Hola! Bueno, sé que me he demorado mucho en actualizar, pero lo que pasa es que de a poco se me están acabando los capítulos pre-escritosy por eso me tomo más tiempo. Tal vez por eso el último capítulo no fue muy leído, en fin. ¡Muchísimas gracias trini-la-blake, carolagd y pedro por sus reviews! Y por favor, recuerden: No hay nada que me suba tanto el ánimo en la semana como un review de alguno de ustedes! (¡Y que necesario es eso generalmente!)

DISCLAIMER

Todos los personajes pertenecen a J.K Rowling y la Warner Brothers, yo sólo hago esto por diversión y placer, sin ningún fin de lucro y tampoco de plagio.

Harry Potter y las Almas del Heredero, capítulo 8

"Respuestas"

-Gin, tenemos que hablar-dijo Harry lentamente, mientras se levantaba del asiento.

La boda de Bill y Fleur había terminado hace ya unas horas, y los invitados se habían retirado, a excepción de los Delacour, que estaban invitados a comer.

Había decidido contarle a Ginny lo de la profecía y también lo que sabía de los horcruxes, ya que al fin había podido encontrar el momento ideal. Ron y Hermione habían ido con Fred y George a escuchar una audiencia de Percy con la Orden con las orejas extensibles, ya que la Sra. Weasley se había olvidado de impasibilizar la puerta de lo contenta que estaba por la boda, y eso le daba la oportunidad perfecta para estar a solas con Ginny y contarle todo lo que tuviera que decir sin interrupciones.

Ginny le había dicho que lo seguiría allí a donde él fuera, pero jamás la llevaría a ningún lado sin que supiera a qué se enfrentaba y cuan peligroso era. Habría sido una falta de respeto y confianza hacia su novia.

-¿De qué quieres hablar...?-preguntó Ginny, frunciendo el ceño, al tiempo que se acercaba a él. En el fondo aún tenía miedo de que Harry se hubiera arrepentido de volver con ella- ¿No te habrás arrepenti...?

-No -la atajó Harry (Ginny suspiró aliviada)- Pero es muy importante. Ven conmigo.

La tomó de la mano y subieron juntos a la habitación de Ron, mientras los escalones crujían, según Harry, más fuertemente que nunca. Una vez dentro, Harry cerró la puerta y sacó la varita.

-Muffliato-susurró, al tiempo que una marcada mueca de desagrado se formaba en su cara. Odiaba usar esos hechizos, pues le hacían acordarse de lo mucho que había necesitado y "apreciado" al príncipe mestizo durante el último año, sin saber que era el desgraciado de Snape. Sin embargo, resultaban (aunque no quisiera reconocerlo ahora) realmente útiles y no podía arriesgarse a ser oído por alguien más en este tema.

Él y la pelirroja se sentaron juntos en una de las camas. Harry tomó la mano de Ginny al tiempo que suspiraba y comenzó:

-Ginny... Lo que te voy a contar ahora te aclarará muchas cosas. Después de que las sepas, podrás hacer lo que quieras. Te doy la oportunidad de echarte atrás, te prometo que lo entenderé.

-¡Harry!-protestó Ginny indignada- Sabes que no voy a dejarte. Nada de lo que digas podrá hacerme cambiar de opinión.

Harry observó el rostro decidido y obstinado de su novia. Nada de lo que pudiera decir o hacer bastaría para agradecerle que estuviera siempre ahí para apoyarlo. Y sin embargo, Harry tenía la completa seguridad de que Ginny ni siquiera imaginaba la gravedad de las cosas que estaba a punto de oír.

-De acuerdo...-dijo Harry, mientras se preguntaba por dónde empezar.

Eran tantas las cosas, y estaban tan entrelazadas entre sí, que era difícil decidir con cual se podría partir la conversación. Se convenció de que debía partir por la profecía, ya que en torno a ella giraban todos los acontecimientos posteriores, aparte de el tremendo significado para la vida de Harry. De hecho, era, literalmente, el significado de la vida de Harry.

-Verás... Hace dos años, la misma noche de la muerte de Sirius... Dumbledore me contó la razón de que Voldemort quisiera matarme cuando era un bebé -la voz de Harry tembló un poco. Al igual que en su cuarto año, cuando Dumbledore le pidió que reviviera sus momentos en el cementerio, le dolía recordar, pero luego se sentía con un peso menos encima, se desahogaba. Ginny abrió mucho los ojos bruscamente- Sólo unos meses antes de que yo naciera, se hizo una profecía a Dumbledore -decidió omitir la parte de que era la profesora Trelawney era quien la habia dicho- Decía esto:

"El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca... Nacido de quienes lo han desafiado tres veces, llegará al mundo al concluir el séptimo mes... Y el Señor Oscuro lo señalará como su igual... Pero tendrá un poder que el Señor Oscuro no conoce... Y uno de los dos deberá morir a manos del otro, porque ninguno podrá vivir mientras el otro esté con vida... El único con el poder para derrotar al Señor Oscuro nacerá al concluir el séptimo mes..."

Harry cerró los ojos y se calló, esperando, mientras el corazón le latía con fuerza en el pecho. ¿Cómo reaccionaría Ginny; comenzaría a llorar por su vida y le pediría que no lo hiciera,o tomaría conciencia de que ese era el destino de Harry y lo aceptaría? No se atrevía a mirarla, le daba miedo que lo dejara, aunque sabía que si eso llegara a pasar, ella estaría un poco más segura. Tenía miedo de lo que pudiera pasar y, sin embargo, se armó de valor y, lentamente, mientras tragaba saliva, volvió a abrir los ojos.

La pelirroja estaba ahí, sentada sobre la cama. Sus ojos perdidos en un punto indefinido hacían imposible detectar cualquier emoción. Estaba más pálida.

"Uno de los dos deberá morir a manos del otro"

Por la cara de Ginny resbaló una lágrima, pequeña y brillante. Fue sólo una, y la secó rápidamente con la mano. No quería que Harry la viera llorar, porque sabía que él necesitaba apoyo y no lástima. Y aunque por dentro estaba gritando de dolor y miedo, se lo guardó. Aunque tuviera que morir por él, no lo dejaría. Y cuando llegara el momento de Harry para luchar con Voldemort, ella estaría a su lado, cualquiera fuera el final.

Al pensar en la posibilidad de que Harry muriera, otras lágrimas lucharon por salir, y sintió un fuerte nudo en la garganta que clamaba por comenzar un llanto, pero Ginny no lo permitió, haciendo gala de un asombroso autocontrol que Harry, a estas alturas, había entrenado.

Siempre había pensado que Harry perseguía a Voldemort para vengar a sus padres, por todo el daño que le había hecho. Sin embargo, aparte de todo ese dolor, ahora se enteraba de que Harry cargaba con el futuro del mundo mágico sobre sus hombros. Era demasiado para una sola persona, que además tenía tan sólo 17 años. Solo, no podría hacerlo, pero con ella a su lado, sí.

Se armó de fuerza y dijo con una voz débil y entrecortada:

-Mi respuesta no ha cambiado, Harry. Te dije que no te dejaría y que haríamos esto juntos. Y eso es exactamente lo que pienso hacer. A donde vayas, iré contigo. ¡Y que ni se te ocurra dejarme fuera de esto por una nueva causa noble y heróica!

La expresión de la cara de Harry dejó entrever lo aliviado y agradecido que estaba, no tuvo necesidad de decirle algo, y Ginny lo entendió.

-Eso no es todo, Ginny -la mirada de Harry se ensombreció un poco. Y la de Ginny también.

Durante las siguientes horas, Harry le contó a Ginny sobre sus clases particulares con Dumbledore, lo que sabía del pasado de Voldemort, cómo había conseguido el recuerdo de Slughorn y lo que eran los horcruxes.

-Según la teoría de Dumbledore, y estoy seguro de que tenía razón, Voldemort tenía 7 horcruxes. El anillo, el diario, el relicario, la copa de Hufflepuf, su serpiente Nagini y algo de Rowena Ravenclaw o Godric Griffindor. El diario lo destruí yo, y el anillo lo destruyó Dumbledore.

Luego le contó cómo, una noche, se había enterado de que Snape le había revelado la profecía a Voldemort. La discusión con Dumbledore.

"-El profesor Snape cometió un terrible...

-¡No me diga que fue un error, señor!.¡Estaba escuchando detrás de la puerta!"

"-¿Cómo puede estar usted seguro de que él está de nuestra parte?

-Estoy seguro. Confío plenamente en Severus Snape."

Dumbledore confiaba en Snape y había sido traicionado. Los padres de Harry confiaban en Colagusano, y habían sido traicionados. Y ahora todos ellos estaban muertos. Ginny escuchaba con avidez cada palabra de Harry.

Le contó la promesa que le había hecho a Dumbledore y el viaje a la cueva.

"Si te exijo que me dejes y te salves ¿lo harás?

-Yo...

-Harry...

Se miraron a los ojos.

-Sí, señor, lo haré."

Siguió contándole todo lo que habían tenido que pasar para llegar al relicario: la sangre, los Inferi, la poción... Y como todo eso había sido para nada. Snape había matado a Dumbledore, aprovechando que estaba débil por la poción. No mostró ni una pizca de misericordia frente a quién lo había salvado de ir a Azkaban durante tantos años. Se acordó también de cómo, antes de que Snape llegara, Draco había bajado su varita y había parecido dispuesto a cambiarse de bando. Aquel joven mortífago que aún no era un asesino seguía ahí, en algún lado.

Y cómo, al ver el cuerpo destrozado de Dumbledore, había encontrado una nota en el falso relicario, el relicario que había costado la vida del mago más poderoso y noble que Harry jamás hubiera conocido:

Para el Señor de las Tinieblas:

Ya sé que moriré mucho antes de que lea esto,

pero quiero que sepa que fui yo

quien descubrió su secreto.

He robado el Horcrux auténtico

y lo destruiré en cuanto pueda.

Afrontaré la muerte con la esperanza de que,

cuando encuentre la horma de su zapato,

volverá a ser mortal.

R.A.B.

El punto era¿Había podido R.A.B destruir el horcrux; cuánto tiempo habría pasado desde que R.A.B había dejado la nota en el relicario? Y ¿Quién era R.A.B, estaría aún vivo? Debía encontrar una forma de responder todas estas preguntas.

Harry se levantó y caminó hacia la ventana. Respirando profundamente, miró hacia afuera e intentó calmarse y ordenar sus ideas. El sol se estaba escondiendo tras los cerros, y en el jardín, unos cuantos gnomos volvían a esconderse entre las plantas. Era en esos momentos que comprendía lo que Dumbledore había querido decir unos años atrás con eso de "A veces tengo la sensación de que tengo demasiados pensamientos en la cabeza".

-Ginny, ya te he dicho todo. Sabes los peligros que enfrentamos. Sabes qué debo hacer. Y... sabes que, al final, estaré solo en mi pelea con Voldemort. Nadie puede interponerse en eso –Harry habló con la determinación de quien sabe que será de su destino, en un tono que no admitía réplicas. Había estado dándole vueltas a ese tema mucho tiempo, y sabía que tarde o temprano, cuando se enfrentara a Voldemort, nadie se podría interponer. Tal vez alguien más diera su vida por él, o lo escondieran y lo protegieran mucho tiempo, pero el enfrentamiento final llegaría algún día para decidirlo todo.

-Pero hasta que no sea completamente necesario... Yo estaré junto a ti.

-Gracias, Ginny... -Harry la abrazó.

Y en ese momento entraron Ron y Hermione a la habitación, interrumpiendo el momento.

-¿No se supone que estaban escuchando la reunión de la Orden?-preguntó Harry, frunciendo el ceño, ligeramente molesto.

-Eee... Bueno, sí... –farfulló Ron, ruborizándose hasta las orejas- Pero no han dicho nada demasiado relevante. McGonagall le ha dejado claro a Percy que estaba muy decepcionada de él, que nunca habría esperado tanta falta de sentido común de su parte, y que, hasta que no hiciera méritos y demostrara su lealtad, no hay ninguna posibilidad de que ingrese a la Orden o se le incluya a las reuniones. Habríamos pagado por ver su cara –Ron esbozó una mirada soñadora, mientras observaba el techo- Y no te preocupes, Fred y George se han quedado allá abajo por si dicen algo más.

-De acuerdo...-respondió Harry, vacilando. Decidió aprovechar la oportunidad para contarles lo ocurrido durante la visita a la casa de sus padres- Vengan, tengo que contarles algo a ustedes también.

Ron y Hermione se sentaron alrededor de él, mientras en sus caras y en la de Ginny se hacía evidente la curiosidad.

-El día que me llevaron a la casa de mis padres, ocurrió algo... extraño. Cuando ustedes salieron de la casa, tuve una especie de visión, una especie de "recuerdo". Es exactamente lo que oigo cuando se acercan los dementores, sólo que esta vez también lo vi. El momento exacto en que mataron a mis padres. Y me puse furioso, me dieron ganas de vengar a mis padres y a todos los que están muertos. Y al parecer el sentimiento fue muy intenso, porque atravesó las barreras mentales de Voldemort y se percató de lo que estaba sintiendo yo en ese momento -Ron, Hermione y Ginny soltaron gritos ahogados de asombro y preocupación.

-¿Y... y que pasó, Harry?-preguntó Hermione, intrigada y preocupada.

-Intenté cerrar mis pensamientos... Y tuve una especie de conexión mental con él... Pude hablar con él. Y cuando lo nombré como Tom y le dije que era un cobarde, se enfureció y pude aprovechar de cerrar mi mente sin que pudiera averiguar nada.

-¡Llamaste a V... V... Voldemort cobarde?-preguntó Ron palideciendo, mirando a Harry como si fuera un loco muy, muy idiota.

-Sí –respondió Harry, indiferente- eso es lo que es.

-Está bien, Ron, Harry necesitaba hacer eso para poder cerrar su mente... ¿Pero cómo pudo romper las barreras mentales de Voldemort con un simple sentimiento y luego bloquearle la entrada a la suya propia? Digo, porque después de todo, Voldemort es el mago más poderoso que existe y...

-Después de Dumbledore, Hermione -interrumpió Harry bruscamente.

-Eee, sí, bueno, está bien Harry -contestó la chica, ligeramente avergonzada- Pero ahora... está muerto.Por favor, escucha lo que te estoy diciendo¿Cómo pudiste romper unas barreras oclumánticas así de poderosas simplemente porque sentiste rabia? Lo que quiero decir es¿No deberías saber Legeremancia muy avanzada, más esta conexión mental especial que tienes con Voldemort, para poder entrar en su mente? Harry¡Por Dios, tienes 17 años! Es que me parece muy extraño, he leído que necesitas una gran capaci...

Pero Harry ya no la escuchaba. Acababa de reparar en algo que no había pensado antes. "¿Cómo pudiste vencer unas defensas oclumánticas así de poderosas simplemente porque sentiste rabia?" Y es que no había sido simplemente rabia, esa era la explicación. Había sido un enorme deseo de venganza. Y no por sí mismo, sino que por las personas que habían muerto, que él quería. Su sentimiento había sido muy fuerte porque quería a esas personas. Por el amor que sentía hacia ellas. Había sido el amor de Harry por esas personas lo que había logrado vencer la oclumancia de Voldemort.

La idea comenzó a entrar en su mente con fuerza. Cada vez le encontraba más sentido, cada vez la sentía más posible, más real. Sólo una palabra bastaba para explicar la razón.

-...y es por eso que no me parece posible -terminó Hermione, como quien acaba una disertación frente a un público atento, casi esperando aplausos.

-El amor...-susurró Harry, despacio, aún sin creérselo.

-¿Qué?-preguntó Hermione, extrañada y un tanto ofendida por la falta de atención- Harry ¿escuchaste lo que estuve diciendo?

-Es que no fue sólo la rabia lo que hizo que venciera a Voldemort. Fue el amor que siento por esas personas a las que él mató. El amor por mis padres, por Sirius, por Dumbledore... ¿Te das cuenta, Hermione?. ¡Dumbledore tenía razón! Ese es el poder que tengo y que Voldemort no conoce. ¡Por eso no pudo volver a meterse en mi mente!

Harry se sentía muy emocionado, al fin comenzaba a entender las palabras de Dumbledore. Ahora que había un hecho concreto que le demostraba que el amor no era inútil, comenzó a valorar ese "poder", aunque aún no supiera sacarle suficiente provecho. Todo comenzaba a tener un poco de sentido.

-Bueno, es una posibilidad... Si eso fue lo que dijo Dumbledore... –dijo Hermione, sin parecer para nada convencida. Cada vez que hablaba con ella sobre "lo que Dumbledore había dicho", se mostraba escéptica. Desde la muerte de Dumbledore, la opinión de Hermione sobre él había decaído, sobre todo porque encontraba que había sido muy ingenuo al confiar en Snape sin fundamentos fuertes.

Harry captó el tono de su voz e iba a comenzar a discutir con ella otra vez, cuando fue interrumpido.

-Pero Harry¿estás seguro de que no se percató de lo de los horcruxes?.¿O el lugar donde estabas? –preguntó Ron, nervioso- Porque si se metió en tu mente puede... –se estremeció al pensar lo que eso podía significar.

-¡Ron! –lo reprendió Hermione- ¡Está Ginny!

-¡Perdón, Harry, lo siento!

-No se preocupen, ella ya lo sabe, se lo dije cuando ustedes estaban abajo... Y sobre tu pregunta, no sabes cómo se siente, Ron... Es algo que avanza por tu mente, que se arrastra buscando lo que quiere. Es... como una serpiente -se detuvo para admirar la coincidencia- Y te aseguro que no pasó por esos pensamientos, el rechazar su ataque mental es como sacarse una espina.

Hermione ya iba a exponer una nueva posibilidad a eso, más una teoría y una cita a algún libro de culto que hubiera leído, cuando unos gritos provenientes del primer piso los distrajeron. A juzgar por el tono de las voces, una acalorada discusión estaba teniendo lugar allá abajo.

-¿Y ahora qué pasa?-preguntó Harry, poniéndose de pie.

-Yo... no creo que debamos bajar, Harry –contestó Hermione, un tanto indecisa.

Unos nuevos gritos volvieron a subir hasta sus oídos, más fuertes que antes.

-¡Esa es la voz de papá! –saltó Ginny, de pronto.

-¿Y si descubrieron a los gemelos usando las orejas extensibles? –sugirió Harry.

-No, papá nunca se pondría así por eso... –reflexionó Ron, preocupado- Yo voy abajo.

Salió de la habitación a paso rápido, seguido por los atónitos Harry, Hermione y Ginny.

Por las caras de los hermanos Weasley, era evidente que no era normal escuchar a Arthur Weasley discutiendo de esa manera. Harry era consciente de que ya antes Ginny le había comentado que "generalmente es mamá la que grita", y recordó cómo, por ejemplo, la vez que los gemelos se llevaron el auto volador, en lugar de regañarlos les había preguntado cómo había funcionado.

A medida que se acercaban al primer piso los gritos se hacían más fuertes, y comenzaron a distinguir fragmentos de la discusión.

-¡Demonios, Percy, di la verdad!-gritaba la voz, por primera vez atronadora, del Sr. Weasley.

-¡Esa es la verdad! –protestó Percy, alterado.

-¿Esperas que te crea? Confiesa¿Te envió Scrimgeour, verdad? Pues bien¡Dile que no sirve de nada que te envíe, porque no confiamos en ti! –le espetó Arthur.

-¡No me envió el Sr. Ministro!-chilló Percy. De no ser por la situación, Harry hubiera reído de buena gana al escuchar que Percy seguía llamando a Rufus Scrimgeour "el Sr. Ministro" en una discusión- ¡He venido aquí arriesgando hasta mi trabajo por asistir a la boda y no confían en mí!

-¡Por supuesto que no, acaso esperabas que te recibiéramos con los brazos abiertos! Además, tu no arriesgarías tu trabajo por nadie, menos por una familia que no tiene la categoría que te gustaría tener ¿verdad? Después de todo...¡Has "debido cargar con la vergüenza de ser un Weasley toda tu vida"! –bramó el Sr. Weasley, furioso- ¡No me hables de arriesgar tu trabajo, porque seguramente ahora te sientes honrado de poder espiar a tu familia para el ministerio y que te paguen por ello!

A través de la puerta, Harry pudo distinguir el débil sonido de los sollozos de la Sra. Weasley en medio del griterío, que imploraba tímidamente "Arthur, por favor, no sigan..." o "Percy... Percy...", e inmediatamente sintió compasión por ella, que hasta hace unas horas había estado feliz. Los gemelos, Ron y Ginny estaban pálidos, mientras escuchaban estupefactos la reacción del, generalmente tranquilo Sr. Weasley, al otro lado de la puerta.

-Arthur, –interrumpió la áspera voz de Moody, con tacto, antes de que comenzaran a gritarse otra vez- tendrás que dejar esta conversación para más adelante. No somos los únicos que estamos oyendo... ¿Molly, recordaste impasibilizar la puerta?

-¡Ay, Dios!

-No importa, Molly, no te preocupes... ¿Alastor, son ellos, verdad? –perguntó la voz de la profesora McGonagall.

Harry pudo imaginarse el ojo mágico de Moody girando en su cuenca hacia ellos, viéndolos a través de la pared.

-Sí.

-Pues entonces házlos pasar... De todas maneras tenemos que hablarles. Weasley, retírate –terminó la profesora cortante, dirigiéndose a Percy.

La puerta se abrió delante de los chicos. En una esquina de la cocina figuraba la Sra. Weasley, con los ojos llorosos y temblando. Su aspecto parecía tan desgraciado bajo la tenue luz de la cocina que inspiraba compasión instantáneamente. En el medio del lugar, el Sr. Weasley y Percy aún se encontraban de pie, mirándose desafiantes y furiosos. Resultaba difícil decir cual de los dos parecía más enojado y rojo, y sin embargo el parecido familiar se hacía evidente. Ambos tenían los labios tensos y las manos apretadas, y un extraño tick que consistía en pestañear furiosamente.

Entraron todos a la cocina en completo silencio.

En la cabecera de la mesa estaba sentada Minerva McGonagall, que, evidentemente, había asumido el mando de la Orden del Fénix tras la muerte de Dumbledore. A su alrededor se encontraban sentados Remus Lupin, Nymphadora Tonks, Hagrid, el profesor Flitwick, Ojoloco Moody, Madame Maxime y otros aurores y miembros de la Orden que ellos no conocían. Harry miró alrededor. Al otro lado de la cocina, la familia Delacour parecía aún más desconcertada que ellos, después de haber presenciado la pelea del Sr. Weasley y su hijo, quedando en un incómodo silencio.

-Weasley¿debo repetir que te retires o es que no entiendes el lenguaje común? –preguntó la profesora McGonagall con frialdad.

El pelirrojo se dio vuelta y la miró fijamente. Por un momento Harry pensó que iba a gritarle como había hecho con su padre, pero se lo pensó mejor y, trasechar una última mirada de odio a su padre,salió de la cocina en silencio pero furioso.

-Nymphadora¿me harías el favor de impasibilizar la puerta? No queremos más oídos indiscretos.

Tonks hizo un gesto de desagrado al escuchar su nombre de pila, pero no protestó en voz alta. Levantó la varita y susurró: "¡Impasus!"

Minerva McGonagall se levantó solemnemente de su silla, mirándolos a todos fijamente.

-Primero que todo, –comenzó con su característico tono severo- no quiero volver a tenerlos escuchando detrás de las puertas. Esta vez están perdonados porque se nos olvidó impasibilizar la puerta y... –dirigió una incómoda pero disimulada mirada a el Sr. Weasley- y bueno, era lógico que sintieran curiosidad debido a... las voces -Harry esbozó una pequeña sonrisa de diversión al ver a la profesora McGonagall complicada en decir algo, para que el alterado Sr. Weasley no se sintiera atacado- ¿Queda suficientemente claro para todos ustedes?

-Sí, profesora –contestaron todos rápidamente.

-Bien... Los hemos llamado -continuó con repentina solemnidad- para hacerles una propuesta. Espero que, si la aceptan, asumirán la responsabilidad que esto implica-esto último pareció estar más dirigido a los chicos que a los Delacour.

Harry y los demás se miraron entre ellos. La Sra. Weasley levantó la cabeza bruscamente, con el ceño fruncido, mientras la expresión de su rostro pasaba de la tristeza al desacuerdo y la preocupación.

-Lo que les ofrecemos, -continuó la profesora- es la posibilidad de entrar a la Orden del Fénix. ¿Madame Maxime, podría traducir lo que acabo de decir a los Sres. Delacour?

Los chicos miraron asombrados a los que estaban sentados a la mesa, mientras Madame Maxime traducía al francés las palabras de la profesora McGonagall. Lupin le guiñó un ojo a Harry disimuladamente desde su puesto en la mesa, al igual que Hagrid.

-¿Aceptarnos...a nosotros?-preguntaron incrédulos. La profesora McGonagall nunca había parecido muy dispuesta a aceptarlos, aunque nunca tan en contra como la Sra. Weasley.

-Sí, me han oído bien -contestó la profesora- Ya son mayores de edad, pueden hacerse cargo de ustedes mismos y de sus acciones. Y además... el profesor Dumbledore lo estimaba conveniente. Tenía pensado desde antes el que ingresaran a la Orden este año.

-Eee... ¿Profesora? Yo... no soy mayor de edad -Ginny, quien en un momento se había emocionado mucho con eso de ser miembro de la Orden, ahora parecía bastante desilusionada.

-Con usted, Srta. Weasley, supongo que podemos hacer una excepción. Me sorprendería mucho que no fuera con ellos -la profesora McGonagall señaló a Harry, Ron y Hermione- Siempre y cuando su madre lo apruebe -se apresuró a añadir, al ver la expresión de la cara de la Sra. Weasley.

Ginny giró la cabeza en dirección a su madre. Se miraron unos momentos, desafiantes, pero la expresión de la Sra. Weasley era más que suficiente para dejar en claro que no estaba de acuerdo.

-¿Crees que dejaré que Harry esté solo en esto¿O que no me contarán lo que hablen en las reuniones? –preguntó Ginny, alzando una ceja.

-¡Pero no eres mayor de edad! –chilló Molly de inmediato, como si hubiera estado esperando hace largo tiempo expresar su opinión al respecto- ¡Y...!

-¡Y sin embargo, -la atajó Ginny, perdiendo la paciencia- esta menor de edad es la novia de Harry Potter y ha luchado con mortífagos ya dos veces! -la Sra. Weasley emitió algo parecido a un gemido- Y no me has contestado la pregunta que te hice.

Después de lo que pareció ser una dura batalla entre la razón y los sentimientos de la Sra. Weasley, que cerraba y abría la boca para intentar decir algo, esta balbuceó:

-Arthur... ¿Tú... tú... estás de acuerdo con esto?

El Sr. Weasley tenía aspecto de estar muy cansado en ese momento y carecía completamente de ánimo, sobre todo si se trataba de no darle la razón a su esposa.

-Molly –comenzó el Sr. Weasley con cansancio- tú sabes tan bien como yo que Ginny no se mantendrá al margen aunque no sea parte de la Orden. Y tiene razón aunque no quieras aceptarlo, es la novia de Harry, y sé que él la cuidará.

Las palabras de Arthur Weasley fueron seguidas por un breve silencio, mientras el resto de los presentes esperaba a que dijera algo más. Harry sentía el peso de la responsabilidad una vez más sobre él, pero las palabras del Sr. Weasley demostraban que confiaba en él y eso lo llenó de orgullo.

-Ginny... Pro... promete que te cuidarás -dijo Molly al fin, tras no haber encontrado más argumentos para oponerse. Luego se volteó hacia Harry- Promete que... la cuidarás... que...

-Sra. Weasley¿Le cabe alguna duda de eso? -preguntó Harry con una sonrisa que inspiraba confianza.

Molly Weasley lo miró con sus ahora características lágrimas en el rostro, aunque ahora, tranquila.

-No, ninguna. -y ella también logró esbozar una pequeña pero sincera sonrisa.

-Muy bien -dijo la profesora McGonagall satisfecha- ya aclarado ese punto, tengo que dar inicio a la reunión de ingreso de... –hizo aparecer un pergamino que comenzó a escribirse solo- Harry James Potter, Ronald Bilius Weasley, Hermione Jane Granger, Fred Weasley, George Weasley y Ginevra Molly Weasley, de Inglaterra. También de Fleur Delacour, Clemence Delacour y Agnes Delacour, de Francia. –Se aclaró la garganta- Pregunto¿Quieren entrar a la Orden del Fénix, asumiendo todas las responsabilidades y peligros que esto implica, para debilitar y acabar con la amenaza de V...Voldemort y sus seguidores, autodenominados mortífagos?

Todos se miraron, en medio del silencio que cayó en la cocina. Harry sabía que, de aceptar, era inevitable que la profesora McGonagall intentara averiguar su misión. Pero no podía hacerlo todo solo, y sabía que en algún determinado momento sería necesaria la intervención de poderosos magos, que podría encontrar en la Orden. Tomando plena conciencia de lo que esto significaba, respondieron con aire solemne:

-Sí, queremos.

-Sí, "queguemos".

-¿Y prometen no traicionar a esta Orden del Fénix, de la que serán miembros en caso de aceptar, a menos que se desvíe del objetivo para lacual fue creada?

-Sí, prometemos.

-Sí, "pgometemos".

-Los miembros activos de la Orden que estén a favor de esta integración, por favor levanten las manos –pidió la profesora McGonagall con solemnidad.

La totalidad de los miembros levantó las manos, unos más convencidos que otros, pero todos al fin y al cabo.

-Entonces, desde este momento, los declaro miembros activos de la Orden del Fénix, fundada por Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore, durante la primera guerra en contra de Lord Voldemort y sus seguidores, los mortífagos.

Ese fue el capítulo, ojalá les haya gustado. Por favor dejar reviews por las razones que ya dije antes, me cuentan qué opinan del capítulo, de lo que llevamos de historia, etc. Aprovecho por último de contarles que ya publiqué el primer capítulo de "The Half Blood Prince by Elysia1", para que se den una vuelta y vean traducida desde el inglés la juventud de Snape. Bueno, nada más que decir, espero verlos pronto en los reviews y en el sgte capítulo. Hasta entonces,

Sara Morgan Black