedrava!-las palabras de la voz fría y aguda resonaron en los oídos de Lily con una fuerza horrible.
Un rayo de luz verde salió de la varita de Voldemort e impactó a James en el pecho, que antes de caer para siempre dirigió una última mirada a su mujer y a su hijo. Su cuerpo cayó pesadamente en el suelo, y Lily pudo ver sus ojos sin vida.
-¡Nooo! -la madre de Harry comenzó a gritar, la cara bañada en lágrimas. James estaba muerto. Y ella estaba sola, con la vida de su hijo dependiendo únicamente de ella.
Lord Voldemort se giró y comenzó a caminar hacia ella con cruel satisfacción, al tiempo que se dibujaba una sonrisa de triunfo en su cara de serpiente. Lily se encontraba en la pieza de Harry. Se arrinconó contra la pared, horrorizada, pero a la vez, decidida.
-¡A Harry no¡A Harry no, por favor! -gritó desesperada mientras con su cuerpo formaba un escudo alrededor de su hijo.
-¡A un lado¡Hazte a un lado, muchacha!-los ojos rojos de Voldemort nunca habían mostrado piedad ante nadie, menos ahora.
-¡A Harry no¡Ten piedad, te lo ruego, ten piedad¡Por favor¡Haré cualquier cosa!
-¡Apártate, estúpida¡Apártate!
-¡A Harry no¡Te lo ruego, no¡Tómame a mí, mátame a mí en su lugar! -las palabras de Lily eran desesperadas y sinceras, no le importaba morir, si con ello conseguía salvar a su hijo.
Lord Voldemort levantó su varita en dirección a la mujer, al tiempo que reía con una voz fría y aguda, que se mezclaba con el llanto de Harry.
Lily gritó, horrorizada, pero no se movió de ahí ni dejó de abrazar a su hijo. Lo protegería hasta el final.
-¡Avada Kedavra!-el hechizo pronunciado por Voldemort fue su sentencia de muerte.
El haz de luz verde impactó a Lily, que cayó al suelo con su hijo en brazos...muerta.
Voldemort rió cruelmente. Y entonces, triunfal y muy lentamente, levantó la varita en dirección al bebé.
Un bebé indefenso, un bebé que no sabía que acababan de matar a sus padres. Un bebé que derrotaría al Señor de las Tinieblas sólo segundos después, sin siquiera proponérselo. Un bebé que, desde ese día, sería marcado como el Elegido, y llamado "el niño que vivió"...
A medida que iba recordando lo ocurrido en esa noche, Harry había subido hasta la que había sido su habitación. Todo estaba igual que aquella noche, era la pieza de un niño de poca edad. Se sentó contra la pared, en el mismo lugar en que, pudo reconocer, había caído su madre. Puso su mano sobre la alfombra, casi esperando sentir el calor y el amor de su madre subiendo por su brazo. No supo cuánto tiempo pasó ahí, sólo sabía que grandes lágrimas estaban bajando por su cara una y otra vez, irrefrenables y necesarias. Lo que había recordado era exactamente lo que oía cuando los Dementores se acercaban, sólo que esta vez no sólo lo había oído, sino que también lo había visto.
El horror en la cara de sus padres al ver que Voldemort se acercaba para matar a su único hijo había quedado grabado a fuego en la mente de Harry. La forma en que James había luchado para salvarlo, Lily negándose a dejarlo solo... El sólo imaginarse que Voldemort había asesinado a tanta gente a sangre fría, sin importarle las vidas que se perdían, lo llenó de odio, de rabia, de ira, de ganas de vengar a sus padres... El dolor y la impotencia de no tener a sus padres ahí con él lo consumían. Todo por culpa de un hombre llamado Tom Riddle, un asesino, un monstruo, algo que ya no era humano... Una determinación sobrehumana se apoderó de su mente y su alma...
-Juro-dijo para sí mismo, mientras las grandes y pesadas lágrimas seguían bañando su rostro-que me voy a vengar. Me quitaste lo que yo más quería, mis padres... Y yo te quitaré lo que más temes perder... tu propia vida.
Cerró el puño y golpeó la pared con fuerza, dejando escapar un gemido, mientras con la otra mano apretaba más fuertemente las argollas de sus padres.Ahora lo único que sentía era dolor, pena y rabia. Era lo único que podía sentir... estando en el lugar donde su vida había cambiado. El lugar en donde todo se había iniciado, marcándolo para siempre.
Tan fuerte era su sentimiento de odio e impotencia, que por un momento creyó haber sentido una emoción que no era suya... Un sentimiento de asombro y curiosidad... Y entonces comprendió que la fuerza de su sentimiento había traspasado las barreras de Voldemort y llegado a su mente. Angustiado y nervioso, con una gran fuerza mental comenzó a intentar cerrar sus emociones al Señor Oscuro, pero en ese momento sintió cómo le ardía la cicatriz y Voldemort empezaba a intentar averiguar dónde estaba. Estaba tratando de encontrar la razón de su enojo, pero Harry se resistía cada vez con más fuerza y determinación.
-¡No! No puedes... ¡Déjame! -pensaba Harry, al tiempo que comenzaba a notar cómo se nublaba su visión y caía de rodillas al suelo. El dolor de la cicatriz se hacía cada vez menos soportable, le ardía insistentemente. La sensación era horrible, como si le rasguñaran la cabeza por dentro para encontrar algo. Avanzaba más y más, debilitando de a poco las defensas oclumánticas de Harry.
-Nadie puede impedir que yo consiga lo que quiero, Potter...-la misma voz fría que había escuchado sólo minutos atrás, la oía ahora en su cabeza- Nadie puede oponerse a Lord Voldemort.
-Yo sí puedo...-le dolía cada vez más la cabeza, estaba luchando desesperadamente por expulsar a Voldemort de su mente. No sólo podría descubrir dónde estaba, sino que, tal vez, pudiera averiguar algo de los horcruxes. Fue entonces cuando una palabra se le vino a la mente, una que sabía, podía poner furioso a Voldemort unos pocos segundos, lo suficiente como para cerrar su mente y poner fin a esta batalla mental- Yo sí puedo vencerte, Tom, y lo sabes... Porque eres un cobarde, ni siquiera fuiste capaz de matar a Dumbledore, le tenías miedo...
Un acceso de furia llegó a Harry, lo que le confirmó que su idea había funcionado. Rápidamente, y sin darle tiempo para reaccionar, cerró su mente y se liberó de toda emoción, haciendo gala de una sorprendente fuerza mental y de voluntad. Cuando se hubo asegurado de estar a salvo de un nuevo ataque por parte de Voldemort, se sentó jadeante contra la pared, al tiempo que se ponía una mano en la frente. El calor en la zona de la cicatriz disminuyó poco a poco, hasta que al final, cesó. Satisfecho de sí mismo, por no haber permitido que Voldemort captase sus pensamientos, se levantó lentamente y salió de la habitación, aún temblando.
Harry tardó varios minutos en calmarse. Aunque había recorrido toda la casa, no se había quedado mucho tiempo adentro, porque era ciertamente doloroso y le quedaba una sensación de vacío que lo hacía sentir mal. Además, le preocupaba que encontrase algo demasiado significativo para él, que lo pudiera poner nuevamente vulnerable ante Voldemort.
Salió de la casa con los ojos aún rojos de haber llorado y temblando, pero no le importaba mucho, después de todo, los Weasley eran su familia, no sentía ninguna vergüenza. Ellos asumieron que se debía a la pura emoción.
-Muchas gracias por todo esto-dijo muy conmovido, decidido a no mencionar nada todavía sobre el incidente con Voldemort. La visita a la casa le había dado la fuerza y la determinación para hacer lo que debía-¿De quién fue la idea?
-Nuestra-dijeron Ron, Hermione y Ginny al unísono.- Hagrid nos dijo como llegar hasta aquí, pero estaba en ruinas. Acordamos que como familia la reconstruiríamos para ti, y el resto de los habitantes del valle también ayudaron, porque creen que es lo mínimo que pueden hacer por ti. Es nuestro regalo.
-¿Cómo supieron cómo poner las cosas? Está todo igual que esa noche...-preguntó Harry.
-En realidad le pedimos ayuda a la profesora McGonagall, que tenía un recuerdo de Dumbledore en que salía cómo...-Ron hubiera continuado explicando, pero Hermione lo interrumpió.
-¿Cómo sabes que así estaba todo esa noche?-preguntó con una mirada sorprendida e incrédula- ¿Lo recuerdas? -Harry captó cómo lo observaba inspectivamente, era obvio que algo le parecía sospechoso.
-No-contestó Harry con simpleza- Se los explicaré después.
La cara que puso decía claramente "Por favor no pregunten más", aunque Ron seguramente hubiera hecho caso omiso a esa petición, si no fuera por el codazo que Hermione le propinó en las costillas, además de una mirada severa que recordaba claramente a la profesora McGonagall.
-Asique-dijeron los gemelos, intentando cambiar el tema- estás hecho un verdadero millonario. Eres dueño de dos casas, dos cuentas en Gringotts, un pensadero, una lechuza, un elfo doméstico, un fénix, una boa...
-Y si vas al jardín de atrás de la casa-continuó Charlie- encontrarás una moto voladora, heredada de Sirius.
Harry sonrió levemente, reconfortándose un poco. Realmente parecía excesivo para alguien de 17 años, que había vivido 11 de ellos en una alacena debajo de las escaleras. Y a pesar de la mención de su padrino, no le dolió tanto como hasta hace poco lo hacía. A él también lo vengaría.
-Muy bien-dijo la Sra. Weasley- Harry, querido, si no tienes inconveniente, hay algo más que nos gustaría mostrarte antes de volver a La Madriguera. Síguenos.
Caminaron un poco en fila siguiendo a la pelirroja mujer, y bajo un árbol encontraron el siguiente traslador. Todos se aferraron a él y volvieron a sentir como todo giraba alrededor.
Acto seguido se encontraban en un cementerio. Iluminado por el sol, Harry notó la gran diferencia que había entre este y el único otro que conocía, el del renacimiento de Voldemort. Las flores repletaban la gran mayoría de las tumbas, que se encontraban en medio de un pasto suave y fresco. No reinaba la sensación de abandono que tenía el otro cementerio, y, por muy paradójico que suene, casi podías sentir vida.
Pero algo llamó la atención de Harry más que todo lo demás, pues había esperado verlo desde el momento en que se percató de que estaba en un cementerio. Frente a ellos, había una lápida de color blanco, llena de unas flores que no había visto nunca en ningún otro lugar. Eran del tamaño de una mano abierta, con un brillante color rojo sangre. Y en el centro, eran de color dorado.
Harry caminó hacia allá, sabía perfectamente a quienes pertenecía esa lápida. Sus padres estaban ahí, tan cerca de él y después de tanto tiempo... Apuró el paso, casi corría, la ansiedad lo hacía ir hacia allí sin pensar en nada más.
Los Weasley prefirieron quedarse más atrás, pero Ginny, Ron y Hermione fueron con él, decididos a acompañarlo en estos momentos que quedarían grabados en su memoria para siempre.
-Harry... ¿Prefieres que nos vayamos?-preguntó Ginny con delicadeza.
-No, quédense. Los necesito -no se creía capaz de soportar una emoción tan fuerte dos veces seguidas en el día estando solo, hubiera sido muy peligroso. Con sus amigos a su lado sería capaz de controlar sus sentimientos -Estoy aquí... Después de tanto tiempo...–la emoción le atenazaba la garganta. Toda su vida había pasado tan alejado de ellos, que habían dado todo por él.
Al acercarse a la tumba, se inclinó y la observó delicadamente. Fue entonces cuando reparó en la lápida y la leyó:
"James y Lily Potter"
Q.E.P.D
"Quienes nos aman en realidad nunca nos dejan"
Comenzó a llorar nuevamente. ¿Qué le importaba? No podía hacerse el fuerte para siempre. Y esa frase, que había escuchado ya antes de boca de su antiguo director, lo había gatillado. Sus amigos y Ginny lo abrazaron, sabiendo que eran demasiadas emociones fuertes por un día para Harry.
-Estaremos contigo, no lo harás solo. Tus padres estarían orgullosos.
Se quedaron ahí, contemplando la tumba de los Potter en silencio. El viento pasaba suavemente alrededor... Y el tiempo también.
-Esas flores...-dijo Ginny con voz queda, que acababa de reparar en lo bonitas y únicas que estas eran.
-Las creó Dumbledore... Tu madre me lo dijo-respondió Hermione, ante la mirada del resto- Nunca se marchitan, y de noche, brillan para todos aquellos que quieren a tus padres, Harry, los hayan conocido o no. Se llaman Brillo de Fénix.
Harry se lo agradeció profundamente a Dumbledore. Tendría que haberle agradecido tantas cosas... Pero él tampoco estaba ahora para acompañarlo. Más lágrimas escaparon de sus ojos.
-Gracias...por estar conmigo –Harry pronunció estas palabras sin mirar a nadie en especial, estaban dirigidas a todos, a sus padres, a sus amigos, a Ginny, a los Weasley, y a tantos otros que, él sabía, lo arriesgaban todo por él y por su vida.
Volvieron con el resto de la familia, todos juntos, cuando Harry se hubo sentido listo. Nadie sabía cuanto tiempo había pasado, se habían limitado a estar con Harry. Ginny tenía su cabeza apoyada en el hombro del chico.
-Harry... Querido... ¿Estás bien?-preguntó la Sra. Weasley con delicadeza al ver la expresión del muchacho.
-Sí... Gracias por... darme la oportunidad de verlos-contestó el muchacho señalando la tumba.
-De nada... Era lo menos que podíamos hacer por ti. Ahora tenemos que volver a casa-dijo la Sra. Weasley suavemente-Ya sé que les gustaría quedarse más tiempo, pero mañana es la boda de Bill y Fleur y aún tengo mucho que hacer. Pero puedes volver cuando quieras, Harry, cielo.
-Muchas gracias por todo esto...-susurró Harry. Todos asintieron y le sonrieron, haciéndole saber que no estaba solo.
-Queremos que sepas, Harry-agregó el Sr. Weasley- que puedes contar con nosotros para lo que sea. Para mí y Molly eres otro hijo más, y por ti arriesgaríamos lo que sea necesario. Si tienes un problema, o necesitas ayuda, no dudes en contarnos. Estaremos ahí siempre.
No hubieron palabras que Harry pudiera usar esta vez para agradecerles.
Nuevamente se dirigieron al siguiente traslador. Mientras todos se aferraban a él, Harry dirigió una última mirada a la tumba de sus padres. Las Brillo de Fénix relucían bajo el sol, mientras que Fawkes, posado en una de ellas, lo miraba fijamente, tal como había hecho ya antes. Y si alguna vez, Harry sintió dudas respecto a lo que tenía que hacer, ese día se fueron.
-Volveré a este lugar... Estoy seguro-pensó.
Y al parecer el fénix se sintió satisfecho, pues levantó la cabeza hacia el cielo y desapareció entre llamas, recordando extrañamente al funeral de Dumbledore.
Tomaron el traslador, regresando a La Madriguera y a la realidad. Los invitados al cumpleaños estaban esperándolos, pues querían saber cuál había sido el regalo.
Harry se paró al centro de todos y los hizo callar, serio. Luego habló solemnemente:
-Muchas gracias por haber venido-dijo Harry seriamente, con la voz aún quebrada- Sé que quieren saber qué era el regalo, pero eso lo podrán aclarar los Sres. Weasley. En este momento, lo único que quiero es ir un rato a mi pieza, porque necesito... pensar. Espero que sepan disculparme.
Y se dirigió al interior de la casa sin esperar respuesta de parte de ninguno, ignorando las miradas inquisitivas de Lupin, la profesora McGonagall o Hagrid, y cerrando la puerta tras él. El silencio cayó sobre la celebración, producto de la impresión que se habían llevado los invitados.
Más tarde, todos los que estuvieron ahí en ese momento concordaron en una cosa: en su breve viaje a la casa y la tumba de sus padres, Harry cambió. El muchacho que salió de La Madriguera con un traslador, se veía como un chico cualquiera de su edad el día de su cumpleaños. El que volvió a la casa tan sólo unas horas después, era un Harry mucho más maduro. Se veía mayor, decidido, fuerte. Una fuerza extraña emanaba de él, y en sus ojos había un brillo que no vieron nunca en ninguna otra persona. Parecía que hubieran pasado años en ellos.
En silencio, Ron y Hermione pensaron que ese día atisbaron por primera vez al Harry que se enfrentaría a Voldemort para matarlo. Era realmente el único que podía hacerlo.
Ajeno a todo lo que pensaban los demás, Harry subió las escaleras y se encerró en su pieza. Sacó su varita y se extrajo los recuerdos de ese día, que salieron plateados y brillantes. Los sumergió en el pensadero y los observó una vez más. No podía olvidar nada de lo ocurrido ese día, porque le daba fuerza para continuar. Mientras acariciaba a Hedwig, fue grabando cada uno de los momentos en su memoria para siempre.
A pesar de los intentos de sus amigos, no quizo salir de la habitación en todo el día. Y es que no se sentía con fuerzas para actuar con normalidad frente a los demás, no quería fingir que estaba bien una vez más. Se sentía extraño, necesitaba pensar, sólo pensar... En la soledad de su habitación, con Fawkes nuevamente como única compañía.
El fénix le aclaraba las ideas, lo calmaba cuando sentía que iba a gritar de impotencia, le recordaba que Dumbledore estaba con él cuando sentía que estaba solo... Porque todavía, a pesar del dolor y el miedo, le era fiel.
¿Qué les pareció? Es que realmente quiero que me lo cuenten pronto en los reviews! Bueno, lo que tenía que comentarles es que estoy traduciendo un ff sobre Snape y sus tiempos de colegio, es muy interesante. Ojalá me digan que opinan sobre esto.
--Andromeda--: Gracias por tus comentarios! Ya te había visto varias veces en los reviews de las historias que me gustan, asique es un placer tenerte en el mío. Ojalá al siguiente review me puedas dejar tu mail para contestarte, si no, te puedo seguir respondiendo de esta forma, no hay problema. ¿Te gustó el chapter? Me lo dices en el review.
Bueno, esto sería todo, hasta el siguiente chapter,
Sara Morgan Black
