Cada paso que daba era aún más difícil que el anterior sin que eso se debiera ni al tacón de aguja que calzaba ni al material resbaladizo que cubría el piso: era más bien que al interior de mi mente voces inseguras se contradecían "¡Idiota! ¡Sal de aquí!", "Vamos Dalia no tienes que hacer esto", "Chica, sabes en lo que te metes y sabes que es mejor no involucrarse más", "No eres rival para Aníbal, deja que él haga lo que quiera y retírate", "¡Cobarde! ¿Cómo puedes dudar cuando sabes que Tzadya te necesita?". Esta última línea de pensamiento fue la que finalmente me dio el impulso que necesitaba y con una última inhalación profundan toqué la puerta frente a la que había llegado hacía casi tres minutos; no habían transcurrido quince segundos cuando Dimitri Belikov abrió y me estudió de pies a cabeza.

-¿Sorprendido, Dimka? Aunque tal vez debo recordarte que es de mala educación mirar fijamente a una dama – intenté que mi voz sonara ligera y aproveché la expresión en su rostro antes de que retomara el control sobre sí mismo. Como buen guardián se limitó a hacerse a un lado para dejarme pasar pero no por eso me quitó la vista de encima.

Me fijé rápidamente en todos encarándome con una formación defensiva que tenía a Rose y Janine al frente mientras Christian y Zmey eran seguidos por una Lissa totalmente a cubierto… aun así Rose de entre todos ellos parecía ser la más inquieta.

-¿Eres tú? – me espetó no en un tono grosero sino más bien de molestia consigo misma.

-¿Quién más podría tener una foto con una chica tan escurridiza como Tzadya? – respondí con falsa inocencia. Rose me examinó con el mismo aire de Dimitri sin duda tratando de conciliar mi voz con la imagen despreocupada de la foto en que posé con mi amiga.

-¿Qué quieres aquí? – Janine como siempre fue directo al grano.

-Si Aníbal está interviniendo hay cosas de las que no podemos hablar por teléfono.

-Habla claro.

¿Hablar claro?

Me dediqué a mí misma una sonrisa amarga sabiendo que no podía hacer eso. Después de todo ¿cómo explicarle a quienes te ayudan que no puedes ayudarles a resolver el enigma con el que te ayudan? Tal vez Janine no lo veía pero yo tampoco estaba contenta de intervenir. No soy feliz traicionando el voto de confianza que se depositó en mí ni me agrada el sentir la presión de manejar una situación que no sólo me rebasa sino que además yo misma la comprendo sólo a medias. Sin embargo, cuando todo esto inició mi única certeza fue que no podía permanecer al margen mientras tantas vidas inocentes eran sacrificadas.

-El comienzo sería una buena forma de empezar – me dijo Lissa con un aire de simpatía que me tomó por sorpresa y yo le respondí con lo que esperaba que fuera una sonrisa amable.

-El comienzo, querida Lissa es demasiado complejo y largo como para explicarlo en su totalidad así que les daré una versión abreviada: conocí a Tzadya y su familia hace doce años y desde entonces ella y yo nos unimos mucho… al grado de que yo viajé con ellos un tiempo. Nos separamos hace casi tres años y cuando supe que su familia había sido asesinada y que ella huyó los llamé a ustedes.

-Y esa es la parte en la que yo personalmente estoy interesado – me dijo Zmey acercándose a una distancia prudente y fijando en mí sus ojos astutos – porque, dime Dalia ¿hay alguna razón especial para habernos llamado precisamente a nosotros?

Porque están mucho más ligados a Dalia de lo que puedan llegar a imaginarse.

-Necesitaba personas capaces y en este caso ustedes pueden ganar algo de Tzadya.

-No todos – cortó Janine molesta.

Suspiré.

Por supuesto que Janine Hathaway no tenía inmerecida de excelente guardiana pero así como su valor se ha demostrado ya mil veces en batalla, su falta de confianza en su propia toma de decisiones salió a relucir primero cuando dejó a Abe y después al dejar también a Rose. No me faltaban claro las ganas de decirle que ella estaba ganando la posibilidad de convivir con su hija y con el hombre que aun la amaba. Sin embargo, me abstuve de pelear con ella… o tal ven no.

-¿Estás segura, Janine?

Antes de que me respondiera, Rose intervino y se acercó haciendo lo que muy pocos conseguían: sostenerme la mirada.

-¿Cómo es que nos contactaste?

No fue una sorpresa que su pensamiento fuera similar al de Zmey.

-Te he observado Rose ya desde hace un tiempo, y también a Zmey. Comprenderás que el conocimiento de los demás llega a través de ustedes, además, que puedo ver el futuro es algo que ya les he dicho antes.

-¿Ves el futuro de todos en todo momento? – esta vez había cinismo en su voz y yo no podía culparla.

-No, no es así como funciona – dudé antes de añadir – sólo puedo ver algunas de las cosas que me interesan.

-¿Y nosotros te interesamos?

-¿No es evidente?

Dimitri levantó una ceja obviamente exasperado de mis respuestas vagas y reconozco que también yo me sentía ahogada; esta "conversación" no estaba llegando a ningún punto y siendo sincera yo ya no sabía que hacer porque ¿cómo se supone que puedes traicionar un secreto sin por ello hablar más de la cuenta o enredar aun más la intriga que otros han entretejido? Suspiré y después de quitarme el abrigo beige tomé asiento en el sillón cruzando las piernas, lo que permitió que los tacones verde bandera liberaran un pequeño brillo que contrastaba con el color pistache de mi vestido a la rodilla.

-Todos aquí tienen un destino verdaderamente grande – hablé finalmente – y pensé que las personas que habían sido capaces de alcanzar tales logros podrían triunfar en esto.

Algo en lo que dije llamó la atención de Lissa y ella se sentó frente a mí seguida de cerca por Rose y un poco más a distancia por Dimitri.

-¿Qué tipo de destino?

No hables Dalia, va contra las reglas.

-No sería divertido si te lo digo princesa.

Además de que tal vez no salgas con vida de esta aventura – añadí sólo para mí sintiendo una punzada de remordimiento que de inmediato me decidí a posponer para más tarde.

-El de "verdades a medias" es un juego muy peligroso Dalia – se burló Zmey.

-Pero es un juego que estás acostumbrado a jugar tú también.

Otro en su lugar me habría respondido de inmediato, pero en este momento había asuntos más importantes que atender y vi en los ojos de Mazur que él también lo entendía.

-Aníbal es como yo – cambié el tema – sabe lo que puede suceder, tiene el poder de intervenir en el tiempo y es capaz de arreglar los acontecimientos a su conveniencia pero… si bien yo no puedo darme baños de pureza es una verdad que tengo más respeto por las reglas que él.

-¿Reglas? ¿De qué reglas hablas?

Esa pregunta es difícil de contestar.

-Tienes demasiado buen olfato como para no darte cuenta de lo que soy – "o mejor dicho de lo que no soy" rectifiqué para mis adentros – así que piensa Christian: ustedes los Moroi tienen reglas que deben seguir para permanecer ocultos de los humanos… nosotros a su vez tenemos un código que nos obliga a permanecer ocultos no sólo de los humanos sino también de los vampiros.

Pensé por un momento que preguntarían que es lo que soy, pero en lugar de eso…

-¿Qué tipo de código es ese? – fue la pregunta de Rose.

Sin quererlo sonreí. Claro, la lógica de Rose simple y sencillamente se ha roto tantas veces que es en cierto modo algo normal que ahora acepté estas cosas como algo posible y se centre en lo importante y no en lo sorprendente.

-Lo siento, no puedo decirlo.

-Si ya lo estás rompiendo de cualquier modo no le veo caso a que mantengas el secreto.

-Buen intento Rose – le respondí con una sonrisa – pero hasta yo sé cuales son las reglas que vale o no la pena romper.

O al menos pretendo saberlo – rectifiqué para mis adentros.

-¿Y todo esto a donde nos lleva?

-No lo sé…

-¿Entonces por qué la urgencia de vernos?

-Porque Aníbal es peligroso. Si yo misma tengo que ser honesta la verdad es que no tengo la más mínima idea de como detenerlo y tampoco estoy segura de que tanto sabe él realmente acerca de ustedes o su participación en mis planes para ayudar a Tzadya.

-¿Qué tanto sabe? Dalia ¿recuerdas que él envió a un tipo con un arma por nosotros, no?

-Corrección – envió a un tipo por las personas que tenían el vehículo que coincidía con la descripción del que conseguí; de haber sabido a lo menos un poco de ustedes no se habría conformado con enviar a un principiante con un arma.

-Pareces muy segura de eso.

-Lo estoy.

-Bien ¿y entonces?

-Entonces nada. No quiero rebajarme a jugar con las reglas de Aníbal pero al parecer no tengo otra opción. Ya que él está jugando sucio entonces voy a tener que mostrarle mi lado menos amable… pero ustedes no tienen que preocuparse por eso – añadí al darme cuenta que estaba hablando de más – de momento sólo vine a traerles esto.

De mi bolsa de mano saqué una caja con piezas de joyería.

-¿Pueden reconocer con qué elemento está encantada cada cosa? – los reté.

-Estos tres con espíritu – respondió Lissa escogiendo una pulsera y dos anillos.

-La pulsera es para bloquear a los fantasmas – le di la razón – y los anillos tienen hechizos de sanación.

-Las cadenas tienen el poder del fuego – murmuró Christian mirando embelesado las tres piezas metálicas de medio metro de largo.

-Y son piezas de combate muy especiales ya que aun un Strigoi no será capaz de quebrarlas por muy fuerte que sea – puntualicé con orgullo a pesar de que Dimitri no parecía muy seguro de que cadenas tan finas fueran a serles de gran ayuda.

-Y este anillo tiene el poder del viento – añadió Zmey tomando la única argolla que quedaba en su estuche.

-Ya que ese es tu elemento dejaré que adivines lo que hace.

Zmey sonrió con ironía y arrojó el anillo por el piso, por donde quiera que pasaba éste ligeras corrientes de aire sacudían las plantas del lugar.

-Pensé que sería algo útil como distracción – admití – pero en todo caso no es lo único que he traído.

Le entregué a Rose mi bolsa de mano.

Esta bolsa es especial, está forjada con magia de la tierra y permite que cualquier cosa hecha a base de su elemento se debilite cuando recibe un golpe suyo, el efecto por supuesto depende de la intensidad del golpe.

-Supongo entonces que es mejor que el maso de chica halcón – se burló ella.

-Lo creas o no: sí. En tanto ahí dentro hay tarjetas de crédito y las credenciales a nombre de quienes las pueden usar, también la botella de agua es especial: su magia permite que no importa lo que pase una vez que queda vacía más agua se produce en el fondo.

Por un momento que pareció eterno Rose me estudió con la mirada y fue hasta mucho después que finalmente bajó la vista y agradeció los objetos.

-Ya es tiempo de que me valla – dije entonces un poco agitada – ah, y por cierto… Janine – llamé con un leve titubeo – lamento en verdad la forma en que he estado haciendo las cosas, pero ustedes son el único tipo de personas en el que puedo confiar.

-¿Lo dices en serio?

-Sí.

-¿Sí? ¿Entonces porque nunca terminas de hablar claro?

-Ya se los dije: mientras más grande es el poder de alguien más pequeño es su derecho de intervención, y el mío es muy limitado.

-Entonces no debiste llamarnos.

-No, no debí hacerlo y podemos pasarnos las próximas diez horas hablando sobre ello sin llegar a ningún acuerdo pero yo sólo quería que supieras que no fue mi intención que tuvieras un disgusto con tu hija – "ahora bien podrías aprender a reconocer tus errores" añadí para mis adentros callando las palabras sólo por recordar que en todo esto yo fui la intrusa que no dejó que las circunstancias tomaran su cauce natural.

Titubeé un momento y después me despedí prometiendo llamar al día siguiente. Dimitri se ofreció a acompañarme a la puerta.

-¿Qué es lo que quieres saber, Dimka? – Le dije cuando estaba segura de que los demás ya no podían escucharme – no creo que vengas conmigo para desearme buenas noches y pienso que tienes claro que por más que quiera no puedo decir más sobre Aníbal.

-No es sobre Aníbal sobre el que quiero saber – tajó.

-Ah ¿Rose?

-Sí – murmuró con mal fingida indiferencia - ¿cómo puedo ayudarla con todo esto?

-No puedes hacer otra cosa que estar a su lado – respondí con toda honestidad.

-Pero…

-Lo digo en serio, aunque no debes preocuparte tanto, ella es una chica fuerte.

-Sí – admitió él – pero eso no quiere decir que deba luchar sola contra todo el mundo.

-Estoy de acuerdo, pero entonces no dejes que lo haga: quédate a su lado.

Hablando así le dediqué un guiño y lo deje atrás.

.

De vuelta a casa me quité el vestido y entré directamente en el agua, al poco rato escuché los pasos de alguien que se acercaba.

-¿Eres tú violeta? – pregunté tratando de ocultar el nerviosismo en mi voz.

-¿Quién más podría ser, querida hermana? – Respondió su voz amable a mis espaldas – ¿no es genial? Hoy pude venir un poco más temprano.

-Sí ¡genial! – mentí.

-Y cuéntame hermana – susurró entrando al agua junto a mí - ¿qué hiciste en todo el día?

Yo sólo le dije la mentira que había preparado con anticipación. El juego que estaba jugando era muy peligroso y si cualquier cosa sucedía no la quería a ella involucrada.