A mediados de Septiembre seguía haciendo mucho calor y, aquella mañana de sábado, Luna decidió ir a leer bajo un árbol en los extensos campos de Hogwarts. Decidió sentarse en el más cercano al lago, donde la brisa era más fresca. No sabía cuánto tiempo había transcurrido cuando una voz masculina la interrumpió.

-Hola Luna.-Al alzar la mirada se fijó en la sonrisa renovada de Neville.

-Hola Neville. Hace días que quería darte las gracias.

-¿Por qué?-Neville frunció el ceño extrañado.

-Por la flor que había en mi cama. Fuiste tú, ¿verdad?

Neville empezó a ponerse nervioso. Miraba para todos lados y sus orejas comenzaban a ponerse progresivamente más rojas.

-No sé de qué hablas. Yo… yo no he hecho nada, Luna.-La chica se encogió de hombros. Neville notó que no le había creído, así que decidió cambiar de tema.-¿Te apetece venir a Hogsmeade? Ehm… vienen todos. Ron y Hermione no vienen. Pero Ginny sí. Y Harry. Y Parvati y…-Neville calló al ver que Luna se ponía de pie.

-Voy a dejar el libro en mi habitación. Te veo en la entrada del castillo.

Luna comenzó a subir una ladera mientras era observada por el rostro extrañado de Neville.

-¿Eso es un sí?

Luna paró en seco y se dio la vuelta. Abrazó el libro contra su pecho y sonrió a Neville.

Quizás Luna no era la más guapa de Hogwarts, ni la más inteligente, ni la más popular y ni siquiera la más cuerda. Pero su rostro era angelical y su sonrisa la cosa más dulce e inocente que había visto jamás.

Desde aquella batalla contra los mortífagos en la Sala de las Profecías del Ministerio de Magia, Neville había visto con otros ojos a Luna. Siempre le había parecido una persona inestable, delicada e inmadura (aunque era cierto que él no era el más valiente, el más hábil o el más inteligente del grupo), pero aquél día demostró una madurez, fortaleza, inteligencia e improvisación que él pensaba que no podría albergar. Además de demostrar todo aquello, en ningún momento había perdido la compostura y su rostro jamás mostró terror o duda. A Neville le parecía como si hubiesen dos Lunas en un mismo cuerpo: una luchadora innata, sin dudas e impasible y una persona dulce, soñadora y positiva. Y lo que más sorprendía a Neville era que Luna sabía exactamente en qué momento debía mostrar cada rasgo de su personalidad.

-Sí.

Luna se giró bruscamente y se fue dando pequeños saltitos mientras su melena iba de un lado hacia otro.


Hermione bajó a la sala común. Harry se acercó a ella y le interrumpió el paso.

-Hermione, ¿quieres venir a Hogsmeade?

-Ehm… no, lo siento. Otro día. Los sábados por la mañana tengo que hacer el voluntariado en la enfermería.

-Es verdad. No me acordaba.-Harry miró a su alrededor y luego preguntó a Hermione:-¿Tienes idea de por qué Ron no puede venir? Me ha dicho que tenía algo importante que hacer.-La chica se encogió de hombros.-Da igual. Si luego te apetece venir estaremos todo el día allí.

-De acuerdo. Pasadlo bien.-Hermione le dedicó una sonrisa a Harry y se marchó.

Al llegar a la enfermería la señora Pomfrey subió al despacho a arreglar algunos asuntos como cada sábado por la mañana. Durante aquellos años, Hermione había aprendido muchas cosas sobre medicina mágica básica, por lo que, si no se presentaba ningún caso urgente, la señora Pomfrey podía aprovechar aquellas mañanas para hacer trabajos extras.

Era muy temprano y principio de curso, por lo que la enfermería estaba vacía. Hermione decidió ordenar y limpiar las estanterías con los mejunjes, las pociones, las cremas, los caramelos, los ingredientes, las vendas y las gasas que habían. Eran muchas estanterías, por lo que si no se presentaba ningún paciente podría pasar la mañana entera ordenando la enfermería.

Hermione trasladaba unas pociones para casos urgentes y graves cuando la presencia silenciosa de Draco Malfoy la sobresaltó, dejando caer los frascos. Un humo espeso negro ascendió por las piernas de Hermione hasta llegar a su rostro. El olor de aquél humo negro era una mezcla entre frescor, huevos podridos y piel quemada. Rápidamente se apartó del espeso humo y este se disipó. Miró a Malfoy.

-¿Quieres algo?

-Me duele el estómago.

-Reposa.

-¿No me vas a dar nada?-Hermione le miró durante unos segundos.-¿Preferirías que muriese?

-Le harías un favor a la humanidad…-Malfoy se acercó a ella amenazadoramente pero paró en seco al oírla acabar la frase.-…excepto a las personas que quizás les importes.

Malfoy se sorprendió, pero no dejó entrever su sentimiento. Puso el semblante serio.

-Cállate, Granger. No sabes nada de mí.

-Sé más de lo que debería… y lo sabes.

De nuevo, el rostro de Malfoy dejó entre ver furia.

-¿Vas a darme algo para el estómago de una maldita vez o tengo que suplicarte?

-No sería la primera vez que me suplicas algo.

Malfoy rió irónicamente.

-Granger, me estás cansando.

Hermione se acercó a una estantería y fue a coger el frasco para los dolores estomacales cuando sus oídos se taponaron y todo a su alrededor comenzó a dar vueltas. Su respiración y su pulsación se dispararon. Intentó agarrarse a lo más cercano que tenía, pero sus manos no tenían apenas fuerza. Todo a lo que se intentaba sujetar se le resbalaba con facilidad entre los dedos. De repente, notó cómo los pulmones se contraían. Apenas podía respirar.

Malfoy había ido corriendo hacia ella. Pasó sus manos bajo los brazos de ella y la tumbo lentamente en el suelo.

-Ey… Ñora… Fre…-Balbuceaba Hermione.

-Hermione, no te entiendo.-Malfoy estaba muy nervioso. El flequillo se le había despeinado y las manos le temblaban. Miraba a Hermione asustado y sin entender nada.

-Omfrey… Arriba… Despa…

-¿La señora Pomfrey está arriba en el despacho?-Hermione asintió.

Lo último que pudo ver la chica fue a Draco Malfoy correr mientras gritaba "¡Señora Pomfrey!" desesperadamente.


Ron estaba escondido a la vuelta de la esquina de uno de los tantos pasillos del castillo. Intentaba ser lo más discreto posible, pero su torpeza había hecho que corriese el peligro de ser descubierto en un par de ocasiones. Aunque el pasillo estaba vacío, perdió de vista a la chica.

-Mierda, ¿por dónde habrá ido?

Salió de su escondite y se plantó en medio del pasillo. Se maldijo mil veces por haberla perdido de vista. ¿Cómo podía ser tan descuidado?

-Ronald.

Ron gritó y se apartó bruscamente del susto. No esperaba nadie allí, y mucho menos a la diminuta persona que él había perdido de vista hacía unos segundos. ¿Cómo podía ser que se encontrase detrás de él? ¿No se había ido a lo largo del pasillo desapareciendo por una de sus curvas?

-Por Merlín. Casi me muero del susto que me has dado.

Mara Gaunt sonrió con la sonrisa angelical que la caracterizaba. De pronto se puso seria.

-Ves a la enfermería.

-¿Cómo dices?-Ron alzó ambas cejas.

-Hermione.

-¿Qué le ha pasado a Hermione?-Ron comenzó a asustarse.-¿¡Qué le ha pasado a Hermione!?

Mara se asustó ante el grito del chico y se encogió discretamente.

-No sé. Le pasa algo. Corre.

Ron cogió a Mara de la mano y ambos corrieron a través de diferentes pasillos y escalinatas hasta llegar a la enfermería. Dentro estaban la señora Pomfrey, la profesora Sprout, Dumbledor y la profesora McGonagall a ambos lados de una cama. En la frente de Ron resbalaban perlas de sudor mientras se acercaba lentamente a aquella cama sin soltar la mano de Mara, la cual le seguía sin rechistar.

Hermione estaba tumbada en la cama. Estaba blanca como la nieve de los terrenos de Hogwarts en pleno Enero, con los labios morados y con muchas ronchas negras por las partes visibles de su cuerpo. Sus ojos estaban cerrados y estaba completamente inmóvil.

-¿Está…?-Ron no quiso pronunciar aquella palabra.

-No.-Lo interrumpió Dumbledor.-Tranquilízate Ronald. Hermione está grave, pero se recuperará. Se lo prometo. La señora Pomfrey y la profesora Sprout harán todo lo posible para que la señorita Granger se recupere de inmediato. Ahora, por favor, mejor retírese a su sala común. Cuénteselo al señor Potter y a su hermana, pero dígales también que pueden venir a visitarla por cortos periodos de tiempo todos los días. Necesita mucho reposo.

-¿Qué ha pasado?

-Señor Weasley, haga caso al director.-Dijo la profesora McGonagall.-Vaya a la sala común a relajarse. La señorita Granger se recuperará, esté seguro de ello. Mañana si quiere le explicaremos lo ocurrido.-Entonces desvió los ojos hacia Mara.-Y llévese con usted a la señorita Gaunt.

Ron miró a Hermione durante unos segundos. Sentía rabia, pena, asco y un vacío en el pecho. Giró sobre sus talones y se marchó de la enfermería junto a Mara.


Draco Malfoy se escondió tras una columna para que Ron no lo viese. Frunció los labios en una mueca de rabia cuando vio que llevaba de la mano a Mara. Ella clavó los ojos sobre Draco y sonrió. El chico pudo oír claramente la voz de Mara en su cabeza: "Tranquilo, está todo controlado".


Ron acababa de confirmar que no podía fiarse de Mara Gaunt. Desde el momento en que la vio algo dentro de él había nacido. No sabía qué era, pero parecía una alarma de desconfianza y peligro. Había estado toda la mañana siguiéndola lo más sigilosamente que había podido para ver si realizaba alguna actividad sospechosa. Cualquier cosa. Pero no había pasado nada.

Aquella mañana Mara salió de la sala común y se dirigió a la lechucería. Después de dar de comer a su lechuza y de enviar una carta, se dirigió a la biblioteca y leyó durante largo rato un libro sobre Defensa Contra las Artes Oscuras. Luego levantó el rostro como si algo hubiese captado su atención, pero simplemente se levantó de la silla y salió de la biblioteca. Ron la siguió hasta que la perdió de vista durante unos veinte segundos. Después le dijo que Hermione estaba en peligro.

En aquel momento, Ron se había puesto el objetivo de averiguar cómo lo había sabido Mara antes que cualquier persona. También averiguaría qué era lo que se traía entre manos, porque estaba convencido de que Mara planeaba algo.

Miró a la chica un momento y ella le sonrió. Ron le soltó la mano y se marchó a la sala común.

Mara se quedó allí observando cómo Ron desaparecía por el pasillo. Luego se giró y vio a Malfoy allí plantado.

-¿Qué quería?

-No sé.

-Sí que lo sabes.

-No te importa.

-Mara…

-Confía en mí.-Mara se acercó a Malfoy y le miró a los ojos muy seriamente.-Ten cuidado con esa sangre sucia. Si logra distraerte…

-Cállate. No me distraerá.-Malfoy negó con la cabeza.-Lo prometo.

-A mí me dan igual las promesas. Las palabras se las lleva el viento. Pero recuerda qué te pasará si no sale bien.

-Ya lo sé.

La niña pequeña se acercó un poco más a Malfoy. El chico le sacaba más de una cabeza a Mara, pero la actitud de sumisión de Draco hacía parecer que Mara era un troll de tres metros.

-Dímelo. Dime qué te pasará.

-Moriré.

Mara mostró su sonrisa angelical. Malfoy volvió a escuchar la voz de ella en su cabeza: "No lo olvides".