-Disculpe ¿ha visto a esta chica?
-Señor, señor ¿ha visto a esta chica?
-Disculpe señorita ¿ha visto a esta chica?
Repetíamos la pregunta una y otra vez mostrando la foto de Tzadya con tal insistencia que bien podría haberse dicho que nuestra vida dependía de ello, sin embargo, eso no fue suficiente para encontrar una sola pista alrededor de su paradero y cuando nos dimos cuenta el sol comenzaba a ocultarse.
-Es hora de irnos – me susurró Janine Hathaway colocando gentilmente un brazo alrededor de mi cintura.
Yo estoy cansada, este no es mi horario natural y a estas alturas siento como si el sol hubiera quemado mi piel a pesar de todo el bloqueador que utilicé.
Una vez de vuelta en casa de Tzadya lo primero que hago es caer rendida en el sillón. Los tres dhampirs y Abe estuvieron de acuerdo en que este horario humano sería el más conveniente para buscar a Tzadya no sólo porque nos protegería de los Strigois sino también porque la población humana – única a la que podíamos preguntarle sin correr riesgos de que nos enviaran de vuelta a St. Vladimir y arrestaran a Dimitri y la guardiana Hathaway – era mayor.
-¿Quieres comer algo antes de ir a dormir? – preguntó Rose tan protectora como siempre.
Negué con la cabeza deseosa de caer rendida entre las sábanas.
-Te llevaré a tu habitación – intervino Dimitri tomándome en brazos.
-No es necesario – respondí – quiero ayudarle a Christian con la cena ¿No vienes? – le pregunté a mi amiga, poco deseosa de discutir.
Rose negó y retomó el abrigo rosado que había dejado junto a la puerta al entrar.
-Quiero ir a interrogar a los empleados del servicio de transportes – afirmó con tal resolución que su comentario no pasó desapercibido pese al poco volumen con que fue entonado.
-Lissa y yo los interrogamos hace un rato – la contradijo Janine con más delicadeza de lo habitual.
-Sí pero esta es la hora del cambio de turno y aunque para huir de los Strigois es mejor el turno diurno no hay que descartar que el Tzadya es a fin de cuentas una Moroi.
El aura de Janine se iluminó con lo que me pareció que era orgullo a pesar de que en su expresión no se filtraba nada de eso.
-Entonces iré contigo.
-No es necesario.
-Y yo no te dejaré ir sola.
-Rose – Dimitri intervino con esa gravedad y discreción que a fon de cuentas eran características de él – pienso que lo mejor es que Janine te acompañe. Christi… lord Ozzera me ayudará a cuidar aquí si es necesario y no debes salir sola de noche.
¿En qué estaba pensando Dimitri al hablarle así? Rose estaba tan peligrosamente cerca de uno de los libros del estante que por un momento sentí miedo de que lo arrojará en su contra…
-Bien camarada tomaré tu consejo… sólo para no perder el tiempo discutiendo – añadió al final con un tono que sin duda quería decir que no había que acostumbrarse a ese tipo de comportamiento.
Pero ¡qué extraño! Usualmente Rose era muy desmedida para responder ante lo que no estaba de acuerdo pero extrañamente con Dimitri parecía siempre dispuesta a escuchar y obedecer. Sospecho que él debe ser… un excelente profesor.
En fin, Rose y Janine se marcharon y Dimitri quedó en la sala junto a Ibrahim Mazur.
Ibrahim Mazur. Él era extraño: era el padre de Rose, era por lo visto una persona rica e influyente, era alguien que no pertenecía a la realeza, era alguien que vestía de manera muy extravagante: él era simplemente alguien cuya presencia no podía ser ignorada.
Y por alguna razón, alguien que miraba a Dimitri con celos, desconfianza, expectativa y ansiedad.
.
Tristeza, incertidumbre, miedo, desesperanza, inconformidad, anhelo, nostalgia, ira, desdén, abandono, frío, asfixia, soledad, indiferencia, depresión, inquietud, obscuridad…
-¡Lissa, despierta!
Cuando abrí los ojos el sudor empapaba por completo mi pijama en tanto las cobijas habían caído al piso.
-Rose – murmuré – lo siento ¿te desperté?
-Al diablo con eso Lissa ¿qué fue eso?
No hacía falta preguntar para saber que Rose preguntaba por el seño que yo había tenido, un sueño falto de sentido pero sobro de emoción en el que de los cuadros colgados en la sala de Tzadya surgían sombras temibles que me rodeaban arrastrándome al interior mismo de las brumas. La experiencia había sido sin duda extraña pero había algo más: durante todo el sueño tuve la extraña sensación de no haber sido yo.
-No sé lo que fui – le respondí – pero no debes concederle importancia. Ahora dime ¿tiene mucho que regresaste de la estación de transporte?
-Una hora más o menos – me respondió con una sonrisa.
Estudié su aspecto: el cabello estaba húmedo y la pijama recién lanchada, lo que me revelaba que realmente acababa de salir de la ducha. Ya que fuera había un poco de luz pensé que realmente no había tardado mucho pero al recordar que estábamos bajo un horario humano comprendí que ella y su madre debieron estar fuera toda la noche.
-Salimos de la estación a media noche, pero a Janine se le ocurrió que podríamos buscar en los bares y bueno, reconozco que esa fue una buena idea – por la forma en que pronunció el nombre de su madre tuve la sensación de que debió haber ocurrido una plática poco agradable entre ellas.
-No te distraigas con tonterías – me regañó – mejor presta oídos a la noticia que te traigo.
-¿Encontraron algo? – me entusiasmé. Ella sonrió maliciosamente para torturarme con el suspenso.
-Un cantinero dijo que una chica como ella acudió dos o tres veces, no recuerda exactamente que pedía pero se fijo en ella uno porque no suele tener clientas tan lindas y dos porque "la mujer si que era de altura".
-¿Eh?
-Bueno, la estatura Moroi es más elevada que los estándares humanos pero ella al parecer rebasa el promedio… - sus palabras se interrumpieron por un bostezo.
-¿Sabes qué? después me cuentas los detalles, ahora trata de dormir un rato.
-Ni loca – protestó ella – sólo vine a tomar un baño; aun quiero cenar.
No pude evitar sonreírle: típico de Rose.
-Recuéstate, te traeré algo.
-Gracias – dijo tendiéndose sobre la cama.
Mi sonrisa aun no se borraba de mi rostro cuando salí de la habitación, sin embargo, antes de terminar de recorrer el pasillo que llevaba a la cocina escuché unas voces que me hicieron congelarme en donde estaba.
-Entiendo que quiera estar al pendiente de su hija, señor Mazur, pero puede estar tranquilo: yo no tengo la intención de lastimar a Rose.
-Sí, Belikov me queda claro que tiendes a ser muy protector con ella pero precisamente lo que me intriga es el motivo de todo ese interés.
-¿El motivo de mi interés? – cuestionó Dimitri extrañamente sacudido.
-Sí, el motivo.
-Ya se lo dije cuando hablamos ayer: quiero que Rose esté bien. No quiero que sufra, detesto verla llorar… hay veces en que quisiera protegerla aunque, bueno, siendo honestos Rose encaja más en el papel de una guerrera amazona que en el de una damisela en peligro.
-Sí, aunque si fuera una damisela en apuros ya habrías intervenido ¿no?
-¿De qué habla?
-Belikov, tal vez no lo sepa todo de todos pero procuro estar bien informado acerca de las personas que me interesan.
-¿Y?
-Sé lo de tu padre.
¿?
-Él era un – Dimitri soltó algo en ruso que no entendí pero que a juzgar por el tono debió haber sido una auténtica palabrota. Me sobresalté: nunca lo había escuchado tan alterado ni recordaba haberlo visto maldecir.
-Sí lo sé… tengo el expediente de cómo tu padre tenía la costumbre de golpear a tu madre delante de ti y tus hermanas hasta que cuando tenías trece años finalmente no lo soportaste más, le rompiste la nariz, otro golpe al estomago y después lo empujaste fuera de la casa. Te habrías metido en muchos problemas al ser él un Moroi real de no ser porque sus guardianes testificaron a tu favor.
A estas alturas yo estaba sin aliento, no sabía si era más impresionante que Dimitri – siempre tan aparentemente pasivo – golpeara y corriera a alguien a la edad de sólo trece años, que ese alguien fuera un Moroi real, que ese Moroi real fuera su padre, o los motivos que lo orillaron a hacerlo. Como sea estaba impresionada también del alcance de Abe Mazur, es decir ¿cómo podía estar enterado de esto?
-Veo que su fama de "Zmey" no es inmerecida, señor Mazur – replicó Dimitri fríamente al tiempo que yo me preguntaba qué es lo que "Zmey" significaba.
-Sólo en algunas cosas, pero no era de eso de lo que estábamos hablando.
-¿A no?
-No. La pregunta inicial fue, Belikov ¿qué tipo de relación existe entre mi hija y tú?
Una relación maestro alumno, por supuesto… tal vez una relación de amigos a raíz de eso pero hasta ahí. Es decir ¿qué otro tipo de relación podría existir entre ellos…?
La sonrisa que había aparecido en mi rostro tras la pregunta del señor Mazur se borró en cuanto caí en la cuenta de que Rose jamás se comportaba con Dimitri del modo en que lo hacía con sus otros maestros y, aunque se notaba a leguas que a él sí lo respetaba la verdad es que no se comportaban el uno con el otro como un gran maestro instruyendo a una chica y después olvidándose de ella. Antes del secuestro de Víctor Dashkov Rose se había estado quejando de lo poco de su brillo de labios que le quedaba y después de que nos salvó a mí y a Christian en el bosque yo le regalé una docena de brillos diferentes porque de alguna manera no sabía como disculparme por mi comportamiento de los días anteriores, ella los aceptó pero noté en su tocador que ella ya tenía un brillo nuevo y cuando le pregunté al respecto ella me dijo que Dimitri se lo había regalado en felicitación de su excelente primer día de guardiana… era extraño, pero de pronto yo tenía la sospecha de que había sido algo más que eso. Además, la forma en que siempre se miran, a veces sonriendo, a veces atentos a las compañías y a veces leyendo en los ojos del otro.
¡Dios Santo! ¿Será acaso qué…?
-Yo soy el guardián oficial de Lissa – dijo de pronto Dimitri –, yo encontré a la princesa y a Rose y las regresé a St. Vladimir, yo tomé a mi cargo las clases de Rose porque la directora quería expulsarla y me pareció que eso iba a ser un desperdicio: pensé que a pesar de todo Rose sería la mejor de las guardianas… admiro a Rose. Admiro su entrega, su fortaleza y su determinación y al mismo tiempo valoró su lado más sensible y solidario, pero sigo siendo el guardián de Lissa y en cuanto se gradué Rose será mi pareja de trabajo. Esa tiene que ser nuestra única relación: no puedo pensar en ella ni como mi amiga ni como algo más porque mi trabajo es proteger a Lissa, interponerme entre ella y el peligro y sé… sé que ver a Rose como algo más que una socia me haría querer protegerla a ella y no a Lissa, por eso… por eso mi relación con Rose es ser el guardián de su futuro cargo y mejor amiga.
Aunque no podía ver ni a Ibrahim ni a Dimitri sí podía distinguir el brillo de sus auras y gracias a eso pude darme una ligera idea de lo que pasaba entre ellos. El aura de Dimitri era un autentico caos: frustración, dolor, incertidumbre y sin embargo, cada vez que mencionaba el nombre de Rose se iluminaba con alegría y amor – ¡estúpida! me dije a mí misma ¿cómo es posible que no te dieras cuenta antes? –. También el aura de Ibrahim estaba lejos de la calma; se alteraba al mencionar o escuchar el nombre de su hija pero ante todo lo que Dimitri acababa de decir no me parecía tan sorprendido como molesto… noté sin embargo que esa molestia no iba contra Dimitri. Me impacté después por lo tranquila que sonó su voz cuando volvió a hablar.
-Dalia en sus cartas y mensajes ha hecho evidente que sabe muchas cosas de nosotros, cosas personales más allá de lo que se lee en un expediente y bueno, ya que Roza es la versión rusa de Rose y que ella se sobresalta cada vez que la lee en alguna carta debo suponer que tus palabras son en relación a cómo deben ser las cosas… pero a veces uno no puede hacer lo correcto y a veces… a veces uno no quiere.
Algo en el aura de Dimitri estalló con esas palabras.
-Así es – susurró con voz rota – a veces uno quiere.
Ambos guardaron silencio un rato.
-¿Tú la amas, verdad? – preguntó finalmente Ibrahim.
El aura de Dimitri brilló con un filo cálido que yo jamás había visto y que me hizo pensar que cualquier respuesta que no fuera afirmativa sería una mentira.
-Sí – respondió Dimitri confirmando mi certeza.
-¿Ella corresponde tus sentimientos?
¿Lo hace?
-Sí – la respuesta me golpeó como una bofetada.
-Eres un gran hombre Belikov… reconozco eso. Pero hablamos de mí hija y por eso necesito saber esto ¿ha pasado algo entre ustedes?
El aura de Dimitri se alteró visiblemente.
-No lo que usted se está imaginando.
Un ligero golpe se escuchó en la sala y yo temerosa de ser descubierta corrí de vuelta a la habitación. Dimitri salió disparado sin siquiera voltear hacía donde yo estaba y alcancé a entrar antes de que Abe hiciera su aparición.
De alguna manera me sentí aliviada de quedar fuera del alcance de aquella conversación, sin embargo, mis nervios volvieron a alterarse cuando encontré fijos en mí los ojos de Rose.
Por supuesto ella siguió toda la conversación a través del vínculo.
Un silencio incómodo cargado de preguntas y réplicas nos invadió pero yo sentí ganas de llorar de furia: por un lado contra Rose por no confiar en mí lo suficiente para decirme lo de Dimitri, por otro lado contra el estúpido sistema que jugaba en su contra diciendo que era más importante el cuidarme a mí que su relación y su sentimientos y, finalmente la mayor rabieta era contra mí misma por un lado por ser el obstáculo que se interponía entre ellos y por el otro por haberme dejado absorber tanto por mis propias preocupaciones al grado de no darme cuenta de lo que pasaba a mi alrededor.
-Esto no es tu culpa – Rose lo dijo con tal calma que me sobresalté. Podía ver su aura en un caos igual a lo que había visto en Dimitri pero por la serenidad que ocupaban sus palabras tuve la sensación de que su personalidad tenía realmente muchos rasgos de Abe Mazur.
-¿Por qué no me lo dijiste? – no fui capaz de aparentar tanta calma como me hubiera gustado pero de cualquier forma con Rose no importaba mucho.
Ella me miró unos minutos antes de finalmente bajar la mirada y comenzar a llorar por lo bajo. Yo no me resistí: corrí a su lado, me senté en la cama y apoyé su cabeza en mis rodillas al tiempo que acariciaba su cabello una y otra vez. Rose lloró entonces tanto como no recordaba haberla visto llorar desde hacía mucho tiempo. Me habló sobre su confusión al darse cuenta que de pronto ningún chico le importaba tanto como Dimitri, de su miedo a que él se sintiera decepcionado de ella, de su tristeza al saber que no podrían estar juntos, de los remordimientos por no haber podido estar verdaderamente con Mason, de sus celos por Tasha Ozzera y, dando sentido a las palabras que Dimitri había dicho a su padre me confesó que durante el hechizo de lujuria de Víctor Dashkov estuvo a casi nada de entregarse a Dimitri y que a veces al dormir su sueño giraba alrededor de un momento en el que ellos finalmente podían vivir el uno con el otro sin complicaciones ni consecuencias.
Había pasado tanto tiempo desde que nosotras habíamos estado juntas de esta manera que ahora compartir esto era como recobrar esa parte de mi alma que sentía haber estado perdiendo por un largo tiempo.
Yo quería a Rose como una hermana; nosotras simplemente no podíamos alejarnos la una de la otra porque si lo hacíamos entonces sería como perdernos a nosotras mismas, sin embargo, comprendí al mirar los ojos de Rose que las cosas ya no eran como lo habían sido antes porque dos años atrás mi mundo se reducía a Rose, pero hoy día no podía ser feliz sólo con Rose sino que necesitaba a Christian; dolorosamente comprendí que tampoco ella podría conformarse sólo conmigo sino que ahora Dimitri había tomado su corazón y no le sería posible alejarse de él y seguir sonriendo.
.
-¡No fue gracioso! – chilló Christian al tiempo que sus mejillas se coloreaban de rojo.
-Para mí sí lo fue – se burló Abe sin molestarse en disimular su risa burlona.
-Ya déjenlo en paz – protesté a pesar de que siendo honesta la situación me pareció graciosa también a mí.
Resulta que ese golpe que se escuchó y que casi hace que Dimitri y Abe me descubran no fue otra cosa que la cabeza de Christian chocando con la tabla de la mesa de centro, debajo de la cual quién sabe como se metió en sueños.
-¿Sabes Vasilissa que no eres tan buena disimulando como piensas?
Ignoré el comentario de Ibrahim Mazur y regresé mi atención a lo estaba haciendo: fingir que saboreaba mi desayuno al tiempo que observaba a Dimitri de reojo.
Dimitri Belikov: mi guardián oficial, el maestro de Rose, el hombre dueño del corazón de mi mejor amiga…
Llegué a pensar en algún momento que Dimitri debería odiarme por ser un obstáculo entre Rose y él pero cuando escruté su aura no había nada de eso. Había una preocupación casi paternal y un poco de tristeza pero hasta ahí; es más, hasta me atrevería a decir que yo le agradaba.
-¿Pasa algo, princesa?
¡Torpe! Te descubrió.
-Luces cansado, Dimitri – no era por eso por lo que lo había estado mirando pero era verdad… supongo que por eso me creyó.
-No es nada, princesa.
-Como Rose y Janine estuvieron fuera toda la noche él no durmió nada para montar guardia y darles un poco de descanso – intervino Abe – ya le dije hace rato que trate de dormir un rato pero dice que no.
En efecto en este momento Rose y Janine seguían dormidas pero no me parecía justo que Dimitri tuviera que malpasarse tanto.
-Puedes dormir un rato, los Strigois no van a atacarnos a plena luz del día, además Dalia dijo que el lugar estaba rodeado por salas.
-Aun así…
L a terquedad de Dimitri fue interrumpida por el sonido de celular que yo traía sonando.
-¿Bueno? – respondí un poco titubeante.
-Hola Lissa… ¿podrías poner el altavoz por favor?
Hice lo que Dalia pidió.
-Hola chicos ¿han sabido algo de Tzadya?
-Un cantinero nos dio una pista sobre ella – respondió Dimitri secamente.
-¿Tzadya en la cantina? Vaya que esa es una mala combinación… en fin ¿tienen ya una idea de donde buscar?
Ese cantinero le dijo a Rose que una vez cuando le sirvió el trago vio que tu amiga tenía una expresión muy extraña… también mencionó algo sobre buscar en el sur o algo así.
-¿En el sur? Bueno eso explica por qué le perdí la vista.
-¿Disculpa?
-Sí huyes de los Strigois es lógico suponer que te dirijas a un lugar muy soleado como Texas y en la huída importa poco si eres o no un Moroi pero, si Dalia dijo al cantinero algo sobre ir al sur eso sería una estupidez de su parte, a menos…
-A menos que en realidad se dirija en otra dirección – murmuró Dimitri.
-Yo la perdí porque busque en las regiones sur pero creo que ella en realidad debió buscar refugio en el norte.
-El norte… ¿alguna idea de por donde comenzar?
-No, pero confío en que ustedes sabrán el sitio exacto.
Colgó dejándonos con ganas de asesinarla. ¿Qué se ha creído esta mujer? Se supone que ella es la adivina manipuladora del tiempo ¿no?
-Creo que debemos comenzar la búsqueda en Missouri – dijo Christian después de algún rato de silencio.
¿Qué?
-¿Y esa idea viene de…? – preguntó Abe con evidente escepticismo.
Christian suspiró y se acercó a la pared decorada con esas pinturas tan hermosas y extrañas que me resultaban aterradoras en múltiples sentidos y que por alguna razón habían estado incluidas en la pesadilla de la que Rose me despertó.
Él deliberadamente señaló una de las imágenes: era un conjunto de trazos rojos y negros que se revolvía caóticos dejando un gran vacío justo en el centro; Christian pasó a otra pintura y observé ahora un paisaje visto a través de las ramas de un árbol deshojado; pasó a otro cuadro y ahora el centro estaba completamente iluminado de negro en tanto el rededor eran líneas firmes pero tan sobre encimadas unas sobre otras que producían el efecto de una sobre otra que producían el efecto de una estructura a punto de colapsar… así fuimos pasando una por una las seis o siete imágenes que había en la habitación pero a decir verdad no comprendí lo que Christian quería decir al sugerir que fuéramos a Missouri.
-No entiendo – protestó Dimitri haciendo eco de mis pensamientos.
Christian comenzó ahora a repasar cuidadosamente ciertos trazos que se repetían en todos los cuadros; yo me di cuenta con un jadeo de la forma que esas líneas tenían.
-Rápido – susurré – un mapa.
Por suerte el celular tenía una aplicación para la consulta automática de mapas físico-políticos… Mmm… tal voz no era suerte después de todo. En fin, lo importante es que al consultar el mapa del Estado de Missouri efectivamente las líneas que simbolizaban los ríos que corrían por e Estado efectivamente formaban el patrón que se repetía en las pinturas.
Dimitri sonrió pero Abe parecía verdaderamente incrédulo.
-¿Cómo demonios pudiste notar esto?
Que curioso, yo iba a hacer la misma pregunta.
-He tenido mucho tiempo libre – respondió Christian encogiéndose de hombros.
-Pero si lo que dice Dalia es verdad y a Tzadya le gusta dejar pistas falsas ¿cómo sabemos que esta no es una de ella? – se mostró repentinamente inquieto Dimitri.
-Porque no pienso que ocultara el patrón al azar.
-¿Disculpa?
-Bueno, conocí a un psicólogo que realizó un estudio: en sus sesiones pedía a los pacientes que dibujaran (él conocía de antemano sus vidas) y después de analizar seis o siete dibujos del mismo paciente advertía patrones; esos patrones a su vez siempre se encontraban ligados con alguna preocupación o gusto del paciente.
-Ah, ya, ligados ¿y si el patrón que viste no significa en un sentido estricto "viajar a Missouri"?
-Entonces volvemos a comenzar la búsqueda desde cero tal y como estamos ahora; además Missouri está en cierto sentido al norte ¿no?
La lógica de Christian era tan absurda que resultaba indiscutible y además tenía razón ¿qué podíamos perder? De cualquier modo no teníamos pistas mejores.
-Creo – murmuró Dimitri – que hay que hablar con Dalia.
Así lo hizo y tres horas más tarde todos estábamos de nueva cuenta en camino.
-Por cierto – preguntó Rose - ¿alguien tiene idea de por qué parte de Missouri hay que comenzar la búsqueda?
-Tenemos varias horas de carretera antes de pensar en eso – decretó Abe con un ligero toque de burla.
Rose – sin duda aun cansada – se acomodó en mi hombro y cerró los ojos; transcurrieron un par de horas y Janine Hathaway le pidió el volante a Ibrahim.
Christian estaba también junto a mí y en último asiento Dimitri se había recostado y dormía tranquilamente.
Nada interesante pasó hasta que paramos en un motel donde Dimitri y Rose bajaron a comprar algo de comida y entonces, de la nada un humano les salió al paso y les apuntó con una pistola.
