Muchas gracias a Ilovevampiresangels por seguir esta historia. Este capítulo va desde el punto de vista de uno de mis personajes favoritos; espero lo disfruten.

Durante casi siete horas todos cambiamos impresiones en tanto Rose manejó al límite de velocidad hasta que Belikov logró convencerla de que lo dejara conducir; el tiempo total que hicimos en el viaje fue de once horas con cincuenta y tres minutos cuando por fin encontramos el cartelón del hotel… creo que todos esperábamos que el sitio fuera discreto pero cuál no sería nuestra sorpresa al ver que el dichoso "Oasis del desierto" era en realidad un hotel 5 estrellas.

-Esto es saltarse la barda – gimió Rose con evidente desconcierto.

-Ni que decirlo – se apresuró a responderle Belikov. Casi reí ante este diálogo entre ellos dado que había sostenido con Janine uno similar antes de partir…

-Démonos prisa – apuró mi hija y Belikov sacó de su chaqueta la pulsera y los anillos. Janine y el joven Ozeda los tomaron sin ningún tipo de resistencia pero en cuanto Lissa tomó entre sus manos la pulsera esta estuvo a punto de caer al piso en tanto la princesa soltó un gemido.

-¿Lissa? – sobresaltado, Ozeda la tomó de las manos.

-La pulsera – comenzó a responder ella – la pulsera está…

-Encantada con espíritu – completó mi hija volteando hacía ella.

-¿Encantada con espíritu? – Se preguntó Ozeda en voz alta - ¿cómo es posible?

-Tiene lógica – intervine – si se puede usar magia de cualquiera de los cuatro elementos para encantar objetos inanimados ¿por qué no una pulsera? – la verdad es que estaba hablando al azar. Hasta hace unas horas yo nunca había escuchado hablar del dichoso elemento "espíritu", pero ¿qué más podría haber dicho?

-Sí, - murmuró mi hija mirando a Belikov y con cara de estar pensando en otra cosa – eso tiene lógica.

Me preguntaba que es lo que había cursado por su mente pero los tres guardianes – incluida Rose – no perdieron tiempo en bajar del vehículo y nosotros los seguimos prácticamente bajo su protección. Algo extraño pasó ¿eran imaginaciones mías o de pronto Ozeda, Lissa y Janine se veían un poco borrosos? En fin, pensaría en eso más tarde.

Al entrar al hotel Belikov se colocó al frente del grupo seguido de Ozeda, Lissa y Rose caminaban juntas y Janine y yo cerramos la marcha; reconocí en ella esa mirada con la que inspeccionaba sutilmente un lugar, pero yo simplemente centré mi atención en Rose.

Rose… mi hija.

¿Sabía ella algo de mí? ¿Le había hablado alguna vez Janine de quién era yo? ¿Sabría acaso de…?

No, no lo sabía. En St. Vladimir Rose reaccionó ante mi nombre pero era evidente que sus sentimientos eran más enfocados a la precaución y la curiosidad que a lo que un hijo debe sentir por su padre. Sólo podía verla de espaldas pero cuando ella por instinto de guardiana volteaba a observar su entorno yo obtenía un breve destello de su rostro – no es como si no lo hubiera estudiado antes –. Ella era hermosa como Janine y de hecho compartía la mayor parte de sus rasgos con su madre: las mismas facciones perfectas, los mismos gestos e incluso el mismo aire de pensar en mil cosas a la vez; al mismo tiempo si veía sus ojos o su cabello rebelde pensar que realmente era mi hija era inevitable. También compartíamos el tono de piel y de algún modo eso me llenó de calidez.

-Buenos días – saludó Belikov en cuanto llegamos ante el mostrador – hay habitaciones reservadas a mi nombre, soy Dimitri Belikov.

La recepcionista saludó con una sonrisa y un gesto de "ya veo."

-Buenos días, señor Belikov. Tal y como lo pidió las habitaciones están continuas: la habitación 107 es para usted y su hermano – exclamó tendiéndoles llaves idénticas a él y Christian –, en la 108 hicimos llevar el equipaje de la señora Janine Oxford y la señorita Alisa – "¿Alisa? Una pista obvia y astuta para encubrir a Lissa" admití entre dientes – y, por supuesto, la habitación 109 es para el señor Mazur y su hija Roza.

Por suerte nos atendió una mujer estilo "sonríe hipócritamente, concéntrate en tus asuntos y entrega las llaves sin mirar a los clientes", y digo por suerte porque de haber sido ella un empleado atento no dudo que se habría escondido bajo el mostrador ante el modo en que mi hija la miraba, asumí que era por haberle asignado una habitación conmigo y no con Lissa.

-Muchas gracias, señorita – se apresuró a tomar las llaves Belikov al notar también la expresión de Rose. Al tiempo que tomaba las llaves entre él, Janine y yo prácticamente empujamos a Rose detrás de el botones.

-No pienso separarme de Lissa – exclamó mi hija en voz baja para no llamar la atención.

-La nota decía que siguiéramos instrucciones – repliqué autoritariamente. La verdad no quería problemas con ella y lo más sencillo habría sido sugerir un cambio de habitación pero… la sola idea de pasar algún rato con mi hija era demasiado tentadora.

-Además, lo más probable es que obtengamos una explicación más tarde – añadió Belikov. Ante esto Rose pareció calmarse y en cuanto ambos se distrajeron yo entrecerré los ojos ¿por qué mi hija se mostraba tan accesible a todo lo que él decía?

Antes de que pudiera seguir reflexionando llegamos al elevador, subimos en silencio y el botones nos acompañó hasta nuestros cuartos. Una vez que nuestra puerta se hubo cerrado quedé por primera vez a solas con mi hija.

La habitación era espaciosa; con dos camas individuales al fondo, una mesa de centro rodeada de almohadas en la vista de entrada y dos sillones en la pared lateral. Las camas eran de hierro forjado en decoraciones estilo gótico que para nada hacían juego con los cubrecamas azules que cargaban; separándolas se encontraban dos mesitas – una a lado de la otra –, cada una con su propia lámpara de noche. Una vitrina con sólo una botella– aparentemente de vino tinto – y un par de copas cerraba a cuadro el lugar tan impersonal.

Habían colocado una maleta a lado de cada cama; tal vez buscando algún indicio de algo vacíe el contenido de una de ellas sobre la colcha y descubrí ropa perfectamente a mi gusto y talla; tomé entonces la otra maleta y fue ropa de chica lo que apareció.

Rose comenzó a inspeccionar la habitación con la eficiencia de un detective pero yo también decidí fijarme en cada detalle del entorno. Ambos descubrimos casi al mismo tiempo – o eso pienso – un nuevo sobre pegado en la puerta del baño; nos acercamos con duda y desconfianza ya que a diferencia de los otros este sobre era blanco, pero yo lo tomé antes de que Rose consiguiera hacerlo.

Luché contra mi frustración; la misma caligrafía de los mensajes anteriores ponía:

Queridos Abe y Roza:

¿Roza otra vez? ¡Su nombre es Rosemarie! ¿Por qué quien quiera que hubiera planeado esta locura no podía simple y sencillamente llamarla por su nombre?

Lamento la asignación de las habitaciones pero me pareció que este era el mejor modo de hacer las cosas… Rose, Janine va a proteger a Lissa como es debido así que deja de preocuparte, además, tampoco es como si no pudieras echarle un ojo por tu cuenta. En fin, los hechizos que les di a Janine, Lissa y Christian son compulsión pura y permitirán que la gente que no sepa su verdadera identidad no pueda ser capaz de ver su verdadera apariencia y por eso es tan importante que no se quiten los artículos en público; el hechizo no durará mucho pero por ahora ustedes están a salvo de ser reconocidos; tal vez la precaución sale sobrando ya que este hotel es enteramente humano: no hay ni un solo Moroi ni entre los huéspedes ni entre los empleados pero bueno, uno nunca sabe ¿no? En cuanto a los Strigois tampoco deben preocuparse, hice colocar salas en la entrada, el piso inferior y en cada una de vuestras habitaciones.

El viaje que los llevará hasta esa persona aun está muy lejos de terminar pero no se impacienten, ella es buena en el juego de las escondidas y "cazarla" no será cosa fácil. De momento lo mejor que pueden hacer es descansar y prepararse para salir dentro de 18 horas.

P.D. Ibrahim si quieres "beber" dejé algo para ti en la vitrina.

P.P.D. No se preocupen por llevarle el recado a los demás, ya les di a ellos la información.

-¡Qué sutil manera de decir "callados y tras la puerta"! – exclamó Rose en cuanto terminé de leer.

-No es como si fueras a obedecer, de cualquier modo – respondí.

Ella me miró levantando una ceja ¿Acaso esperaba una respuesta diferente? ¿O será acaso que esperaba que yo no me hubiera percatado de su habilidad para romper las reglas?

Sintiendo la evaluación de su mirada simplemente me escabullí por el camino fácil: caminé hasta la vitrina, saqué una de las copas y serví con mucha calma el contenido de la botella; después la olisqueé con desconfianza y al comprobar que se trataba de sangre – aparentemente fresca – bebí de un junto. Aunque el líquido relajaba mi garganta dolorida yo no estaba del todo a gusto, después de todo, me gustaba tener las cosas en control y luchar contra corriente al mismo tiempo y, desde ayer todas y cada una de nuestras acciones se veían manipuladas por una persona – si es que "persona" es lo que era – de la que no sabía nada… eso no me agradaba. Yo no estaba a gusto y en otras circunstancias de buena gana habría mandado al cuerno a cualquiera que se atreviera a siquiera insinuar decirme que hacer.

Estas sin embargo no eran circunstancias comunes… No con Rose aquí.

Rose era mi hija. Una hija cuya existencia ignoraba hasta hace pocos días. Una hija de la que no tenía sino un par de fotografías y un manchado historial académico. Una hija cuyo nombre no escogí. Una hija cuyas primeras palabras nunca escuché pronunciar. Una hija a la que a fin de cuentas no conocía en lo más mínimo pero que me moría por descubrir a fondo y, tal vez ella no lo entendiera – o ni siquiera lo sospechara – pero sólo por entrar a su mundo es que yo había dejado todo de lado para formar parte de esta pretenciosa aventura.

A buena hora comencé a preguntarme si, dado que ella era una dhampir, era correcto que mi hija me viera beber sangre de esta manera… - a Janine no le había gustado lo más mínimo la primera vez que lo vio – pero al parecer Rose no estaba intimidada. Aun así sentí sus ojos fijos en mi cuando serví otro trago en mi copa, sólo que esta vez bebía para ganar tiempo y encontrar algo que decir.

-¿Por qué estabas en la academia? – preguntó ella al fin como si hubiera estado dudando un largo rato entre preguntármelo o no.

-Ya te había dicho que un negocio me llevó cerca – le respondí enjugando ligeramente una gota de sangre que escurría por mi barbilla.

-¿Por qué ahora? ¿Por qué no antes?

Lo que había en su voz era reclamo y la verdad es que no podía culparla por eso. Que las cosas resultaran así no había sido jamás mi intención pero esta no era el momento de eludir responsabilidades y, además, algo en su intensa mirada me obligaba a responderle con la verdad… o al menos una parte de ella.

-No sabía que tenía una hija – murmuré intentando contener mi frustración – no al menos hasta que hablé ayer con Janine.

Rosemarie se sobresaltó ¿de ira? ¿De desconcierto? ¿De emoción? ¿De miedo? Tal vez de todo lo anterior o también puede que de ninguna de esas, pero yo apostaría a que más bien se debió a la sorpresa. Tardó sólo un momento en recomponer su expresión y esa fortaleza suya me recordó a su madre.

-¿Hablas enserio?

-No tendría porque mentirte. – Noté en como se arqueaban sus cejas al mirarme que no estaba de acuerdo con la última parte de la oración, pero aun así me creía.

-¿Por qué…? ¿Por qué mi madre no…?

-Tal vez quiso mantenerte alejada de mis… negocios. No es que yo sea un mafioso o algo por el estilo – de hecho algo por el estilo sí que lo era pero obviamente no se lo iba a admitir a ella – pero no tengo buena fama. Ya has notado que incluso el guardián de Vasilissa Dragomir tiene problemas para manejar mi presencia.

Por un momento creí que preguntaría algo respecto a eso pero supongo que a fin de cuentas tenía tantas preguntas para mí como yo para ella y se decidió por un asunto diferente.

-Ah, vaya… y tú no… no tienes algo así como más hijos ¿o sí?

-No – Janine había sido la única mujer por la que había llegado a sentir algo más que un arrebato; la única mujer decente con la que había tenido ese tipo de contacto, la única con la que me había dejado llevar libremente y por lo mismo la única con la que no había tomado precauciones en ese aspecto. Tal vez la seguridad en mi respuesta fue algo demasiado fuerte porque esta vez Rose me miró ¿frustrada? Sin poder contradecir mi respuesta.

-Ah – fue su único comentario.

Y de pronto, de entre todas las preguntas que quería hacerle y todas las cosas que quería decirle simplemente sucedió un auténtico fenómeno: Ibrahim Mazur se quedó sin palabras.

Deje pasar el asunto comprendiendo que con Rose debía tener un camino de recato. Después de dos horas en la habitación era natural que ella se quedara profundamente dormida dado que no estaba acostumbrada a los largos viajes en carretera. Antes de que mi hija cerrara los ojos yo había fingido dormir, pero la realidad es que el sueño simple y sencillamente no podía llegar a mí.

Di otra vuelta en mi cama – por enésima vez – y me detuve para mirar a Rose dándome la espalda entre las brumas de la obscuridad. Me confundí. No esperé jamás la reacción que sentía después de cada una de sus respiraciones; esa paz seguida de inquietud, esa alegría de ver su sonrisa seguida por el deseo de hacerla perdurar.

Ella se movió ligeramente y su rostro quedó frente a mí. Quedé sin aliento: los mismos gestos de Janine, la misma respiración pausada y regular que había tenido su madre cuando había quedado dormida entre mis brazos… el sentimiento provocado en mí era tan diferente pero a la vez tan nostálgico... Sus labios se entreabrieron en una sonrisa y sus mejillas se sonrojaron de modo casi imperceptible.

Suspiré entonces con cierto mal humor. ¿Quién era el afortunado responsable de esa sonrisa?

La sonrisa también se formó en mi rostro cuando me di cuenta de lo celoso que podía llegar a ser.

-Por más que quisiera hacerlo es imposible tomar tu corazón ¿verdad? – realmente eso no era una pregunta pero yo aun guardaba la esperanza de que ella me contradijera. En lugar de eso una lágrima resbaló por la mejilla de Janine. – Bien – suspiré – supongo entonces que esto es lo mejor.

Esas fueron las últimas palabras dichas entre nosotros antes de que ella bajara del auto y regresara a Selkos. Yo por mi parte volví el rostro para que ella no notara mis ojos humedecidos.

Desperté sobresaltado… y extasiado. Tantas veces había soñado con mi último día con Janine en los primeros años que gradualmente el dolor de su despedida había disminuido, pero ahora... ahora algo despertaba nuevamente y la combinación de sensaciones hacían doler mi corazón.

Mis ojos se volvieron hacía la cama de Rose y me encontré de frente con su mirada… por un momento fue como verme en un espejo.

-Veo que tienes la costumbre de levantarte temprano – le dije a falta de un argumento mejor para darle los buenos días.

-También tú, por lo visto.

-Más bien es que estoy acostumbrado a viajar.

Rose no dijo otra cosa y se levantó. Había dormido completamente vestida con su ropa del día anterior pero ahora tomó su maleta y sacó unos vaqueros, una blusa deportiva color celeste y lo que supuse era ropa interior color pardo.

-Voy a tomar un baño – me informó con un "no tardo" implícito. Yo sonreí pensando que a fin de cuentas tenía las mismas reacciones de guardiana que su madre.

Ella entró al baño y yo llamé a la recepción del hotel. Para mí pedí que subieran fruta picada y café pero me quedé en blanco respecto a que pedir para Rose; al final pedí lo mismo que había querido yo. El servicio llegó justo a tiempo para que mi hija se sentara a conmigo, pero al ver su fruta puso cara de fastidio.

-¿Fruta para desayunar? ¿No pudiste pedir tostadas francesas o huevos revueltos con mucho jamón?

-Debiste pedir lo que querías antes de irte.

No lo demostré, pero la verdad es que me sentía herido: esta era la primera vez que hacía algo por mi hija y a ella no le había gustado. Desayunamos en silencio dividiendo el tiempo entre estudiarnos mutuamente y mirar de vez en cuando la puerta de la habitación.

-Antes de que llegara el servicio intenté abrir la puerta – comenté – y en cuanto mis dedos rozaron el pomo el aire se agitó del mismo modo que lo hizo en St. Vladimir, sin embargo, cuando abrí la puerta para la mesera no pasó absolutamente nada.

Guardé silencio un momento para ver si ella podía entender sin más explicaciones; para mi sorpresa – aunque reconozco que no debió de haberme sorprendido en absoluto – su gesto se llenó de astucia al instante.

-No conozco el sistema de manejo de la magia, pero supongo que si lo mencionas es porque algo no está bien con eso ¿no? – me retó.

Yo asentí ante su observación lleno de orgullo. Tal vez mi hija no manejaba la magia elemental – de echo ningún Damphir puede hacerlo – pero ella era sin duda de mente rápida.

-La magia que usaron en St. Vladimir fue muy fuerte – comencé a explicarme – y si eso fue provocado por un solo individuo no existe mejor indicador de que ese individuo es excepcionalmente diestro… pero yo no creo que fuera una sola persona y, si estoy en lo cierto y fue magia conjunta de muchos usuarios del aire entonces esta persona no es tan fuerte como en un principio lo parecía.

-Ya que las cartas llegan en singular eso indicaría la intervención de una sola persona y, si es así entonces esa persona no puede vigilarnos a todos al mismo tiempo, si por lo contrario son varias personas entonces individualmente no pueden tener un poder tan fuerte como para retenernos.

-¿Planeas escapar? – pregunté escépticamente. Ella me respondió con una sonrisa.

-En lo particular me molesta que dispongan de mí a mis espaldas y para propósitos desconocidos, pero es estúpido hablar de escapar cuando nos metimos en este embrollo por propia voluntad.

-Una respuesta a la altura de tu reputación, sin duda.

Me miró inquisitivamente.

-Para alguien que dice no haber sabido nada de mí antes eres demasiado presuntuoso.

-Tengo la copia de tu expediente escolar.

-¿Qué?... pero ¿cómo?

-Tengo mis métodos.

Eso en cualquier otro momento no era mentira, pero en esta situación particular estaba mintiéndole; yo no había investigado nada sobre ella. Aunque habría sido lo más fácil del mundo investigar a Rose yo jamás había tenido un motivo para hacerlo; no hasta que aquella mañana encontré una carpeta sobre la mesa. Era gruesa y de color roja – utilizado comúnmente para los archivos escolares -. Sólo por curiosidad la abrí y me llamó la atención que todas las hojas eran fotocopias, sin embargo aun así la habría dejado… hasta que el nombre del titular de registro llamó mi atención: Rosemarie Hathaway.

Hathaway.

La sola mención del apellido bastó para llevarme a una noche de luna llena y la vista de la playa arenosa interrumpida sólo por el ajetrear de sábanas blancas y los movimientos de una bella dhampir.

Hathaway.

Ahora preso de estupor revisé el expediente:

Nombre: Rosemarie Hathaway

Nombre de la madre: Janine Hathaway

Me estremecí.

Nombre del padre: en blanco

Fecha de nacimiento: 7 de marzo

Con un nudo en la garganta seguí la lectura: internada en la academia St. Vladimir a los 4 años, 1 reporte de conducta a los 7 por lanzar un libro a su profesor y llamarlo "bastardo fascista", a los 8 entró al grupo de baile y obtuvo por los siguientes 3 años consecutivos el primer lugar en todos los concursos que participó; a los 11 comenzaron las amonestaciones por saltarse clase o ser atrapada en horarios y lugares "inapropiados", a los 15 sobrevivió milagrosamente al accidente que casi terminó con los Dragomir…

Mi corazón dio un giro al leer esta parte porque Lissa dijo que había curado a Rose en ese accidente y por la gravedad de las heridas es que se había forjado su vínculo de shadow-kissed. Sentí de pronto tanta gratitud que no supe como expresarla ¿qué habría pasado si Rose hubiera muerto allí sin que yo siquiera me enterara de su existencia?

Desde entonces su conducta parecía haberse destrancado por completo: ese mismo año se le acusó de daño a la propiedad escolar pero antes de que se tomaran represalias en su contra escapó – Dios sabe como – con Vasilissa Dragomir. Por dos años esas dos chicas estuvieron desaparecidas y cuando las encontraron la matricula de Rose fue readmitida bajo prueba y condicionada clases extra con el guardián de Vasilissa Dragomir: Dimitri Belikov; se readmitió a Rosemarie finalmente cuando participó exitosa y destacadamente en el rescate de Vasilissa de manos de Víctor Dashkov. Poco después uno de sus compañeros de travesuras falleció durante una escapada a manos de dos Strigois a los que ella derrotó; pasado eso no había incumplido – aparentemente – ninguna norma y hacía apenas unos días su testimonio había terminado de hundir al ex príncipe Víctor.

El expediente se clasificaba por año y a cada uno de ellos se había anexado una fotografía, gracias a eso me resultó evidente que así como cada año su parecido con Janine crecía al mismo tiempo su piel y su mirada…

Mis siguientes acciones las guió el instinto: empaqué la carpeta junto con otros objetos personales y viajé a EUA. Una vez en St. Vladimir no tuve que presionar mucho para que la directora aceptara recibirme pero ¿cuál no sería mi sorpresa al ver en la oficina a Janine? Y, lo curioso es, que a pesar de de mi desconcierto volver a verla fue como llegar después de mucho tiempo al hogar. Casi no hablamos pero con el simple intercambio de saludos me bastó para entender que yo también provoqué en ella una violenta emoción.

Dos minutos nuestra conversación giró en torno a trivialidades y fue entonces cuando Rose entró en la habitación siendo el nerviosismo de Janine lo que finalmente la puso en evidencia.

Yo aun no había recibido la confirmación de que Rose era mi hija pero siendo honestos después de lo que leí y después de verla frente a frente no necesitaba de las palabras para saber que lo era. Por supuesto lo último que habría imaginado en ese momento era que terminaría compartiendo un viaje con ella pero la vida siempre es una apuesta, y esta vez yo lo jugaba todo por mi hija.

-Es una fortuna que tengamos al menos un cambio de ropa decente para el viaje – exclamó Vasilissa en tanto el vehículo avanzaba.

Estuve de acuerdo sólo porque el traje blanco destinado a mí era de excelente gusto.

-¿Y a dónde se supone que vamos ahora? – preguntó Janine.

-El mapa de nuestra habitación señala una dirección en Texas – respondió Belikov sin desviar la vista de la carretera y aferrando el volante de manera extraña. Él y Janine ocupaban los puestos de conductor y copiloto, detrás de ellas Rose y Lissa se abrazaban una a la otra murmurando y riendo y finalmente Ozeda se inclinaba hacía adelante buscando a la princesa en tanto yo me recargaba cómodamente y revisaba los registros en mi celular; entre mensaje y mensaje sin embargo alzaba la vista buscando la mirada de Janine… en determinado momento ella volteó a contestar algo a Rose y nuestros ojos se encontraron: ella debió la vista entendiendo que ella y yo teníamos que hablar acerca de nosotros y de nuestra hija.