¡Saludos lectores! Pues aunque lo haya parecido no estaba muerta, mil disculpas por la tardanza, pero de verdad mi tiempo se reduce a nada… u.u
Quiero agradecer todos los que leen y comentan el fic, ¡muchas gracias!
Capitulo 7
"Pesadilla"
-¿Estás seguro que podrás hacerlo? – susurró bajamente Sir Pock, sin dejar de bizquear para todos lados buscando alguna presencia inoportuna. – Si llegases a fallar, las consecuencias serían nefastas para nosotros.
-¿Crees que no lo sé?– fue la dura réplica, que recibió. – Tú dedícate a completar tú parte de la misión, el resto es mi asunto.
-Rumsfeld, si Hellsing se entera será nuestro fin. – declaró sombrío, con una mirada de advertencia. – Se cuidadoso.
-Preocúpate por ti mismo. – hizo un mueca molesta. – Ya tienes bastantes inconvenientes con desacreditar a Hellsing frente a la corona y los demás nobles, y apañártelas además con ese chupasangre leedor de mente.
-Mientras me mantenga en las sombras podre actuar con libertad. – hizo un gesto distendido con los hombros. – En cuanto a ese vampiro… - sonrió con triunfo. –… ese vampiro jamás lograra entrar en mi cabeza… - levantó el brazo y le mostro la muñeca, movió la correa del reloj y bajo está oculta diestramente, había pequeñas runas de diversas formas.
-¿Qué rayos es eso?… - cuestionó con curiosidad alzando las cejas. – No sabía que fueras aficionado a los tatuajes… - dijo en tonó de burla, para luego enarcar una ceja. –…menos a tus años.
-No digas estupideces. – le cortó secamente, lanzándole una mirada venenosa. – Esto no es más ni menos que mi escudo contra los poderes mentales del vampiro Alucard.
Alzó las cejas significativamente. – Así que después de todo si la visitaste. – rió socarrón. – El devoto protestante Sir Pock terminó acudiendo a esa mensajera de la oscuridad. Eso sí que es una sorpresa.
-No había otra opción, si quiero sacar a Hellsing del camino es necesario hacer sacrificios. – dijo secamente.
-Como digas. – hizo un gesto de desdén. – Nos vemos en quince días más. – Y con esas últimas palabras se alejó.
Sir William Pock, lo observó marcharse con taladrándole la nuca con la mirada. Era un maldito incordio ese hombre, ya en su momento se desharía de él. Primero lo primero, su objetivo principal era hacerse de Hellsing, y tomar el control de su arma. Después solo era cosa de tiempo para aspirar a más, ese Max Montana era un enfermo, pero no cabía duda que tenía visión.
Sonrió triunfante, antes de caminar hacía un auto que le esperaba entre las sombras.
Saldría vencedor, nadie podría detenerlo.
Abrió los ojos sobresaltada, con la respiración entrecortada y el corazón latiéndole desbocado. Posó una de sus manos en su pecho intentando recobrar el aliento, se sintió mareada, esa pesadilla había sido tan real.
Tanteó la mesa de noche buscando sus gafas, logrando enfocar mejor las imágenes. Intentó tranquilizarse, y buscarle un sentido a las cosas, si es que esa extraña pesadilla podía llegar a tener algún sentido.
Negó con la cabeza, era imposible.
Se levantó de la cama, tomó su bata y se calzó para salir de su cuarto. Era prácticamente imposible que volviera a dormir, su mente aún rememoraba las escenas de su sueño, hecho que no dejaba de inquietarla.
Avanzó por el pasillo en penumbras, y entró al cuarto del más joven de los residentes de la mansión, no se le hizo extraño encontrar a Alucard junto a la ventana velando el sueño del niño. Ya casi era costumbre del vampiro pasarse algunas horas de la noches libres en esa habitación, el motivo del por qué le era desconocido.
No le dio importancia y entró llamando la atención del nosferathus.
-Otra vez por aquí Alucard. – comentó indiferente.
Le dedicó una de sus sonrisas dentudas, mientras se recostaba contra el alfeizar de la ventana, en su usual pose despreocupada. – Tiene la mejor vista del señorío Amo, no le negarás a tú pobre súbdito este mínimo placer. – soltó con ese tono burlón tan característico en él.
-Haz lo que quieras, mientras protejas a Vladimir lo demás no es de mi interés. – se acercó a la cuna, y como siempre que estaba cerca, el pequeño abrió los ojos y manoteó. Integra diestra lo tomó cuidadosamente y lo apegó a ella. – Así que me esperabas como siempre jovencito. – se dirigió a él como a un adulto, y él la miró como si comprendiera.
Alucard les dirigió una mirada de reojo, era verdad que de un tiempo hasta ahora le era común venir a hacerle compañía al infante, se le hacía grato tener alguien de su sangre cerca…o eso era al menos por un lado. El segundo motivo y el más poderoso sin duda, era que de vez en cuando Integra aparecía en mitad de la noche y lo deleitaba con imágenes como en la que ese momento le mostraba.
Ella no tenía la menor idea el efecto que causaba en él, más aún lo atractiva que se veía en esos instantes, desbordando femineidad con esa criatura en los brazos. En momentos como estos deseaba poder formar parte de todo eso, después de todo ni aún de humano pudo experimentar alguna situación como la que veía.
Tuvo que reprimir una risita burlona, últimamente actuaba de una forma patética, y sentía más de lo que había sentido en siglos. Era como si las emociones humanas escaparán de su cárcel de oscuridad, como si su humanidad aplastara al monstruo por algunos instantes.
Solo por unos instantes.
Se volteó y derechamente se dedicó a observar a la mujer, frunció el ceño al ver la expresión preocupada en su semblante que hasta hacía unos pocos minutos era calmó. – Maestro… -llamó con voz pausada. – ¿qué es lo que le inquieta?
Alzó la vista con gesto indescifrable. – ¿A qué te refieres?
Hizo un gesto de ligera impaciencia. – Que no se lo haya preguntado antes no quieres decir que no me dé cuenta que algo la está molestando. – sonrió de medio lado. – Eres un libro abierto para mí.
-Te he dicho que no entres en mi mente, maldito infeliz. – siseó bajamente. – Además, no tengo porque decirte, sirviente. – le dedicó una mirada de desprecio. – No es tú asunto.
Rió divertido con intención. – Ya te lo dije una vez hace años, tú eres mi asunto. – le miró perversamente. Ella se tensó ligeramente ante la mención de ese día. Jamás se había se habían vuelto a referir a ese tema. De hecho para ser exactos nunca se habían referido a ese tema, se corrigió mentalmente con incomodidad.
-No tientes tú suerte. – fue la dura réplica.
-Ya lo hice una vez, y el premio fue más que gratificante. – torció la cabeza con superioridad. Aunque se hiciera la desentendida, era evidente que sabía perfectamente de que hablaban. Después de todo no podía olvidarlo y desde hacía unos meses estaba más susceptible a él, como si sus feromonas de macho alfa al fin hubieran surtido efecto visible en esa fémina indiferente. La triquiñuela del corbatín había sido un acierto, y volvió a felicitarse internamente por ello.
A un diablo viejo como él, nunca se le pasarían los detalles, más cuando se refería a su amo. Llevaba años cultivando lo que hoy recién estaba dando frutos. La mujer, estaba despertando de a poco y muy pronto brillaría con todo el esplendor que merecía.
-Creo que vale la pena el castigo, ¿no crees?
-Si sabes lo que te conviene dejaras este tema aquí. – cortó secamente. Se levantó de la silla, y devolvió a Vladimir a la cuna ahora profundamente dormido. – A estas alturas deberías saber cual es tú lugar, y… - se detuvo, una expresión de confusión se apoderó de sus facciones. –…y...y… - tartamudeó perdiendo el hilo de sus palabras, moviendo la boca sin emitir sonido alguno.
Alucard dio un paso más cerca, alerta.
Integra se sujetó a la cuna con fuerza con la cabeza dándole vueltas llenas de imágenes inconexas que no tenían ninguna relación con su vida, que no recordaba a ver visto jamás. Unas nauseas profundas la embargaron, boqueó profundamente buscando disiparlas, pero estas solo se intensificaron. Una delgada capa de sudor pegajoso le humedeció la piel, mientras se aferraba con más fuerza a la cuna. ¿Qué le estaba pasando?
Intentó hablarle al vampiro, pero no fue capaz de formular ninguna frase. Él diligente no necesito escuchar nada para acercarse. La afirmó contra su pecho, al darse cuenta que las piernas no la sostendrían demasiado, para luego de un movimiento rápido alzarla en brazos.
Lejana a lo que pasaba con su cuerpo, sumida en visiones lejanas y llenas sensaciones, se aferró a la camisa del nosferathus con desesperación. Un terror incontenible la hacía tiritar, debilitándola mientras las escenas cada vez se hacían más vividas…más reales. Rápido la llevó a su habitación, de una patada abrió la puerta y se adentró con pasos fuerte, para al final acomodarla en el lecho.
De pie a un lado, se cuestionó que era lo que le estaba pasando. Estaba bien cuando entró, le constaba, ¿tendría relación con lo que la inquietaba? ¿Era eso lo que la había puesto así? No tuvo tiempo de cuestionarse nada más porque el cuerpo de la mujer comenzó a removerse con espasmos.
Se arrodilló a su lado más inquieto de lo que querría admitir, y con mucha dificultad la intentó contener para que no cayera de la cama.
-No…no…no es posible. – murmuró entre jadeos. Comenzó a delirar, deseo tener temperatura corporal para poder saber si tenía fiebre. –…está mal. Tú…tú… ¡Mientes! – gritó desesperada, todo el bullicio atrajo a Walter, que entró corriendo a la alcoba.
Lo que se encontró allí lo sobresaltó haciéndolo palidecer. Integra estaba sobre la cama moviéndose con violencia, mientras Alucard intentaba contenerla lo más adecuadamente posible, se quedó de piedra por unos momentos hasta que le fue dirigida una mirada turbia y fastidiada, cortesía de su eterno compañero de armas.
-¿Podrías acercarte y hacer algo más útil que observar de lejos?- cuestionó con saña – como tomar su temperatura y pulso. Como sabrás yo no tengo ninguna de las dos, así que no seré un buen referente. – terminó impaciente.
Enarcó una ceja, y fue hasta la cama. No se veía nada bien, aparentemente tenía fiebre, y el taquicardia. Con gesto serio se inclinó sobre ella y confirmó sus sospechas. El punto era, ¿cómo se había puesto así? Estaba sana antes de ir a dormir, y ahora…
Lanzó una mirada de soslayo llena de intención al nosferathus, que ahora había logrado sujetarla con éxito sin quebrarle nada en el intento.
-Deja de mirarme como si fuera culpable. – enarcó una ceja. – Por primera vez soy completamente inocente.
El mayordomo suspiró. Lamentablemente le creía, Alucard podía ser un cabrón retorcido, pero definitivamente jamás lastimaría a Integra. – Te creo. – declaró secamente. – Bien, iré a llamar al médico, quédate con ella hasta que regrese y… - le lanzó una mirada de advertencia. –…no te atrevas a tomar ventaja de la situación. Sabes que aún tengo trucos bajó la manga.
-¿Qué clase de patán crees que soy? – replicó con el sarcasmo bailando en su sonrisa.
-No hace falta que responda esa pregunta. – lo apuñaló con un gesto duro. – Eres perspicaz. – y con ese último comentario salió de la habitación.
No pudo evitar reír entre dientes de la actitud de Walter. ¿Quién diría que el ángel exterminador se volvería una mamá gallina? Pero que podía decir, no lo culpaba por no confiar en él. De todos los seres sobre la faz de la tierra definitivamente él, era el más peligroso e impredecible que existía. Pero en las actuales circunstancias, sería incapaz de aprovecharse, no de ella.
No ahora.
Un fuerte tirón de una de sus mangas, lo trajo de nuevo a la realidad. Bajó la vista y pudo percatarse que Integra estaba quieta, y que además le miraba intensamente, casi como si lo estudiara con sus profundos ojos celestes.
Soltó el agarre, pero no retiró sus manos de sus brazos. Sin decir palabra y con una expresión que no recordaba haber visto jamás en su maestro se enderezó hasta quedar sentada mirándolo directamente.
No dijo nada y esperó su reacción, lo más seguro era que estuviera furiosa así que esperó a que actuara primero, no sería sensato adelantarse. Sin dejar de hacer la nota mental de que si él era la criatura más peligrosa e impredecible, era seguido muy de cerca por su amo. Y eso era suficiente razón para ser cauto.
-Vlad, ¿sois tú? – declaró con una voz pausada y suave, totalmente distinto al usual tono imperativo. Alucard su tensó en su lugar, ¿era lo que creía que había oído? ¿Le había llamado Vlad? No. No, eso no podía ser. – De verdad, ¿sois tú? – insistió, mientras extendía la mano hasta afirmarla el pálida mejilla del vampiro.
La mente del nosferathus se removió a mil por horas en esos minutos, buscando una respuesta lo suficientemente lógica que le diera una idea de que estaba pasando. Porque había que decirlo, que Integra le llamara por su nombre humano y se acercara físicamente a él voluntariamente "aún" era impensable.
Pese a la extrema confusión que lo envolvía la respuesta salió sola por sus labios. –Soy yo. – declaró llanamente.
Ella sonrió suavemente. – Que feliz soy…- trazó la con la punta de los dedos las varoniles facciones. Era un gesto simple, pero para él estuvo lleno de significado, y lo hizo recordar de repente algo que creyó desaparecido de sus recuerdos hacía mucho tiempo. – Ioana. – dijo en un susurró ronco, mientras tomaba la mano entre las suyas.
Ante el reconocimiento volvió a sonreír, movió los labios para decir algo pero no salió ningún sonido. Nuevamente como repitiendo el proceso, abrió los ojos y su respiración volvió a entrecortarse. Los resuellos se hicieron cada vez más audibles, y su cuerpo comenzó a contraerse en espasmos repetidos. La recostó nuevamente, mientras la veía retorcerse y tiritar, frunció el ceño y endureció la expresión. Esto estaba mal.
Walter entró en ese momento seguido del médico.
-Por aquí doctor… - le dio la pasada hacia el cuarto a un hombre de edad madura. Ambos caminaron hasta llegar junto a la cama y…
-Walter contenla tú. – fue la seca orden que dio. El mayordomo entrecerró los ojos, algo en la expresión del nosferathus lo alertó, así que suponiendo que algo se estaba gestando en la cabeza de este no puso objeción y lo relevó de su tarea en silencio.
Se levantó rápidamente y se dirigió al rincón más oscuro del cuarto, desapareciendo entre las sombras. Walter siguió todos sus movimientos por el rabillo del ojo, luego volvió su vista al médico, que no prestaba atención a lo que ocurría a su alrededor, después de todo llevaba años trabajando para los Hellsing, y conocía - al menos - a grandes rasgos la naturaleza de su misión y de los habitantes imperecederos.
Por unos minutos solo fue perceptible los quejidos y la forzada respiración de Sir Hellsing. Cada vez más inquieto, buscó obtener alguna respuesta en el rostro del doctor, el leve fruncimiento de su frente le dijo que las cosas no iban del todo bien. Ajeno al escrutinio y con la destreza que da la experiencia, preparó una inyección con un tranquilizante.
Sin poder esperar más, cuestionó. – ¿Y bien? ¿Cómo la encuentra?
Se enderezó en su recta posición, frotó su frente con incomodidad. – Me temo que no puedo responder a eso, míster Walter… - dijo suavemente con un atisbó de acento escoses, y con una mirada contrariada.
-¿A qué se refiere? – un mal presentimiento lo embargó.
-Que es necesario practicarle algunos estudios. – reacomodó la montura de sus lentes. – Así a simple vista es imposible poder sacar en limpio algo.
Asintió con expresión contenida. – Entonces daré la orden para que la trasladen al área médica de la organización.
-Es lo más conveniente. – tomó su maletín y hecho un vistazo a la hora. – Volveré en un par de horas, pero antes dejare las instrucciones dadas acerca de los análisis. – se dirigió a la puerta. – Hasta más tarde.
-Hasta luego. – respondió con una elegante cabezada, antes de voltearse hacía Integra. La puerta hizo un suave clic al cerrarse y Walter suspiró preocupado; aún ahora bajo los efectos del calmante la expresión de inquietud no se disipó, pero tenía al menos tenía el consuelo de que no estaba convulsionando como hacía unos momentos.
Suspiró nuevamente y se dirigió al teléfono, más le valía tener todo listo lo antes posible, así no demoraría en recuperarse y retomar su vida con normalidad. Al menos toda la normalidad que conllevaba ser la directora de una organización caza vampiros.
Una sonrisa apagada se apoderó de sus facciones.
Estaba todo en silencio, excepto por la solitaria gotera de su lavamanos que resonaba en el baño. A veces era realmente un fastidio tener sentidos mega desarrollados, podía llegar a ser un condenado suplicio conciliar el sueño.
Cerró los ojos con pereza, y se estiró como un gato. Se veía venir una noche muy aburrida, casi deseó que se presentara alguna misión para descargar energía. Aburrida fijó su atención en el vaso de sangre que tenía en frente. Torció la cabeza con molestia, pero bebió del calmamente. Ya llevaba algunos meses aceptando de que ya no era humana y que por consecuencia su dieta ya no era la misma. De a poco, luego de ese descubrimiento, ya no le dio tanto asco realizar la simple tarea de alimentarse.
Claro que no podía evitar arrugar la nariz ante la necesidad grotesca de beberla.
Jugueteó con su vaso distraída por unos momentos hasta que lo sintió irrumpir en el sótano.
Se levantó de golpe, su maestro había vuelto pronto. Extraño. Siempre volvía al alba o bien entrada en la mañana cuando tenía libre, recordó escuchar alguna vez que le gustaba alardearle al sol que no tenía poder sobre él como con una criatura de la noche corriente, sonrió cálidamente era propio de él comentarios de esa índole.
Su expresión relajada no duró demasiado, y entrecerró los ojos asustada. Estaba molesto.
No. Corrección. Furioso era la palabra más adecuada.
Aguzó el oído, y pudo saber que removía algo pesado, se adivinaba por el estruendo que emitió al chocar contra el suelo. Se debatió unos instantes si sería sensato ir o salir pitando del lugar hasta el alba. Por unos momentos sopeso las opciones y como era su costumbre se inclinó por la más descabellada y peligrosa. Realmente tenía un nulo sentido de supervivencia, hizo una mueca ante esto último.
Aún así, decidida, se dirigió a la puerta y salió al pasillo. Avanzó por lentamente sin emitir sonido, lo más callada y sigilosa que sus capacidades le permitían, lo cual hubiera sido suficiente si se hubiere tratado de cualquier otro que no fuera su amo.
Con su aguda visión pudo distinguir a la distancia que la puerta estaba entre abierta. Pero extrañamente ningún sonido de movimiento provenía del interior. Se inquietó de pronto, pero continuó avanzando.
Cuando se encontró a un metro de distancia la puerta se abrió por completo dejando a la vista la imponente figura carmín de su maestro. Retrocedió un par de pasos asustada y sintiéndose más fría de lo que naturalmente debería.
-Eh…yo...mm… - quiso disculparse o al menos explicar no estaba husmeando. Bajó la mirada contrita.
Alucard sonrió torcidamente ante la actitud de su pupila, y su capacidad de ser encantadoramente boba. Rodó los ojos. – Que sorpresa chica policía. – dijo de una forma tan cordial que terminó de erizarle los cabellos a la muchacha. – Justamente iba a visitarte.
-A… ¿visitarme? – repitió bajamente. – A visitarme… ¿a mí?
-Claro. – se recargó en el marco de la puerta con irreverente indolencia. – Es lo que acabo de decir, ¿no? – declaró con taladrándola con su profunda mirada carmín.
Se sintió avergonzada y nuevamente bajó la mirada. Hizo un esfuerzo titánico para evitar que la voz le temblara al hablar. – Y…y ¿qué necesitaba amo?
-Un pequeño favor de tú parte, joven Victoria. – ella al fin le miró, con expectación. – Necesito que hagas un encargo donde un viejo conocido.
Pestañeó curiosa, dejando por primera vez de lado vergüenza y el temor. – Un…encargo… - repitió para sí, para luego asentir y cuestionar con seguridad. – ¿Dónde debo ir y qué debo traer, amo?
Sonrió con suficiencia. – Necesito que vayas a esta dirección… - le extendió un trozo de pergamino amarillento, escrito con una letra estilizada y elegante, lo tomó y examinó con atención. –… ahí te encontraras con un hombres, su nombre es Argus… - hizo una pausa corta y continuó. –…dile que vas de parte del conde – alzó cejas con insana diversión. –…y pídele que me envié el carmín y el borgoña.
Pudo captar la mirada confundida ante sus peticiones codificadas. – No te preocupes chica policía, él sabrá de que le hablo. Si dices todo lo que has escuchado no tendrás problemas con él, y por todos los diablos no le preguntes nada sobre la pintura que tiene sobre la chimenea, es un maldito incordio cuando recuerda a esa mujer… - concluyó entre divertido y fastidiado ante un recuerdo en particular.
Insegura asintió enérgicamente. ¿Dónde qué clase de conocido la enviaba? Un escalofrió le recorrió la espalda. – Así haré amo. – hizo un venía con la cabeza.
-Ahora vete, solo quedan algunas horas para que la noche se acabe y tienes que estar de vuelta al alba.
Dio una última cabezada, y volvió sobre sus pasos hacía su cuarto y prepararse para cumplir su misión de esa noche.
Aún en la puerta en la misma pose, Alucard extrajo de uno de sus bolsillos un cigarrillo y lo puso entre sus labios para luego prenderlo con un encendedor de plata. Se quedó quieto un momento, para luego expulsar el humo con la elegancia de un señor. Lo dejó descansar entre sus labios. Hacía un par de años que no tomaba un cigarrillo, no era que produjera algún otro efecto distinto al de la extraña tranquilidad que experimentaba en el acto mismo de consumirlo, después de todo ni la nicotina, ni el tabaco tenía ningún influjo en su cuerpo inmortal.
Pero le ayudaba a pensar con claridad y enfocar sus ideas, y que mejor que un cigarrillo para ayudarse. Sonrió sorna era una de las tantas cosas que tenía en común con su amo. Walter nunca se enteró que fue él quien le enseñó a fumar a Integra, si lo hacía definitivamente se volvería loco. Pese que era la mejor opción en ese entonces, ella lo iba a hacer de todas formas así que menos que lo hiciera apropiadamente, ¿no?
Rió entre dientes. Mejor que esa información quedara en secreto, ahora no tenía tiempo de lidiar con el genio de shinigami, debía concentrarse en descubrir que era lo que estaba pasando con su maestro. Dejó salir el humo nuevamente, mientras su mirada se endurecía de pronto.
Si sus sospechas eran ciertas, las cosas se podrían bastante difíciles para todos. Un rictus sádico se apoderó de sus facciones, al fin las cosas se pondrían interesantes y concluiría lo que siglos atrás dejó inconcluso.
¡Terminé al fin este capítulo! Como se habrán percatado, la historia está tomando un cauce más complejo, saliendo de las situaciones más bien cotidianas de los capítulos anteriores. Se podría decir que este es un chapter decisivo en cuanto el problema de fondo al fin se está planteando.
Quiero disculparme por la tardanza pero he estado muy absorbida por la universidad y como estoy en pleno periodo de exámenes y estudio, he tenido algo abandonado los fic. Además han surgido ideas para otros así que mi tiempo reducido se ha visto aún más disminuido….espero puedan entenderme.
Lo que si les puedo asegurar que ninguno de mis fic quedara sin final. =)
Agradezco a todos los que están siguiendo este fic, tanto a los que leen como a los que comentan, y bueno los insto a que sigan haciéndolo, me ayudan un montón sus comentarios de verdad que si.
^___^
En fin, muchos saludos y abrazos para todos y nos veremos el más pronto que me sea posible.
Besos.
Atte.
Brisa Black.
