Jajajaja…bien como ahorita ando de vaga…mis últimos meses de vagancia. Tengo toda la libertad de avanzar algo más rápido las historias. Bueno así q aquí les dejo otro capitulo más de Regalo Nocturno.



Capitulo 4

"De victima a victimario"

Encerrada en su oficina y con un humor de perros, Integra Hellsing, terminaba de espantar al subordinado número veinte del día.

- Quiero esos formularios completos para mañana a primera hora, ha comprendido teniente… - mandó con voz peligrosamente baja.

El hombre frente a ella, tragó duro y asintió con vehemencia. – S-si…señor Hellsing – hizo el saludo militar y tan rápido como le permitieron las piernas salió pitando de la oficina. Intentando poner mucho kilómetro de distancia entre él y su comandante. Esa mujer era definitivamente escalofriante.

Así que en dos microsegundos, la puerta de la oficina era cerrada y unos apresurados pasos por el pasillo se hicieron escuchar.

Fastidiada rodó los ojos.

Se levantó de su escritorio y se dirigió a la ventana.

Tensa, afirmó sus brazos en el alfeizar. ¡Que coraje sentía! Y todo por culpa de ese maldito vampiro embustero, y su falta de criterio. Podía ver la mirada acusadora de Walter, por todos los demonios, aún no sabía como rayos le había hecho para poder mirlo a los ojos sin transformarse en una amapola con insolación.

Apretó los puños. Esta vez a Alucard se le había ido la mano y se las pagaría con creces.

¡Ya vería ese maldito no muerto con que diablo se estaba metiendo!

Sonrió vengativa.

- Quedan dos horas par el ocaso…- murmuró satisfecha – A ver si te enteras de lo que soy capaz de hacer, sirviente…

Dos golpes parejos y estudiados sonaron en la habitación.

-Adelante…- dijo distraída con su venganza.

Walter hizo su aparición con un inquieto bulto azul en los brazos.

-Señor Hellsing – llamó con sus usuales modales perfectos, pero con una nota de frialdad poco frecuente en él. Ella no pudo evitar mandar una maldición por centésima vez en el mismo día, siempre manteniendo el destinatario.

Ignoró la mirada que le lanzó su señora – No he podido tranquilizar a esta criatura desde que despertó hace un rato…- se alejó de la ventana y se acercó al mayordomo. Este sin ninguna explicación le extendió al niño.

-Pero que rayos…- exclamó por el extraño procedimiento. Para su sorpresa, se calmó en sus brazos y comenzó a balbucear.

El hombre se arregló el monóculo con elegancia – Con usted se mantiene tranquilo…- contestó brevemente. – Por cierto, debe decidir que va a hacer con él lo antes posible. Para poder tomar las medidas necesarias.

Asintió levemente, arrullando al niño – Lo sé Walter – rodeo el escritorio y se sentó en su silla. Volvió su vista hacía el bebe en sus brazos, incomoda. Jamás lo admitiría, pero se le hacía realmente molesta toda la situación. Se sentía como una adolescente, por todos los demonios.

Claro estaba que nadie lo notaria, mientras dependiera de ella.

El mayordomo por otro lado , suspiró internamente, la conocía demasiado bien como para saber que se encontraba profundamente incomoda. Él no se sentía mejor. De hecho su actitud no era precisamente por estar decepcionado o molesto con ella. La verdad, se sentía algo avergonzado por las rápidas conclusiones sacadas la noche anterior.

Un par de hora después de la impresión, el enojo y la decepción automática que recibió cuando escucho las palabras del vampiro y vio el cuadro entero. Llegó a la conclusión de que Alucard les había hecho una jugarreta a ambos.

Por que si lo meditaba con calma y todo hubiese sido real, el nosferathus jamás hubiese permitido que los interrumpieran. Por otro lado lady Hellsing hubiese tenido una reaccionar muy distinta.

Cuando Integra se disponía a añadir algo a su respuesta, la interrumpió.

Carraspeó -Sir Hellsing, yo… – la miró directamente, y con la natural flema aristocrática. La mujer hizo una mueca interior, esperándose un largo sermón sobre relaciones prematrimoniales y amante no vivos – Quiero darle una disculpa por mi comportamiento de anoche. – Parpadeó, ligeramente confundida -Saque conclusiones apresuradas y me deje llevar por las…- Alzó las cejas – apariencias.

-Comprendo – asintió con la cabeza – Tenías motivos para pensar mal, esa retorcida sabandija había preparado todo y yo me vi en vuelta sin siquiera darme cuenta. – negó con la cabeza exasperada, ante el recuerdo.

Walter sonrió ligeramente. – Entonces, mi Lady ¿perdonara este error de viejo?

-Por supuesto – sonrió con los ojos, pero su expresión, no vario.

Por unos momentos cayó el silencio.

-Anoche, Alucard me mostró escenas de su pasado – soltó de improviso. – Y me insinuó, la posibilidad de parentesco entre este niño y él…

El anciano frunció el ceño, contrariado.

-Los archivos hablan sobre una erradicación total de los Dragulia por parte de los otomanos, hacía el siglo quince.

-Eso mismo pensé yo, pero este maldito vampiro tiene más trucos que un mago – bufó desesperada – Me respondió, que es precisamente lo que él quería que creyeran.

-Es decir, que no han desaparecido – su tono era lúgubre.

-No en su totalidad, suponiendo que este hablando en serio - Se reclinó en el sillón. – Existe una alta posibilidad que simplemente se le haya dado la gana, tomarnos el pelo a todos…

En respuesta alzó las cejas inquisitivo.

-Te explico, ocurre que si exterminaron a una parte de su familia. Vendrían siendo sus hijos, mujeres, amantes, bastardos. Todo lo directamente relacionado con el y su estirpe. Pero – puso énfasis en esto último – alcanzó a salvar a los descendientes de unos de sus hermanos, Miceas, el mayor.

Asintió comprensivamente.

-Ahora, cuando le deje con el niño anoche. De alguna manera se sintió…- buscó una palabra apropiada – identificado, con él.

-La sangre llama a la sangre. – dijo seriamente.

-Exacto. – bajó la vista brevemente hacía el bulto en sus brazos.

- Existe alguna forma de confirmar el enlace familiar – Escrutó la nada, concentrado.

Integra frunció los labios –Él dice que no. Solo el tiempo confirmara o desmentirá las sospechas.

-Un Dragulia es inconfundible…- comentó sarcástico.

-Haz pasado mucho tiempo con Alucard, Walter – fue la burlona respuesta.

Concedió con la cabeza – Es una posibilidad…- se irguió con algo de severidad – Pero aún queda por resolver el que se hará con el niño.

Ella se enderezó aún más en su silla y entrecerró los ojos – No hay muchas posibilidades. – Su semblante se endureció; mientras Walter esperaba preocupado – Se quedara bajo mi resguardo. – sus ojos se desviaron brevemente hacía la pequeña carita que la miraba curiosa.

Suspiró, para sus adentros aliviado – Sabía decisión mi Lady…- hizo una pausa – Y dígame¿que nombre le pondrá a la criatura?

-Lionel – afirmó con resolución, sin apartar la vista del pequeño – Lionel Vladimir Hellsing – alzó la vista y sonrió torcidamente.

Arregló su monóculo, y asintió de acuerdo.- Excelente nombre, Alucard se sentirá complacido…

-Lo que sienta ese maldito nosferathus me tiene sin cuidado – soltó mordaz. Se levantó de su silla y le extendió al dormido niño.

-Bien mi señora, con su permiso me retiro a preparar todo, para la estadía del nuevo residente.

- Adelante, puedes retirarte – se volteó y se acercó a la ventana. El sol estaba poniéndose en el horizonte. Escucho el suave golpe de la puerta al cerrarse. Una mirada divertida apareció en su rostro.

Ya era hora de disfrutar su venganza. Lentamente se dirigió a las mazmorras con un puro entre los labios saboreando de antemano su victoria.


Desde antes del ocaso ya estaba despierta. Últimamente le costaba conciliar el sueño y pasaba gran parte del día removiéndose en su ataúd. Era raro, que cosas como estas le ocurrieran a un vampiro.

Suspiró bajamente.

Pero que más daba. Después de todo ella no era como todos.

Salió del las mazmorras, apesumbrada.

No había visto a su maestro desde la última misión, la noche anterior. Estaba intrigada. Que le había hecho su amo a Sir Integra, para que se descontrolara de ese modo. Seguro no era nada bueno. Tiritó ante las posibilidades.

Era extraño que alguien tan enigmático, oscuro y mortal como su amo. Se comportara de forma tan infantil alrededor del líder de Hellsing. Era perturbante, por decir lo menos.

A veces se preguntaba si entre ellos había algo más que una relación meramente profesional. Daba para pensar, realmente. Después de todo, las miradas que le lanzaba el nosferathus a su maestro eran bastante claras. Aunque no sabía si afirmar lo mismo de ella.

Bajó la vista contrariada.

No le agradaba pensar, en que hubiera algo entre los dos. No sabía con certeza el porque, pera la simple idea le repelía como el sol y la plata.

Negó con la cabeza, apartando esos pensamientos de su mente. No era de su incumbencia que pasara entre ellos. Más le valía dejar de pensar demasiado en el tema. Sería profundamente vergonzoso que su amo, por casualidad leyera esas meditaciones.

Lo último que le apetecía era que su mentor comenzara a tomarle el pelo, como bien sabía que haría si se enteraba de sus aprehensiones. Solo le faltaba, eso para ser eternamente miserable.

Inesperadamente escuchó los pasos Walter por el pasillo, mientras se acercaba un curioso aroma le llego a la nariz. Era dulzón y suave. Unos instantes después apareció el mayordomo con algo en los brazos.

Entrecerró los ojos levemente, para reconocer que era eso que llevaba. Casi se le cayó la quijada al darse cuenta de que era.

-Un niño – murmuró aún incrédula. ¿Qué hacía un bebe en Hellsing? Parpadeó unos segundos confundida, en tanto el hombre pasó de largo por el pasillo hasta perderse de vista. Sin percatarse de que era observado.

Victoria vaciló unos segundos, insegura si seguirlo y preguntarle directamente o dirigirse al campo de tiro y olvidarse del asunto. Sin pensarlo dos veces se dirigió rápidamente a las escaleras y comenzó a subirlas.

Tarde se dio cuenta que Sir Hellsing hacía lo mismo, pero en sentido contrario. Se cruzaron a la mitad del tramo. E insegura se detuvo, esperando algún comentario mordaz o una simple prohibición de su parte.

Pero no dijo nada, para su sorpresa. Y siguió su camino con el puro entre sus labios y una mirada divertida en la cara.

La chica se quedó de piedra, sin comprender nada. Pero prontamente terminó de subir las escaleras y se perdió por el pasillo por el que se había ido Walter. Lo último que quería era que el comandante, se percatara de su presencia y le impidiera satisfacer su curiosidad.

Ya fuera de la vista, disminuyó la velocidad y comenzó a olfatear el ambiente buscan el aroma dulzor de la criatura. En lo proceso pudo reconocer solo dos olores predominantes; uno era el del mayordomo y el otro el de Sir Hellsing ambos era únicos y bastante agradable si lo analizaba bien.

Él olía a bosque fresco y ella a fresias con algo más…no sabría que otro ingrediente tenía esa fragancia, pero podía afirmar que era muy agradable. Siguió el rastro del hombre.

Caminó en línea recta hasta que llegó al final del pasillo. Nunca había llegado tan lejos. De hecho jamás había estado en ese pasillo. Observó todo maravillada. En si la mansión en general era bastante imponente y lujosa, pero debía admitir que este pasillo lo era aún más.

Había varias puertas altas, con bellos acabados y manijas de oro o algo parecido a eso. Suspiró agradecida que no fueran de plata. Olfateo nuevamente y pudo distinguir tres habitaciones de las seis que habían en ese corredor.

La puerta blanca más imponente y con mayores acabados, pertenecía a Sir Integral. Su olor salía de ese lugar en específico. Frente a esta había dos puertas tan elegantes, pero algo menos ostentosas que la primera. De la derecha se sentía claramente el olor a bosque de Walter y de la izquierda el aroma dulzor de la criatura misteriosa.

Sin meditarlo mayormente se dirigió inmediatamente hacía la puerta de la izquierda. Sigilosa tomó la manija y la bajó, con cuidado separó la puerta y escrutó hacía el interior.

No había echado ni media ojeada cuando una voz viajó por el cuarto.

-Señorita Victoria, puede pasar si gusta…- fue la amable petición del mayordomo.

Si hubiese sido humana, Serás, en ese instante estaría más roja que un semáforo. Quiso morir nuevamente por la vergüenza.

El hombre aún no la miraba cuando le comentó – Y de paso podría alcanzarme un pañal, de ese aparador… – apuntó distraídamente hacía un mueble ubicado junto a la puerta.

Rápidamente se acercó hacía el lugar señalado y le alcanzó el famoso pañal.

Sorprendida observó la habitación con detenimiento. Era espaciosa, se notaba que había sido diseñada para cobijar a un bebe. Las paredes eran de un suave color celeste, con detalles en blanco. Poseía una enorme ventana con vista al jardín, resguardadas por un par de hermosas cortinas color cobalto. En el centro había una imponente cuna blanca con hermosas terminaciones. Todos los muebles encajaban a la perfección y poseían una aristocrática belleza.

Se preguntó si el cuarto había sido creado especialmente para el pequeño o había pertenecido a alguien más. Sin percatarse su vista se fijo en una casita de muñecas, al lado de una mesita para tomar el té.

Lentamente se acercó al anciano, para conocer al morador de ese pequeño pedazo de cielo. Porque había que decirlo cualquier niño adoraría un cuarto como el que estaba viendo en ese instante.

-Es precioso…- murmuró enternecida. Afirmándose ligeramente en la cuna. - ¿Quién es?

Walter abrochó el último botón del mameluco, diestramente, antes de contestar. – El protegido del señor Hellsing. Si las cosas resultan como planea, quizás esta enfrente del próximo sucesor de Hellsing…

Abrió los ojos con sorpresa. – ¿Es pariente de Sir Integra?

Él, en respuesta sonrió comprensivo – No de ella directamente, pero si con alguien de la organización. – comentó enigmático – el tiempo lo dirá…

Sólo asintió en respuesta, intrigada pero se abstuvo de preguntar más – Y ¿cómo se llama?

-Lionel Vladimir Hellsing – Acostó al niño en la cuna, y le pasó su biberón. Inmediatamente este lo tomó, y comenzó a succionar con voracidad.

Un sorprendido Oh se escapó de sus labios – Vladimir…- repitió incrédula.

-Un nombre interesante¿no cree?

Alzó las cejas, contrariada – Bastante. – el estomago le dio un vuelco y sintió la loca necesidad de salir de ese cuarto. – Yo…mmm…- vaciló – creo…que iré a entrenar. Nos vemos al rato…- se despidió.

-Hasta luego, señorita – Walter parpadeo sorprendido. Quien lo hubiera imaginado, interesante reacción de la joven Serás. Quizás había hablado demás. Un ligero brillo culpable adornó sus pupilas, mientras su rostro tomaba una expresión preocupada.


Integra caminaba tranquilamente por el pasillo de las mazmorras. Tenía la loca necesidad de observar por si misma su victoria frente a ese vampiro charlatán.

Una sonrisa afectada, se instalo en sus labios, mientras dejaba escapar lentamente el humo de su puro.

Sin llegar a ser conciente siquiera se encontró fuera de la puerta de los aposentos de Alucard. Se mordió los labios, exultante.

Entró al cuarto con propiedad y se afirmó indolentemente en la muralla de piedra. Observando su obra. Toda la habitación estaba tapizada de mensajes bíblicos, en especial; el gran Ataúd negro.

Era conciente de que la única forma de contener a Alucard; era esa. Todo lo demás era inútil en su persona. Como no podía matarlo o dañarlo de forma considerable, no le quedó otra opción que tomar una alternativa anexa, que era simplemente encerrarlo.

El condenado se quedaría en su ataúd, atrapado, hasta que se le diera la real gana. En esos instante todos sus poderes de rey de la no vida eran inútiles, nada podía hacer para librarse de aquello. Y quien sabe, hasta podría traer a Anderson para que le hiciera una visita de cortesía.

La victoria bailoteo en sus pupilas.

Él sabía que ella estaba en su habitación, no podía verla pero su olfato y su presencia así se lo decían.

Ese aroma era inconfundible.

Ahora, su situación no era la más aventajada. Jamás pensó que ella tomaría tan pronto cartas en el asunto. La reacción fue más rápida de lo que pudo prever. Un rictus loco se apodero de sus facciones.

Nunca dejaría de sorprenderlo.

Era una criatura fascinante. El tiempo le confirmada su acertada elección.

-Muy creativo, condesa. – ronroneo, divertido.

Integra rodó los ojos aburrida. – Tú crees – fue la seca respuesta.

-Por supuesto. – Hizo una pausa – ¿Y cuanto tiempo me tendrás aquí?

Una mirada astuta, iluminó sus orbes azules – No lo he decidido aún, pero no creo que sea una corta estadía, quizás un siglo o dos. Así que espero que disfrutes de tus involuntarias vacaciones.

Se tensó ante sus palabras. No sufriría daño alguno, pero tampoco podría hacer nada. Todos sus poderes estaban estancados, ni siquiera podía leer las mentes. Ni hablar de transformarse en sombras. Frunció el ceño. Estaba en aprietos, pero ella no debía enterarse. Sería contraproducente – Gracias, que considerada. – Contestó despreocupado – Pero sabe, queda mucho espacio libre aquí, porque no se me une aprovechamos el tiempo libre. – su voz se volvió sinuosa, y baja. – Nos divertiríamos mucho… - agregó al fin con un tono significativo.

Sir Hellsing abrió los ojos y un ligero sonrojo coloreo sus mejillas, comprendiendo el énfasis que el no muerto le daba. Inmediatamente se recompuso y de la vergüenza paso a la ira – Maldito vampiro pervertido – escupió secamente – Vamos a haber que tan bromista estarás en unos meses. – concluyó fríamente. Y sin decir nada más salio del lugar dando un portazo.

Alucard, rió entre dientes.

Volvería, eran como los imanes. Por más que luchara jamás podría alejarse definitivamente. Solo hacía falta paciencia y después de seis siglos de existencia, paciencia era lo que más le sobraba.

Continuara...


¡¡Por fin acabe el capitulo…!! Espero que les guste y comenten jejejeje…que así me entero que opinan del fic. ¡Ayúdenme a mejorar!

Quiero agradecer a: Mahina D; Millie; Okashira Janet; Juanis; Alvebia; Saksshen; Nairelena; Roxy; Norico Asamiya; Beatriz Montiel y a Milagros-kun.

Norico: Tú mail no apareció en el review, por eso no te avise nada. Eso cuídate!