JUNTO A TI
CAPITULO 8
Los instantes que siguieron fueron los más terribles para Neal, porque sabía muy bien que cuando Catherine despertara, lo odiaría aún más… mucho más.
De rodillas al lado de ella, le acariciaba suavemente la pálida mano. Se sentía más miserable y culpable que nunca. Recordó ese nefasto momento en que discutió con ella para luego verla caer a mitad de su habitación, la tomó entre sus brazos sintiendo humedecerse rápidamente su camisa. La recostó y alarmado notó que la prenda estaba manchada de sangre.
Llamó como desquiciado a la nana y ordenó que fueran por el médico. Luego este lo obligó a salir de la habitación y esas horas de espera se le hicieron las más eternas. La Sra. Montgomery era la ayudante del doctor y solo cuando salía de la habitación por algo, le miraba con reproche y con los ojos humedecidos tratando de aguantar las lágrimas.
Cuando el médico salió, Neal aguantó la respiración.
— Necesito hablar con usted — le dijo con toda propiedad pero con evidente preocupación.
— Por aquí — Contestó Neal y se dirigieron al pequeño despacho —¿Desea tomar algo? — preguntó sin ocultar la ansiedad en su voz, sintiendo que necesitaba urgentemente un trago.
Con manos temblorosas sirvió ambas copas de brandy y les dieron sendos tragos. Neal miraba al doctor con impaciencia. Quería saber que había pasado a sabiendas que lo que fuera, era su culpa.
— Siento mucho tener que darle malas noticias — al escucharlo, Neal palideció y aferró con fuerza su copa.
— ¿Le pasó algo a mi esposa?— preguntó con voz anhelante —Dígame… ¡Quiero la verdad! — exigió.
— Es mejor que se siente, pues tengo que darle malas noticias.
Neal obedeció porque de pronto el aire le hizo falta, aflojó otro botón de su camisa. Sentía que el pecho le explotaría pero lo que escuchó a continuación, simplemente le hizo querer morir.
— Su esposa, desgraciadamente ha perdido a su bebé. Tuvo un aborto espontáneo… tuve que hacer una limpieza de su matriz y…
— Un momento doctor, no le entiendo… ¿Cómo que ha perdido un bebé? ¿Estaba embarazada?
— ¿No lo sabía?... lo siento. Era un embarazo de casi dos meses. Por los datos que me dio la señora casi estoy seguro que fué concebido un poco después de su boda. Lamentablemente algunas mujeres pierden a sus hijos los primeros meses por eso supongo, es el caso, que su esposa no quiso comentárselo hasta no estar totalmente segura.
— Un bebé… — se repetía una y otra vez — mi hijo — y se sintió el ser mas ruin del mundo.
Indudablemente el pequeño fué concebido en su noche de bodas cuando la tomó violentamente. Nunca pensó que la dejaría embarazada y ahora ella lo había perdido por su culpa. Golpeó con fuerza la pared cubierta de madera una y otra vez, hasta que sus nudillos sangraron. Para luego dejarse caer deslizándose hasta el suelo, con la cabeza entre las ensangrentadas manos. El aire le hizo falta, quería ir a hasta ella y pedirle, suplicarle que lo perdonara. Hasta que un sollozo ahogado liberó todo el dolor, toda la furia, toda su impotencia y toda su culpa… porque él era culpable.
Neal Leagan se sentía culpable de la pérdida de su hijo.
El doctor salió silenciosamente de la habitación después de curar las heridas de Leagan. Revisó de nuevo a Catherine y verificó signos vitales para después tomar su maletín y dar las últimas indicaciones. Salió de la lujosa suite sintiendo pena por aquella joven pareja.
Catherine lloraba silenciosamente, se sentía triste, destrozada. Sabía de su embarazo al faltar su período y un poco antes de zarpar, se hizo un reconocimiento médico que se lo confirmó. No quiso decirle nada a Neal hasta tener la certeza que se lograría. Tuvo que ocultar la alegría que sentía, por eso nada más al abordar el barco se encerró en la suite y extremó precauciones pero ese día había decidido jugar con sus perros, se sentía de maravilla ya que las náuseas y el cansancio parecían haber disminuido. Cuando tropezó y cayó, rogó a Dios porque el golpe no afectara a su bebé y parecía que así había sido, por lo que agradeció en silencio. Luego la noche tan hermosa que había tenido con su esposo. El la besó con dulzura y amor, porque así lo había sentido ella al ser acariciada de esa manera tan tierna por él. Con la mirada, Neal le decía tantas cosas que no se atrevía a contar.
Pero esa discusión recordándole su pasado fué el detonante.
Sus palabras hirientes, el desprecio implícito en ellas, el odio palpable hacia aquel que había sido el primero, provocaron que un retortijón le hiciera nudo el estómago. Asustada caminó hacia la cama, sabía que algo no estaba bien cuando sintió que le arrancaban las entrañas y después se desmayó.
Despertó cuando el oficial médico le revisaba y daba su diagnóstico. Soportó la sedación con cloroformo y el curetaje que le hizo limpiando su matriz aún adolorida. Cuando se recuperó de la anestesia, no pudo pronunciar palabras, se sentía hueca, vacía y más sola que nunca.
Quiso culpar a su marido pero no pudo. Lo amaba mucho más de lo que creía y lo amó aún más cuando supo que le había concedido la dicha de preñarla y llevar un hijo en sus entrañas. No le importaba la forma en que fué concebido. Sería madre y ya nunca más estaría sola, porque siempre le acompañaría el fruto del amor de su vida. Porque amaba, adoraba como loca a Neal Leagan, su arrogante y guapo esposo, pero ahora ya no tenía nada que los uniera. Su ilusión y esperanza se desvaneció cuando el médico cerró la puerta.
Pronto el cansancio llegó y durmió casi dos días seguidos. Despertaba solo para comer y tomar algunos tónicos para aliviar los dolores en su vientre. Mientras tanto Neal se la pasaba encerrado en su habitación con varias botellas de whiskey. La nana intentó hablar con él por pedido de Catherine pero no consiguió que le abriera la puerta ni mucho menos que le contestara.
Tenía que decirle que su niña lo necesitaba ahora más que nunca. Lo pasado es pasado y bien sabía que ambos tenían que hablar, sincerarse para poder ser felices. Porque era obvio que Neal y Catherine se amaban, le quedó muy claro al notar las miradas de ella hacia él y como Neal estaba más que atento a los movimientos de Catherine aunque lo disimulara muy bien.
Ella misma estaba escéptica de que un hombre tan atractivo se rindiera completamente enamorado a los pies de su niña. Entendía que por ser quien era, Catherine tenía asegurado un matrimonio pero ella misma le había confesado que el día que lo hiciera sería completamente enamorada.
La semana restante fué aún más triste. Catherine ya caminaba ayudada por su nana pero aún seguía débil a causa de la hemorragia tan abundante que tuvo. Si de por sí su piel era blanca, ahora esta palidez acentuaba su blancura que la hacían verse etérea. En esos días su rostro se afinó aún más resaltando sus rasgos, y lo que le daba un toque de misterio era su mirada cargada de melancolía.
Fué entonces que él decidió salir de su encierro.
La vió sentada en la mecedora, tomando un poco de sol y brisa marina, acariciando el lomo de sus Yorkshire, que increíblemente estaban más serenos que de costumbre, como si entendieran que su ama estaba triste y compartieran su pena.
Neal apenas apenas se estaba recuperando de la resaca que le dejó haber vaciado casi seis botellas de escocés. Solo se detuvo cuando la misma Catherine, dos noches atrás, tocó a su habitación y escuchó en su trastornada mente, su voz. Como pudo caminó hasta abrir la puerta. Por un momento no supo que hacer así que solo siguió sus impulsos y la abrazó con fuerza pero al mismo tiempo con delicadeza para luego sollozar y pedirle perdón.
Ella le acarició la cabeza, consolándolo como a un niñito mientras también ella se deshacía en llanto. No hablaron pero comprendieron que necesitaban sincerarse. Pero ese no era el momento ni el lugar, por ahora solo les bastaba con compartir su dolor.
Neal guardó esos recuerdos y se acercó hasta donde ella parecía haberse quedado dormida. Se acuclilló tomando la pálida mano y la llevó hasta sus labios. Ella sonrió ante la caricia y abrió los ojos.
— ¿Pasa algo? — preguntó.
— No, solo quise ser galante… ¡Por favor, perdóname! — suplicó — Soy un infeliz, testarudo, un hijo de…
— Shhh, no hacen falta más adjetivos… Sé muy bien quien es y sé también que es un caballero. — y silenció la masculina boca con su mano.
— ¿Por qué no me hablas de tú? — Le dijo después de besar su dedo y provocarle una ligera sonrisa — Hemos compartido cinco meses de nuestras vidas y somos esposos. Y aunque nuestra vida como matrimonio no ha sido perfecta, lo que ha pasada nos hace más que amigos.
— ¿Más que amigos? ¿Eso qué significa?
— ¿No le entiendes?— Se sentó a un lado de ella — Quiero ser sincero contigo, dejar todo lo que ha pasado atrás en este maldito barco y se lo lleve de regreso a Inglaterra. Tratar de llevarnos bien.
— No creo poder hacerlo. Aún me siento herida y con sentimientos encontrados por lo que ha pasado.
— ¡Por favor date una oportunidad!... dame la oportunidad de enmendar mi errores para contigo. Dije que quiero ser sincero contigo y lo estoy haciendo. Cuando me propusiste matrimonio, acepté porque a pesar de pertenecer a una distinguida familia, no soy rico… necesitaba el dinero… siempre tuviste la razón, la ambición fué más fuerte.
— ¿Necesitabas? — sin darse cuenta empezó a tutearlo.
— Y aún lo necesito para independizarme y no depender del fideicomiso que se me ha asignado. Estudié y tengo muchos planes pero no poseo el capital suficiente.
— ¿Y tu familia?... es decir los Andrew, ellos son millonarios.
— Ellos pero yo no — Neal sonrió dándose cuenta que ella por fin le estaba tuteando — Además no me llevo bien con el patriarca del clan — se levantó y le dio la espalda — No lo sabes, pero estuve enamorado de su ahora esposa y comprometido con ella. Durante mis años mozos hice muchas estupideces e intentar casarme con Candice fué una de ellas, pero la amaba. Al pasar el tiempo ella se convirtió en mi obsesión. Por ella traté de ser alguien diferente a la persona que conoció y que le había hecho la vida infeliz — en ese momento giró su cuerpo y miró a Catherine — Como te habrás dado cuenta, lastimar y hacer infelices a las personas que están a mi lado, es mi especialidad — Ella lo miraba tratando de asimilar su confesión, Neal continuó sincerándose al notar su silencio — Por eso acepté casarme contigo, pensando que si no era yo bien podría ser otro. Luego tu padre no sé de que forma se valió y me obligó a firmar ese contrato. En nuestra noche de bodas, me emborraché pensando justificar con mi embriaguez mi falta de deseo, pero no sé que me pasó al verte furiosa y gesticulando, que provocó tomarte a la fuerza, mi intención no era lastimarte pero lo hice… siendo sincero desde el momento en que te ví desnuda algo en mi cambió. Un sentimiento nuevo estaba creciendo en mi interior. Aun no sé si sea amor pero…
— ¿No sabes lo que es el amor?¿Y lo que sentías o sientes por aquella mujer? — le dijo sin lograr controlar el toque de celos en su voz.
— No tiene comparación porque lo que tú me provocas es algo tan intenso que me desconcierta — Y recordó las palabras dichas a Terry sobre Susana… él había hecho lo mismo, lastimar, de una forma diferente a Catherine.
Catherine al escuchar esto, bajó la mirada ocultando su rubor. Pero antes de que él le ordenara mirarlo, ella lo hizo y fijó sus ojos hazel sobre la mirada oscura de él y se atrevió a preguntarle.
— ¿Ya no soy repulsiva para ti, es lo que me tratas de decir? ¿Que de alguna manera te parezco atractiva?
— No te voy a decir mentiras, al principio pensé que estaba loco al querer unir mi vida contigo por algunos meses y por dinero. Llegué a pensar que la remuneración no valía la pena para comprometerme. Pero al escuchar tu plan y ver la forma en que te trató el duque y la súplica en tus palabras, hizo que no pudiera dejar que tus padres te repudiaran al creerte mancillada y abandonada… algo tienes que… no lo sé pero algo tienes.
Catherine escuchaba fascinada, un poco aturdida por la sincera confesión de él. Ni en sus más locos y románticos sueños creyó que unas simples palabras, le provocaran que su corazón brincara emocionado, totalmente enamorado. No era la clásica confesión de amor, pero tratándose de Neal Leagan, comprendía que esa era su forma de expresar lo que sentía sin perder su carácter altivo.
Y al reflejarse en su mirada, supo que era su turno de ser sincera. Suspirando con fuerza, sujetó con fuerza su abanico e inició su confesión.
— Lamento no haber sido sincera contigo. Debí haberte dicho que ya no era pura, que fuí enamorada y burlada por un miserable que solo buscaba mi dote. Cuando entendí que yo tenía el poder de hacer mi vida con el dinero de mi herencia, supe que debía buscar un marido no tan escrupuloso y que accediera a mis condiciones. El destino me unió a ti y me aproveché de eso… y ya sabes el resto de la historia.
— ¿Así que si no era yo, sería otro?
— Si… — y le tomó la mano a Neal — pero me alegro sinceramente que fueras tú. Porque a diferencia tuya, yo sí sé lo que es el amor y lo que siento por ti es mucho muy diferente a lo que sentí por alguien que no vale la pena ni recordar.
— ¿Te me estás declarando?— Le dijo, sonriendo de medio lado.
— Sí — le contestó totalmente ruborizada — Estoy enamorada de tí… ¡Estoy perdidamente enamorada de mi marido!
Neal guardó silencio. Generalmente eran los hombres quienes se declaraban y proponían pero Catherine sin duda era diferente. Era una mujer fuerte, decidida y muy inteligente. Ya se había sincerado casi del todo con ella y no tenía caso contarle su escabroso pasado ni mucho menos decirle que la amaba cuando hace unos momentos le había confesado que no estaba seguro de sus sentimientos.
Pero ella tenía algo, de eso sí estaba seguro, que lo volvía loco. Claro que era atractiva, claro que era hermosa y ¡Diablos! Ahora comprendía que estaba enamorado y se lo demostraría. La conquistaría poco a poco, la haría que se enamorara más de él y tal vez, solo tal vez fueran bendecidos con otro hijo.
No pudo evitar una pequeña carcajada que desconcertó a Catherine.
— ¿De qué te ríes?— le preguntó.
— Del giro que ha dado mi vida. Si me hubieran preguntado que esperaba en los próximos cinco años, seguramente mi respuesta no contemplaría todo lo sucedido. No lo niego, fuí un hombre que ha vivido con excesos, que creía estar enamorado pero ni en mis mas locos sueños imaginé aprender a defenderme, estudiar una profesión que me permitiera hacer un patrimonio, casarme y haber estado a punto de ser padre. Te aseguro Catherine que no esperaba esto en mi vida.
— Ni yo tampoco. De pequeña fuí mimada en extremo, era grosera, pedante y creía que todos deberían cumplir mis caprichos. Llegó mi nana y poco a poco fue moldeándome… le debo mucho.
— ¿Entonces a ella le tengo que agradecer que cultivara a la mujer perfecta para mí?
— Pues sí — y le sonrió con franqueza — No soy perfecta y…
Las palabras murieron en su boca porque Neal ya le estaba besando con pasión contenida, luego se hizo un cómodo silencio entre ellos. Estaban ahí, sentados, tomados de la mano y mirándose a los ojos. Neal poco a poco fué disminuyendo nuevamente la distancia entre ellos. La torturaba con su cercanía y a la vez con la lejanía de sus labios, absorbía su aliento y ella suspiraba muy quedo, mientras el rubor cubría sus mejillas y humedecía golosa los labios esperando la caricia. Poco a poco los suaves movimientos de sus bocas le arrancaron un suspiro, le encantaba que su marido la besara y le acariciara con ternura. Pero esta vez había algo extra que la hizo estremecer y era la incipiente barba que Neal se había dejado crecer. Le picaba el mentón y las mejillas, no pudo contenerse y reír entre sus labios. Neal notó su gesto pero no dejó de besarla.
Terminada la caricia, ella le miró y acarició el rostro. Neal cerró los ojos involuntariamente y le preguntó al oído.
— ¿Te gusta que te bese?
— Sí.
Dicho esto, él le prodigó una sesión de besos y caricias que le dejaron el rostro ruborizado y los labios húmedos y tumefactos.
© Tzitziki Janik.
