Poco después de anochecer, el Expreso llegó a su destino. Los alumnos empezaron a desalojar el tren poco a poco y antes de pisar el andén, Mara había desaparecido. Cuando bajaron del tren, vieron que Hagrid estaba apartado al fondo del andén con un foco mientras decía en alto "¡Alumnos de primero, venid conmigo!". Los chicos se acercaron a él y este sonrió ampliamente (aunque su espesa barba ocultó su boca) y saludó con la mano.
-Hola Hagrid.-Dijeron Ginny y Hermione a la vez.
-Hola chicos, ¿qué tal ha ido el verano en…?
-¡Ssshhh!-Se apresuró a decir Harry.
-Ay, perdón, perdón. Soy un poco bocazas, ya me conocéis. ¿Qué tal estáis?
-Muy bien.-Dijo Harry.
Intercambiaron unas palabras más con el guardabosque y luego se marcharon. Los alumnos fueron a Hogwarts en carros hechizados (o eso creían todos excepto Luna y Harry, los cuales sabían que los carros estaban tirados por criaturas invisibles llamadas thestrals, las cuales solo las podían ver aquellas personas que habían estado cercanas a la muerte). Subieron a uno de los carros, todos ya con sus uniformes, y esperaron a que se pusiese en marcha. El carro dio un tirón brusco y pusieron rumbo a Hogwarts.
Cuando llegaron pasaron por la entrada llena de baúles y mascotas enjauladas y todos los alumnos se dirigieron al gran comedor para sentarse en sus respectivos asientos. El profesorado ya estaba sentado en la mesa presidencial aguardando con paciencia que todos los alumnos entrasen en la sala. Una vez estuvieron todos dentro, Albus Dumbledore miró hacia la puerta y vio cómo Flintch cerraba esta. Dumbledore se levantó y la sala comenzó a quedarse en silencio. Cuando toda la sala fijó su mirada en él, levantó la varita y acercó la punta al cuello. Cuando empezó a hablar, su voz retumbó por todas las paredes de la sala y por el techo encantado.
-Bienvenidos un año más al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Como cada año, unos se van, pero otros vienen.-Señaló al grupo de nuevos alumnos que estaban de pie frente al estrado.-A aquellos que este mundo les parecía hasta hace poco que solo podía existir en las novelas fantásticas, os digo: no entréis en pánico. Si estáis aquí es porque sois especiales, tenéis un don. Todos vosotros, seáis hijos de muggles o no, sois un diamante en bruto que, durante estos próximos cursos, vamos a pulir.-A continuación comenzó a presentar a los profesores.-Por último, solo me queda desear suerte a los alumnos de quinto en sus TIMO y a los de sexto y séptimo en los exámenes de EXTASI. A los demás alumnos, poned dedicación y ganas, que de la motivación ya nos encargamos nosotros. Creo que no me olvido de nada más. ¡Que comience la selección!
Toda la sala rompió en aplausos y la profesora McGonagall se levantó apresuradamente de la mesa y se acercó al Sombrero Seleccionador que descansaba en un taburete de madera con los pliegues que formaban los ojos y la boca cerrados.
-Bienvenidos nuevos y no tan nuevos alumnos de Hogwarts.-Dijo la profesora McGonagall.-La Clasificación de Las Casas es una ceremonia muy importante porque, mientras estén aquí, su casa será como su familia en Hogwarts. Tendrán clases con el resto de su casa, dormirán en el dormitorio de su casa y pasarán su tiempo libre en la Sala Común de su casa.
Durante la próxima hora los nuevos alumnos iban pasando por el estrado y se sentaban en el taburete. La profesora McGonagall ponía el Sombrero Seleccionador en la cabeza de cada alumno que se sentaba en el taburete. Algunos eran escogidos con un simple roce mientras que otros alumnos no estaban tan claros porque el Sombrero Seleccionador necesitaba unos segundos o minutos para discutirlo con el alumno y decidirse.
-Mara Gaunt.-Llamó la profesora McGonagall fijando sus ojos en el pergamino.
La chica rubia con ojos violetas subió al estrado. Se sentó en el taburete y esperó a sentir el sombrero sobre su cabeza, pero este apenas se acercó a la chica.
-¡Slytherin!
Mara dibujó una sonrisa tierna en su rostro y se dirigió a la mesa de Slytherin. Neville pegó un respingo sorprendido, pero a Luna, situada en otra de las mesas, no le resultó nada extraño. Hermione miró hacia la mesa de Slytherin y vio cómo Malfoy aplaudía y miraba a Mara con una sonrisa de satisfacción. Hermione frunció el ceño, ignorando el pequeño golpe en la boca del estómago que había sentido al ver sonreír a Malfoy. Se había fijado en años anteriores que Malfoy no mostraba ningún tipo de sentimiento nunca, ni siquiera cuando un alumno nuevo entraba en su casa. Aquello le hizo preguntarse a Hermione de quién se trataba Mara y por qué le sonaba tanto su apellido.
La ceremonia continuó durante unos minutos más. Cuando finalizó, Dumbledore volvió a levantarse.
-¡Qué dé comienzo la cena!
Los platos y bandejas vacíos hasta ese momento se llenaron con exquisita comida caliente. Cada año sucedía lo mismo, pero el primer día que llegaban a Hogwarts siempre se sorprendían de la cantidad de comida con pinta sublime que aparecía en la mesa en menos de un segundo.
Ron miró hacia un lado y otro de la mesa mordiéndose el labio inferior, indeciso por lo que iba a comer primero. Harry y Ginny hablaban y reían con Seamus y Thomas. Neville miró hacia la mesa de Ravenclaw. Luna comía un trocito de calabacín hervido cuando le miró. Neville cogió una alita de pollo y la alzó. Le hizo señas a Luna dando a entender que las alitas estaban muy buenas. Luna se tapó la boca dulcemente mientras reía y buscó una alita de pollo. La alzó para enseñársela a Neville y se la comió. Ella levantó el pulgar en forma de aprobación y Neville sonrió mientras las orejas volvían a ponérselas rojas.
-¡Guau, Longbottom!-Dijo Seamus llamando la atención del chico.-¿Qué te has hecho en los dientes?
-¿Eh? ¡Ah! Ha sido Hermione con un hechizo.
-Estás muy guapo, Neville.-Dijo Ginny sonriendo.
-Gracias…
Neville clavó sus ojos en el plato. No estaba acostumbrado a ser el centro de atención, y mucho menos a recibir halagos si no venían de amigas de su abuela. ¿Por qué la gente no paraba de mirarlo?
Pansy Parkinson acarició la mejilla de Draco Malfoy para llamar su atención. Desde que la cena había empezado el chico no había probado bocado, simplemente miraba al infinito con la boca torcida. Parecía enfadado, decepcionado y extrañado.
-¿Estás bien, Draco?
Él apartó la cara de la mano de Pansy y la ignoró. Pero al sacarlo de su ensimismamiento se puso a cenar.
En realidad no había estado mirando al infinito. Había estado mirando a Hermione. Llevaba toda la cena dándole vueltas a la situación. Tenía que hablar con ella. No sabía cómo lo haría, ni siquiera sabía por qué y de qué tenía que hablar con ella. Pero debía hacerlo, y cuanto antes mejor.
La cena acabó satisfactoriamente. Dumbledore se puso en pie y con un movimiento de manos los platos y bandejas sucios desaparecieron. Como prefectos, Hermione y Ron se acercaron a la mesa presidencial para reunirse con la profesora McGonagall. Les dio la nueva contraseña y se reunieron con los alumnos de primero para indicarles el camino hacia la sala común de Gryffindor. Al salir del Gran Comedor Hermione vio cómo Malfoy salía del lugar junto a Mara, la cual reía con cada palabra del chico. De vez en cuando, Malfoy también mostraba una sonrisa a la chica. Malfoy alzó la mirada y sus ojos grises chocaron con los de Hermione. Él borró la sonrisa de su rostro y envolvió con un abrazo protector a Mara. Aceleraron el paso y desaparecieron entre la multitud de alumnos que caminaban por las grandes escaleras.
Hermione puso rumbo a la sala común. Les iba explicando a los nuevos alumnos un poco la historia de Godric Gryffindor en Hogwarts mientras Ron iba haciendo bromas con los alumnos más nerviosos del grupo. Una vez llegaron frente al cuadro de la Señora Gorda, Hermione pronunció las palabras "cerveza de mantequilla" y el cuadro se hizo a un lado. Pasaron por el estrecho pasillo y llegaron a la Sala Común. Algunos de los nuevos alumnos dejaron escapar expresiones de sorpresa mientras miraban para todos lados.
-Muy bien-Dijo Hermione dándose la vuelta y mirando al reducido grupo.-, la habitación de las chicas está arriba, primer piso a la izquierda; la habitación de los chicos está abajo, primer piso a la izquierda.
-Consejo para los chicos-empezó diciendo Ron.-: si necesitáis cualquier cosa de las chicas, simplemente gritad desde la sala. No subáis a sus habitaciones, a no ser que queráis acabar con algún que otro morado.
-¿Por qué?-Preguntó una de las chicas.
-Tranquila, a ti no te pasará. Hay un hechizo en las escaleras que dan a las habitaciones de las chicas. Cuando este hechizo detecta que un chico está subiendo las escaleras, se convierten en tobogán y te escupen hacia la sala.
-¿En serio?-Dijo un chico maravillado.
-¿Por qué iba a mentir?-Dijo Ron indignado.
-Os lo explica desde la misma experiencia.-Ron miró resentido a Hermione y ella reía.-Bueno chicos, si necesitáis cualquier cosa, yo estoy subiendo las escaleras en el cuarto piso a la izquierda y Ron estará bajando las escaleras en el cuarto piso…
-A la derecha.-Añadió él.-¿Alguna pregunta?
Todos negaron con la cabeza.
-Recordad que mañana empiezan las clases a las 9.00am. Buenas noches.
El pequeño grupo se dispersó. Algunos fueron a sus habitaciones y otros se quedaron curioseando la Sala Común. Ya se iban formando pequeños grupos de chicos con más afinidad.
-Ron…-El chico se dirigía a su habitación cuando la voz de Hermione lo hizo pararse en seco y darse la vuelta.-¿Te acuerdas cuando empezamos?
-Sí, algo recuerdo.
-Todo ha cambiado desde entonces…
-Y cambiará todavía más.-Posó su mano derecha en el hombro de Hermione. Ella le miró y Ron sonrió.-Ahora no te preocupes por eso. Buenas noches, Hermione.
-Buenas noches.-Dijo ella forzando una sonrisa.
Hermione subió los cuatro pisos hasta llegar a su habitación. Allí se encontraban Parvati Patil, Lavender Brown, Hanna Roomsey, Clara Gonzáles y Lucylda Tromp. Las chicas hablaban animadamente entre ellas. Parecía que ninguna de ellas se había dado cuenta de la presencia de Hermione, hasta que Parvati habló.
-Hermione, ¿qué tal ha ido el verano?
-Lo siento Parvati, no tengo muchas ganas de hablar ahora. Estoy muy cansada. Mañana hablamos, ¿vale?-Hermione les dedicó una sonrisa y se dispuso a ponerse el pijama.
-Sí, claro. No pasa nada.-Las cinco chicas se miraron encogiéndose de hombros y prosiguieron con su charla.
Hermione se puso el pijama y se tumbó en la cama cerrando los doseles escarlatas. No sabía exactamente cuánto tiempo estuvo dando vueltas en la cama sin conseguir dormirse, pero cuando lo consiguió sus compañeras se habían ido a dormir y ya era bien entrada la noche. Había estado pensando en todo lo que había pasado aquel verano.
Al principio del verano Hermione había ido a su casa con sus padres. Se habían ido una semana de acampada a un lago. Habían practicado la pesca, ciclismo por la montaña y remo. Habían contado historias de miedo alrededor de una hoguera y habían reído incontables veces durante todo aquel tiempo. Había sido la mejor semana que había pasado con sus padres desde hacía mucho tiempo, pero aquello iba a acabar… para siempre.
Con todo el dolor de su corazón, cuando llegaron a casa Hermione tuvo que borrar los recuerdos de sus padres donde ella aparecía. Hermione sabía que pronto llegaría la Segunda Guerra Mágica, y ella participaría en ella. No quería hacer sufrir a sus padres con la pérdida de su única hija, así que tuvo que sacrificarse y borrar la memoria de sus padres. Después de aquello, Hermione se trasladó a Grimmauld Place con los demás magos y brujas que luchaban contra el ejército de Lord Voldemort. La primera semana a Hermione se le escapaban las lágrimas sin quererlo, simplemente no podía evitarlo. Abandonar a sus padres de tal manera era muy doloroso para ella, pero sabía que debía hacerlo por el bien y la seguridad de ellos. Su mayor apoyo durante el verano fue Ginny, aunque Harry y Ron pusieron todas sus ganas en hacerle el proceso de dejar atrás a sus padres más entretenido y llevadero. Al margen de aquello, en Grimmaulde Place habían estado practicando todo tipo de hechizos defensivos y de ataque. Aunque ellos cuatro no podían ponerlo en práctica, habían estado practicándolos de forma teórica. Además, habían estado estudiando estrategias de ataque y de defensa.
Durante el verano habían recibido un chivatazo de que Lord Voldemort estaba reclutando cada vez más mortífagos en su ejército, por eso decidieron que la reunión veraniega quedaría en secreto para todo el mundo.
Hermione decidió que ya había sido suficiente e intentó despejar su mente para poder descansar, o si no, al día siguiente, no estaría atenta en sus primeras clases.
