¡Hola! Sí, sé que volví a tardar un poco ^-^U Pero es que estuve en semana de exámenes y todo éso, y no me dio tiempo a estudiar Pero bueno :D Aquí les traigo el tercer capítulo :D Que lo disfruten ^-^v
Disclaimer: Los personajes de Bleach le pertenecen a Tite Kubo, la historia es completamente mía. Cualquier robo de ésta, parcial o total, será considerado como plagio.
Título: The Ring.
Pareja: Ichigo K. & Rukia K.
Rating: K
Capítulo 3: Martes
24 de abril del 2013 9:40 a.m.
Día 2
No pude conciliar el sueño en ningún momento de toda la bendita noche. ¿Por qué? Pensaba, pensaba y pensaba. ¿Y en qué pensaba? En todo, y a la vez, en nada.
Como por ejemplo: ¿cómo pude saber yo el supuesto nombre de la niña ésa? ¿Será cierto lo que dijo Byakuya con lo de haber encontrado a su padre? Y en todo caso; ¿cómo lo hizo?
Ésas y muchas preguntas más se arremolinaban, todas, en mi cabeza, clamando por ser escuchadas y atendidas. Me dolía la cabeza y ya hasta tenía cansada la vista.
Como es obvio; falté a la universidad. No tenía humor ni cabeza para andar pensando en sentarme, escribir y quemarme las neuronas en una materia que sinceramente no era de mi total agrado.
Suspiré y pude sentir cómo lentamente mis ojos iban cerrándose, hasta hacerme caer en los— ¿musculosos?— brazos de Morfeo— grr—.
Como cuando mi padre me cargaba. Me alzaba por los aires, haciéndome sentir la agradable brisa de otoño en mis sonrojadas mejillas de niño, y me atrapaba antes de que mi frágil y delgado cuerpo impactara contra el césped. Mientras mi madre nos miraba con una enorme y hermosa sonrisa en su rostro desde la puerta de nuestro feliz hogar. Siempre tan felices...
Me encontraba tan embelesado viendo la preciosa sonrisa de mi madre que no me percaté del momento en que mi padre volvió a lanzarme por los aires, listo de nuevo para atraparme entre sus brazos y con ésa sonrisa tan agradable suya.
Mientras descendía, la imagen de mi padre fue distorsionándose de una manera aterradora, hasta convertirse en la boca de un angosto y oscuro pozo, al cual estaba destinado a caer.
Giré mi rostro espantado para llorarle a mi madre que me salvara de caer en ése tenebroso pozo, pero al igual que mi padre, ella no era ya la misma.
Su cabello castaño se había aclarado al punto de que ahora era de un brillante y chillón color anaranjado, incluso más claro que el mío.
Sus rasgos fueron afilándose cada vez más, hasta ya no quedar ningún rastro del rostro tierno y amable de mi madre. Ahora era otra persona, y por lo que podía apreciar con mis infantiles ojos, no una buena.
Los ojos de la mujer destilaban desprecio al mirarme, y en sus labios comenzaba a formarse una sádica sonrisa conforme yo iba acercándome más a la boca del pozo.
¿Por qué me odiaba? Yo no la conocía; nunca la había visto, de hecho. ¿Qué tenía ella contra mí?
Me golpeé contra las paredes del estrecho pozo y grité de dolor. Decidí girarme un poco; si caía por lo menos no me golpearía tan fuerte la cabeza.
El agua se acercaba a toda velocidad, lo único que mi mente pudo pensar en ése corto lapsus de tiempo fue contener la respiración y cerrar mis ojos con fuerza.
Me sumergí, aproximadamente, unos tres metros al caer al agua.
Mis mejillas se inflaron en un intento de mantener el aire acumulado en mis pulmones.
Pataleé y manoteé el agua como pude, intentando llegar a la superficie; el agua no me iba a ganar, lucharía hasta el final, por mi vida y por la de mis seres queridos. No quería que sufrieran después por mi partida, tenía que protegerlos.
Mi cabeza al fin logró salir del agua y me permití volver a llenar mis pulmones con todo el oxígeno que éstos me permitieron acumular, recibiendo una dolorosa punzada de alivio por parte de éstos.
Sentí que algunas lágrimas se acumularon en mis ojos y un nudo comenzaba a formarse en mi garganta.
—¡MAMÁ!— grité con todas mis fuerzas, expulsando así casi todo el aire acumulado en mis pulmones.
Sentí una punzada de dolor en el centro de mi pecho, ocasionada posiblemente por el esfuerzo realizado anteriormente.
Alcé la mirada y observé la luz resplandeciente del sol; sentí como si se burlara de mi sufrimiento.
Paseé mi vista por las paredes del pozo con desesperación, mientras pataleaba el agua con las últimas fuerzas que me quedaban, para mantenerme en la superficie.
Pude ver una pequeñas y desgastadas— por el tiempo, creo yo— líneas de cemento que separaban los ladrillos de las paredes, podría apostar a que mis manos eran lo suficientemente pequeñas como para subir por las paredes y así escapar del pozo.
Subí unos cuantos escalones, teniendo extremo cuidado en donde ponía mis pies, para no caerme de nuevo. Estaba seguro de que lo lograría.
Pero entonces, mi última esperanza fue arrancada súbitamente de mi corazón, frente a mis propios ojos.
Lentamente, como si de la luna eclipsando al sol se tratase, la boca del pozo fue cubriéndose por un deforme pedazo de manera circular, el cual parecía demasiado pesado como para que un niño como yo lo levantase. Tal vez ésa era la idea: no dejarme escapar.
Y el pozo, que ya de por sí a la luz del sol me parecía completamente tenebroso, fue oscureciéndose cada vez más, hasta quedar en penumbras. Y, en ésas penumbras, me encontraba yo; frente a uno de mis mayores miedos: la claustrofobia.
Mis manos temblaron, incapaces de sostenerme por mucho tiempo. Mi labio inferior tembló también, anunciándome que sólo podía hacer una cosa en un momento así. Y ésa única cosa, era llorar.
Sacudí mi cabeza y traté de secar mis lágrimas con el fino algodón del hombro de mi camiseta. Tenía que salir de aquí. Era lo único en lo que podía pensar.
"Debo salir de aquí".
Y, entonces, mi cerebro dio la repentina señal a mi cuerpo de que avanzara, importándole poco la gruesa barrera que significaba ése enorme pedazo de madera.
Y seguí subiendo, y subiendo, y subiendo.
Hasta que, de pronto, me encontré frente a frente con ése obstáculo que evitaba que fuera libre, que me evitaba el ser feliz.
Y volví a gritar. Grité como un loco. Como si el ardor de mi garganta fuese un simple cosquilleo, como si no sintiese cómo mis cuerdas vocales eran destrozadas, al igual que mis oídos. No. No me importó anda de éso, salvo que alguien me escuchara.
Me atreví a posar una de mis pequeñas y frágiles manos en la dura madera, comprobando su peso. Y al parecer, era demasiado para mí. Sólo atiné a rasguñar la madera.
Sonreí al notar que hacía mucho más ruido del que me esperaba, probablemente gracias al eco que proporcionaba la estrechez y profundidad del pozo, y seguí rasguñando.
Apoyé todo mi peso en mis rodillas, las cuales ahora estaban fuertemente apoyadas contra la pared del pozo, por lo cual me daba luz verde para seguir rasguñando la madera, y ahora, con mis dos manos.
Pero de nuevo, mis esperanzas fueron tristemente destruidas al escuchar el fuerte martilleo proveniente de fuera.
—No... ¡No!... ¡NO!— grité con fuerza y rasguñé con rapidez la dura madera, enterrándome más y más las pequeñas astillas en mis delgadas uñas— ¡Mamá, sácame de aquí!— volví a gritar, y ésta vez no pude hacer nada contra las decenas de lágrimas que comenzaron a acumularse en mis ojos, haciendo que mi vista se nublara y un gran nudo se formara en mi garganta, impidiéndome gritar.
Mis piernas comenzaron a fallar y caí al agua por nueva cuenta.
Debido a que mis uñas estaban fuertemente clavadas en la madera, y gracias a mi peso que superaba con creces el peso que mis manos podían aguantar, sentí cómo lentamente mis uñas se separaban de la carne de mis dedos y se quedaban clavadas en la madera, mientras yo caía y gritaba del dolor al mismo tiempo.
Cuando me sumergí en el agua, pude sentir cómo ésta irrumpía en mi garganta y llenaba mi estómago y pulmones, haciéndome toser y atragantarme, antes de poder salir a la superficie.
Milagrosamente pude salir a la superficie y aspiré todo el aire que pude, volviéndome a atragantar con el vano esfuerzo de sacar el agua intrusa de mi sistema.
Sentía cómo la garganta me raspaba y ardía al mismo tiempo; cómo mis brazos y piernas se entumecían, incapaces de aguantarme por más tiempo; cómo mi cabeza daba vueltas y vueltas, haciéndome querer devolver el estómago, o lo que quedaba de él.
Mis ojos fueron cerrándose lentamente, sabedores que nunca iba a volverlos a abrir. No en éste cuerpo. No en ésta vida. No en éste lugar.
Y me dejé ir. Como el agua que en éste momento se estaba llevando los últimos momentos de mi vida, me dejé ir...
Una luz iluminó mi ya pálido rostro y sólo atiné a fruncir levemente el ceño; quizá era cierto y Él vendría por mí. Había escuchado a los mayores discutir de éso, de si vendría Él o mandaría alguno de sus ángeles, cosas así. Por lo que no me preocupé ni me alteré. Él bajaría por mí y yo estaría mejor.
Unos gritos, muy lejanos a mi parecer, pudieron llegar a mis oídos y volví a fruncir el ceño; de ésto no mencionaron nada cuando los había escuchado discutir.
Sentí unos brazos cálidos rodear mi frío y débil cuerpo, y me sentí muy bien; ahora podría descansar en paz.
Ésa sensación de cuando eres elevado me embargó y me asusté un poco; ¿estaba listo para dejar éste mundo? ¿Dejar a mis seres queridos? Suspiré y dejé de pensar en éso; cuando estuviera frente a Él en mis cinco sentidos, entonces me permitiré preocuparme por éso, ahora sólo quiero descansar.
—Perdóname, todo estará bien... T-Te pondrás bien, ya lo verás...— susurraron en mi oído y me alerté, conocía ésa voz.
Miles de recuerdos comenzaron a pasar cuales flashes en mi cabeza.
El columpio, el jardín, ése día de campo en primavera; ése día de lluvia en el que nos quedamos bebiendo chocolate caliente, arropados frente a la chimenea... Todos y cada uno fueron pasando por mi mente y, por primera vez en mucho tiempo, sentí que una fuerte sensación de alivio me embargaba.
¿Padre?
Ñeh, bueno. Aquí termina el tercer capítulo xD Disculpen por la eterna tardanza, muchas cosas qué hacer y muy poco tiempo u.u
Como estoy en vacaciones, podré traerles la continuación más rápido, ya que no me despegaré de la PC w
Ya saben, cualquier cosa, comentario, aclaración, duda, etc. Déjenme un review, se los agradeceré mucho ^^
Nos vemos :3
