El Potterverso pertenece a J. K. Rowling.

Este fic ha sido creado para los Desafíos 2.0 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.


III. Porque es un hombre

A veces, sólo a veces, Alphard consigue creer que no está mal.

Por supuesto, ese engaño dura sólo lo que tarda en recordar que su familia lo borraría del tapiz si descubriese una décima parte de lo que está haciendo.

En ocasiones, Alphard se lo dice a Peter. Y a veces Peter no le hace caso, pero casi siempre el joven le tira del pelo o le da un manotazo en el brazo y le pide que deje de pensar eso, pese a que tanto él como Alphard saben que eso no es posible.

Ahora, Alphard se siente curiosamente en paz. Es la primera vez en semanas que Peter no quiere sexo, así que los dos jóvenes se quedan en su casa y, entre conversaciones cortas y silencios interminables, Alphard acaba con su cabeza rubia en el regazo de Peter, que juguetea con su pelo de una forma que hace que sienta un calor reconfortante y le dé sueño.

—Creo que al final voy a probar con la sanación —comenta Peter. Alphard abre los ojos y lo mira durante unos segundos.

—No es una mala opción —replica.

—¿Qué quieres hacer tú?

Alphard cierra los ojos de nuevo.

—Quidditch. Querría. Pero probablemente entre a trabajar en el Ministerio, como quieren mis padres.

Quizá lo último sobraba; Alphard nota la irritación de Peter en un tirón de pelo que, pese a no llegar a hacerle daño, consigue que comprenda por qué lo ha hecho.

—Sólo haces lo que a tus padres les parece bien —sisea Peter con rabia—. O lo aparentas. ¿Que a ellos no les gusta que te dediques al quidditch? Pues a vivir amargado trabajando en el Ministerio. ¿Que no les haría ilusión descubrir por qué no quieres casarte con alguna tía purista e insoportable? No hay problema; nadie salvo tú y yo sabe que estamos juntos.

Alphard se siente mal cuando Peter lo plantea así. Pero no puede negar que es apabullantemente cierto; un gran porcentaje de sus decisiones está basado en lo que quieren sus padres. ¿Qué otra cosa puede hacer? Ellos quieren lo mejor para él, y Alphard no puede evitar querer complacerles. Aunque a sus espaldas esté acostándose con Peter Dunn. Pero ya sabe que eso está mal.

Eso no lo exime de toda responsabilidad, por supuesto, pero es un consuelo cuando pasa horas tirándose del pelo y haciéndose daño porque alberga la esperanza de que el dolor consiga que el mecanismo que está estropeado en su interior se arregle y lo ayude a fijarse en una mujer.

—Llevarles la contraria porque sí no me ayudaría —replica finalmente.

—¿Ni siquiera si eso te hiciera un poco más feliz?

Alphard sabe que las intenciones de Peter no son malas, pero también que se equivoca. Los intereses de muchas personas, como son su familia, deben ir antes que el de él.

—Ni siquiera entonces.